Ayotzinapa, Solalinde y el país del absurdo.

Si en este momento me apuraran a definir a México con la menor cantidad posible de palabras no tendría mayor problema para hacerlo. Y lo que es más, podría definir a México valiéndome de una sola palabra que daría su mejor descripción: absurdo. Cierto, país absurdo porque muchos sucesos trascendentes de su vida social no encajan en el conjunto de nuestras creencias razonablemente ciertas o hasta entran en franca contradicción con ellas.

Absurdo que después de casi un mes la desaparición de los 43 muchachos de Ayotzinapa siga siendo para el gobierno un problema que no postula datos, es decir, un misterio. Absurdo que esto sea un misterio pese a que existen dos fuentes primarias y abundantes de datos: En primer lugar, los organismos de inteligencia e investigación del Estado. En segundo lugar, la enorme cantidad de personas capturadas que estuvieron involucradas directa o indirectamente en el suceso y que gracias a múltiples técnicas disponibles pueden ofrecer información. Sinceramente, no puedo dar crédito a la posibilidad de que al menos una de esas personas no esté dispuesta en absoluto a colaborar con información a cambio de un trato privilegiado por parte de la ley.

Absurdo que ofrezcan una recompensa multimillonaria por el dato cierto sobre el paradero de los muchachos porque esto constituye la demostración implícita del absurdo que ya apuntamos arriba. 

Absurdo que ahora concluyan que los autores intelectuales demostrados de los hechos de Ayotzinapa son el alcalde de Iguala y su esposa, pero manteniendo el paradero de los 43 muchachos, el crimen que por principio acusa, como un misterio. Absurdo porque esto nos lleva a suponer que sus fuentes de información no actúan razonablemente: Están dispuestos a correr el riesgo mayor de revelar la identidad de los autores intelectuales del crimen, pero no a correr el riesgo menor de revelar el paradero de los muchachos.

Posible absurdo que un hombre privado sin el más mínimo recurso, como el padre Solalinde, pueda tener más información y confiabilidad que el gobierno en pleno. Aunque se advierte que esta hipótesis de gran absurdo está pendiente de demostración.   

Absurdo que el padre Solalinde se vea precisado a declarar por indicios lo que dice saber del caso a medios extranjeros - Novosti y Der Standar - y no a las autoridades del país. ¿A tal grado ha llegado la imprevisibilidad del gobierno en México en la conciencia de los mexicanos?  

Absurdo que ante la supuesta urgencia del gobierno por encontrar a los muchachos a la brevedad, y dada su reconocida incapacidad de obtener ese dato hasta ahora, no se le haya dado la atención oportuna y debida a las declaraciones del padre Solalinde a esos medios extranjeros. Sinceramente, estimo que lo razonable en este caso era que el gobierno, una vez conocidas las declaraciones a esos medios, desplazara de inmediato a algún personal al domicilio de Solalinde para solicitarle esa información previa garantía de su seguridad y la de los testigos que dice tener.   

Absurdo que ante la supuesta urgencia del gobierno por encontrar a los muchachos a la brevedad, nadie le haya recibido en la SIEDO a Solalinde su declaración por escrito. 

Absurdo afirmar que no se le recibió la declaración a Solalinde porque el titular no estaba en las oficinas por cambios de última hora en la agenda. Absurdo, porque si este asunto es realmente urgente para el gobierno, el titular no está en condiciones de atravesar cambios de agenda que aplacen la recepción de esta valiosa información. Hay múltiples posibilidades técnicas que hacen posible esa recepción oportuna de la información y que derriban este argumento. 

Temerario afirmar que la no recepción de la información fue un montaje de Solalinde arguyendo que éste asistió al lugar a sabiendas de que no estaba el titular gracias a un menaje de última hora que le informaba del cambio de la cita y del cual Solalinde dio respuesta de enterado y de acuerdo. Por principio, su respuesta al mensaje no es testimonio de satisfacción con este acto de inconsecuencia. En este sentido, su acción de asistir, pese a lo anterior, tal vez se inscribe en una forma de protesta contra esa inconsecuencia.

Y si todo lo anterior tiene validez en el caso de un ciudadano ordinario que diga contar con información sobre este asunto, el paradero de los muchachos, más validez tiene en el caso de una persona como Solalinde, cuya impecable hoja de servicios en la moralidad permite inferir en él una alta veracidad y confiabilidad, o al menos buena fe.

Debo subrayar que lo anterior no significa mi asentimiento ante la información que dice poseer Solalinde tal como si fuera una verdad demostrada por la sola autoridad moral de éste. La verdad o falsedad de esa información está por verse en los días siguientes. Sin embargo, lo que dice Solalinde me parece cargado de una buena cuota de verosimilitud porque no creo que él esté dispuesto a apostar su reputación de hombre moral por una mentira. Y si la información del padre al final es falsa o insustancial, estaría inclinado a creer que el padre fue víctima de un engaño. No es descabellado jamás el que un hombre moral pueda ser engañado por una razón perversa que se camufla de expiación llorosa. 

Absurdo que el actual titular de la PGR esté a cargo del caso Ayotzinapa cuando existen serias dudas sobre su desempeño por una supuesta falla de omisión precisamente en este caso y desde un año atrás.  

Absurdo que la captura de personajes importantes del narcotráfico se verifique en sincronía con los momentos de crisis política, como ocurre en este tiempo que va desde el escándalo Tlataya hasta el escándalo Ayotzinapa. Se deduce de ahí cierta correlación positiva entre crisis políticas y capturas importantes, lo cual nos habla de una administración de la ley en base a un puro cálculo político que supedita a sus exigencias utilitarias el respeto a la ley.

Absurdo que el congreso de Guerrero y el Senado de la República declaren improcedente la desaparición de poderes en Guerrero y que el PRD se empeñe tenazmente en sostener al gobernador. 

Absurdo, porque en ese lastimado trozo de México el Estado democrático, el orden jurídico coercitivo y acodado por todos, ya es inexistente, es un parapeto, de tal forma que solo están sosteniendo a una guarnición de criminales que gobiernan esa tierra con la ley de la fuerza. 

Absurdo que solo hasta ahora, en el filo del abismo, el senado solicite a los poderes legislativo y judicial ejercer control sobre el gobernador de Guerrero, porque esto demuestra que todo el tiempo pasado han sido omisos con respecto a este caso.

Absurdo que solo hasta ahora, en el filo del abismo, realicen operativos de seguridad asombrosos en Guerrero, tal como si un buen acto pudiera hacer virtud moral creíble. 

Absurdo tratar de imputarle la culpa de este estado nacional de violencia exclusivamente al inútil de Felipe Calderón, cuando la culpa es de toda la clase política oficialista. Cierto que Calderón detonó el problema de la violencia con su guerra contra los mexicanos para tratar de desviar la atención de éstos del  golpe de Estado que cometió en 2006, pero también es cierto que el PRI ha cometido errores en esto que le hacen de pecados. De entrada, se hizo cómplice de las acciones perversas del inútil de Calderón al validar su golpe de Estado basado en cálculos políticos y pasando por alto el respeto a la ley. Luego, tomó deliberadamente la responsabilidad de resolver este problema de la violencia al asumir la gestión del Estado mexicano, y los hechos consumados nos demuestran que no ha podido, que la realidad ya desbordó los diques de sus mejores promesas. Pero como los pecados son intransferibles, es absurdo que el PRI trate de ir a una expiación pública haciendo lo imposible: transferir los propios pecados a Calderón con el solo propósito de aparecer limpio ante la opinión pública y celebrar un supuesto avance en materia de seguridad que solo existe en la imaginación sin límites de los priistas. 

Absurdo que AMLO no acepte con sinceridad que se equivocó en sus cálculos políticos en el caso de Guerrero cuando los hechos hablan en este sentido. Sigo considerando que es el mejor político de este país, pero también creo que esa aparente inclinación suya a creer que es inmune a los errores le hace mucho daño. Y ahora vemos precisamente ese daño en acción, porque por mostrarse relativamente evasivo en el tema a fin de no aceptar que se equivocó en sus cálculos, da lugar a que sus enemigos jurados en los medios lo destrocen tomando esa evasión como premisa ilegítima que demuestra que él, AMLO, es el culpable de todo, y no así los responsables principales: los políticos oficialistas.

Absurdo que se propongan comisiones de la verdad para resolver esto integradas por ciudadanos "notables" por cuanto es una negación "aristocrática" del principio fundamental de la democracia - la igualdad política de todos los ciudadanos -, y porque está demostrado que esas aristocracias de "notables" tienden a alterar y a ralentizar la verdad por deliberada administración utilitaria de la misma. En una sociedad política como la nuestra, ya pervertida por el mal radical - inclinación a romper la ley y la moralidad con la intención del provecho personal -, los ciudadanos "notables" suelen estar igualmente corrompidos por el mal radical de la clase política. La sola mención de Claudio X. González entre los "notables" que exigen la dichosa comisión de la verdad ya nos da motivos suficientes para desconfiar de esa situación. 

Absurdo que algunos medios nacionales que se reputan como intachables y veraces busquen engañar a la ciudadanía con sus cabeceos noticiosos en este asunto. Ayer, por ejemplo, nos decía El Universal lo siguiente en uno de sus cabeceos: "Solalinde entrega renuncia en PGR sobre caso Iguala", cuando en realidad sabemos, incluso por el mismo contenido de la nota, que la entrega no surtió efecto porque no le recibieron a Solalinde.

Absurdo que el PAN se tome el tiempo para presentar en este preciso momento la propuesta de un Sistema Nacional Anticorrupción. Entiendo que el PAN ha querido aparecer con esto como el héroe, como el componedor de entuertos en esta crisis política nacional. Pero esto es absurdo porque presupone la torpeza de creer como posible un imposible: la honestidad se realiza por decreto. Y no es sino por esa absurdidad que la propuesta fue objeto de befa pública entre la ciudadanía. El joven presidente del PAN debiera estar enterado de que en estas materias ya no es posible persuadir al auditorio mexicano. En efecto, dada la gravedad de esta crisis de honestidad en la política, se requiere algo más que palabras emotivas y promesas agradables, y que es: generar convicción en el auditorio. Pero esa convicción solo puede ser alcanzada con demostraciones objetivas que lleven a certezas al auditorio y luego a veracidad en el que demuestra. Y en el caso particular del PAN esto solo se puede lograr demostrando objetivamente la inocencia total de todos los panistas que hasta hoy están bajo seria sospecha pública de haber cometido delitos contra la nación: Fox y su familia, Felipe Calderón, César Nava y los implicados en el caso ABC, por citar solo algunos casos. 

Absurdo que algunos persistan en afirmar categóricamente que lo de Ayotzinapa es un crimen de Estado sin existir elementos para eso, al menos por el momento. Como ya traté este asunto en un artículo anterior ( Ver enlace 1 al pie de página ), me limito a añadir lo siguiente: En esencia, en este caso seguimos en el terreno del más puro misterio, del problema que hasta ahora no postula datos. En el mejor escenario, estamos en la verdad problemática, entre la verdad dotada de razonable certeza y lo falso. Pero esa verdad problemática no es ni siquiera probable por cuanto no estamos en condición de hablar de grados de posibilidad objetiva, de tal manera que termina por caer en lo verosímil, es decir, en lo que parece verdadero pero sin aspirar a serlo de manera alguna porque no ofrece garantías para tal efecto. Y siendo esto así, es forzoso concluir que esas afirmaciones categóricas son producto de una razón inútil que se deja arrastrar por la fantasía y las emociones. 

Y eso es todo.

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