Cocoa, Anaya y el cinismo del PAN.

Del cinismo:

La escuela socrática cínica fue fundada por Antístenes. El cinismo fue una de esas escuelas filosóficas que abordaban a la filosofía como forma de vida, no solo como simple amor teorético a la sabiduría, al estilo de Aristóteles. En efecto, la indagación filosófica de los cínicos se dirigía sobre todo a descubrir cuál era la vida auténtica del hombre y los medios útiles para lograrla, para luego ponerla en vías de hechos. Fue así como la tesis fundamental del cinismo filosófico estableció a la felicidad como el único fin del hombre y a la virtud como su único medio. Y no fue sino por ese tomar a la virtud como medio que los cínicos terminaron por adoptar como ideal de vida la más natural simplicidad, lo cual los llevó a la más radical ostentación del desprecio sistemático por todo lo que alejara al hombre de ese ideal de vida, y cuyo modo de ser magistral estaba en la vida de los animales. Ese desprecio de los cínicos se apuntaba a la noción de bien como bienestar material - comodidades artificiales y sus placeres - inserto en las convenciones de la cultura de su tiempo.

El más célebre miembro de la escuela cínica fue Diógenes. Le conocemos, no por sus especulaciones, sino por sus osadías desfachatadas en Atenas y que lo convirtieron en el más consecuente y sólido de los filósofos cínicos. Esto tiene sentido si recordamos la noción de filosofía en esta escuela: un modo de vida antes que pura teoría. Aunque hay controversia viva desde siempre en torno a si la escuela cínica tomó su nombre - cínicos - del gimnasio al que concurrían sus miembros para disertar y discutir sobre su doctrina - Cinosargo -, o bien de su ideal de vida centrado en el logro de la simplicidad natural de la vida canina, parece darse más crédito al segundo argumento. Pero cualquiera que sea el origen del vocablo cínico, ha quedado para la posteridad para denotar peyorativamente o despectivamente al sujeto que, al romper con sus acciones las convenciones sociales, la ley o la moral, lo hace con descaro o desfachatez, sin escrúpulos.

El cinismo de los panistas:

Veo pasmado en las noticias que el PAN ha postulado oficialmente a Luisa María Calderón, la hermana de Felipe Calderón, y mejor conocida como Cocoa, como su candidata a la gubernatura de Michoacán. Y nos dice Ricardo Anaya muy orondo lo siguiente:

"Michoacán se encuentra en una profunda crisis política, económica y de seguridad, por lo que urge un cambio de rumbo en la dirección del estado."

Y a lo anterior agrega Anaya que es responsabilidad de los partidos mantener un perfil honesto entre los postulantes, con lo cual afirma implícitamente que Cocoa es muy honesta. 

A Ricardo se le pasan por alto muchas cosas sobre Cocoa que ponen en muy seria sospecha su honestidad. Más allá de que la señora está trufada de escándalos potenciales por aquello de las revelaciones episódicas de la Tuta, lo cual no es de mi interés por el momento, es hermana de Felipe Calderón. Este sujeto, como ya sabemos, accedió a la presidencia con una campaña propagandística de terror y con un proceso electoral que tienen muchas salientes de fraude electoral que, en términos técnicos, lo ponen en condición de un golpe de Estado realizado en connivencia con el PRI y demás partidos oficialistas. Ricardo podrá objetar lo que quiera a este respecto pero el asunto es problemático, controversial, y sus proposiciones siempre podrán ser refutadas. Pero además, hablamos de un Felipe Calderón que, desde la campaña del 2006 y hasta que salió a recibir protección especial en Harvard con el antifaz de lo que sea, llevó a la política a un modo de ser completamente preñado del mal radical. Si antes México había conocido con el PRI a una política colmada de maquiavelismo vulgar, trasnochado, con Calderón se pervirtió al extremo de alcanzar el pináculo del mal radical como fin de la política práctica. Y signo inconfundible de ese ir del PAN hacia el mal radical con Calderón fue el salto a la asociación de la clase política oficialista con la delincuencia organizada, un grupo social especializado que hasta antes había sido mantenido por el PRI bajo control del poder político y hasta determinado externamente en sus mismas actividades económicas informales.

Ya conocemos de sobra las ruinosas consecuencias que se decantaron para la nación con esa perversión de la política en el régimen usurpador de Calderón. El sujeto promovió deliberadamente en nuestro país una masacre con visos de genocidio a fin de legitimar su régimen usurpador y distraer la atención de los escándalos políticos que había dejado sembrados en su camino irregular al poder bajo el lema del: "Haiga sido como haiga sido". Hablamos de un proceso que reportó una cifra de muertos que supera los 100 mil seres humanos inmolados al mal radical de la política, entre los que hay niños inocentes que enfrentaron situaciones de extrema hostilidad - recuerde el lector el caso ABC -, y que reportó a la sociedad mermas económicas multimillonarias por robos, saqueos, extorsiones, secuestros, etc, y que muy probablemente están en buena parte en las arcas personales del club de socios de Felipe. Hablamos de un problema gravísimo que Calderón le heredó al PRI y respecto del cual este partido, por desgracia, se muestra hasta ahora incapaz de resolver. Y se aclara que la herencia no libra de culpa al PRI por cuanto su incapacidad manifiesta es culpable en la medida en que está en su horizonte de posibilidades el romper con esa forma panista de hacer política en torno al eje del mal radical para retraerse a sus viejos esquemas priistas, a esos viejos esquemas más orgánicos de maquiavelismo vulgar.

Desde luego que los lazos de esta señora con Calderón en las entrañas de su sociedad doméstica - hermanos - no la hacen de culpa en automático. Los responsables de esos pecados contra la nación y contra la humanidad son Felipe Calderón y sus asociados, no ella. Sin embargo, lo cierto es que la señora no se ha deslindado críticamente de la deplorable obra de muerte de su hermano. Hasta ahora no hemos escuchado jamás algún enunciado de Cocoa que ponga bajo crítica al régimen de muerte de su hermano, y eso ya la pone en condición de asentimiento y adhesión con la obra de su hermano al menos por omisión. ¿Acaso es honesto validar las malas acciones del hermano con el silencio? 

Sin embrago, su partido, el PAN, propone a Cocoa como candidata a gobernadora de Michoacán pese a que este partido por principio reconoce de palabra que los candidatos deben ser honestos. Y por si faltara poco, el joven Ricardo Anaya aprovecha la ocasión para asumir tonalidades proféticas en la grilla puesto que anuncia el advenimiento de Cocoa como la solución a la situación de crisis que vive Michoacán, como la elegida que habrá de llevar a ese estado de su actual era crítica a una era orgánica, sin violencia, sin pugnas, sin incertidumbres.

El filósofo pragmatista Dewey nos dio una de las varias definiciones de racionalidad. Según Dewey, lo razonable es una cuestión de relación entre medios y consecuencias, de forma tal que resulta razonable buscar y escoger aquellos medios que, con el máximo de probabilidad, acarrearán las consecuencias que tenemos en vista. Ahora bien, si Cocoa no se ha deslindado críticamente de su hermano es previsible con mucha confianza, y con un alto grado de posibilidad, que esté adherida con entusiasmo a la política del mal radical de su hermano Felipe. La previsión se sostiene en tanto ella no se deslinde críticamente de eso. Bajo estas condiciones, y recordando las expresiones de Dewey, le pregunto al lector lo siguiente: ¿Es razonable lo que dijo Ricardo Anaya en torno a Cocoa? ¿Es posible esperar que Cocoa sea el medio que, con más probabilidad, lleve a Michoacán a una era orgánica? ¿Usted le cree al PAN y al joven Anaya?

En efecto, estos actos del PAN son ejemplo del mayor cinismo. Pero hablamos de la noción moderna de cinismo, entendido como un actuar egoísta de las personas que pisotea los principios de la verdad y la moral en las convenciones sociales con el mayor descaro o desfachatez, sin escrúpulos. Vamos, con estas cosas los panistas nos demuestran que tienen el suficiente cinismo como para hacer en público ni lo que en privado se atreve a hacer un ser humano normal. Son tal vez más desfachatados que Diógenes el Perro cuando se masturbaba o defecaba a la vista del público en el Ágora. Aunque se debe advertir que media una diferencia abismal entre Diógenes y los panistas: Si el cinismo del Perro Diógenes tenía propósitos educativos con respecto a sus conciudadanos, el mayor y eminente cinismo de los panistas tiene propósitos individualistas en la grilla.  

Voy a poner al joven Ricardo Anaya y a demás panistas notables frente a un dilema que exhibe su deshonestidad y su desfachatado cinismo. Apelé a esto en mi anterior escrito en este diario y lo seguiré haciendo mientras presencie cinismo en la grilla de este país. Para esto, me voy a referir a un dilema moral que planteaba Fiódor Dostoyevski en su novela Los hermanos Karamázov. Me refiero a ese célebre diálogo donde el racionalista y ateo Iván propone un dilema moral a su hermano Alyosha, el oblato, y que yo adapto a nuestro asunto para plantear la siguiente cuestión a los panistas notables: 

- Si nos fuera posible poner a México en la ruta del progreso material a cambio de permitir que un joven, solo un joven, sea muerto por el crimen organizado en esta guerra fratricida y estúpida que empezó su amigo Calderón y que continúa hasta hoy, ¿qué elegirían ustedes, señores panistas?

No sé ustedes, pero les diré lo que yo haría: elegiría por no perturbar la paz y la vida de ese joven así se hundiera México por completo hasta quedar convertido en un montón de escombros. Y elegiría así, jóvenes, porque no hay sistema de moral que pueda justificar por completo el elegir por el mal radical y la muerte y el dolor asociados. 

Y advierto que si los jóvenes panistas están pensando justificar la muerte con argumentos utilitaristas vulgares - costos colaterales, la felicidad de los muchos, etc. -, no les ajusta. Siempre tendrán que afrontar al imperativo categórico de la moral que en alguna de sus fórmulas nos dice lo siguiente: ningún ser humano debe ser asumido como medio para nuestros fines. Así que el que mata a nombre de la política es un asesino, así de simple. Y peor asesino es aquel hombre que mata pretextando a la política a fin de satisfacer sus intereses personales, como es el caso en este país. 

Jamás esperaría una réplica del joven Ricardo Anaya o de cualquier otro panista notable a mi artículo. Pero si por alguna causa acariciaran esa idea, les advierto que no haré caso a replicas mientras no me demuestren exhaustivamente que es justo permitir o aceptar la muerte de un solo joven mexicano a manos del crimen organizado o de las fuerzas del Estado a cambio del progreso de la nación, y supuesto el caso de que esa fantasía de su política llamada progreso fuera al menos posible.

Y eso es todo.

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