Kellyanne Conway y el falso feminismo de la Clinton y los demócratas.

De Gage Skidmore from Peoria, AZ, United States of America
¿Puede una mujer hincarse con algún propósito que no sea dar una felación? Yo creo que sí puede. Vaya, creo que las mujeres se hincan mucho más en pos de fines diferentes a la felación. Pero ocurre que los políticos demócratas en EUA creen que no, creen que las mujeres se hincan fundamentalmente para dar felaciones a los hombres. Y si no lo afirman explícitamente, al menos lo sugieren con bromas en serio y muy humillantes, y otros asienten con el silencio, la carcajada o hasta el aplauso. Veamos esto y otras cosas más importantes.

Hace días algunos directivos afroamericanos de universidades en EUA visitaron a Donald Trump en la Casa Blanca para manifestarle su apoyo y plantearle los problemas que confrontan dichas universidades. En el encuentro estuvo Kellyanne Conway, ex coordinadora de campaña de Donald y actual consejera de la Casa Blanca. Pero algo irrelevante ocurrió en este encuentro que desató un escándalo por demás ridículo en la redes sociales. Mientras los directivos afroamericanos platicaban con Donald en la oficina oval, en torno al escritorio presidencial, Kellyanne se apartó para atender su celular y tomando asiento en uno de los sofás tradicionales de esa oficina, y que ya bien conocemos, pero con los pies arriba y de rodillas. Kellyanne llevaba una falda y dejaba ver sus rodillas y una parte ligera de sus muslos. Una vez publicadas algunas imágenes de la reunión donde Kellyanne aparecía en esa posición, la falsimedia - mainstream media - y el gremio del Demócrata detonaron el escándalo en la redes sociales, y tomando como blanco aquella posición de la señora Kellyanne. Supongo que el lector ya podrá imaginar la clase de críticas que fluían en las redes. Pero si de algo le ayuda, le digo que la moda fue la temática sexual muy subida de tono.

Poco después de esta ola de escándalo, y durante un discurso en una cena anual del club de prensa de Washington, el representante demócrata Cedric Richmond se refirió a este suceso diciendo que la postura hincada de la señora Kellyanne le resultaba muy familiar, haciendo alusión implícita a un blowjob o felación. Y no pocos le festejaron el tonto comentario. Desde luego que se trata de un acto humillante del representante Cedric que lastima y niega la dignidad de una mujer, la señora Kellyanne. En efecto, Cedric, como el resto de demócratas que se le adhieren por acción u omisión, no logran comprender que la dignidad de una persona, sea cual sea su género, es un valor intrínseco que no tiene equivalencias porque es superior a nuestro concepto de valor ordinario y relativo - precio, utilidad, etc. -. Siendo así, ellos no logran entender que todos los valores relativos en la Casa Blanca y sus contenidos - objetos -, incluyendo el sillón donde se sentó la señora Kellyanne, no ajustan ni de lejos para justificar el acto de humillación de Cedric a la dignidad de la señora Kellyane. El sillón, quiérase o no, es un valor relativo al que se le puede imputar un precio, en tanto que la dignidad de la señora Kellyanne es un valor intrínseco al que no se le puede imputar precio. Pero la humillación a la señora Kellyanne no para aquí.

Dado el carácter falaz y mal intencionado del comentario del representante Cedric, es claro que este hombre asume a la señora Kellyanne como su cosa, como su medio útil apuntado a su única intención evidente: atacar a Trump a como dé lugar, y así tenga que decir tonterías insensatas como en esta ocasión. También con esto Cedric está probando que le niega a la señora Kellyanne su dignidad. Esto es así porque, si Cedric solo asume a la señora Kellyanne como su cosa útil para atacar a Trump, entonces se da por descontado que le niega su dignidad de persona. Y en el mismo lamentable error incurren todos los demócratas que se le adhieren a Cedric por omisión o acción. 

Más se acentúa el carácter humillante, insensato y chocante del comentario del representante Cedric contra la señora Kellyanne por dos motivos. Kellyanne es madre, lo cual implica que la humillación de Cedric se transfiere a los hijos de esta mujer por la vía del sentimiento de dignidad. Y si a Cedric esto no le importa es porque la dignidad de esos hijos de Kellyanne tampoco le importa. Es un hecho, pues, que para el representante Cedric los hijos de Kellyanne también son cosas a su servicio, no personas con dignidad. Por otro lado, y dada la asimetría de virtudes entre los dos personajes, la humillación de Cedric a la señora Kellyanne nos lleva a un mundo de cabeza donde el oro - la señora Kellyanne - se torna en plomo, y el plomo - Cedric Richmond - se convierte en oro, y solo por los caprichos verbales y mal intencionados del representante Cedric. En efecto, la señora Kellyanne ha demostrado con hechos consumados que es una mujer inteligente, con muy notables talentos y con hazañas brillantes en su hoja de servicios a la política de su país. Tómese en cuenta, por ejemplo, que la señora Kellyanne fue la responsable de una campaña presidencial exitosa que vapuleó y destrozó al partido Demócrata en todos los órdenes y como no se veía en decenios. Por el contrario, el representante Cedric se queda en lo mediocre y vulgar, y si bien nos va. 

Antes de seguir, quiero resaltar algo curioso en Cedric: ¿Por qué Cedric liga casi instintivamente ese acto de estar hincada en una mujer con un blowjob? Con alguna probabilidad respetable se debe a lo siguiente. En primer lugar, es posible que su mente esté ocupada en el sexo la mayor parte del tiempo de la vigilia. Digamos que puede estar como aquel hombre que solo teniendo por instrumento un martillo, termina creyendo que todo en su experiencia externa es un clavo. En segundo lugar, es posible que en su experiencia con las mujeres, éstas se hincan fundamentalmente para darle una felación, y no así para hacer cualquier otra cosa que requiera hincarse, como puede ser orar, afligirse, jugar, descansar o realizar cualquier otra actividad no sexual. Pero lo cierto es que no todos estamos en esa condición. Algunos le damos al sexo su tiempo y su espacio, y no hincamos a las mujeres para recibir felaciones porque creemos que dicho acto es machista, brutal, desconsiderado, egoísta. Pero dejemos las cuestiones sexuales a un lado, que no es el tema de este artículo. A eso nos llevó el representante demócrata Cedric Richmond con sus curiosos intereses.

Lamentable que la falsimedia norteamericana no haya asumido con sentido de responsabilidad la humillación del representante Cedric a la señora Kellyanne. El asunto es serio y llama al sentido de responsabilidad moral. Mucho menos se atrevieron a exigir la renuncia del representante Cedric. Vaya, ni siquiera se atrevieron a exigir de manera insistente una apología de Cedric para Kellyanne. Solo pocos medios tomaron el asunto de pasada, sin darle mucha importancia. La mayoría arrinconó el dato en las sombras y lo dejó pasar. Algo peor ocurrió con los políticos, activistas y muñecas demócratas notables, puesto que ninguno de ellos tomó nota de la humillación de Cedric a la señora Kellyanne. Tampoco vimos en las redes sociales una ola de críticas de los demócratas de base contra su representante Cedric.

No vi en esta ocasión a las muñecas demócratas, las aristócratas esnobs del Jet Set, armar gran escándalo por la humillación del representante Cedric a la señora Kellyanne. Hablo de muñecas demócratas como: Kim Kardashian, Rihanna, Lady Gaga, Amy Schumer, Lena Dunham, Madonna, Katy Perry, Cher, Ellen DeGeneres, Bárbara Streisand, Eva Longoria y Alicia Machado, y donde por cierto no obtienes talento excepcional ni juntándolas. Sobre todo no vi ni por asomo a la Meryl Streep montando algún teatro político contra el representante Cedric. Y eso fue lo que más me desconcertó: si la Meryl Streep monta teatros políticos muy melodramáticos contra Trump con el pretexto de las mujeres, era razonable que hiciera su teatro contra Cedric para ser consecuente. Pero no lo hizo, y eso corrobora lo que sé: los discursos de la Meryl Streep contra Trump son un vulgar teatro político.

Lo mismo ocurrió en el gremio de los políticos demócratas: no tomaron nota de la humillación de Cedric a la señora Kellyanne. Baste mencionar tres casos notables a este respecto. La representante demócrata Maxine Waters, quien ha estado muy activa en sus ataques sistemáticos a Trump, guardó silencio en el caso de su compañero Cedric. Lo mismo ocurrió con la líder de la minoría demócrata en la House, la señora Nancy Pelosi. Pero en este caso hay más datos interesantes. Ocurre que Jake Tapper, de CNN, entrevistó a la señora Pelosi en su programa State of the Union donde le planteó el asunto del representante Cedric Richmond. La postura de Tapper era sensata. En opinión de Tapper, si los demócratas querían guardar simetría con respecto a sus críticas a Trump en el tema de las mujeres, entonces deberían condenar la acción de su compañero Cedric y pedir a éste que ofreciera una apología a la señora Kellyanne. Sin embargo, la señora Pelosi solo se evadió con un discurso confuso, titubeante, tambaleante, a veces trayendo a cuentas el caso de la grabación de aquella conversación de amigos entre Donald Trump y Billy Bush sobre las mujeres y la pussy como tentativa fallida para empatar el marcador, pero sin atreverse jamás a condenar a su compañero de partido y de cámara. La señora Pelosi cerró este punto diciendo algo como lo siguiente, y que se lee como un golpe velado a la señora Kellyanne: nosotros siempre tuvimos el decoro adecuado para la Casa Blanca. 

Advierto que no me extraña que la señora Pelosi apele al decoro. Pese a su edad, es una mujer muy guapa, elegante y fina, que me hace creer que sí le importa mucho lo referente al decoro. Pero como sea, en este caso está equivocada. De entrada, la señora Pelosi pasa por alto lo que dije arriba: un sillón de la oficina oval, por más valor relativo que tenga por sus antecedentes y simbolismo, y el mismo valor relativo contenido en las normas del decoro en la Casa Blanca - si las hubiere -, no ajustan en lo más mínimo para justificar la humillación a la dignidad a la señora Kellyanne. Ahora bien, atenidos solo al simple terreno del decoro, la señora Pelosi también olvida que lo que para ella es la manera decorosa de sentarse en un sillón de la oficina oval - sentada como es habitual, supongo -, no tiene valor de verdad para los demás, y menos para un hombre como Donald que no se cuida mucho que digamos de los hábitos acordados y lo políticamente correcto. Pero si la señora Pelosi apeló al decoro haciendo referencia no solo a ella, sino a todos los demócratas que han estado en la oficina oval, es claro que está olvidando el capítulo candente de Bill Clinton y Mónica Lewinski en las mismas entrañas de la Casa Blanca. Le aseguro a la señora Pelosi que para aquellos yanquis que tienen algún escrúpulo con la conducta decorosa ante los símbolos insertos en la Casa Blanca y sus contenidos, esto de Bill Clinton sí que es verdaderamente indecoroso y motivo de gran escándalo.

Hablando de los Clinton, tampoco Hillary Clinton ha hecho referencia alguna a la humillación del representante Cedric a la señora Kellyanne. Tuvo la ocasión perfecta para referirse a esto en su evento con Girls Inc. en la ciudad de Nueva York con motivo del día internacional de la mujer. Fue premiada como mujer notable y soltó un discurso sobre el feminismo, sobre las mujeres y su lucha por su dignidad, pero jamás hizo mención alguna a la humillación que Cedric. Y motivos de sobra había para hacerlo si de mujeres de prestigio y emulables se trata. Hillary mejor que nadie sabe que la señora Kellyane es una mujer muy valiosa, con mucho prestigio, sobre todo porque fue la pieza fundamental en la derrota que le infligieron en las elecciones presidenciales. Para efectos prácticos, podría decirse que la señora Kellyanne derrotó a Hillary. Creo que Hillary se hubiera visto muy bien en ese evento si hubiera reconocido la dignidad de la señora Kellyanne para luego exigir una apología de Cedric. Pero no lo hizo. Tema para otro artículo sería el análisis de si Hillary Clinton es en realidad una feminista o no. A la luz de este tipo de sucesos, y de su descalabrada vida matrimonial, no creo que su mayor interés esté en la dignidad de la mujer.

La gran ironía en todo esto es que la única demócrata notable que sí se cuidó de cumplir con la consecuencia feminista fue precisamente Chelsea Clinton. En efecto, solo ella se apuró a mandar un mensaje amable y atento a la señora Kellyanne manifestando su rechazo a la humillación de Cedric. Eso habla bien de ella. Creo que Chelsea comprende que la dignidad es un valor absoluto que no tiene precio. Es una joven que aspira a la consecuencia. Ojalá nunca pierda esa ruta.

Dos conclusiones extraemos de esto. En primer lugar, se prueba una vez más que la falsimedia norteamericana está completamente sesgada en contra de Trump. Como ya dijimos, pasaron por alto la humillación de Cedric a la señora Kellyanne como si fuera asunto menor, irrelevante. Sin embargo, sabemos que lo contrario ocurrió con aquella grabación de la conversación de amigos entre Donald Trump y el Billy Bush en torno a las mujeres y la pussy. En efecto, para la falsimedia esta grabación de Donald con un amigo, ocurrida muchos años atrás, sí que fue motivo de grande y prolongado escándalo, de exigencias ruidosas para que Donald renunciara a la candidatura, de protestas callejeras - como siempre, organizadas por Soros desde las sombras -, o por lo menos para estar exigiendo que se disculpara con todas las mujeres del mundo. De todo eso no vimos ni por asomo una mínima expresión en el caso del representante Cedric Richmond y la señora Kellyanne.

En segundo lugar, una vez más se prueba que a los demócratas y liberales no les importa la dignidad de la mujer, y por mucho que se rasguen las vestiduras por la mujer en sus teatros feministas. El feminismo para ellos es solo una mitología con un programa político específico que jamás se ha de cumplir. Esa mitología solo les interesa en la medida en que es un buen recurso de persuasión para las mujeres ingenuas que compran con su voto dicha mitología como cierta, como posible, con sus heroínas incluidas. Esto es claro porque, no obstante que estaban constreñidos moralmente a amonestar y sancionar a su compañero Cedric para honrar su postulado feminista, no lo hicieron. Y no lo hicieron por dar precedencia o privilegio a su arrogancia y a sus intereses de facción en su lucha irracional contra el presidente Donald Trump. Para ellos y ellas, para los y las demócratas, tiene más valor un ataque a Trump usando a la señora Kellyanne como medio, como cosa, que el valor absoluto de la dignidad de la señora Kellyanne y de sus hijos.

Los demócratas se comportaron en esto tal como si para ellos la señora Kellyanne no fuera ser humano y mujer, tal como si ella fuera lo mismo que es demostradamente para el representante Cedric Richmond: una cosa a su servicio, un medio, no una persona, no una mujer con dignidad. Y eso no es feminismo porque no hay consecuencia con lo que postulan en el tema. Eso se llama maldad, mala voluntad.

Y eso es todo.

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