Y París fue arrojada a las sombras por la política.

De © Citron
Terror en su pleamar, angustia, desesperación, descalabro y el caos total. Esa es mi percepción sobre el estado actual de la comunidad de Francia, y especialmente la parisina, según juzgo por las notas e imágenes que nos van llegando sobre los atentados en París.  

El periódico Le Monde nos mostraba un vídeo que siembra a cualquiera en el más completo horror. Son los momentos en que muchos afortunados escapaban por la puerta trasera del teatro Bataclan mientras los disparos y detonaciones de explosivos continuaban a toda fuerza y en buena copia. La multitud huía en tropel hacia el exterior mientras la carnicería progresaba sin freno al interior del teatro. Alguna gente yacía en la salida, ya muerta o herida, sin que nadie, por obvias razones, se ocupara de ellos, porque para ese instante solo eran un obstáculo para los que huían. Algunos, en la desesperación, intentaban ponerse a salvo saltando por las ventanas. Otros arrastraban sobre charcos de sangre a sus amigos o seres queridos, o al desconocido caído, desesperadamente, aferrando de los brazos, de las piernas, de la ropa, de lo que se pusiera a la mano. Y mientras tanto, en las alturas, el que filmaba toda la escena suplicaba a los fugados una explicación de aquel infierno sin que nadie se ocupara en satisfacer sus dudas. Todos estaban ocupados en ponerse a salvo entre una gritería mezclada de lamentos, lloros y desesperados llamados de auxilio. Eso era París en una de las notas principales de Le Monde.
Por su parte, la revista People recogía testimonios verbales de algunos afortunados sobrevivientes. Nos decían algo como lo que sigue, palabras más palabras menos, no es textual. "Nos disparaban como si fuéramos aves", dijo uno de los que pudieron escapar en el teatro Bataclan. "Disparaban indiscriminadamente y arrojaban explosivos hacia los montones de gente", expresó otro sobreviviente del Bataclan. "Los dos hombres armados arribaron al restaurant y abrieron fuego de lleno contra un cliente que comía en el exterior. El hombre cayó fulminado. Luego pasaron al interior y abrieron fuego indiscriminadamente contra todos. Solo reaccionamos ocultándonos bajo la mesa del bar. Escuchábamos aterrorizados los disparos y el pesado caer de las personas al suelo. Era imposible salir del restaurant. Aquello estaba obstruido por muchos cadáveres", dijo otro en el restaurant que fue escenario de otro atentado. "Soy afortunada por estar viva", se decía otra chica en el exterior del restaurant entre montones de cadáveres y heridos.  

Pero pudo haber sido peor. Ahora sabemos que los terroristas tenían planeado realizar varios atentados simultáneos entre los asistentes a un partido de fútbol. Según el Wall Street Journal, la policía del estadio detectó a un terrorista con un chaleco explosivo en la entrada del recinto deportivo. Pero el sujeto se retiró rápidamente al ser descubierto y en los siguientes pasos se detonó, se inmoló, momento en el cual otros de sus compañeros hicieron lo mismo en los exteriores del estadio. Así que siempre nos faltara imaginación para estimar el tremendo daño que hubieran ocasionado estas personas de haberse salido con la suya en este punto.

Sí, París, la que fue antaño la ciudad luz, la ciudad iluminada por la exaltación de la fuerza de la razón en la Ilustración, fue echada a la sombras de la irracionalidad por la fuerza medieval, como las estrellas luminosas al arribo de una noche de tormenta. Y no me pasa por alto en todo esto un cierto aire de cruel y sombría ironía, puesto que en esa noche de horror se presentaba en el Bataclan la banda de rock Eagles of Death Metal. Era tal como si se anunciará la muerte por el golpe del metal.

Como ya sabemos, todo esto fue obra de un puñado de hombres de mala voluntad, de hombres dotados de esa voluntad de obrar solo en conformidad con las exigencias del mal y que es capaz de pretender racionalizar lo irracional por simples motivos particulares, como es eso de desvirtuar doctrinas para exaltar a la violencia como instrumento legítimo para el castigo de los "equivocados" y para la construcción de supuestos nuevos valores morales para un proyecto especial de sociedad.

Pero muchos parisinos ordinarios, ciudadanos de a pie, no hicieron quedar mal a su fama de ciudad luz, de ciudad de la razón, puesto que en el pico de la tormenta de irracionalidad y violencia supieron reaccionar de una manera correcta, al menos no dejándose llevar del todo por las emociones desordenadas. Nos consta, por ejemplo, que muchos parisinos sobrevivientes de los atentados se dieron tiempo para ayudar al prójimo en la humanidad de los menos aventajados en la huida por estar mal heridos o yertos. También nos consta que fueron muchos los parisinos que abrieron sus puertas de hogar o negocio para dar alojo y amparo a muchos de esos seres humanos que huían de la carnicería de esa noche. Y tampoco hemos sabido hasta ahora que los parisinos hayan acudido a reacciones emocionales y sistemáticas de venganza contra los inmigrantes de Medio Oriente que residen en su país, salvo un aparente y aislado incidente en Calais. Todo eso dibujó a muchos parisinos ordinarios en el momento pico de la crisis como la antítesis de lo razonable frente a la tesis de violencia medieval que esgrimieron algunos cuantos extraños sobre su comunidad, y por lo cual merecen nuestro mayor reconocimiento.

Por desgracia, no podemos decir lo mismo de los políticos franceses más notables porque no estuvieron ni de lejos a la altura de los ciudadanos de París. Digo esto porque, mientras que los parisinos reaccionaban de manera correcta en el punto más alto de la crisis, sus políticos más notables se estaban decantando de inmediato hacia la reacciones emocionales e inferiores, como son la furia y la venganza. Cierto, pasadas las 12 horas de esa noche de crisis Nicolás Sarkozy ya estaba publicando lo siguiente en el Twitter:

- 00:50 GMT "Los terroristas han declarado la guerra a Francia. Nuestra respuesta debe demostrar fuerza y determinación".

En efecto, se trata de una declaración de guerra implícita. Pero lo peor es que el presidente de Francia, Hollande, en quien cabría esperar la más razonable de las actitudes en aquel país, estaba también haciendo declaraciones en el mismo sentido que Sarkozy. Y para colmo de males, a las horas salta a la vista el primer ministro francés declarando que Francia intensificará sus bombardeos sobre los territorios ocupados por el ISIS. En general, el mensaje de los políticos franceses más importantes hacia el pueblo que gobiernan es muy claro: Francia está en estado de guerra. Pero hay varios y muy graves problemas en este punto y que luego dan lugar a inevitables escozores. Me explico a continuación.

Una vez que los actos de violencia medieval pasaron, y una vez que han dejado expuestos los hechos consumados en la forma de una brutal agresión física, el pueblo francés entró a una dura crisis emocional. Se encuentra en el estado temprano de alerta en que las emociones desordenadas mandan en la voluntad para advertirnos de los peligros que nos rodean. Y mientras permanezcan en ese estadio las personas solo reaccionarán de manera inferior y desordenada a través de las fugas con el desmayo, la huida o la furia. Y no debemos abrigar ninguna duda sobre la existencia de esta crisis emocional general. Eso nos quedó perfectamente claro con el lamentable suceso que ocurrió recién en la manifestación pacífica en la plaza de la República, donde bastó sólo que algunos tontos bromistas hicieran tronar unos petardos para que la multitud que se manifestaba, horrorizada con los ruidos de esos petardos, se pusiera en estampida. Ahora bien, en estas condiciones es una completa locura lanzarle a esta multitud nerviosa discursos políticos que exaltan a la guerra, como están haciendo los políticos franceses en estos momentos. Con esto sólo están mandando una señal muy equivocada a su propio pueblo en el sentido de que las fugas emocionales de la violencia y la venganza son las reacciones correctas ante los problemas, siendo que son reacciones irracionales, inferiores y desordenadas que sólo agravarán más sus problemas. En el extremo, y ojalá no suceda, este tipo de discursos rabiosos y emocionales pueden llevar a los nerviosos franceses a disparar una ola de violencia contra los inmigrantes de Medio Oriente en su país. Y como dije, ojalá esto no ocurra pese al acicate emocional de sus políticos.

Contrario a lo anterior, lo deseable es que los franceses logren controlar esas emociones para pasar desde la reacción emocional en que están a una reacción superior que les permita confrontar los problemas de una manera perfeccionada, es decir, razonable y con sentimientos elevados. Y es hacia ese fin que deben aplicar sus esfuerzos los políticos franceses a través de discursos que apelen a ideas y apetencias razonables, como puede ser la restitución de las cosas de la nación al orden moral y jurídico.

Un político que se precie de ser un verdadero político siempre reconoce a su propio sistema de moral en la tradición nacional como la norma de su actividad política, lo cual significa que siempre tendrá bajo proscripción en sus ideas y apetencias asuntos como la fuerza y la violencia. Y si esto es lo deseable siempre en la verdadera política, es un imperativo de prudencia básica cuando el político está gobernando a un pueblo que está en condiciones de crisis emocional general como sucede con los franceses en estos momentos.

Otro problema con los políticos franceses es que su declaratoria de guerra va contra un movimiento terrorista que, por desgracia, ocupa ilegalmente un territorio ajeno a Francia y que corresponde a la soberanía del pueblo sirio, y al cual no han consultado sobre si hay permiso para hacer lo mismo que el ISIS: invadir su territorio. Obviamente, entendemos que esta ceguera de los políticos franceses responde al hecho de que sus reacciones son rabiosamente emocionales por el momento.

Ya empiezan también a salir puntos muy flacos en la intriga oficial. Ya sabemos que Francia fue advertida desde antes, y con certeza general, de que había un plan de conspiración en marcha para estos atentados. Todavía el día de la víspera le volvieron a advertir sobre esto. La información le llegó por vía de la inteligencia de Irak, quienes estuvieron muy insistentes con esto. Y aunque el gobierno francés no dice nada claro al respecto, algunos agentes oficiales lo confirman. ¿Por qué no hicieron algo? Al menos debieron evitar las grandes concentraciones de personas, como el partido de fútbol, que son el target del terrorismo.

Advierto también que la posición de los políticos franceses en el asunto Siria siempre me ha parecido colmado de una doble cara. A pesar de que manifiestan su oposición al terrorismo, nunca han mostrado empacho en eso de aceptar públicamente su decidido apoyo moral y material a un ejército sirio de liberación que por momentos no parece tener delimitaciones muy claras con los frentes terroristas. Vamos, incluso algunos políticos franceses han manifestado públicamente que algunos frentes especiales del terrorismo en Siria están haciendo un buen servicio a la democracia occidental.

Con sinceridad, todo esto que ocurre con los políticos franceses me recuerda por momentos la nauseabunda historia de George Bush Jr. y las Torres Gemelas como antesala a la invasión de Irak. Por el momento hay tres semejanzas entre las dos historias: un pueblo en crisis emocional y muy propenso por ello a asumir erróneamente las fugas de la furia y la violencia como reacciones correctas, un discurso político que exalta la violencia, y un país de Medio Oriente como target del discurso de la beligerancia.

Espero que los franceses ordinarios logren superar su crisis con bien y que busquen comprender muchas cosas a este respecto. Espero que comprendan que este tipo de problemas que enfrentan derivan en buena medida de las actitudes injerencistas y hegemonistas de su clase gobernante, sobre todo desde la invasión a Libia protagonizada por Nicholas Sarkozy. Es razonable suponer que si Francia se hubiera mantenido al margen de estos conflictos en Medio Oriente muy probablemente no hubiera ocurrido la tragedia de hace algunas noches. Espero que comprendan que hay un acto de injusticia intrínseco en eso de invadir el país de otros y con independencia de las causas que se esgriman para ese efecto, y que esto sólo es causa de rabia e indignación en los ofendidos que pueden disparar consecuencias lamentables para todos. Para esto, los franceses sólo tienen que recordar la indignación y la rabia que les invadía cuando la Alemania nazi invadió y sojuzgó a su país en la Segunda Guerra Mundial, y la violencia que sobrevino a este acto. Espero que comprendan que las reacciones violentas en estas situaciones, además de solo retroalimentar la violencia, terminan en ruina para todos: ganadores y perdedores. En este caso sólo tienen que volver la vista hacia los desastrosos resultados de EUA en su empresa colonialista en Medio Oriente: más muertes de compatriotas, deudas impagables a cargo de los ciudadanos de a pie, gobierno en bancarrota, solo ganancias para las grandes corporaciones privadas, crisis nacional.

Lo que se requiere es la restitución del orden moral y jurídico en muchas partes del mundo de acuerdo a las tradiciones de cada pueblo. Pero para lograr eso se requiere de reacciones razonables, de buena voluntad, no de violencia.

Y eso es todo.

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