A Fernando Elizondo: mi voto no es transferible a Jaime Rodríguez.

Fernando, siempre tuve reservas contigo porque tengo muy presente tu participación en los gobiernos neoliberales del PAN, y cuyos saldos no son buenos para el país y te han construido una hoja de servicios en la política muy cuestionable por muy problemática. Me refiero a sucesos que ocurrieron durante tus gestiones como tesorero, gobernador y secretario de energía: aumento de deuda, confusiones con los "Guardaditos" de miles de millones de pesos, malas y dudosas obras de infraestructura - Rompepicos, autopista al aeropuerto, etc. -, desvió de recursos en Agua y Drenaje, y tu muy activa y entusiasta participación en la privatización de la distribución del gas natural que tanto nos ha costado a todos en precios elevados por dicho servicio para poder pagar las utilidades empresariales de una banda de pillos españoles. Por lo demás, confieso que no sé en qué terminó aquel escándalo por un supuesto desfalco multimillonario en la fundación Vamos México que presidía tu esposa algunos años atrás. 

Pero, pese a lo anterior, me empezaste a llamar la atención unos meses atrás, cuando iniciaste esa aparente etapa de ruptura con el oficialismo, llámese PRI, PAN o cualquier otro partido. Ese interés por seguirte en los medios y en la redes creció cuando renunciaste al PAN. A estas alturas tenía interés en ti pero no me persuadía porque seguía teniendo muchas reservas contigo, sobre todo porque no veía en ti alguna mínima reflexión autocrítica en torno a ese pasado. Pero confieso que me empecé a persuadir contigo cuando vi que alguna gente a la cual estimo por su actitud en la política te empezó a apoyar en esta aparente conversión a la verdad y el bien. El testimonio de esas personas sobre ti me llevó a una razonable persuasión. Y cuando digo razonable persuasión me refiero que jamás fue garantía de lealtad a ciegas, que no repara en objeciones y límites, porque esperaba me demostraras con hechos lo que decías.

Mi razonable persuasión contigo creció cuando te registraste como candidato a la gubernatura de Nuevo León. Aunque tenía resquemores por la franquicia que elegiste, Movimiento Ciudadano, porque sabemos que es un partido que le gusta vivir de las tajadas del Estado desde la izquierda artificial, empezaba a creer que tendrías la categoría moral para controlar a la banda de ese partido. Naturalmente, no tardé mucho en juzgarte como la opción menos peor en atención a que eras el menos problemático de los candidatos en lo que atañe a vida personal y desempeño en la política, con lo cual no quiero decir que seas el hombre ideal que requiere la verdadera política. Sólo dije que te tenía como el menos peor. A estas alturas también te veía como el candidato más objetivo y menos aficionado al usufructo de la crisis emocional que viven los regiomontanos con el discurso emotivo y el rabioso populismo del que hacen acopio los otros candidatos a más y mejor, especialmente tu nuevo jefe político, el priísta camuflado de independiente: Jaime Rodríguez. 

Creo que ya te queda claro, Fernando, que habías logrado muchos avances de persuasión conmigo pese a tu problemática hoja de servicios en la política. Tanto lograste, que hasta antes de tu declinación había deliberado que votaría por ti con máxima probabilidad y no pasaba por alto cualquier oportunidad para promoverte públicamente como el candidato de la Bona Mens, de la razón y la prudencia. Sin embargo, condicionaba mi voto a que persistieras hasta el final en tu candidatura, porque esto sería la primera demostración de que tu conversión a la vía libre era válida, y de que tus proposiciones en campaña eran al menos probables. Y esto tenía que ser así porque, hasta ese momento, la razón no justificaba que tú declinaras en favor de candidatos que están bajo muy serias sospechas de deshonestidad en la política, o bien que aceptaras su declinación en tu favor. Y déjame decirte que en todo esto coincidíamos muchos de los que estábamos persuadidos de obsequiarte nuestro voto. Y se trataba de una persuasión apuntada a las exigencias de la razón, de tal forma que no nos importaba entregarte el voto así quedarás al final en último lugar. En lo personal, deseaba persistieras hasta el final en tu candidatura porque creía que así, como regla de la razón, serviría para mensurar el tamaño de la cordura o la confusión en nuestra comunidad política. 

Sin embargo, todo esto cambió con tu escandalosa deserción a tu candidatura para declinar en favor de uno de los peores candidatos a la gubernatura que tenemos: Jaime Rodríguez, el priísta camuflado de independiente. De un golpe, tu escandalosa deserción me pasó de la razonable persuasión a la más completa decepción contigo porque me estabas demostrando objetivamente, al grado de la más completa convicción, de que estuviste mintiendo todo este tiempo. Pero enseguida te voy a dar un breve repaso de las inconsecuencias morales de Jaime Rodríguez, para que tengas claro tu error.

Hay pruebas en la forma de testimonios y documentos periodísticos que exponen a Jaime Rodríguez como un hombre que golpeaba a dos de sus ex esposas. Supongo que sabes que un testimonio tiene validez de prueba hasta en tanto no se pruebe que dicho testimonio es falso. Pero la respuesta que hasta ahora ha dado Jaime Rodríguez a estos asuntos no son prueba porque se reducen a una negativa en la forma de un: "No es cierto, es guerra sucia". Se trata de simples evasiones y fugas del problema. Tampoco es prueba en este punto el argüir que una de las mujeres está enferma, y creo que entiendes el motivo de esto. Por lo demás, las evasiones de Jaime en este asunto nos dejan la percepción de que no existe en su conciencia rastro de arrepentimiento y redención, en caso de que esto sea cierto. Pero olvídate de esos hechos en sí mismos. Eso no nos interesa. Nuestra cuestión aquí no es valorar la calidad de este hombre como marido. Lo que nos interesa aquí es su inconsecuencia como político. Y te digo esto por lo siguiente, Fernando. 

Te recuerdo que la democracia está fundamentada en el principio de la igualdad entre los seres humanos. Sabemos que muchos son los vicios humanos que obstaculizan la realización de ese principio democrático. Uno de esos vicios humanos es precisamente la violencia que ejercen los hombres contra las mujeres, en tanto se trata de un acto de negación absoluta y autoritaria de ese principio de igualdad en la mujer. En estos casos, Fernando, el hombre está demostrando que asume a su mujer como una cosa inanimada y un medio para la realización de sus deseos egoístas, y no como lo que es: un ser humano con dignidad y que es un fin en sí mismo. 

Espero que no asumas en este punto la actitud de los ignorantes fanáticos consistente en despreciar toda objeción a estos serios vicios morales, ignorando de paso los efectos que esto puede tener en la política, bajo el argumento tonto de: "No lo quiero para viejo, lo quiero para que me gobierne". No, Fernando, un hombre así no ofrece garantías en el gobierno eficaz y justo del Estado. Y para que entiendas bien esto te recuerdo algo que Platón solía poner en labios de su maestro Sócrates en sus Diálogos, y que viene muy bien para entender a cabalidad este asunto: ¿Quieres saber cómo gobernará un hombre al Estado? - decía Platón -;  bien, solo voltea a ver cómo gobierna su sociedad doméstica, es decir, a su familia.

Se han revelado también algunos datos que han llevado a considerar que Jaime Rodríguez mintió en el asunto del secuestro de su hija. Obvio el tema porque supongo que ya estás enterado. Se ha dicho también en los medios que existe un problema de enriquecimiento "sorprendente" en torno a Jaime Rodríguez, y con esto me refiero a ese asunto de los bienes inmuebles en el municipio de García y otras latitudes del estado. Sin embargo, sabemos que las respuestas de Jaime Rodríguez a estos problemas son exactamente las mismas que en el caso de las ex esposas: breves negativas para la fuga o la evasión o explicaciones inverosímiles. 

Recién ha dicho Jaime Rodríguez que Nuevo León se incendiará si no se respeta el voto. Su pronunciamiento no deja lugar a dudas en torno a que él se imagina ya como vanguardia, con su tea en la mano, en el incendio de la comunidad. No me impresiona esto, Fernando, porque sé que se trata de un alarde jactancioso que responde a la fórmula propagandística de la violencia, tan fecunda en motivaciones para los regiomontanos contagiados de emociones negativas por nuestra crisis. Y aunque dejaré este tema para un siguiente apunte, lo cito solo para decirte que, en esto, hay más faltas contra los principios de nuestro sistema de moral vigente. 

Sobre la supuesta conversión política de Jaime Rodríguez a la vía independiente no digo nada porque ya nos queda claro a todos que se trata de un priísta camuflado de independiente. Es algo semejante a lo que tú hiciste en tu aparente conversión desde el PAN al MC. 

Ahora bien, te pregunto lo siguiente, Fernando: Un hombre que niega con la violencia el principio de igualdad en una mujer de su sociedad domestica, ¿puede garantizar el respeto al principio de igualdad política entre los ciudadanos que requiere una verdadera democracia en una sociedad civil? Si ese hombre le niega ese derecho fundamental a una mujer de su sociedad doméstica, ¿se lo garantizará a un ciudadano ordinario? ¿Puede un hombre con estas graves inconsecuencias morales garantizar un genuino o sincero interés por la democracia, la verdad y el bien en el gobierno del estado? 

Pero para que normes muy bien tus reflexiones y respuestas quiero recordarte algo que decía Emanuel Kant en su Paz Perpetua y que es inobjetable: "Aun cuando la máxima: 'La honestidad es la mejor política' implique una teoría que la práctica desgraciadamente desmiente, la máxima igualmente teórica 'La honestidad es mejor que toda política', está sobre toda objeción y es, también, la condición indispensable de la verdadera política". 

Con esto Kant te está diciendo que, si eres un verdadero político, tus respuestas a estas y otras preguntas que surgieran deberán estar apegadas a los principios de nuestro sistema de moral vigente. En otros términos, tus respuestas no pueden estar fraguadas bajo los principios inmorales y utilitarios del vulgar maquiavelismo, y cuya máxima es: el fin justifica los medios; lo cual significa, a su vez, que no puedo admitir que en tus respuestas justifiques el omitir o pasar por alto las inconsecuencias morales de Jaime Rodríguez en atención a cumplir los intereses de tu proyecto político. 

Sé que no vas a responder a estos cuestionamientos. Y como jamás dijiste algo al respecto, entonces asumo tu deserción de tu candidatura en favor de Jaime Rodríguez como la renuncia a cualquier objeción o límites a las inconsecuencias morales de Jaime Rodríguez. Así que, provisionalmente, creo que ya está demostrada tu inconsecuencia moral y tu gran mentira. En efecto, Fernando, ya me queda claro que nos has mentido, que tu supuesta conversión política es una farsa, y que has pisoteado los principios de la verdadera política al usar del vulgar maquiavelismo para concertar y pactar con un hombre de grandes inconsecuencias morales para satisfacer tus intereses personales y de grupo. Jamás te interesó el bienestar común, como venías diciendo en tu campaña.

Y vaya que nos queda claro que el regocijo de Jaime Rodríguez con tu deserción era muy grande. Tan grande, que volvió a echar mano de su populismo para llamarte "patriota". No, Fernando, no te creas de esas expresiones populistas. No eres un patriota, solo estás probado como un político oportunista, como siendo del mismo talante que los demás políticos del sistema oficialista.

Absurda por ello tu primera reacción después de anunciar tu deserción en favor de Jaime Rodríguez. Digo esto porque de inmediato te pusiste a invitar a los panistas a voltear la vista a sus principios políticos para que voten en favor de tu nuevo jefe político, no obstante que tú has pisoteado los principios de la verdadera política. ¿No te parece esto un gran absurdo? Y para tu desgracia, Fernando, permanecerás en el absurdo mientras no despejes razonablemente las múltiples objeciones que existen en torno a tu condición moral y la de Jaime Rodríguez. 

Pero reconozco que puedo estar equivocado en este punto y que tu estés en lo correcto, Fernando. Supongamos por un momento que tu abrupta declinación en favor de Jaime Rodríguez tiene fundamento objetivo porque éste se ha confesado contigo en lo privado y te ha probado que todas las objeciones a su condición moral son falsas, producto de una guerra sucia sin fundamento. Si fue así, felicidades por ti, Fernando. Pero el problema es que tú no eres confesor religioso ni profeta, Fernando. Los regiomontanos que pensamos no podemos persuadirnos y menos convencernos por tus llamados a la fe en Jaime Rodríguez. Tú eres político y, pese a tu nuevo giro maquiavélico, éstas constreñido a demostrar lo que dices para convencernos. Y para convencernos en este punto necesitas obligar a Jaime a que aclare sus inconsecuencias morales, ora probando falsedad en sus acusadores, ora aceptando culpas y redimiendo, ora lo que sea. Pero te aclaró que esto debe ser antes de la jornada electoral, porque después de esta fecha todo intento en ese sentido carece de validez. Sin embargo, te confieso que no creo que vayas a lograr esto. No se le puede pedir peras al olmo.

Ya me quedan claras las causas directas de esta ventajosa transacción privada que realizaste con Jaime Rodríguez. En efecto, una vez que calculaste que ya no tenías posibilidades de ganar la gubernatura, y una vez que viste crecer a Felipe de Jesús en las preferencias, decidiste declinar con la vista puesta en alcanzar una tajada del gobierno. Tu grave error consistió en que hiciste esta transacción ahorrándote las muchas objeciones que la razón tiene contra las inconsecuencias morales de Jaime Rodríguez, lo cual ya te puso en grave falta contra los principios de la verdadera política. Sin embargo, debo reconocer que tu error puede ser una mezcla de tus intereses personales y los de Dante Delgado, el dueño del partido que te cobijo. Digo esto porque podemos presumir que Dante ya te estará cobrando cuota de piso de su partido en la forma de tajadas en el gobierno del estado. Y si es así, nada de qué asombrarnos porque sabemos que Dante no vive de la lealtad a los valores en la política. Dante no puede irse a su casa derrotado y diciendo un: "Aunque no ganamos nada, competimos con un hombre que abonó en nuestra fama". No, así no razona la gente como Dante. Ellos no comen de eso. Ellos necesitan posiciones, tajadas en el Estado. Así son los negocios en la política para ellos, que es una técnica muy parecida a la de los Chuchos.

Tengo también muy claros algunos de los términos de ese quid pro quo privado en el que te has enfrascado con Jaime Rodríguez. A cambio de posiciones para tu equipo y el de Dante Delgado te usarán como estropajo para intentar limpiar las grandes e imborrables manchas morales de Jaime Rodríguez, y tratarán de sacar partido de las preferencias electorales que mantenías hasta antes de tu deserción. Y aunque no se con certeza si les funcionará la engañifa, Fernando, debo decirte que en lo que atañe a mi no funcionará por las siguientes razones.

En primer lugar, porque para mí jamás podrás ser el estropajo de Jaime Rodríguez porque tú sólo eres garantía de ti mismo, no de él. Ten en cuenta que tú no eres un apóstol de Jaime Rodríguez para pretender persuadirnos con tu sola palabra, que ya de por sí está bastante menguada en veracidad con tu escandalosa deserción. Tú estás en el conato de ser un político que, pese a su reciente giro maquiavélico, ésta exigido a demostrar las cosas, no a predicar. Podrás engañar de nueva cuenta a los fanáticos de Jaime Rodríguez, pero no a los que pensamos. Y ten muy en cuenta que tu misma inconsecuencia moral te ha convertido en un estropajo de papel para esos fanáticos, con lo cual te quiero decir que ellos estarán muy prontos a volverse en tu contra en la primera oportunidad. Y en segundo lugar, porque mi voto para ti era intransferible a cualquier otro candidato. Mi voto era por el Fernando Elizondo de antes, el de la farsa, el que ahora es una fantasmagoría, una quimera, no por el Fernando maquiavélico de ahora, y mucho menos por un político como Jaime Rodríguez Calderón.

Sinceramente, Fernando, tengo la corazonada de que muchos ciudadanos que habían definido preferencia por ti piensan igual que yo en este momento. Por eso creo que no morderán tu anzuelo y no transferirán su preferencia desde ti hacia tu nuevo jefe político, Jaime Rodríguez. Creo esto porque son los ciudadanos razonables que comprenden fácilmente que morder ese anzuelo es un acto irracional. Supongo, pues, que tus adherentes se desplazarán hacia el abstencionismo o por lo menos a votar por el menos cuestionable de los candidatos hasta este momento: Felipe de Jesús Cantú. Y de ser así, esto tendría una enorme carga de ironía porque resultaría que Felipe, un panista más joven que tú, habría sido mucho más consecuente que tú, un viejo panista, ante los ojos de muchos electores.

Quiero decirte que me ha parecido de muy mal gusto que hayas permitido que tu hija saliera a dar testimonio verbal y público para tratar de poner a buen resguardo tu reputación política una vez que renunciaste tú inmoral deserción. Se trata de otro acto inmoral, Fernando. Es una engañifa inmoral muy antigua a la cual se refirió el mismo Sócrates durante su defensa en el diálogo Apología de Platón, cuando dijo a la asamblea que lo juzgaba lo siguiente, más o menos: 

- No haré lo que muchos hacen en estos trances. No traeré aquí a mi familia llorosa y doliente para tratar de conmoverlos sentimentalmente y ganarme con ello un fallo favorable en mi juicio.

Sócrates era un hombre que privilegiaba la moral por sobre cualquier otra cosa, Fernando. Y si no se permitió usar a su familia para conmover a los jueces en un caso tan grave como era su juicio y su condena a muerte, ¿crees acaso que hubiera hecho eso en un trance sencillo y fácil como el tuyo, cuando tenía que demostrar asuntos menores e inocuos de la política ante los políticos y ciudadanos de Atenas?

Pero además de ser un acto inmoral, también es un completo absurdo. Digo esto porque resulta que tu hija quiso ser el estropajo de lo que se apunta ya como el estropajo de Jaime Rodríguez: tú. Y como a últimas horas nos dimos cuenta que ya hay críticas a ciertas inconsecuencias de tu hija, ya nos va resultando que ella también necesitará un estropajo. No vayamos terminando en el gran absurdo de una larga cadena de estropajos que van desde Jaime Rodríguez hasta abajo y que no tenga fin. Y todo por las inconsecuencias morales que han derivado de tu deserción.

Desde luego que estás pareciendo mucho a Jaime Rodríguez, Fernando. No me negarás que tu abrupta conversión desde la falta de certeza con respecto a Jaime Rodríguez, hasta la más completa certeza en menos de una semana, es un hecho tan insólito e inverosímil como la misma conversión "fast-track" de tu amigo Jaime Rodríguez desde el priísmo más recalcitrante al más genuino interés por la verdadera política. Digo, sinceramente, me queda claro que ambos tienen un muy apasionado gusto por la mitología y los milagros. 

Fernando: yo sigo creyendo lo que decía Kant en torno a la necesidad inexcusable de constreñir a la política a las exigencias de la moral. Por ello, como ciudadano ordinario siempre actúo en política postulando un mundo del "como si", es decir, pensando y creyendo que es posible lograr eso. Hago esto para no lamentarme un día por no haber hecho todo lo que era posible de mi parte en ese sentido. Desgraciadamente, debo decirte que los ciudadanos que estamos empeñados en eso no lo hemos conseguido sobre todo por la resistencia de los políticos que privilegian el vulgar maquiavelismo. Por un momento creí que tú podrías sumarte a este esfuerzo ciudadano en pos de una política moral y razonable para Nuevo León, pero ya me queda perfectamente demostrado que me equivoqué contigo, Fernando. Ya sé que eres un político que privilegia al vulgar maquiavelismo por sobre los principios de la moral.

Y te vuelvo a repetir: el voto que tenía para ti es completamente intransferible a Jaime Rodríguez Calderón. No cuentes con él para tus negocios privados. Y ya te demostré que la razón me avala por completo en esta deliberación. 

Y eso es todo.

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