Aristegui y las habladurías de Fernanda y Salvador.

Como ya sabemos, en uno de sus artículos Salvador García Soto empezó a lanzar proposiciones que afirmaban que la investigación de Carmen Aristegui en torno a la Casa Blanca es producto de una conspiración de esta periodista con Marcelo Ebrard contra el régimen de EPN, donde éste es la fuente de información y aquélla el vehículo de expresión pública. El problema de Salvador es que sus proposiciones no fueron acompañadas por sus pruebas correspondientes, o al menos por indicios o signos, lo cual deja su documento en calidad de un montón de habladurías. Es tal como si Salvador hubiera dicho a sus lectores lo siguiente: es verdad porque así me lo dijeron. Ya sabemos también que Carmen respondió a Salvador de la manera correcta según dicta la norma en la doctrina de las pruebas: se requieren pruebas de lo que propones. Y como Salvador no presentó pruebas de sus habladurías, Carmen, irritada con razón, le interrogó a aquél por la identidad del agente alucinatorio que le movió a lanzar sus habladurías: ¿De cuál fumaste, papucho?


El asunto se canceló en ese punto en favor de Carmen. Y como Salvador jamás ha presentado pruebas para transformar sus habladurías en conocimiento cierto o al menos probable, todos seguimos puestos en el mismo camino, inmunes a las habladurías de Salvador: que Carmen Aristegui ha descubierto, al menos con un nivel de conocimiento probable y de enorme poder persuasivo, un mayúsculo conflicto de intereses en el régimen de EPN a través del hilo conductor de la Casa Blanca que conduce a la famosa constructora Higa y los contratos gubernamentales. Y si hemos permanecido ahí no es sino porque el régimen se ha evadido de la responsabilidad de probar que las proposiciones y pruebas de Carmen son falsas. 

Pero resulta que, de pronto, Fernanda Familiar nos sorprende recién tratando de revivir los enredos de un chino en China - las habladurías de Chava - a través de una carta a Carmen donde agrega su abono personal emotivo y desordenado en la forma de un escándalo de indignación por la forma en que ésta despreció las habladurías del enredoso chino - Chava -, por la supuesta falta de objetividad de Carmen,  y por la supuesta falta de ética periodística de Carmen en el tratamiento del asunto Casa Blanca. Aunque es difícil sacar una síntesis de la carta de Fernanda porque es un verdadero y lamentable desastre de redacción, algo que no deja de sorprenderme en una persona ocupada en los medios, trataré de sintetizarla enseguida en lo de interés para el caso que nos ocupa:

Fernanda reconoce el valor de la investigación de Carmen sobre la Casa Blanca, pero afirma que la misma se empaña cuando Carmen desprecia la "información" que Chava proporciona sobre la supuesta fuente primaria de su investigación - Marcelo Ebrard - y al insultar a éste de paso al señalarlo como mentiroso y fumador de yerbajos exóticos. Para Fernanda esto muestra que Carmen no es objetiva porque no sigue una norma con la crítica: acepta lo que conviene a su postura o "interés" al caso, pero no acepta lo que contraviene su postura o "interés". El caso es que esta postura de Fernanda se debe a que la información de Chava le parece a ella tan relevante como la información de Carmen. Y parece que, para Fernanda, el indicio más importante de la relevancia de las habladurías de Chava son los siguientes hechos conocidos por todos: Pese a que MVS paga el salario y los gastos de Carmen, ésta publicó primero el asunto Casa Blanca en Proceso, luego en su página de internet, y solo al final en MVS. Según Fernanda, aclarar esto favorece el análisis de la situación. 

De la prueba y el testimonio:

Entendemos por prueba todo procedimiento adecuado para establecer un saber o un conocimiento válido en torno a un asunto. Constituye prueba todo procedimiento semejante, cualquiera que sea su naturaleza: hacer una demostración, mostrar a los ojos una cosa o un hecho, dar un testimonio o realizar una inducción válida. Un indicio o signo no es prueba y solamente da un conocimiento probable. Para probar verdades de razón - lógica, matemática, etc. - usamos de la demostración rigurosa; para verdades de hecho, usamos la noción de prueba que nos dio Hume hace siglos en su división tripartita de los argumentos: "Prueba es aquel argumento extraído de la experiencia y que no sufre duda y objeción." Con todo, en las proposiciones que se refieren a hechos - como es el asunto Casa Blanca - siempre tiene más valor de prueba el mostrar ad oculos una cosa o un hecho que un testimonio.  

Ahora bien, entendemos por testimonio el recurrir a las experiencias de otros o a las aserciones de otros como método de prueba en el contexto de las proposiciones que se refieren a hechos. Aunque desde tiempos de Aristóteles se le reconoce al testimonio valor de prueba, esto solo fue formalizado en la Lógica de Port Royal. Nos decía Arnauld, por ejemplo, lo siguiente (Log. IV, 13): "Para juzgar acerca de la verdad de un hecho y determinarme a creerlo o no creerlo, no es necesario considerarlo en sí mismo, como se haría con una proposición matemática, sino que es necesario considerar todas las circunstancias que lo acompañan, ya sean internas o externas." Sin embargo, esto no significa que cualquier proposición pueda ser considerada como testimonio válido, dotado de valor de prueba. En efecto, para que una proposición pueda ser considerada como un testimonio válido necesita poseer al menos seis cualidades que le proporcionan objetividad y credibilidad, y que fueron establecidas por John Locke hace siglos. Hamilton toma esas cualidades y estructura su doctrina del testimonio para decirnos lo siguiente en sus Lecturas de lógica, entre otras cosas: "El testimonio es mediato o inmediato. Es inmediato cuando el hecho referido es el objeto de una experiencia personal; es mediato cuando el hecho referido es el objeto de una experiencia de otros." Pero en el caso del testimonio mediato es preciso cumplir una cualidad que señalaba Locke: es preciso aclarar el propósito de la fuente desde la cual se ha deducido el testimonio, lo cual implica la previa y pública revelación de la misma fuente.

Las habladurías de Fernanda y Chava:

Puesto que Chava jamás trajo a los ojos hechos o cosas a modo de pruebas en aquel artículo en que acusaba a Carmen de haber abrevado en la fuente de Ebrard, es claro que sus proposiciones fueron un intento de prueba por la vía del testimonio, que es una prueba de segundo nivel en las cuestiones de hecho. Pero el de Chava es un testimonio mediato puesto que él mismo declara que sus proposiciones se apoyan en la experiencia de investigación de otros, no de él. Sin embargo, el testimonio  mediato de Chava queda completamente inválido puesto que no declara y no muestra la fuente documental a partir de la cual ha deducido sus proposiciones. De esta forma, hay razón suficiente para juzgar objetivamente al artículo de Chava como un montón de habladurías, de palabras sin fundamento alguno, como una montaña de puro ruido ininteligible para la razón. 

En cambio, en el caso de Carmen vemos una investigación que nos puso a los ojos hechos o cosas - documentos, declaraciones, datos duros, etc. - que son pruebas de primer nivel en las cuestiones de hecho, acompañadas de pruebas de segundo nivel en la forma de testimonios mediatos - declaraciones del arquitecto constructor de la Casa Blanca, etc. -, y que en conjunto son prueba irrefutable de al menos un gravísimo problema de conflicto de intereses en el régimen de EPN. Y se aclara que no está de más aquí la calificación de "irrefutable" puesto que el régimen hasta ahora no ha refutado y puesto en duda la investigación de Carmen; antes bien, y como ya sabemos, se ha evadido del asunto que le compromete.

A diferencia de Chava, quien sí declara que sus habladurías son producto de testimonios mediatos no declarados, Carmen jamás ha presentado su investigación como un conjunto de testimonios. La ha presentado como dijimos: una investigación propia de hechos o cosas ad oculos acompañados de testimonios mediatos. Chava es quien ha pretendido caprichosamente convertir el trabajo de Carmen en un testimonio mediato con origen en Ebrard y en base a puras habladurías. Y por desgracia, Fernanda se suma a esa pretensión caprichosa de Chava.

Creo que con lo dicho ya queda claro que Fernanda Familiar ha cometido un grave error al afirmar que la información de Chava es tan relevante como la de Carmen: le está dando a las habladurías de Chava un valor de prueba al menos igual al valor de prueba de la investigación objetiva de Carmen Aristegui. 

Las falacias de Fernanda y Chava:

Hay una doble falacia en eso de tratar de establecer una relación de determinación entre el orden de publicación que Carmen siguió en su investigación - primero Proceso, luego su página de internet y al final MVS - y la hablada de Chava en torno a que está periodista abrevó en la fuente de Ebrard. Se comete falacia de definición al tratar de hacer pasar un montón de habladurías de Chava a manera de testimonio-prueba, y se comete falacia de causalidad al tratar de ligar los dos sucesos en una relación de determinación necesaria. Lo cierto es que las proposiciones de Chava son puras habladurías, como dijimos arriba, y que ese procedimiento de publicación de Carmen pudo tener una multitud de explicaciones - causas -, entre las cuales puede estar la suposición de que Carmen abrevó en la fuente de Ebrard; pero esta suposición hay que probarla y luego hay que probar la relación de determinación sugerida por Fernanda. Sin embargo, ni Chava ni Fernanda prueban algo porque están donde están: habladurías.

El inconsecuente prurito moral de Fernanda y Chava:

La cuestión nos deja un signo claro en torno a que ambos, Chava y Fernanda, están usando el asunto para satisfacer intereses personales hasta ahora no declarados. Esto es así porque está demostrado que ambos no buscan satisfacer las exigencias de la verdad por cuanto pretenden hacer creer a los otros que las habladurías de Chava tienen valor de prueba. Pero aquí hay también una doble falta contra la moral. Primero, porque desprecian a capricho las exigencias de la verdad con propósitos personales no declarados. Segundo, porque se usa a una persona - Carmen Aristegui - como medio útil para fines personales no declarados. Ahora bien, como no hay consecuencia ética en ambos, en Chava y Fernanda, luego no se puede dar crédito a su escándalo moralino por la supuesta falta de ética de Carmen al abrevar en la fuente de Ebrard; suceso que, por lo demás, solo existe en las habladurías de Chava y a las cuales Fernanda otorga gran relevancia. 

Desconozco los móviles o intereses personales que muevan a Fernanda y a Chava en este lance contra Carmen. Lo único que sé por la vía negativa o el descarte es lo que ya dije arriba: no les interesa saber nada sobre la fuente en la que Carmen haya abrevado en su investigación, haya sido trabajo propio de esta periodista o cualquier otra cosa; no les interesa la verdad; tampoco les interesa la ética como fin, aunque sí solo como pretexto para el cumplimiento de sus propósitos personales no declarados.

En lo personal, el escenario que me resulta más verosímil en torno a Chava y Fernanda es el siguiente: buscan distraer la atención del público respecto del escándalo de la Casa Blanca y de paso restarle credibilidad a las pruebas hasta ahora irrefutables que ha ofrecido en esto Carmen Aristegui. Y aclaro que cuando digo "más verosímil" me refiero a que me parece el más verdadero sin tener pretensión alguna de serlo. El escenario me parece muy atendible desde el punto de vista subjetivo y de muy alta probabilidad. Y si esto fuera cierto, vaya que ambos le están haciendo un gran daño a la sociedad mexicana: por cumplir un propósito personal colaboran en la prosecución del mal radical de la clase política.

Espero que con lo dicho Fernanda comprenda la irritación de Carmen con los enredos del chino en China: Salvador García Soto. Por supuesto que no se justifica la reacción emocional de Carmen al preguntarle a aquél por la clase de yerbajos que fuma. Sin embargo, debemos comprender que a veces nos lleva a cólera el ver que alguien pretende mermar nuestra vida con simples habladurías maliciosas. Con todo, sabemos que Carmen terminó por actuar con reacciones de orden superior, razonables, perfeccionadas, puesto que le pidió a Chava pruebas. Fernanda también debe comprender que Carmen tuvo razón en pedir a Juan Francisco Ealy que no publique habladurías en su diario puesto que ya demostramos que el artículo de Chava es una montaña de habladurías mal intencionadas. Pedirle esto a Ealy no es intimidarlo, no es presionarlo, es exigirle que se ajuste al obligado respeto a la dignidad de las personas, cosa que ha omitido en este caso de Carmen y en muchos otros más. Ealy merece respeto como persona en atención a su dignidad humana, no por su rol social como empresario de los medios; pero ese respeto tiene su fundamento en el respeto de él hacia la dignidad de los otros. 

Le aseguro a Fernanda que si ella estuviera en los tacones de Carmen Aristegui hubiera reaccionado de igual o más radical manera.

Aclaración:

Si por ventura Fernanda y Chava han leído este artículo, les aclaro que no soy devoto prosélito de Carmen Aristegui. No soy periodista, no la conozco en persona, no sé de ella más allá de sus noticias y comentarios, y no estoy de acuerdo con todo lo que opina o propone. A ella, como a todos, los paso siempre por la criba de los criterios de la verdad y las normas de la moral.     

Y eso es todo.

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