Carmen Aristegui: la virtud sí premia…Y muy bien.

Decía en un artículo anterior que la mayoría de los mexicanos y los medios internacionales asumen como válida, al menos al nivel de prueba por testimonio, la proposición de que el despido de Carmen Aristegui de MVS tiene su causa última en la voluntad del régimen de EPN. Pero, según veo en los hechos hasta el momento, creo que el régimen no se da por satisfecho con el despido de Carmen Aristegui y apunta sus pretensiones a lograr el mayor desgaste posible de la legitimidad moral y carismática de esta mujer. Basta con voltear la vista hacia esa guerra de desgaste contra Carmen que continúa hasta el momento para convencernos de esto.

Por fortuna, los encargados de esta guerra de desgaste contra Carmen están actuando contra su propia causa porque son muy ineficaces en su trabajo, lo cual nos recuerda que hasta el mal requiere de arte elevado. Y como prueba de esta ineficacia nos viene muy bien la reciente filtración en Twitter de una factura que Carmen giró a MVS por concepto de cobro de sus servicios profesionales en el mes de diciembre del año pasado, y cuyo monto asciende a poco más de 1 millón y medio de pesos.


Es muy fácil comprender que la pretensión de los detractores de Carmen en esta ocasión tiene dos fines: primero, ponerla como blanco de una emoción de resentimiento entre sus muchos adherentes; y segundo, deslizar una prueba en favor de ese argumento que el régimen ha venido atravesado en torno al escándalo de la casa blanca: que Angélica Rivera era la dueña legítima de dicho inmueble.

Enseguida voy a tratar de demostrar cómo es que los detractores de Carmen vuelven a fallar en este caso. Pero como no deseo que este artículo se alargue mucho, enfocaré mi atención en el primer fin, la propagación del resentimiento contra Carmen, y dejaré para un siguiente artículo el segundo fin de los detractores de Carmen, o ese nuevo intento por exonerar a EPN en el caso de la casa blanca. Y aclaro de paso que mi mayor interés es que esa famosa factura sea cierta, real, un hecho sólido, porque de no ser así mis argumentos habrán quedado sin efecto.

El hombre no es pura emoción:

Cuando los detractores de Carmen apuestan a la posibilidad de propagar algún resentimiento contra esta mujer con la sola publicación de una factura, están postulando implícitamente que el hombre es un sujeto puramente emocional, despojado de la facultad de la razón y la potencia moral. Se trata de una noción del hombre cuyas reacciones son producto exclusivo de las emociones desordenadas, y que por ello siempre está bien dispuesto a disparar el gatillo del resentimiento contra los más aventajados en la sociedad. Sólo asintiendo con ese postulado, solo dándolo por válido, cabría esperar que un mexicano ordinario con ingresos medios, y que tenga manifiesta simpatía y adhesión hacia Carmen Aristegui, pudiera experimentar de manera automática algún resentimiento contra ella al enterarse de que sus percepciones de ingresos pueden ser tan altas hasta alcanzar, por ejemplo, 1 millón y medio de pesos en un sólo mes.

Pero el problema con esta noción del hombre es que, además de ser muy primitiva, es insostenible. Digo esto porque, una vez que asentimos con ella, nos resulta imposible explicar la existencia de la misma sociedad. En efecto, si los individuos sólo reaccionan emocionalmente y siempre están prestos a privilegiar su libertad a fin de hacer valer su interés privado, nos condenamos por definición a un estado de guerra permanente donde la sociedad es ya imposible.

Sobre el resentimiento y la admiración en la sociedad civil:

Es claro que ese postulado implícito de los detractores de Carmen no es válido porque es evidente que el hombre no es pura reacción emocional. En efecto, los detractores de Carmen ignoran que la reacciones humanas son determinadas fundamentalmente, no por las emociones desordenadas en bruto, sino por las emociones ordenadas en sentimientos por las sanciones del sistema moral vigente, y que dan lugar a conductas o modos de ser en los individuos que hacen posible a la sociedad.

Si existe una suerte de estandarización de las reacciones humanas fundamentales en todas las sociedades modernas, de tal forma que podríamos hablar de una gramática universal de las reacciones, no es sino porque todos los sistemas de moral existentes parecen apuntar a la coincidencia al menos en sus nociones más generales en torno al bien y el mal. Y no es sino por esto que observamos patrones de conductas muy típicos en los individuos de todas las sociedades humanas modernas una vez que cobran conciencia, por ejemplo, de las desigualdades en la distribución de los bienes materiales; desigualdades que parecen ser inherentes a toda sociedad humana. Me refiero, por ejemplo, a que los individuos menos exitosos tienden a experimentar reacciones contra los más exitosos de acuerdo a lo que dictan las sanciones del sistema de moral vigente: experimentan resentimiento contra los que alcanzan el éxito faltando a los principios de la moral, pero tienden a experimentar admiración y deseos de emulación con respecto a los que alcanzan el éxito ceñidos a dichos principios de moral.

Esas conductas humanas estandarizadas frente a la desigualdad en la distribución social de los bienes materiales son muy patentes en el caso de México, las vemos muy vivas en el día a día. Esto es natural si consideramos que nuestro país es el mundo de las grandes desigualdades económicas derivadas de la perversión moral de la clase dirigente. Y tome en cuenta el lector, además, que si hay un bien material ante el cual el hombre es muy reactivo, es el maldito dinero. Sabemos, por ejemplo, que el mexicano promedio reporta algún grado de resentimiento contra las personas que se han enriquecido indebidamente; pero también sabemos que manifiesta algún grado de admiración y deseos de emulación con respecto a las personas exitosas que, al menos en apariencia, llevan una vida ceñida a los principios de la moral vigente. De aquí mismo es de donde surgen los modelos positivos y negativos que imperan en la conciencia de los mexicanos. Ejemplos de modelos negativos tenemos en abundancia, en buena copia, a más y mejor, y muy notables. Baste citar los casos de Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón, Manlio Fabio Beltrones, Vicente Fox, el Chapo, Emilio Azcárraga y su tocayo Emilito Gamboa, los Chuchos, etc. Y, aunque escasos, muy escasos, también tenemos ejemplos de modelos positivos en personas que brillan en diversos campos de actividad profesional: deportistas, artistas, intelectuales, periodistas, empresarios y unos pocos políticos que se cuentan como garbanzos de a libra.

El error de los detractores de Carmen Aristegui:

Tal vez Carmen Aristegui sea por estos tiempos el modelo positivo más importante que tenga la mayoría de los mexicanos. Se trata de un modelo muy bien cumplido en lo técnico y en lo moral. Hablamos de una mujer que es ejemplar en su desempeño profesional y que ha llevado la exigencia moral hasta el nivel de verse confrontada a un régimen bajo sospecha en su empeño por la búsqueda de la verdad, lo cual nos habla de un deseo sincero por cumplir en su conducta al menos dos importantes virtudes civiles: lealtad y honestidad. Y es precisamente este apartado moral lo que dota de mayor mérito al modelo positivo de Carmen Aristegui por cuanto está demostrado que ha hecho lo que muy pocos mexicanos están dispuestos a hacer, no ya en el mundo de la comunicación, sino en la misma política: poner en riesgo su felicidad personal por la verdad.

Vistas las cosas así, es muy improbable que un individuo que tenga a Carmen Aristegui como modelo positivo llegue a experimentar algún resentimiento o decepción al enterarse de que esta mujer tiene tan grandes ingresos por su trabajo que pueden alcanzar hasta el millón y medio de pesos en un mes. Antes bien, lo más probable es que ese individuo llegue a considerar esa notable ventaja de ingresos de Carmen como una justa retribución a su desempeño y como un importante estímulo para la emulación. En lo personal, estimo que 1 millón y medio de pesos al mes no alcanzan a compensar los extraordinarios beneficios que Carmen le ha reportado a la vida política de este país. Creo que con el solo hecho de haber confrontado a los mexicanos con la cruda realidad de la corrupción del régimen ha compensado el valor económico total de su trabajo como periodista a lo largo de toda su vida… Y tal vez le quedamos debiendo a esta mujer.

Creo que a estas alturas ya nos queda perfectamente claro que los detractores de Carmen han equivocado de nueva cuenta su estrategia de desgaste con eso de publicar una de sus facturas por servicios profesionales. Además de que no le hacen mella alguna, sólo logran un resultado muy contrario a sus fines por cuanto sólo consiguen fortalecer el papel de esta mujer como modelo positivo en la conciencia de muchos mexicanos. Y lo peor para ellos es que su ineficacia termina por fortalecer en el espíritu de los mexicanos algo que es muy contrario a los intereses del régimen al que defienden: la propensión al bien. Cierto, porque lo único que un mexicano sensato puede inferir razonablemente una vez que pone el dato monetario de esa factura contra el modelo positivo de Carmen, es algo como lo siguiente:  "Pese a todo, pese a la corrupción de los políticos, pese a la ruina del país, la virtud sí premia…Y muy bien. De tal modo que me conviene emular a Carmen".

Y muy mal negocio para el régimen tener a un país donde el modelo positivo de Carmen se vaya replicando exponencialmente en los demás. Sería su más completa ruina.

Toda esa ineficacia de los detractores de Carmen no tiene otra explicación que su desconocimiento total en torno a la naturaleza del problema que enfrentan. De entrada, está visto que tienen una noción muy primitiva del hombre: una máquina de emociones desordenadas; noción que no tiene correlato en la realidad de los mexicanos ordinarios. Es posible que esto solo sea un reflejo de su noción sobre sí mismos; algo que no suena descabellado si tomamos en cuenta que forman parte de algún estrato en la clase dirigente corrupta. Luego, ni por asomo se les ocurre que están confrontando, no a una persona ordinaria, como ellos suponen, sino a una Carmen Aristegui que se ha convertido en un importante modelo positivo en la relaciones intersubjetivas de la mayoría de mexicanos. Y no es sino por todo esto que luego se muestran incapaces de actuar razonablemente a la hora de elegir los medios que con mayor probabilidad los puedan llevar a su fin: desgastar la legitimidad de Carmen Aristegui. En general, ya está visto que con cada acción de desgaste que dirigen contra Carmen sólo logran lo contrario a su fin: fortalecerla como modelo de gran aceptación en el público. Vaya, es tal como si estuvieran empeñados en darse de golpes a sí mismos.

Y es así como llegamos a una gran ironía en este asunto, porque resulta que ya nos vemos precisados a concluir que los mismos detractores de Carmen han estado colaborando de manera significativa en la construcción de ese modelo positivo en esa mujer. Si el lector hace abstracción de las virtudes técnicas de Carmen Aristegui para enfocarse únicamente en sus relaciones intersubjetivas con los miembros de la clase política, pronto se dará cuenta de esa ironía. Sabemos que fue la prolongada y absurda obstinación de múltiples políticos por evadir con ataques el afán investigador de Carmen lo que al paso del tiempo terminó por escalar a esta mujer desde la normalidad a la condición de periodista ejemplar, modélica. Y sabemos que fue el despido de Carmen de MVS lo que terminó por impulsarla al nivel de modelo positivo supremo en la conciencia de muchos mexicanos. Y no contentos con esta hazaña, los detractores de Carmen siguen empeñados en eso de abonar más méritos al huerto ejemplar de esta mujer exhibiendo facturas que, como dije, sólo nos demuestran que la virtud moral sí premia y que nos conviene emular a Carmen.

Hacia el mito de Carmen Aristegui:

Le aseguro que Carmen Aristegui sería una periodista ordinaria en el contexto de una sociedad al menos medianamente democrática. Pero la suerte de esta mujer estriba en que es periodista en México, un país gobernado por una aristocracia de pervertidos en lo moral, pero muy torpes. Y tan torpes, que ahora parecen estar empeñados en escalar a su más lograda enemiga desde la condición de modelo positivo - situación en que la dejaron recién - a la más alta dignidad de un mito de gran alcance en la conciencia y la voluntad de los mexicanos.

Está demostrado ya que Carmen Aristegui comparte una cualidad especial con el gigante Anteo de la mitología griega; algo que consiguen los seres humanos que buscan la virtud. Y es que sucede que cada vez que sus detractores creen vencerla con un golpe que la derriba a tierra, solo le dan ocasión de tomar más fuerza de su madre Gea para seguir en la batalla con vigor multiplicado, invencible.

Como dije al principio, dejaré para el siguiente artículo la discusión del segundo fin de los detractores de Carmen Aristegui con este asunto de la factura; me refiero a esa pretensión de querer tomar la factura de Carmen como prueba de validez para el testimonio de Angélica Rivera en torno a que ella era la legítima dueña de la célebre casa blanca. La cuestión da para mucho y no quiero extender de más el presente artículo.

Y eso es todo.

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