EPN: plan de punto final para Ayotzi y lo que salga.

El sistema político mexicano: un animal vicioso, pertinaz y muy impenitente.

Estamos fritos, como decía el tío Pepe Mujica. Pero dejo de largo al tío porque se quedó corto en su crítica. Si digo que estamos fritos es porque el Estado mexicano está secuestrado y bajo el control arbitrario de un sistema político corrupto. Este sistema político ha puesto en el lugar del Estado originario a un espejismo de Estado, a un Estado fantoche, y ha perturbado el espíritu, los valores y los fines legítimos de la política con sus intereses y hábitos de oficio. Si los valores de la política son el altruismo, la honestidad y la lealtad, en su lugar ese sistema ha instalado el individualismo extremo, la deshonestidad y la deslealtad; si la finalidad de la política es la maximización de la utilidad agregada o social, la ha reducido a la maximización de la utilidad individual de los miembros de las mafias políticas; y si el espíritu de la política es la construcción de una sociedad, ese sistema político ha convertido a la política en el arte de la progresiva destrucción de la sociedad.

Cuando hablo de un "sistema político" estoy significando a un conjunto de individuos - todos los políticos oficialistas - ocupados en la política como profesión lucrativa, que conforman un todo organizado, completo, articulado, autónomo o diseñado para expansionarse por sí mismo, sin necesidad de los ciudadanos, dotado de sus propios principios, y apuntado a un solo fin en común acordado explícita o implícitamente entre todos los miembros: el saqueo de la nación. En estricto sentido, ese sistema político corrupto puede ser visto como un animal movido por un mal radical, diseñado para persistir y expansionarse por sí mismo, y cuyo crecimiento fortalece y multiplica sus partes y miembros para adaptarse progresivamente y cumplir su finalidad. 

El mismo carácter de sistema del animal le hace posible el cumplimiento de su fin en completa impunidad frente a cualquier acción coercitiva externa de los ciudadanos por la vía institucional, porque sus miembros han invadido desde el principio todo cuanto es útil para ese efecto en las instituciones públicas y privadas y en los roles sociales: poder ejecutivo - federal, estatal y municipal -, partidos políticos, poder legislativo, poder judicial, suprema corte, policías, fuerzas armadas, medios de información, intelectuales orgánicos, organismos empresariales, ciudadanos notables o caviar, crimen organizado...prácticamente todo lo que el animal tiene por útil para su persistencia y su crecimiento autónomos y en completa impunidad ha sido invadido por sus miembros hasta ahora. 

El animal - así llamaré a veces en lo sucesivo al sistema político - no es un supuesto abstracto, no es una creencia subjetiva, es una creencia objetiva que debe primar en todo análisis en esta materia. Los hechos consumados desde mucho tiempo atrás por este animal son las consecuencias que obran como pruebas a este respecto. Vuelva la vista con perspicacia hacia la multitud de personajes y prácticas viciosas y sistemáticas en ese sistema político y encontrará los rastros sutiles que le llevan al animal vicioso. Hablamos de un inventario ingente de hechos en la forma de delitos sistemáticos contra la nación que han quedado impunes, como es propio de un fenómeno derivado de un sistema: desprecio a la dignidad humana en la forma de mascares - Tlatelolco, Aguas Blancas, Acteal, guerra de Calderón, Tlatlaya, Ayotzinapa - y pobreza y marginación, desprecio a los principios de la democracia - fraudes electorales, autoritarismo -, y saqueo a la nación. La sola ocurrencia de los hechos que trufan a esta crisis social actual que vivimos nos dan una prueba fresca sobre la existencia de ese animal: masacres, impunidad y omisión en los casos Tlatlaya y Ayotzinapa; justicia por testimonio en Ayotzinapa; desprecio a la verdad, la legalidad y la moralidad en el asunto de la Casa Blanca; justicia al azar y por consigna en el caso de los detenidos del 20 de noviembre. 

Lo anterior no significa que el Estado fantoche en México esté diseñado exclusivamente para el saqueo de ese animal. Dudo incluso que haya existido semejante figura en la historia de la humanidad. Lo que quiero decir es que está diseñado para saquear lo sustancial y significativo en favor de ese animal, lo cual no cancela la otra parte de la realidad que vivimos: masas empobrecidas. Después de todo, el animal no puede existir ni operar sin la existencia de una multitud de "cosas" empobrecidas a parasitar.  

Por supuesto que la historia nos ha demostrado que ese animal jamás estará dispuesto a abandonar por las buenas su sistema por cuanto está en su mejor mundo posible. Se trata de una entidad pertinaz e impenitente que nos sirve como postulado creíble para afirmar que la solución de este problema no está en los simples recursos legalistas, como son leyes, pactos y reformas, sino en el completo desmantelamiento de ese animal o sistema político, que no es sino un conjunto de políticos oficialistas que sistemáticamente conspiran contra la nación.

Así que es inútil ilusión la de aquel ciudadano que se atreve a creer que acercando propuestas de leyes y reformas al sistema político logrará que éste corrija su conducta viciosa. Y más iluso aquel ciudadano que cree en las acciones legalistas que vienen desde la iniciativa propia del sistema político pretextando expiación y rectificación de conductas viciosas. Lo cierto es que todo código de leyes tendrá para el animal mexicano la misma y única utilidad que tendría para los 40 ladrones del cuento de Las Mil y una noches: para limpiarse el trasero.

EPN y la falla de la retórica:

La retórica pierde su poder persuasivo en un político cuyo testimonio verbal no es creíble. Cuando ya no goza de veracidad, el político ya no puede generar una creencia al menos con certeza subjetiva en su auditorio para luego tocarlo, conmoverlo y llevarlo a la adhesión hacia él. En estas condiciones, al político solo le resta ceñirse a la fórmula que recomendaba D´Alembert hace siglos: el orador no solo debe persuadir, es decir, tocar y conmover con el sentimiento, sino también convencer demostrando lo que dice. Y cuando hablamos de demostrar nos referimos al criterio tradicional de verdad en el terreno del entendimiento o el sentido común: los hechos son el precedente de la creencia objetiva. 

Lo anterior nos sirve para entender a la perfección buena parte del problema que EPN vive hoy en día: sus palabras ya perdieron veracidad y vigor persuasivo al grado de que todo lo que diga será tomado como mentira, o al menos bajo amplia sospecha, y será usado en su contra. Es un hecho, por ejemplo, que la mayoría no ha tomado su plan para la legalidad y la justicia en serio, desde los ciudadanos hasta los medios internacionales. Pero EPN tampoco ha tratado de reparar esta nulidad persuasiva puesto que no ha ofrecido hasta el momento precedentes en forma de hechos con referencia a esta crisis social que vivimos. Y pruebas sobre esto hay a raudales.  

Hasta ahora EPN jamás ha asumido una actitud crítica contra ese sistema político vicioso en el cual él mismo está entrañado. Vamos, ni siquiera ha reconocido que exista. En ningún momento ha reconocido con claridad y precisión las responsabilidades de su gobierno en la tragedia nacional - Tlatlaya, Ayotzinapa, Casa Blanca, infiltrados, detenciones arbitrarias -. En ningún momento ha despejado las muchas dudas que hay en torno a esta tragedia, especialmente en el capítulo Casa Blanca. Ni por asomo ha mostrado voluntad alguna por destituir y someter a juicio a ciertos funcionarios de su gobierno que pueden estar implicados en la tragedia al menos por omisión. En ningún momento se ha atrevido a reconocer que hubo represión indiscriminada de las fuerzas del "desorden" en la manifestación del 20 de noviembre. Y en ningún momento ha vislumbrado la posibilidad de que existan probables y muy graves violaciones a los derechos humanos de los detenidos del 20 de noviembre. 

Pero el desgaste mayor del poder de persuasión de EPN viene de un factor que ya escapa a su control. Me refiero a que el público ya tiene una creencia con certeza objetiva en torno a la existencia de ese sistema político corrupto, o al menos de la existencia de una conexión sistemática y viciosa entre clase política oficialista y el crimen organizado bajo los epígrafes de: corrupción e impunidad.

Plan para la legalidad y la justicia: una nueva mitología.

Dado todo lo anterior, el plan de EPN para la legalidad y la justicia me viene resultando una nueva mitología legalista para el control social y el sostenimiento y fortalecimiento del estatus del sistema político y sus miembros. Es una mitología que busca dar punto final a la crisis política actual apagando la inconformidad y las protestas con la rápida formación de una nueva conducta social que dé por válido el discurso de EPN y genere la creencia general de que ahora sí el sistema cambiará para bien de todos. Y todo pensado para darse sobre el vehículo de las habladurías de la gente reforzadas por la propaganda: "Si así se dijo, entonces es verdad que ahora sí el sistema cambiará para bien de todos." 

El plan de EPN tiene todos los caracteres de una verdadera mitología. Busca darle valor y prestigio al sistema relacionándolo con nociones muy nobles y altas pero imaginarias, inexistentes. Tiene sus relatos fabulosos en la retórica de EPN y de los demás priistas notables; tiene sus figuras humanas tornadas en héroes o caudillos - EPN el reformador, Angélica la trabajadora y ahorradora -; tiene sus nociones abstractas - justicia, libertad, estado de derecho, reforma, nuevo PRI, trabajo, ahorro, empleo rentable -; y tiene, sobre todo, su plan de acción que jamás se realizará en sus consecuencias anunciadas: el plan de legalidad y justicia de EPN. Sin embargo, y pese a lo completo de la mitología, parece que ya no les funcionó porque el narrador ha perdido credibilidad y porque al público, ¡ por fin !, ya no le basta con los mitos: quiere hechos como precedentes. 

No me he ocupado en analizar los 10 puntos del plan de EPN porque sería absurdo agudizar y poner a trabajar el ingenio para tratar de conocer las probabilidades de realización de una mitología por cuanto por principio, por definición, no las tiene en absoluto. Una mitología comprensible y posible, objeto del entendimiento y de sus criterios de verdad, ya no sería mitología. Por todo ello he dejado en paz el contenido de la nueva mitología priista para que siga siendo lo que es, mitología, y para que siga siendo objeto de los que apelan a la imaginación sin límites y a la fe como criterios de juicio.

Sin embargo, hubo por ahí un punto del plan de EPN que me llamó la atención porque nos muestra en plena operación al animal, al sistema político corrupto. Me refiero a la decisión de promover polos de desarrollo industrial en los estados más atrasados en el país bajo el pretexto de acercar fuentes de empleo a su población y atenuar la delincuencia. Es claro que aquí EPN trabaja bajo la tesis normalmente sostenida por muchos de que los nivel de ingreso y riqueza de las personas determinan su propensión al delito, algo con lo cual yo no estoy del todo de acuerdo, pero que doy por aceptado por el momento porque no es mi tema por ahora. Y sobre esto digo lo siguiente.

Diablos, creo que la clase política sigue sin poder aceptar con sinceridad - porque supongo que sí lo sabe - que el problema mayor de este país no es precisamente la falta de empleo, sino la existencia de unas relaciones económicas que son naturalmente propicias para la generación a más y mejor de pobreza y marginación en una gran mayoría, y concentración del ingreso y la riqueza en una minoría. Mientras esas relaciones entre salarios y ganancias del capital no se metan en justicia de poco sirve que se promuevan empleos por millones. Unos salarios de hambre no disminuyen la pobreza sensiblemente, tampoco hacen mella en la ilegalidad por cuanto los individuos siempre tendrán oportunidades de ocupación más rentables en la economía informal o hasta en la delincuencia. En el extremo, ningún salario, por alto que sea, bastará para evitar que un individuo inmoral elija por la delincuencia, y de esto es prueba concluyente la situación de muchos políticos. De esta forma, es claro que los que se llevarán los beneficios mayores de este programa de EPN serán, otra vez, los grupos de capital privado. Y vaya que sus ganancias serán cuantiosas porque estarán potenciadas por jugosos esquemas de apoyos gubernamentales y por el acceso a dotaciones de recursos naturales que han sido desde siempre de muy alto aprecio para ellos.  

Como dije, creo que este punto económico del plan de EPN nos muestra al sistema político trabajando en pleno: el animal siempre se expansiona para satisfacer su voracidad sin importar si la siguiente oportunidad la ha creado una crisis social con multitud de muertos de por medio, como es la que vivimos. 

En suma, el plan para la legalidad y la justica de EPN me ha parecido una mitología legalista diseñada para tratar de dar "punto final" a toda esta crisis política pero dejando a salvo el estatus y la impunidad del sistema político, y abriéndole incluso a éste nuevas oportunidades de expansión económica. Es un intento de borrón y cuenta nueva con la prosecución de la depredación del animal sobre la nación. Y sin embargo, esta nueva mitología no le ha funcionado al PRI hasta el momento.

Y eso es todo.

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