EPN y una Navidad en crisis.

La noción de crisis tiene un origen relativamente moderno. Se la debemos a Saint-Simon, muy probablemente. La vemos por primera vez en su obra: "La introducción a los trabajos científicos del siglo XIX", donde sostiene una idea de progreso necesario de la historia que define una ley general que determina el proceso histórico como un flujo en el tiempo de épocas orgánicas y críticas que se van alternando. La era orgánica reposa sobre un sistema de creencias consolidado, bien definido y firme al que se adhieren los individuos de una sociedad, y conforme al cual la sociedad se desarrolla y progresa armónicamente, sin incertidumbres y conflictos. Pero en cierto momento ese mismo progreso de la sociedad introduce nuevas ideas y creencias que chocan con el sistema vigente de creencias, lo que termina llevando a la sociedad a una época de crisis.

Los signos distintivos de una época orgánica son la uniformidad de ideas y creencias, la certidumbre y la consecuente paz. En cambio, en las épocas de crisis los signos distintivos de la sociedad son la ambigüedad, la incertidumbre y los consecuentes conflictos porque no consigue rebasar al sistema vigente de creencias y tampoco logra organizarse de manera definitiva en torno a las nuevas ideas y creencias que están emergiendo y buscando consolidarse como eje dominante de las relaciones intersubjetivas y las conductas y hábitos de los individuos. 

Este modelo de la historia de Saint-Simon parece reflejar de manera sintética y al menos aproximada el comportamiento de las sociedades humanas reales en el tiempo. No fue sino por eso que fue repetido con modificaciones por Augusto Comte, Carlos Marx y otros pensadores. Y esto tiene sentido de utilidad porque el conocimiento que nos da el modelo a manera de poder descriptivo y predictivo lo convierte en un instrumento válido de análisis de la historia de una sociedad determinada. Sin embargo, conviene advertir que se debe andar con cuidado en el uso de este modelo porque, en mi opinión, presenta los siguientes inconvenientes.

Primero: el carácter necesario del modelo es irreal: así tendrán que suceder las cosas y no de otro modo.  

Este carácter necesario corresponde a una etapa mecanicista ya superada en la historia de las ciencias sociales. Lo cierto es que la historia se comporta de manera diferente al mundo natural y de la lógica. La historia es una cuestión problemática, sujeta a múltiples posibilidades donde los hombres tienen poder de determinación con su libertad. Al menos así lo reconocemos desde los tiempos en que Wilhelm Dilthey empezó la tarea que pervive hasta hoy y que consiste en definir un método apropiado para las ciencias sociales a través de la comprensión. 

Segundo: el modelo trabaja bajo el supuesto no declarado de que la uniformidad de ideas y creencias en las sociedades humanas, no solamente ha existido antes, sino que es posible que exista siempre.

Lo cierto es que la idea de una época orgánica, de uniformidad en las ideas y creencias de los individuos, donde no existan incertidumbres y conflictos, es una ficción. No ha sido posible hasta ahora alcanzar semejante estado de acuerdo perfecto y no creo que sea posible alcanzarlo jamás en el futuro. Esta organicidad o perfecta equivalencia de los individuos no fue siquiera lograda en la etapa de la historia considerada como ejemplo de organicidad: la Edad Media. En efecto, ni la Edad Media estuvo libre de conflictos políticos y sociales, de luchas ideológicas, filosóficas y religiosas, que eran signos indiscutibles de la incertidumbre o ambigüedad de las ideas y creencias de la época.

Tercero: una vez que alguien añade al diagnóstico objetivo y realista de una situación de crisis el anuncio del advenimiento de una época orgánica bajo un programa determinado, la noción de crisis revela de inmediato su carácter de mito pragmático, ya sea ideológico o político, lo cual empieza a dar lugar a la peligrosa política profetizante. Y esto es algo peligroso si consideramos que en épocas de crisis los individuos buscan huir de la incertidumbre y no hay mejor refugio para esto que un profeta de la paz orgánica.

A estas alturas no se vayan los regocijantes partidarios de la derecha panista y priista con la falsa pista de creer que el enemigo de izquierda es el practicante de la política profetizante, como dijo alguna vez Krauze de AMLO valiéndose de extrapolaciones audaces y muy infundadas. Vistas bien las cosas, y según son los hechos consumados, el régimen panista anterior y el actual régimen priista son los que se muestran como devotos practicantes de la política profetizante. No se puede entender de otra manera el estúpido programa de guerra de Calderón y el programa mitológico de reformas del actual régimen priista. Ahí, en esos dos regímenes, hay datos sobrados que hablan de mitologías y política profetizante. De eso ya hemos hablado por extenso en otros artículos, y volveré a tomar el asunto en el siguiente artículo con referencia a un priista eminente. 

Pero dichos peligros no implican que el modelo de Saint-Simon quede invalidado, inútil, prohibido. No, todo lo contrario. Si estamos siempre advertidos de los peligros intrínsecos apuntados arriba, podemos tomarlo como instrumento de análisis poderoso de nuestra situación y como ideal regulador. Instrumento útil porque sí refleja el proceso histórico de las sociedades reales al menos de manera aproximada. Ideal regulador porque puede servirnos para definir un fin que, aunque mítico, es deseable y útil - la organicidad -, y con el cual podemos acceder a una sociedad con más certidumbre y al menos una paz precaria para los individuos.

La crisis mexicana:

Si el lector reflexiona sobre lo dicho con la vista puesta en el país, se dará cuenta que el modelo de Saint-Simon describe muy bien nuestro proceso en la historia contemporánea, donde hay un antes relativamente orgánico y un después de gran crisis y que crece a más y mejor.

Hasta antes de que la guerra de Calderón alcanzara su pináculo México vivía una época relativamente orgánica al menos en la vida pública. En este ámbito casi todos estaban de acuerdo con un sistema único de ideas y creencias que determinaba conductas de apatía y pasividad con respecto a la política y que dejaba a ésta en manos de la clase política oficialista sin la menor necesidad de tener que rendir cuentas de sus hechos a nadie. Apelemos a la sinceridad y digamos la verdad aunque duela: el mexicano hacía esto porque le resultaba un negocio rentable: los beneficios - no aplicar tiempo y esfuerzo a la cosa pública - le parecían siempre significativamente mayores que los costos - corrupción de la clase política -. Y a tal grado llegó esta persuasión de rentabilidad que la llegamos a justificar racionalizándola en una decadente cultura política que se expresaba a través de enunciados como los siguientes, y que terminaban en calidad de verdades comprobadas y reglas de conducta en la conciencia del público:

- Mientras no se metan conmigo, que los políticos hagan lo que quieran...El PAN es malo porque roba pero no deja robar; el PRI es bueno porque roba pero sí deja robar...El PAN es malo porque roba pero no reparte; el PRI es bueno porque roba pero sí reparte...Mientras los políticos hagan algo, no importa que roben...No sirve de nada hacer algo porque todos roban y todos robarán.

Pero resulta que, de pronto, mientras estábamos en la fiesta del regocijante postulado de la irresponsabilidad, entramos a una época de crisis política y social que crece a más y mejor hasta estos momentos. Y por cierto: ¿cómo diablos fue que ocurrió esto? ¿Cómo la fiesta de los crecidos beneficios se convirtió en el infierno de los castigos y el dolor? 

Bueno, todo empieza a decantarse desde una consecuencia inmediata de esa decadente cultura civil: dejar hacer en total libertad a la clase política oficialista. En efecto, como los integrantes de esa clase política son unos cínicos desvergonzados, no supieron usar de esa libertad y terminaron en una dinámica de crecientes excesos hasta que lograron que los costos del ciudadano por no ocuparse en la política - corrupción e impunidad abonados en buena copia con la violencia creciente de la narcopolítica - terminaran por rebasar sus beneficios en esto mismo. El resultado final fue la ruina total de lo que antes era un buen negocio para el ciudadano promedio: no ocuparse en la cosa pública, y que también era un buen negocio privado para los grillos oficialistas. Es a partir de este punto de quiebra que se dispara una reacción consecuente, superior y creciente entre los ciudadanos apuntada a impulsar un nuevo sistema de ideas y creencias con espíritu cívico y que empieza a entrar en conflicto con el viejo sistema de ideas y creencias. Llegamos así a la época de crisis que vivimos hasta hoy en México, y donde vemos en conflicto franco a dos partes antagónicas que giran en torno a sus respectivos sistemas de ideas y creencias: por una parte, los ciudadanos con su sistema emergente de ideas y creencias en pro de una verdadera democracia y un verdadero progreso, y por la otra parte al régimen priista y a la clase política oficialista girando en torno al viejo sistema de ideas y creencias que corresponden a la cultura de la decadencia civil y que tan buenos resultados les dio a ellos durante decenios.

Difícil establecer el momento del tiempo en que empieza a detonarse esta crisis mexicana. No creo que haya empezado con Ayotzinapa. Creo que empieza a fraguarse en el periodo en que la idiota guerra de Calderón alcanza su pináculo, y que es cuando empezamos a ver los primeros albores de la rebelión civil. Creo que desde entonces ha venido emergiendo gradualmente la crisis. Y a medida que ésta avanzó en el tiempo ha ido verificado la sucesión de varios pináculos de escándalo y conflictos mayúsculos que la alimentan con combustible de ruptura: La matanza de Calderón y el movimiento de Javier Sicilia, los padres indignados del ABC, EPN en la FIL, el 132, el sospechoso proceso electivo que llevó a EPN al poder, las autodefensas, la reforma energética, Tlatlaya, Ayotzinapa, la Casa Blanca y la casa de Videgaray...y la realidad a la vista promete seguir acumulando material explosivo con mucha fecundidad y a más y mejor.

Creo que el lector ya podrá ver cómo es que se valida en nuestra realidad el modelo de Saint-Simon, al menos de manera aproximada y con una ligera modificación en el siguiente sentido: Mientras que Saint-Simon hablaba de épocas de crisis que emergen del desarrollo exhaustivo de una época orgánica de progreso social, en nuestro caso la época de crisis emerge del desarrollo exhaustivo y el agotamiento de una época orgánica de decadencia social marcada por los signos de la apatía y la pasividad ciudadana en la política.  

Difícil saber cuándo terminará esta crisis que vivimos, esta época de conflicto entre sociedad civil mexicana y sistema político, y que nos reporta tanta incertidumbre a todos. Difícil también saber cómo terminará. No sé si el sistema ciudadano emergente de ideas y creencias terminará por imponerse para dar paso a una época relativamente orgánica de verdadera democracia y verdadero progreso, o si terminará por apagarse gradualmente hasta quedar en nada y llevarnos de regreso a la época orgánica del viejo sistema de ideas y creencias correspondiente a la cultura decadente de la apatía y la pasividad ciudadana en la política. Lo único que sé con relativa certidumbre hasta el momento, son las tres cosas siguientes.

Creo que es mucho más probable que los miembros del régimen y de la clase política oficialista jamás accedan a sumarse al nuevo sistema emergente de ideas y creencias ciudadanas en pro de una verdadera democracia y un verdadero progreso. Demasiados pecados y compromisos los atan de por vida al viejo sistema de ideas y creencias. La sola posibilidad de que algunos ahí busquen dar un giro en favor de los ciudadanos expondría al sistema político a una guerra interna fratricida al estilo del filme "Reservoir dogs", de Tarantino, y con pocas probabilidades de que sobreviva al menos un mister Pink. Sé que algún día esta crisis terminará de cualquier forma, sea como sea. Y finalmente, sé que estamos viviendo una Navidad en crisis por la obstinación del régimen priista y la clase política oficialista en mantenerse anclados en el pasado...Pero a pesar de eso: 

¡ Feliz Navidad a todos !

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog

También le doy enlace a mi página de Facebook:

Comentarios

Publicar un comentario