Barack Obama: verdades a medias, democracia secuestrada y fracaso.

Obama at American University, By Will White from Ridgefield, USA
El reciente discurso de Barack Obama sobre el estado de la Unión llegó cargado con varias mentiras y deja tres gravísimos problemas pendientes en la agenda política norteamericana: democracia secuestrada por Wall Street, fractura política entre el pueblo norteamericano y sus élites gobernantes, y la incapacidad culpable de Barack Obama. Pero para entender esto necesitamos hacer antes un poco de historia sobre las causas de la crisis de 2008 porque todo esto se teje en este suceso. Todo empezó en la década de los 90 con algo que parecía inocente, inocuo, pero que tendría importantes implicaciones....

La crisis del 2008 en los EUA:

Hubo un momento en que el gobierno de Bill Clinton optó por acudir a la empolvada Ley de Reinversión Comunitaria, de 1977, para presionar a las entidades bancarias de EUA a fin de que cumplieran con el ordenamiento de cubrir eficientemente las necesidades de crédito de las comunidades donde estaban autorizados a operar, lo cual incluía especialmente la necesidad de dar más préstamos hipotecarios a gente de bajos y medianos ingresos, incluso si no cubrían los requisitos tradicionales para el otorgamiento de este


tipo de créditos. El gobierno de Clinton llevó este asunto hasta sus últimas consecuencias al grado de imponer al sistema bancario cuotas de créditos hipotecarias a conceder, incluso por grupos étnicos y de ingresos, y donde se buscaba favorecer a las minorías étnicas y a los más pobres. Este nuevo sistema de trabajo con las entidades bancarias no acabó con Bill Clinton, prosiguió y se consolidó en el gobierno de Bush Jr. Evidentemente, esta política de los gobiernos de los EUA estaba apuntada a un fin no revelado: voto barato, o voto a cambio de créditos financieros para todos y sin límites. Pero esta laxitud normativa derivada de exigencias puramente políticas terminó por dar ocasión al surgimiento y consolidación de malas prácticas de negocios en el mercado. En efecto, a la larga ocurrió que los bancos ya tenían motivos suficientes para diseñar estrategias de negocios de ganancia rápida y fácil acudiendo al relajamiento total de sus viejas normas para el otorgamiento de créditos de todo tipo: créditos hipotecarios sin enganche, sin comprobantes de ingresos y etc.

Hasta antes de la crisis de 2008, la Reserva Federal había mantenido las tasas de interés en niveles muy bajos para estimular al consumo vía crédito y a la economía luego del golpe de la burbuja especulativa del 2000, y donde un capítulo importante era precisamente el estímulo a la adquisición de vivienda. Y vaya que esto también funcionó. Fueron tiempos de un crecimiento consumo de los norteamericanos a niveles inusitados y no obstante que el ingreso de los hogares permanecía estancado. Esto se reforzó por el efecto China: entrada masiva a EUA de mercancías chinas a muy bajo precio y la compra de bonos del tesoro de EUA por parte de China; y por supuesto que estos préstamos de China aseguraban el consumo de sus mercancías en EUA. El resultado acumulado de esto fue el rápido e inusitado crecimiento en los precios de las viviendas y el endeudamiento de los norteamericanos. Hacia el año 2008 el ingreso familiar promedio anual era de $50,000 dólares, en tanto que la familia promedio poseía créditos por $117,000 dólares - préstamos hipotecarios, para autos y estudios, así como tarjetas de crédito -. Y ni que decir sobre el ruinoso estado de los ahorros de la familia promedio norteamericana: solo alcanzaban la ridícula cifra de $400 dólares al año.

Como hasta antes de 2006 los bancos asumían que los precios de las viviendas seguirían aumentando hasta el infinito por la fiebre imparable de consumo de viviendas, no veían problemas con eso de expansionar el crédito hipotecario sin freno, incluso para seguir concediendo crédito hasta al que no tuviera capacidad de pago. Su lógica absurda era la siguiente: si los precios de las viviendas seguirán subiendo, entonces no hay problema si alguien entra en default o mora definitiva porque puedo ejecutar la hipoteca y revenderla con un beneficio. Fue así como se expansionó escandalosamente el fenómeno de las hipotecas subrpime, o préstamos de alto riesgo dirigidos a personas sin los ingresos suficientes para cubrir sus pagos mensuales por créditos, con lo cual se daba plena satisfacción a las política de Clinton y Bush. Pero en esto había una trampa deliberada porque, si bien es cierto que estos créditos iniciaban con intereses muy bajos, los mismos aumentaban de manera espectacular a partir del segundo año. A su vez, los banqueros de Wall Street diseñaron una fórmula tramposa a fin de poder vender esas hipotecas de alto riesgo o chatarra al público inversionista: lograron que las compañías de seguros aseguraran estos "activos" - hipotecas chatarra - contra riesgos de default por parte del consumidor, y que las agencias calificadoras de créditos les otorgaran las más altas calificaciones. ¿Algún norteamericano ingenuo podía resistirse a comprar esos activos chatarra camuflados de activos sólidos para la ganancia fácil y rápida? No, ninguno. Muchos mordieron el anzuelo.

Fue así como se estuvo inflando una hiperburbuja especulativa desde la era Bill Clinton y que estaba reportando ganancias extraordinarias tremendas a bancos, empresas de crédito y aseguradoras, pero que también había reportado extraordinarios dividendos políticos a los gobiernos de Clinton y Bush Jr. Hablamos de ganancias económicas que se cifraban en billones de dólares a base de pura conspiración y especulación. Pero como siempre sucede en estos casos, la burbuja tenía que reventar escandalosamente de un momento a otro.

Hacia el año 2007, que marca el inicio de una recesión, el exceso de oferta de construcción de viviendas había empezado a bajar los precios de viviendas, de tal forma que cada vez más norteamericanos estaban en situación de deberle más al banco por una hipoteca que lo que en realidad valía su casa. A su vez, los reajustes anuales en tasas hipotecarias, sobre todo en el caso de las subprime, dejaban también a cada vez más norteamericanos en default o mora definitiva en el pago de sus créditos. A la larga, y como consecuencia de esto, los activos chatarra que había inventado los banqueros de Wall Street fueron cayendo en su valor estrepitosamente, de tal forma que se fueron encontrando en su libros contables con billones de dólares invertidos en activos chatarra, papeles sin valor. La crisis llega en el 2008 cuando estalla la hiperburbuja y el mercado de valores se derrumba a un nivel sin precedentes desde 1931. Para eso momento los inversionistas timados con los activos chatarra perdieron cerca de 7 trillones de dólares, con la firma defraudadora Lehman Brothers a la cabeza de los "perdedores" con cerca de 2.3 billones de dólares en pérdidas. Evidentemente, el resultado de todo esto fue también una caída dramática en el consumo, el cierre de muchas empresas y el crecimiento en el desempleo. Sólo entre el último trimestre de 2008 y el primero de 2009 el PIB se derrumbó en 6%. Estábamos hablando de una recesión que se venía extendiendo desde 2007, que ya era la más larga desde tiempos de la Gran Depresión, y que amenazaba con convertirse en una depresión sin precedentes en la historia moderna.

Millones de norteamericanos ordinarios perdieron mucho al reventar esta burbuja: muchos perdieron sus viviendas o terminaron debiendo mucho más de lo que valían sus casas, otros muchos perdieron sus ahorros de vida cuando éstos fueron invertidos por sus bancos o empresas de inversión en los activos chatarra, y otros perdieron sus empleos y empresas. Pero frente a la gran tragedia del pueblo de EUA estaban las extraordinarias ganancias de los bancos y firmas especuladoras de Wall Street. A finales de 2008, éstas habían pagado casi 20 billones de dólares en bonos a sus altos ejecutivos y corredores. Solo la defraudadora Lehman Brothers recibió 5.7 billones en bonificaciones, con lo cual se pone en duda si esta empresa realmente "quebró". Solo el "genio de las inversiones", Bernard Madoff, logró generar pérdidas a muchos norteamericanos ingenuos por un valor de 50 billones de dólares. Y todo esto ocurrió de principio a fin sin que el gobierno de los EUA moviera un dedo regulador contra los especuladores. En efecto, los gobiernos de los EUA solo se limitaron a ver cómo se inflaba la burbuja y cómo reventaba en perjuicio de los norteamericanos ordinarios.

Por lo que respecta al gobierno de Barack Obama, se ha limitado básicamente a tratar de rescatar a los especuladores de Wall Street de su problema con los activos chatarra y  a tratar de revivir a la economía norteamericana con la tasa cero de la FED, que recién empezó a abandonar. Sin embargo, sabemos que eso no ha dado los resultados esperados y que incluso se reportan actos de corrupción empresarial con los fondos de rescate: no se aplican a la actividad económica, sino a las cuentas de banco personales de los beneficiados. 

Como ya es evidente para el lector, en la raíz de todo este problema están tres causas. En primer lugar, el fundamentalismo del libre mercado que impera en los gobiernos norteamericanos desde Ronald Reagan. Se trata de un dogma absurdo compartido por los políticos y economistas neoliberales consistente en creer que los mercados se pueden autorregular por sí solos para producir resultados eficientes para todos, pero que la misma crisis del 2008 ya demostró como falso. En segundo lugar, una clase empresarial cuya nueva ética apunta a un solo fin: la ganancia rápida y sin esfuerzo. Y en tercer lugar, una clase política populista y corrompida.

La mentira de Barack Obama sobre la crisis de 2008:

Barack Obama nos dijo en su discurso sobre el estado de la Unión lo siguiente: "La crisis financiera no la causaron las personas que reciben cupones de alimentos; la provocó la imprudencia de Wall Street". Por lo apuntado en el apartado anterior, supongo que al lector ya le queda claro que Obama está mintiendo o, en el mejor de los casos para él, está diciendo verdades a medias, diciendo lo que le conviene y omitiendo lo que no le conviene, lo  cual sigue equivaliendo a una mentira. Lo cierto es que la crisis del 2008 es una responsabilidad compartida de políticos y Wall Street, los primeros por su deseo irracional de maximizar dividendos políticos, y los segundos por su voracidad con las ganancias rápidas y sin esfuerzo. Y si somos rigorosos, podríamos afirmar que los norteamericanos ordinarios también tienen su cuota de responsabilidad porque obraron imprudentemente aceptando los cebos crediticios de Wall Street y la Casa Blanca sin pensar en las consecuencias que se seguirían a futuro con esa locura de consumo: no conocían el tamaño real de sus posibilidades, y eso es una irresponsabilidad culpable.

La mentira de Barack Obama sobre la inmigración:

Obama también nos dijo lo siguiente en su discurso sobre el estado de la Unión: "Los inmigrantes no son la razón por la que los salarios no han aumentado lo suficiente; esas decisiones se toman en consejos directivos que suelen dar prioridad con demasiada frecuencia a los beneficios trimestrales en vez de a los ingresos a largo plazo." El análisis detallado de este asunto de la inmigración en EUA lo dejaré para la continuación de una serie de artículos que estoy escribiendo en este diario sobre Donald Trump, pero adelanto algunas observaciones generales que sirven para poner al descubierto la mentira de Obama en este punto.

En primer lugar, en las investigaciones científicas que se han realizado en los EUA no hay acuerdo ni nada concluyente en lo que toca a los efectos de la inmigración sobre las "earnings" y salarios de los trabajadores. Algunos dicen que no afecta, otros que sí pero no significativamente, y otros que sí y significativamente. En mi opinión, las conclusiones suelen estar sesgadas por las inclinaciones políticas de los investigadores. Sin embargo, y no obstante lo anterior, parece que sí tiende a existir un acuerdo en que la inmigración sí afecta por lo menos a los trabajadores norteamericanos de menor calificación laboral, que suelen ser parte de los trabajadores más pobres y de grupos sociales especiales que regularmente han sufrido discriminación laboral: mujeres, afroamericanos, latinos, jóvenes, etc.

En segundo lugar, la caída o crecimiento insuficiente en salarios reales que viene reportando EUA desde finales de la década de los 70 del siglo pasado, es producto de varios factores que operan al mismo tiempo: cambio tecnológico que sustituye trabajo, giro creciente de EUA desde la manufactura a los servicios, globalización - las importaciones del tercer mundo en EUA deprimen los salarios de los trabajadores norteamericanos -, aumento en la participación laboral de las mujeres, declive de la sindicalización, declive de las horas trabajadas a la semana y, por supuesto, el aumento de la inmigración. Ahora bien, todas esas variables, con excepción de la participación de la mujer, son a su vez efecto del sempiterno interés de los empresario por minimizar costos. Y la inmigración no escapa de esta situación porque es una manera en que los empresarios disminuyen costos vía saturación de mercados de trabajo y vía sustitución de mano de obra cara ( norteamericanos ) por mano de obra más barata y más manipulable ( inmigrantes, y sobre todo si son ilegales )

De esta forma, cuando Obama nos dice que "los inmigrantes no son la razón por la que los salarios no han aumentado lo suficiente", está mintiendo. En el mejor de los casos para él, se puede decir que está haciendo una afirmación categórica y concluyente sin tener bases empíricas concluyentes, lo cual sigue equivaliendo a una gran mentira.

Barack Obama y la democracia secuestrada:

Hacia la parte final de su discurso Obama nos dice lo siguiente sobre la democracia en los EUA: "Ante todo, la democracia deja de funcionar cuando las personas sienten que sus opiniones no son importantes; que el sistema está amañado a favor de los ricos y poderosos o de algún interés específico." Obama ha dicho una gran verdad aquí. Su noción de democracia es correcta, razonable.
Si nos atenemos a esa noción de democracia y a las causas que motivaron la crisis del 2008, y que siguen vigentes en ese país, es forzoso concluir que la democracia en EUA ha dejado de funcionar porque ha sido secuestrada por las grandes corporaciones privadas de Wall Street. Y esto es así porque se regulan por sí solas en detrimento del bienestar del pueblo norteamericano, como el mismo Obama ha reconocido en su propio discurso: "las familias trabajadoras no van a conseguir más oportunidades ni sueldos más altos si dejamos que los grandes bancos o las grandes empresas petroleras o los fondos de cobertura se autorregulen a costa de todos." En efecto, la democracia norteamericana está secuestrada por Wall Street porque el sistema está amañado a favor de los ricos y poderosos.

El fracaso de Barack Obama:

También hacia el final de su discurso Obama reconoce que la crisis del 2008 ha generado una división y confrontación entre el pueblo norteamericano y sus élites gobernantes que se ha reflejado en una fractura entre los dos partidos en el congreso. A su vez, reconoce que no ha podido resolver esa fractura y se excusa con dos pretextos: un presidente no puede lograr eso solo, y no tengo los dones de un Lincoln ni de un Roosevelt, quienes tal vez sí habrían reparado la fractura.

Creo que Obama comete dos graves errores aquí: olvida que como presidente de los EUA tiene la responsabilidad de persuadir al menos a los congresistas de la necesidad de transitar a la unidad nacional y, a menos que Lincoln y Roosevelt hayan sido semidioses, su misma alusión a estos dos personajes presupone que ese reto es asequible a un ser humano ocupado en la política con honestidad y devoción hacia su patria. Es por esto que, para mí, estas palabras finales de Obama son el reconocimiento implícito de su fracaso como presidente de los EUA. Y lo peor es que este fracaso nos permite suponer que también él está secuestrado por Wall Street.

Como dije al principio de este artículo, todo esto nos deja la agenda política norteamericana con tres problemas gravísimos: el secuestro de la democracia norteamericana por parte de Wall Street, la fractura política entre el pueblo norteamericano y sus élites gobernantes, y la incapacidad culpable de Barack Obama para resolver estos dos problemas.

Creo que Donald Trump tiene razón cuando dice que Barack Obama ha sido un mal presidente de los EUA.

Y eso es todo.

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