Cuauhtémoc Cárdenas: El cordero de los Chuchos.

Muy lamentable el estado final del ingeniero Cárdenas en la marcha del DF en pro del caso Ayotzinapa gracias a un grupo de enardecidos asistentes a la misma que lo abuchearon, lo baldonaron de asesino y lo golpearon ligeramente con varios objetos.

- La agresión no pasó a mayores - fue lo que dijo el ingeniero al salir relativamente bien librado en lo físico de aquel duro trance, y luciendo ligeros rastros de la agresión en su persona -.

Tengo casi plena certeza de que él sabe perfectamente bien que lo que dijo no es verdad. Apostaría todo lo que tengo a que, en su interioridad, sabe que el suceso es muy grave con mayúsculas, no tanto por las despreciables consecuencias físicas, sino por el signo implicado en el hostil episodio. Reprobable la agresión, desde luego, pero no se puede ocultar que el suceso aislado es la manifestación apasionada, cimera y muy representativa, de una creencia bastante bien difundida en el público en este asunto del mayor escándalo: Los Chuchos del PRD han incurrido en grave irresponsabilidad moral y política por su conducta omisa y hasta permisiva con una banda de criminales que opera en Guerrero usando del antifaz de la política y valiéndose de la divisa partidista del PRD. Y debe aclararse que en esto ya no hay lugar a polémica por cuanto las declaraciones de René Bejarano ya no dejan lugar a dudas o incertidumbres, de tal forma que esa creencia muy difundida en el público tiene ya mucho fondo de validez objetiva.

Creo con toda sinceridad que el ingeniero Cárdenas es un buen hombre, dueño además de dos valores importantísimos en la política: honestidad y lealtad. Pero si me atengo a la historia reciente del PRD bajo la égida de los Chuchos, no puedo sino deducir que el ingeniero ha estado pecando de ingenuo en toda esa historia. Y hoy precisamente nos dio una muestra de esa ingenuidad política al cometer el imperdonable error de decidir acudir a esa marcha de protesta. Es imperdonable el error porque la verdad en esta caso para él, que es abstenerse de asistir, está al alcance del conocimiento ordinario, del sentido común. Cierto, cualquier razonamiento juicioso o sensato sobre el estado general en este asunto de Ayotzinapa podía predecir con facilidad la muy alta probabilidad de ocurrencia de este suceso de agresión contra él. Y para alcanzar esta verdad muy probable solo bastaba tomar en cuenta esa percepción general que acusa a los Chuchos y el signo muy vivo del dolor y la indignación que simboliza el escenario hostil por el que pasan los ofendidos en el caso de Ayotzinapa.

No sabemos si esta decisión de asistir a la marcha fue una conclusión de su inteligencia y una deliberación de su soberana voluntad, o si se dejó persuadir en tal sentido por sus más cercanos en la política. Si fue asunto personal, el error y la ingenuidad ya están demostrados. Pero si fue el caso que se dejó persuadir, ya tenemos una ingenuidad al cuadrado. Pero lo peor de todo esto es que se trató de un acto inútil por cuanto su presencia ahí no reportó utilidad alguna al proceso.

Podría estar equivocado a la hora de juzgar la actuación del ingeniero como un error. Mi error sería claro si asumiéramos que él fue a la marcha a sabiendas de que sería insultado y vejado con una alta probabilidad. Pero si esto es cierto, si el ingeniero acudió a esta marcha para recibir castigo, ya tendríamos de nuevo evidencia de más ingenuidad. Estaríamos ante un Cuauhtémoc Cárdenas que conscientemente acude a ese evento para pasar como una suerte de Cordero de los Chuchos, es decir, como el Perfecto que fue a la marcha por Ayotzinapa para servir como perfecto sacrificio para la expiación de los pecados de los Chuchos. Y si es el caso, si estamos ante un ingeniero Cárdenas que, por su probada honestidad y lealtad - no es ironía -, está dispuesto a ser sacrificado por los Chuchos, luego ya vamos encontrando más semejanzas entre este suceso y algunos episodios bíblicos. Nos dice el ingeniero lo siguiente:

- A pesar de las agresiones, seguiré participando para exigir la aparición de los estudiantes; sin embargo lamento que haya habido ausencia de integrantes del PRD, que debieron estar presentes expresando su solidaridad. 

En otras palabras, el ingeniero está dispuesto a correr con las dolorosas consecuencias de su sacrificio por los pecados de los Chuchos. Pero éstos, como Pedro, con su ausencia han negado a su líder a la hora del holocausto. Sin embargo, habría que aclararle al ingeniero que su sacrificio no vale la pena porque no es útil a nadie. Su sacrificio no es útil a los demás porque hay indicios claros de que los Chuchos son pecadores irredentos. Su sacrificio tampoco es útil para él mismo porque, a diferencia de él, que es un hombre demostradamente honesto y leal, los Chuchos son unos canallas impenitentes, muy hábiles para el cálculo inmoral en la política, y que, como Judas, siempre están bien dispuestos a vender al maestro al mejor postor por un miserable puñado de monedas. 

En cualquier caso, cualquiera que haya sido el móvil del ingeniero para asistir a la marcha, voluntad soberana, excesiva fe en sus malos consejeros o un excedido amor por los Chuchos, la actuación del ingeniero en este caso no sale bien librada porque reporta error e ingenuidad. 

Con sinceridad, creo que el ingeniero Cárdenas podría desempeñar un papel tremendamente importante en este caso de Ayotzinapa si se atreviera a actuar de manera eficaz y lejos por lo pronto de las movilizaciones donde ya está demostrado no es útil por el momento. Y aunque su espacio es reducido, estrecho, porque así lo determina la gravedad del caso, creo que tiene dos posibles rutas de acción que podrían ser de un tremendo valor para este proceso. 

Una ruta posible es que el ingeniero reconozca públicamente que el PRD es ya un ente decadente que está montado en una inercia hacia la consumación de los peores vicios en política. Los hechos están consumados, no vale ya la pena argumentar contra ellos. Reconocer esto lo pondría en armonía con la opinión general o al menos mayoritaria en la ciudadanía. Acto seguido, y sabiendo que no basta solo el reconocimiento público del problema, debería enfocar su acción a poner en evidencia a los perredistas que hayan colaborado directa e indirectamente con los lamentables sucesos de Ayotzinapa. Y desde luego que esa acción notable podría ser el umbral hacia un sacudimiento total de ese partido para librarlo por fin de sus muchos parásitos y volverlo de nuevo a la ruta del progreso ideal que alguna vez tuvo mucho tiempo ha.

Pero si hacer lo anterior resulta tremendamente complicado para el ingeniero, digamos que hasta imposible, porque crea que el problema de corrupción de ese ente político ya lo ha rebasado, tiene la ruta económica de renunciar a su propio partido pese a que esto le reporte costos crecidos en el ámbito personal. Un sacrificio de semejante dimensión sí que sería útil porque dejaría clara constancia de su repudio a un partido que ha estado colaborado con el mal consumado y cuya realidad ha alcanzado su punto cimero en el caso Ayotzinapa. Y tal vez incluso su sacrifico personal logre despejar más el camino a la acción de la ley.

Y eso es todo.

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