El güerco Ricardo Anaya: de grilla chocha, harpías y sirenas.

"Ricardo Anaya, Conferencia de Prensa Cámara de Diputados", de Raulhernandezqro - Trabajo propio.
Grillos y articulistas oficialistas de este país se han hecho viejos atacando a AMLO. Siempre les faltará tiempo de vida para seguir envejeciendo en esto. Tanto empeño le ponen a esto que, si les fuera posible, terminarían dedicando a esto más tiempo del que requirieron los césares para conquistar al mundo y construir su imperio romano. Pero es envejecimiento absurdo puesto que todos sus ataques han resultado inútiles en eso de socavar la legitimidad moral de AMLO. Tan inútil es su esfuerzo, que a veces incluso pareciera que están atrapados en una telaraña, porque cada vez que atacan a AMLO lo fortalecen y quedan más atrapados en su necesidad de envejecer por este hombre.

Esto de envejecer inútilmente atacando a AMLO es una enfermedad muy contagiosa que no respeta franquicia política, edad y sexo. Han caído gentes como Ricardo Alemán, Carlos Mota, Pablo Hiriart, Silva Herzog, Krauze, Jorge Castañeda - el autonombrado intelectual -, Carlos Salinas, Chucho Ortega, Graco Ramírez, César Camacho, Gustavo Madero. En fin, son tantos los enfermos, que ya podríamos formar una multitudinaria
compañía de danza de los viejitos. Pero me ha llamado mucho la atención el caso del paciente Ricardo Anaya, el güerco - de huerco o chamaco - que funge como gerente del PAN nacional, porque es un caso atípico de envejecimiento prematuro por AMLO. En efecto, parece que el güerco Ricardo Anaya está acelerando anormalmente su envejecimiento por AMLO a medida que crecen sus aspiraciones por gobernar a los adultos del país, y donde cada vez más presenta fugas en la forma de arrebatos de chochez. Tan grave es el caso de Anaya, que en su reciente crisis de locuacidad y furia seniles contra AMLO la emprendió a varapalos y diatribas contra éste. Para ser sinceros, a estas altura yo ya no sé si Anaya es un güerco o un anciano chocho.   

Pero todo eso es problema de Anaya. En lo que a mí concierne, mi deber es tratar de entender lo que se me presenta. Así que, en lo que sigue, buscaré describir y explicar los más recientes arrebatos de chochez de Ricardo Anaya en el caso de AMLO, y de paso nos irán quedando claras las inconsecuencias y mentiras del personaje en cuestión. Y para esto, me voy al principio de este nuevo episodio de la macabra y horrenda metamorfosis conductual de Ricardo Anaya hacia la ancianidad senil por culpa de AMLO. Si mal no recuerdo, esto empezó más o menos como sigue.

Resulta que hace días Ricardo Anaya organizó uno de esos eventos partidistas que, más allá de los regocijantes y jocundos elogios mutuos entre los grillos, sirven para sabrá Dios la cosa. El caso es que durante su discurso en dicho evento, Ricardo despotricó contra los priistas y AMLO lanzando una retahíla de diatribas. A los primeros los acusó de todo, de tal forma que el más favorecido salió con el baldón al cuello de perverso y vicioso, y a AMLO lo acusó de ser propulsor del Estado predador. Pasaré por alto este asunto del Estado predador porque no es el tema. Tal vez lo tome para un siguiente artículo, y si hay tiempo, porque tengo cosas más importantes. Por el momento me interesa poner en claro el primer arrebato de chochez de Anaya en la forma de una gran inconsecuencia que salta a la vista en el hecho de que este chavo haya afirmado estas cosas de los priistas no obstante que en la primera fila de su auditorio tenía nada más y nada menos que a Felipe Calderón y sus esbirros. En efecto, hablamos de ese sujeto que, en la percepción de la inmensa mayoría de los mexicanos, se robó las elecciones del 2006 para usurpar la presidencia de la república, y que disparó el gatillo de una guerra estúpida contra la delincuencia ocasionando más de cien muertos, más de veinte mil desparecidos, varios cientos de miles de desplazados, y un daño económico a la nación - hurtos, saqueos, rescates, chantajes, etc. - que todavía no ha sido cuantificado, pero que le aseguro a Anaya alcanza cifras escandalosamente elevadas. Gran inconsecuencia de Anaya.  

El segundo arrebato de chochez de Anaya nos llega en su reacción frente a las declaraciones de AMLO en torno a Margarita Zavala en el sentido de que esta mujer sería solo un instrumento de Felipe Calderón en la presidencia. Como ya sabemos, Anaya respondió acusando a AMLO de "machista cobarde". Pero el problema de Ricardo Anaya aquí es que no cae en la cuenta de que AMLO solo esta describiendo objetivamente a Margarita para luego realizar sobre ella un juicio que suena bastante sensato. Enseguida voy a dejar claro esto que digo.

Ricardo Anaya debe tener perfectamente claro que ni él ni Felipe Calderón ni Margarita podrán encontrar jamás una fundamentación moral al acto de causar indirectamente, no ya la muerte de más de 100 mil seres humanos, sino la muerte de un solo ser humano por un fin político y por mejor que sea éste en su loca imaginación. Le aseguro a Ricardo que ellos tres podrán envejecer y hasta morir de vejez buscando esa fundamentación moral sin encontrarla porque simplemente no existe. Y no obstante esto, no obstante que estamos frente a un grave problema moral que espera respuestas y juicios sobre todo por parte de los implicados, jamás hemos tenido noticia de que Margarita Zavala haya asumido alguna vez una postura crítica al menos frente a los aspectos más hostiles y lesivos de la gestión política de su sombrío marido: muerte masiva, desaparecidos, y sin olvidar a los niños mártires de la guardería ABC. En efecto, la actitud de Margarita a este respecto ha sido de silenciosa adhesión a los actos inmorales de su marido. Y es una actitud que solo tiene dos posibles explicaciones: o Margarita comparte con su marido la apetencia irracional por el dominio y la violencia, o está sometida a esa voluntad irracional de su marido pese a no estar de acuerdo con él. Pero en cualquier caso, Margarita se hace cómplice de él asumiendo esta actitud de adhesión silenciosa.

Dado lo anterior, es absolutamente razonable que un hombre sensato, que busca vivir la vida sabiendo a qué atenerse, juzgue las pretensiones políticas de Margarita Zavala tal como lo hizo AMLO: Si Margarita Zavala llega a la presidencia de la república, es de máxima probabilidad que ella solo sea el instrumento de su marido. El lector no debe perder de vista que la racionalidad es también cuestión de causas, medios y consecuencias, de tal forma que siempre resulta razonable apostar con máxima probabilidad por las consecuencias que regularmente se siguen de determinadas causas. Así pues, es muy razonable afirmar que la que es esposa sometida a la voluntad de su marido, y que fue presidente de la república, solo será una presidenta de la república sometida a la voluntad de su marido o primer "damo". En breve, y para todos los efectos prácticos, la prudencia indica que poner a Margarita en la presidencia sería tanto como elegir por segunda vez al ruinoso Felipe, tal como si hubiera realizado una maravillosa y loable labor por la nación.

El feminismo, en su más completa noción, es una corriente de pensamiento que, en el tratamiento de los problemas humanos, rechaza la identificación exclusiva de la experiencia humana en general con la de los varones. Así entendido, el feminismo rechaza la tiranía del Yo varón que ha instalado la sociedad patriarcal que ha dominado de manera absoluta en la historia de la civilización, y que identifica a la mujer como "lo otro" que llega incluso a convertirse en simple "cosa útil" o medio en la apetencia económica utilitaria y de dominación del varón. Ahora bien, cuando traemos nuestro asunto a este campo del feminismo, nos quedan claras las siguientes tres cosas.

En primer lugar, que el Yo mujer de Margarita Zavala está anulado bajo la tiranía del Yo varón de su marido Felipe por cuanto ella jamás ha sido capaz de someter a crítica responsable al menos las acciones más hostiles e inmorales de su marido durante su gestión del Estado. Es evidente, pues, que estamos frente a un acto de machismo de Felipe Calderón con su mujer. Y más le conviene a Margarita hacernos creer que es un acto de machismo porque, de otra forma, nos veremos obligados a concluir que ella comparte con su marido la apetencia irracional por la violencia y el dominio. Y muy grave sería esto porque entonces estaríamos hablando de una Margarita Zavala antifeminista que se ha subsumido en un Yo varón, como suelen hacer muchas mujeres grillas muy confundidas.

En segundo lugar, Ricardo Anaya y demás panistas que consienten este machismo de Felipe Calderón absteniéndose de invitar a Margarita para que haga valer su Yo mujer y asuma una actitud crítica con su marido, son igualmente machistas. Yo no sé si Felipe es un cobarde por cuanto ignoro si ha sometido a su mujer a la fuerza o no, aprovechando su ventaja combativa como varón o no, pero lo que sí me queda claro es que Ricardo Anaya es, además de machista, un cobarde. Esto, porque, además de no atreverse a ayudar a Margarita a salir de la tiranía del Yo macho de su marido, no tiene siquiera el valor para liberarse él mismo de la tiranía del Yo macho de Felipe Calderón por cuanto está demostrado que no se atreve a poner bajo crítica la inmoral y hostil gestión de ese hombre en el Estado.

En tercer lugar, no se ve de qué manera se pueda acusar a AMLO de machista cobarde en este caso. Según dije antes, AMLO se limitó a describir objetivamente a Margarita para emitir un juicio de sabiduría práctica en la política que, si somos sensatos, no deberíamos echar en saco roto por su carácter razonable. Pero en ningún momento AMLO le sugirió a Margarita que su deber era seguir anulando su Yo mujer bajo las garras del Yo macho de su marido.

¿Qué haría Ricardo Anaya si mañana Margarita hace valer su Yo mujer para asumir una actitud crítica contra su marido cuando éste fue presidente? ¿La apoyaría Anaya? Vamos, hombre, todos sabemos que Anaya sería el primer machista interesado en que Margarita no hablara y siguiera sometida al machismo de su marido. A nadie en el PAN le conviene que flote la verdad a este respecto.

Pero Anaya tuvo un tercer arrebato de chochez cuando retó a AMLO a un debate y éste, calibrando objetivamente la realidad del temerario retador, lo despreció llamándolo: Pollo. Fue cuando Anaya usó de argumentaciones falaces de edad y género para tratar de preñar de manera ilegítima las críticas de AMLO a él y a Margarita de un carácter extensivo y ofensivo con respecto a todos los jóvenes y las mujeres del país. Pero vamos a examinar a detalle esta chochez del anciano Anaya, y que ya tiene tintes de perversidad.

En este punto es evidente la retórica falaz y barata de Anaya para tratar de engañar a los mexicanos, como es su costumbre. De entrada, y para preparar su terreno falaz, está tratando de hacer creer que ignora que AMLO lo calificó de Pollo a él, como persona concreta. Luego, y de una manera muy cobarde, Ricardo está tratando de adjudicar a AMLO una generalización de juicio en la que jamás incurrió, y nos consta. En efecto, sabemos que AMLO jamás se refirió en esto al conjunto de mexicanos que entran en el concepto de jóvenes. Y más vale que Anaya acepte esto que digo, que está fingiendo y obrando arbitraria y abyectamente, porque de otra forma nos veremos precisados a concluir que él se ha creído que es el concepto o modelo de juventud encarnado desde el cual todos los seres humanos deberán de predicar y juzgar sobre los jóvenes en general. Solo postulando esa locura propia de un anciano senil o un megalómano se podría afirmar con verdad que toda crítica a Anaya es una crítica a todos los jóvenes del país, como pretende hacer creer Anaya. Y bueno, el mismo razonamiento aplica al caso de Margarita Zavala: Anaya está mintiendo y fingiendo demencia senil cuando dice que AMLO insultó a las mujeres al describir objetivamente a Margarita Zavala y emitir un juicio de sabiduría práctica sobre esta mujer, y que, por lo demás, es razonable. Digo, a menos que Anaya también nos quiera hacer creer que Margarita es el concepto o modelo encarnado de la mujer que nos sirve como referencia de predicación o juicio sobre las mujeres en general....Vaya patrañas y sofismas baratos los de Ricardo Anaya.

Dado que Ricardo Anaya ya nos ha probado varias veces que es bisoño en la vida, pero sobre todo en el oficio de la grilla, y pese a su envejecimiento prematuro, no sale sobrando darle algunos consejos para la mejora. Van.

Primer consejo: es malo mentir. Más malo es mentir cuando los móviles apuntan a la codicia personal. Y mucho más malo es mentir cuando la codicia personal ha de dañar a otra persona tomándola como simple medio o blanco.

Segundo consejo: es malo ser ofensivo con los mayores. Hay un valor moral universal, que comparten todas las culturas de todos los tiempos, y que nos habla del respeto y el trato amable a los mayores. Esto es bueno para todos siempre que no se sacrifiquen otros valores importantes como la verdad, y siempre que no se tenga una mejor propuesta de conducta a la mano.  

Tercer consejo: no es razonable envejecer ocupado en actividades inútiles por su ineficacia, como es eso de ocuparse en atacar a AMLO. Lo razonable está en buscar y escoger aquellas actividades y medios que, con el máximo de probabilidad, acarrearán las consecuencias que tenemos en vista.  

Cuarto consejo: si se pretende ser un verdadero político, hay que trascender desde la vulgar legalidad y la retórica hacia la observancia activa y dinámica de la moral como eje rector de la política. En este punto, la prueba de fuego para Ricardo está en asumir una actitud crítica respecto de todos los pasajes hostiles, violentos y vulgarmente maquiavélicos del régimen de Felipe Calderón. Si no hace esto, entonces está condenado a seguir existiendo en la vulgar grilla.      

Quinto consejo: recordarle que, así como en el mundo de los varones hay diablos, en el mundo de las mujeres hay Harpías y Sirenas. En efecto, en el mundo de las mujeres hay aves de rapiña con rostro de mujer - harpías - que castigan a los hombres robándoles sus alimentos y atormentándoles, y también hay aves con rostro de mujer que engañan a los hombres persuadiéndolos con sus bellos cantos y discursos. Y espero que Ricardo tome este consejo, no en el plano literal, erróneamente, sino en el plano correcto, el que le es propio: metaphorice.

Y eso es todo.

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