EPN no ha superado el descalabro.

La experiencia del descalabro:

Todo hombre tiene una situación en el mundo fundada y determinada por su relación personal con éste. Pese a que las situaciones en el mundo sean tan diferentes según la persona de que se trate, todas tienen un carácter en común: son problemáticas en sus posibilidades, es decir, son relativamente inciertas y solo son superables con el conato del esfuerzo. Y no obstante, hay situaciones-limites que, al poseer en grado eminente la problematicidad, son luego tan incomprensibles y complicadas que resultan simplemente insuperables, sobre todo cuando no se asumen razonablemente. Estas situaciones-límites son las que conducen al sentimiento de descalabro, de fracaso insuperable, que no es sino la experiencia personal de la imposibilidad de afrontar o superar la situación límite a la que se ha llegado.

El mundo feliz de EPN: 

Hubo un tiempo en que EPN vivió un mundo personal maravilloso. Se trataba de un mundo espacioso, cómodo, reluciente, claro, distinto, comprensible, demostrable, de mínima problematicidad y, por ende, de exigua cuesta arriba y que comprometía un mínimo esfuerzo. Sí, me refiero al mundo de EPN inmediatamente anterior a esta crisis social que vivimos hoy, al mundo de la regocijante euforia mediática de las reformas. Y si ese mundo maravilloso era posible pese a la pobreza de una mayoría y a la violencia que seguía cobrando víctimas a más y mejor, no era sino porque todos los factores jugaban a favor de EPN. Cierto, para ese entonces EPN poseía como ahora el espíritu autoritario y la tenacidad suficientes como para atreverse a imponer arbitrariamente a la sociedad su proyecto personal de nación. Contaba también, como ahora, con el apoyo elogioso y aplaudidor de las minorías que se benefician de su proyecto personal: los grupos de capital privado nativos y foráneos, la clase política corrupta y los esclavos que se adhieren al sistema oficialista de partidos a cambio de un mendrugo de pan. Pero el factor más importante que conspiraba a favor del mundo maravilloso de EPN era la persistencia de un modo de ser muy arraigado en los mexicanos: la pasividad culpable.

El mexicano culpable:

Sabemos que la mayoría de mexicanos se oponen al menos en pensamiento al proyecto personal de nación de EPN, especialmente en el capítulo de energéticos. Sin embargo, jamás se han atrevido a protestar activamente porque no tienen convicción plena en sus creencias y se atreven a apostar contra la realidad asumiendo que dichas reformas jamás alcanzarán para afectar a sus bolsillos. Aquí vemos en operación una falla inherente a las percepciones humanas que colabora con los propósitos del régimen: el hombre difícilmente se percata de las amenazas que están muy distantes en el tiempo o muy lejos en la cadena de sucesos conectados a su situación personal presente. 

En el caso de las muertes por la violencia, la sociedad doméstica de las víctimas - familiares, compañeros de trabajo y estudio, amigos, etc. - colaboran estando muy prontos y puntuales para adoptar las reacciones emocionales que se propone conseguir el régimen en estos casos: una mezcla de miedo y aflicción que dispara el gatillo de la resignación silenciosa. Por su parte, los ciudadanos en general colaboran con el régimen en este tema con su indiferencia fundada en la apuesta ingenua a la siguiente y muy insólita posibilidad: a mi jamás me pasará eso, que no es sino otro efecto de la falla de las percepciones humanas con respecto a los riesgos que parecen remotos.

En general, se trata de reacciones emocionales y prejuiciosas que no tienen justificación y que hacen de culpa a la persona que las asume porque está en su horizonte de posibilidades humanas el evitarlas para acudir mejor a reacciones de orden superior, perfeccionadas. Cuando la sociedad doméstica de cada víctima de la violencia reacciona emocionalmente - miedo y aflicción -, o cuando los mexicanos se atienen a sus limitadas y falibles percepciones en torno a las consecuencias de las reformas, están comprando las soluciones imaginarias y subrogadas que les vende el régimen para controlarlos - resignación silenciosa o la creencia ingenua de que no pasara nada con sus bolsillos - para luego evadirse de la responsabilidad moral de protestar, y con lo cual se cumple la finalidad del régimen. 

La culpabilidad de la sociedad doméstica en los casos de muertes por violencia se debe a que siempre está en sus posibilidades el acudir a las reacciones superiores determinadas en grado eminente por la razón, los sentimientos elevados - emociones bien ordenadas como el amor al ser querido que se ha perdido - y el esfuerzo - el coraje espartano y la protesta -. En el caso de los mexicanos en general, la culpabilidad estriba en que no se dan la oportunidad de usar de su razón por propia cuenta para dejar de lado sus limitadas y falibles percepciones para enterarse de la realidad: siempre hay un riesgo inminente de ser la siguiente víctima de la violencia; el saqueo de los hidrocarburos mexicanos que traerá la reforma energética, por ejemplo, se reflejará tarde o temprano en una severa merma en la economía familiar y nos llevará a un callejón sin salida.

Y como el sistema político corrupto de este país es esencialmente cínico, como no tiene sentido de responsabilidad moral, esta pasividad culpable de los mexicanos jamás fue para EPN un real obstáculo en su mundo maravilloso, solo fue lo que fue: un dato que EPN despreció porque le tuvo siempre sin cuidado lo que sintieran y pensaran los mexicanos. Ya bien lo dijo alguna vez Manlio Fabio Beltrones: Nosotros gobernamos a nuestro gusto y después explicamos...y si es que se les pega la gana.

El contagioso milagro de Ayotzinapa:

Como a EPN le había funcionado muy bien su mundo maravilloso, luego por eso el régimen priista buscó administrar el asunto Ayotzinapa con su técnica de las soluciones subrogadas: la resignación silenciosa y la indiferencia. Revise el proceso desde sus orígenes y hasta el momento y encontrará ahí todos los elementos de esa técnica priista. Sin embargo, y como ya sabemos, sucedió que el asunto Ayotzinapa se salió por completo de las previsiones del régimen y de muchos mexicanos. En efecto, sucedió que la sociedad domestica de los 43 normalistas de Ayotzinapa logró superar el estado emotivo al que apostaba el régimen - miedo y resignación silenciosa - y pasaron a asumir una conducta superior y muy perfeccionada. En otras palabras, el instinto vital los llevó a asumir sentimientos elevados - amor al ser querido que se ha perdido - que dieron lugar a reacciones de orden superior, perfeccionadas: esfuerzo, lucha, absoluta voluntad para afrontar con coraje espartano la situación y sus riesgos y exigir justicia al régimen hasta las últimas consecuencias. Pero lo más grave para el régimen fue que esta reacción inesperada de los de Ayotzi terminó siendo tremendamente contagiosa para la ciudadanía. De pronto, en cuestión de días, muchos mexicanos empezaron a despertar de su pasividad culpable para empezar a asumir la misma reacción superior de los de Ayotzi y exigir, no ya solo justicia en este caso, sino la verdad en el asunto Casa Blanca, la corrección a todos los vicios del sistema político y la misma renuncia de EPN.

Razones hay de sobra para ese fenómeno de contagio social. Solo de entrada el suceso está colmado de méritos inspiradores para todos porque es la historia de una sociedad doméstica que, no obstante su modestia de medios, se atrevió a hacer lo que nadie había intentado antes en este país con la vista puesta en el deber ser y en los sentimientos elevados: protestar activamente por la justicia. Esos méritos le dan sentido magistral, ejemplar y aleccionador, porque tienen un significado moral: nos muestran la actitud correcta que debe primar en la relación con uno mismo y con los demás. Finalmente, la reacción superior de los de Ayotzi fue tan excepcional en el contexto de toda la historia del tema y en su éxito hasta el momento, que no tardó en adquirir el tinte de milagro, de hecho insólito, lo cual lo instala como precedente de una nueva fe muy contagiosa en la posibilidad de cambiar a este país para bien mediante la reacción de esfuerzo, de lucha, de protesta activa. 

El descalabro de EPN y una sociedad en crisis:

El contagioso milagro de Ayotzinapa ha empezado a sacudir y a tambalear al régimen hasta transformar el mundo de EPN, de uno que era maravilloso, en uno que es muy problemático y tal vez muy infeliz. Esto es así porque EPN persiste en su empeño por el autoritarismo y el privilegio a los intereses de sus adherentes - grupos de capital privado y clase política oficialista - no obstante estar frente a una sociedad civil que ha despertado y está progresando en la ruta ideal de la reacción de lucha y protesta.

Como los intereses de los grupos minoritarios y privilegiados que se adhieren a EPN son diametralmente opuestos a los de la ciudadanía, casi al grado de ser mutuamente excluyentes, al grado de que se podría jurar que ambos bandos estarían más dispuestos a pactar con el Diablo antes que con la otra parte, no veo cómo EPN pueda resolver esto asumiendo una actitud de estadista sin que le llegue la ruina de cualquier forma. El realizar cambios radicales y rápidos al sistema político implicaría sacrificios muy dolorosos a sus adherentes. Pero ya en esa latitud, es más probable que EPN sea derribado del poder por sus mismos adherentes en menos que canta un gallo. Esas acciones correctoras tampoco le garantizan la adherencia de los ciudadanos y su permanencia en el poder porque antes tendría que salir bien librado de los conflictos de intereses que tiene por lo menos en el caso de la Casa Blanca. Continuar en el poder sin hacer nada, abandonándose a la inercia, le garantiza un gobierno ruinoso y una sociedad en crisis. Finalmente, y por obvias razones, tampoco puede desertar del poder porque la renuncia voluntaria es la menos razonable de sus posibilidades. En estricto sentido, le es más útil o menos costoso a EPN el permanecer en el poder los siguientes cuatro años con pura inercia, sin hacer nada para resolver esta crisis, porque su costo de cierre y retiro es mucho más alto que el de permanencia. 

El carácter problemático de esta situación es tan eminente, tan grave, que podría decirse que el régimen ha llegado finalmente a una situación-límite que no podrá superar y de la que no puede escapar con la deserción. En términos alegóricos, es como si el régimen hubiera elegido transitar por un callejón sin retorno y que termina en un muro infranqueable - ciudadanía en lucha y protesta - y contra el cual siempre terminará chocando, estrellándose inútilmente y sin esperanza, cualquiera que sea la acción que delibere. Y de aquí deriva precisamente la actitud de descalabro que el régimen ha mostrado en toda esta crisis, que no es sino la experiencia de la imposibilidad de superar la situación límite a la que se ha llegado, y que se ha reflejado en un régimen incapaz de afrontar correctamente la situación y sus problemas, tal como apuntamos en algunos artículos pasados. En efecto, lejos de asumir reacciones de orden superior, perfeccionadas, el régimen fue optando por las reacciones emocionales, de orden inferior, que iban desde el miedo hasta la cólera, y que luego inventaban soluciones subrogadas pero ineficaces como la evasión y la violencia.

De las reacciones de miedo y evasión del régimen hay muestras a más y mejor. El retardo en abordar el caso Ayotzinapa fue una evasión, como lo fue también la comparecencia de Angélica Rivera. Fue acto de evasión el plan de legalidad y justicia de EPN, como lo fue el reciente llamado de EPN a superar el dolor por los muchachos de Ayotzinpa. En cuanto a las reacciones de cólera y violencia del régimen son muestras evidentes los episodios de represión y de detenciones irregulares del régimen durante las protestas callejeras. Si las evasiones equivalen alegóricamente a un desmayo por un miedo incontrolable, las reacciones de cólera y violencia han puesto al régimen en la condición inferior que puede ser representada por la situación de aquel hombre que entra en estado de descalabro porque su mujer le ha comunicado que lo quiere abandonar definitivamente. En esa situación el sujeto no es capaz de afrontar esa realidad razonablemente y, en su lugar, monta en cólera y empieza a vapulear a su mujer a fin de retenerla por la fuerza y de paso someterla a un orden que él desea establecer arbitrariamente.

Es claro que EPN y su régimen no han podido superar el descalabro de la situación-límite que enfrentan, y sinceramente no creo que la puedan superar. Todo iría muy bien si el problema fuera exclusivamente de EPN como persona. Pero no es así. El problema es que esta situación descalabrada atañe a un EPN presidente, lo cual ha terminado por meter a la sociedad en una grave crisis definida por un conflicto irresoluble entre los intereses del régimen de EPN y los de la ciudadanía, y que está decantando a la sociedad en la ruta de la decadencia y hacia terrenos muy peligrosos.

¿El régimen cambia de piel?:

Cierto, en este punto llegamos a los peligros porque el régimen ha sido empujado a la cerca que delimita a la democracia abstracta en que vivimos -democracia de papel - y más allá de la cual solo se puede andar en los terrenos del abierto autoritarismo. Si bien es cierto que al régimen se le agotaron sus posibilidades legítimas en su actual situación-límite, estando arrinconado en la cerca por la protesta, eso no significa que no pueda optar por romper o brincar la cerca para mutilar total o parcialmente nuestra democracia abstracta y pasar a un franco autoritarismo. Sobre esto hay por ahí algunos indicios que no deberían ser pasados por alto, donde destacan las reformas a los artículos 11 y 73 de la Constitución que PRI, PAN y PVEM aprobaron en la cámara de diputados, y que bastarían por sí mismas para que la autoridad impida arbitrariamente la libre manifestación en las calles. 

Si las cosas son así, se podría decir que el régimen está empezando a mudar de piel - democracia abstracta - para mostrar su verdadera realidad en la siguiente temporada: autoritarismo sin escrúpulos. Sería la muerte de aquella figura legendaria de la dictadura perfecta en la penumbra de un callejón sin salida.  

Y eso es todo.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

También le doy enlace a mi página de Facebook:

Comentarios