Fecunda progenie la de Juan Gabriel: de verdad lo amaban.

De Viva Iquique
Confieso que la muerte de Juan Gabriel me ha colmado de asombro por la reacción de tristeza y hasta de aflicción que detonó en muchos mexicanos y en muchas personas en el resto del mundo, especialmente en el mundo latino. Mi toma de nota del suceso ocurrió cuando empezaron a entrar llamadas telefónicas de algunos familiares y de amistades con destino a mi madre para comunicarle a ella la notica del fallecimiento de Juan Gabriel. Eso me extrañó muchísimo. Salí a la calle por un momento y varios de mis vecinos reaccionaron de igual forma, y lo mismo ocurrió en el supermercado: me comunicaban la muerte de Juan Gabriel con cierto gesto de tristeza: "Murió Juan Gabriel. Qué lástima"....¿Supiste que murió Juan Gabriel. ¿Cómo es posible?" No fue una reacción general normal. Al menos yo esto no lo había visto a lo largo de mi vida.

Al volver a casa revisé las noticias y las redes sociales y encontré la misma reacción: una manifestación masiva de tristeza y aflicción por la muerte de Juan Gabriel que ya se convertía de golpe en uno de los TT líderes en Twitter en México, en el mundo latino, en EUA, a nivel global...

He reflexionado sobre eso y creo entender los motivos de ese afecto entrañable de muchos mexicanos y latinos al tremendo Juan Gabriel. De eso hablaré enseguida.

Las reacciones de la gente ante este suceso, además de ser muy bellas y esperanzadoras, se acercan mucho a las típicas reacciones emocionales y sentimentales ante la muerte de un hombre excepcional, digamos que hasta investido en la condición de héroe. Y de cierto que las gentes no están equivocadas al asumir de esta forma a Juan Gabriel. Para ser sinceros, y si nos atenemos a los hechos consumados, Juan Gabriel sí que fue un héroe de la voluntad. Existen suficientes elementos en su vida para considerarlo de esta forma: obra, talentos excepcionales, precedente histórico, y un personaje excepcional con legitimidad moral y carismática.

La obra de Juan Gabriel es real, existe, es muy importante y fecunda, y deja precedentes inscritos en la historia de la música popular en el mundo latino. Aunque yo nunca fui un consumidor indiscriminado de las melodías de Juan Gabriel, muchas de sus composiciones me parecen de bellas a realmente encantadoras, especialmente aquellas que parece haber compuesto para la interpretación de Isabel Pantoja, como "Así fue". Su obra, por sí misma, es prueba documental de que fue un talentoso artista mexicano. Esa obra nos habla de una persona dotada de una fina y sentimental percepción y comprensión del mundo, así como de una notable y bella capacidad expresiva, que de consumo concretaron piezas que con demasiada frecuencia tenían el poder de satisfacer el gusto de casi todos.

Su vida es la historia de un ser humano de origen muy humilde, inserto en sus orígenes y primeras alboradas en campos de experiencia muy aflictivos por muy adversos, y que podrían doblar la voluntad del más fuerte. Es la historia de un virtuoso en su vocación natural por la música popular que estuvo confrontado a un mundo muy hostil en su conato por persistir y triunfar, y que, pese a todo eso, conoció el mayor esplendor del éxito al que puede aspirar un artista mexicano. Es así que la vida de Juan Gabriel es la historia de una excepcional hazaña de la voluntad, y una demostración más de que la voluntad, cuando tiene convicción en sus deliberaciones, es capaz de realizar sus propios postulados. En mi opinión, esto es lo más importante de Juan Gabriel: su excepcional hazaña de vida. Y creo que muchos mexicanos estarán de acuerdo con esto.

Las reacciones masivas de tristeza y hasta de aflicción ante la muerte de Juan Gabriel son prueba conductual de que este hombre era considerado un personaje excepcional dotado de grande legitimidad moral y carismática entre muchos mexicanos y latinos. En efecto, todas esas reacciones nos dan prueba fehaciente de que muchos consideran a este hombre como una persona con méritos sobresalientes porque hizo mucho más de lo que estaba obligado a hacer en su vida - que es algo que dota de carácter heroico a las personas -, que esencialmente hizo lo correcto en su vida, y que se ha convertido en un modelo a seguir en muchos aspectos.

Ahí tiene usted ya al personaje excepcional, al héroe de la voluntad cuya flama de vida se apagó hoy: Juan Gabriel. Y ahora que lo veo así, honrado con esa oleada de reacciones emocionales y sentimentales por su muerte, me digo a mí mismo:

- Diablos, en verdad muchos lo amaban.

Como decía hace rato, todas esas reacciones son bellas y esperanzadoras. Son esperanzadoras porque nos dan nota de que los mexicanos, pese a todos los males que nos aquejan, no hemos perdido la capacidad de apreciar las cosas buenas de la vida, de distinguirlas del mal radical, y de lamentarnos cuando se extinguen, como se extinguió hoy la flama de vida de Juan Gabriel. Esa señal de esperanza se la agradezco a Juan Gabriel de manera póstuma.

Si existe otra vida después de la muerte, entonces Juan Gabriel debe estar recargado en la cerca viendo hacia acá, hacia este lado, el de nosotros, y muy feliz. Feliz, porque ya sabe que su hazaña de vida ha dejado larga y fecunda progenie en el corazón y el gusto de los mexicanos y latinos, que es algo que la garantiza a él una dote de inmortalidad. Pero también está feliz porque, al ver toda esa masiva muestra de afecto, tristeza y aflicción, seguramente se dirá en su adentros algo como lo siguiente:

- Diablos, cómo me amaban.

Y eso es todo. 

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