Reforma energética y la ignorancia culpable de los políticos.

Hay que quitarnos de encima el mito de que la tecnología fracking es una gran novedad. En lo esencial, esa tecnología es conocida desde principios del siglo XX y si nunca fue usada antes de ahora fue por cuestiones de costo. Solo hasta que los costos de extracción de petróleo no convencional alcanzaron los niveles exorbitantes de hoy, en la era de la gran escasez de energía, dicha tecnología se hizo rentable. Es importante tener en cuenta esto porque debemos quitar del paso nociones subjetivas como "moderna" para no ser víctimas de prejuicios en el análisis de este asunto del fracking. Nociones como ésta suelen ser juegos de ideología sin validez objetiva.

Sabemos que esta tecnología fracking ha recibido fuerte oposición en algunas sociedades desarrolladas. Esta oposición decanta de la creencia muy difundida de que la misma reporta algunas externalidades negativas muy serias al medio ambiente y a la salud humana y de otras especies de vida. Básicamente se hablan de los siguientes efectos negativos de esta tecnología: contaminación de los mantos de agua y el medio ambiente con elementos y compuestos nocivos y hasta letales; derroche de agua en cantidades colosales; temblores de tierra. Un caso muy ilustrativo y famoso de esta oposición al fracking la tenemos en la ciudad de Nueva York. 

En dichas sociedades la cuestión es polémica, controversial, porque las evidencias y los estudios existentes son de suyo muy preliminares, conjeturales, de tal forma que ni los opositores al fracking ni las empresas y gobiernos implicados saben con certeza los costos que esta tecnología puede reportar al medio ambiente y a la salud. La disputa en estas sociedades se reduce a persuasión según ciertas evidencias preliminares y fragmentarias. Y lo cierto es que pasarán muchos años antes de que esta situación de indefinición se disuelva para dar paso a una verdad concluyente, ya sea a favor o en contra del fracking, porque la misma solo es posible a través de multitud de estudios multidisciplinarios que requieren muchos recursos y largas series de tiempo de observación para concluir algo cierto o al menos de alta probabilidad.

La única verdad probable que existe aquí es la que adelantan las empresas y los gobiernos interesados en el fracking en el siguiente tono: Si no explotamos esos recursos no se combate el desempleo y no se impulsa la oferta domestica de energía. Sin embargo, el argumento no ha alcanzado para persuadir y la mayoría de los habitantes de esas sociedades han optado por prohibir el fracking hasta en tanto no existan pruebas concluyentes en torno a si esta vieja tecnología reporta o no externalidades negativas, y si las reporta, hasta no saber en qué grado lo hace. Y esta resolución de prohibición es comprensible tratándose de sociedades de alto desarrollo donde existe en las personas un sentido absoluto de dignidad humana y más sólido.  

Desafortunadamente, este proceso de rechazo en las sociedades desarrolladas ha propiciado que las trasnacionales del ramo y los gobiernos del primer mundo más interesados en el fracking, como es el caso de EUA, fijen con mayor vigor su blanco en los países subdesarrollados donde existen vastos recursos viables para el fracking y donde es previsible poca o nula resistencia política a esta tecnología por diversos factores.  Y para nuestra desgracia, México es uno de los candidatos más atractivos en este sentido: posee una de las más grandes reservas de recursos shale; existe un régimen político seudodemocrático y capaz del autoritarismo - ya demostrado -; cuenta con un universo de ciudadanos que, en promedio, son muy controlables porque no saben lo que es la dignidad humana, o que sabiendo lo que es la dignidad humana le ponen el precio equivalente a una despensa, y que por ello son incapaces de hacer pueblo o voluntad común. Y no se puede ocultar que, en nuestro caso, las previsiones le han resultado a los interesados casi al nivel de la mítica perfección.  

En efecto, en nuestro país la reforma energética ha privilegiado al fracking anunciándolo como una tecnología muy innovadora que aportará grandes cosas para sacarnos de la miseria a todos por fin y de una buena vez. En esto prácticamente se ha replicado aquel discurso de JOLOPO para prepararnos a administrar la abundancia. Se ha preparado para este efecto una mitología que altera la realidad del fracking, y que consta de los siguientes elementos: como precedente va la retórica fabulosa sobre las maravillas tecnológicas y económicas del fracking y sobre su "probada" neutralidad para el medio ambiente y la salud - en esta parte los medios son fundamentales para la difusión de la mitología -; luego se anuncian organismos, programas de acción y leyes que cuidarán el cumplimiento de la seguridad y la salud, pero que sabemos que nunca entrarán en operación y que nunca cumplirán sus fines. 

Lo más absurdo de esta mitología es que se dice tener todo calculado y prevenido cuando por definición no saben lo que van a calcular y a prevenir. ¿Acaso no quedó demostrado arriba que hay incertidumbre casi total en el primer mundo respecto a los riesgos y costos de esta tecnología? Lo cierto es que el fracking es por el momento casi un misterio en cuanto a sus riesgos y costos, lo cual supone que no postula datos completos por el momento.  ¿Cómo se previene lo que no postula datos? Imposible.

En alguna medida, el ser razonable es una cuestión de relación entre medios y consecuencias. Se es razonable cuando se buscan o se eligen los medios que con mayor probabilidad nos llevarán a las consecuencias que tenemos en vista. No se es razonable en caso contrario.  Y para esto se asume que la razón es falible y que tiene sus límites. Aquí tenemos una regla básica de la racionalidad a la cual no nos podemos sustraer y que nos puede servir como criterio para comprender si hemos actuado de manera correcta o no en este caso del fracking. 

Dijimos que algunas sociedades desarrolladas decidieron prohibir esta tecnología hasta que no existieran pruebas científicas (lógico-objetivas) concluyentes sobre las externalidades negativas de la misma - costos al medio ambiente y la salud -.  Es claro que decidieron así porque el medio - el fracking - no ofrece datos que garanticen con alguna probabilidad el logro de la consecuencia prevista - bienestar de la comunidad -. Pero además, ellos creen que dicho medio - el fracking - tiene altas probabilidades de allegarles consecuencias muy ruinosas, un gran malestar social que puede no ser compensado por los beneficios. Por su lado, las trasnacionales y los gobiernos no han podido demostrar objetivamente  que esas creencias de la gente están erradas. Ahora bien, si hubiera alguno que, molesto con esta decisión, arguyera en contra de estas sociedades diciendo que sus creencias son infundadas pero sin adelantar pruebas, se le podría responder a ese alguno lo mismo que Sócrates expresó en el diálogo Gorgias de Platón sobre un asunto parecido:

- Quizás estas cosas os parezcan mitos de ancianas y las consideréis con desprecio. Y no estaría fuera de lugar el despreciarlas si con la investigación de la razón pudiéramos encontrar otras cosas mejores y más verdaderas. Pero tampoco vosotros tres, tú Calicles, Polo y Gorgias, que sois por cierto los más sagaces griegos de estos tiempos - ironía socrática -, lográis demostrar que convenga creer otras cosas distintas de éstas.

Como ya queda claro, la conclusión necesaria en el caso de estas sociedades desarrolladas frente al fracking es que han actuado muy razonablemente, como cabe esperar en personas razonables, que se atienen a su razón y a los hechos. 

En el caso de nuestro país ocurre lo contrario. La clase política oficialista ha optado por un medio - fracking - respecto del cual no tiene ni idea aproximada en torno a sus probabilidades objetivas o reales para llevarnos a la consecuencia anunciada por el régimen - bienestar social - porque desconoce casi todo lo referente a las externalidades negativas al caso. Si en estos casos la razón indica la necesidad de suspender todo juicio, toda decisión y toda acción hasta en tanto no se aporten pruebas objetivas sobre la viabilidad del medio - fracking -, tal como hicieron las sociedades desarrolladas, nuestra clase política, en cambio, ha ido adelante en este tema pasando por alto incluso las creencias bien difundidas, y basadas al menos en evidencia preliminar, en torno a que este medio tiene las más altas probabilidades de generar un gran malestar social. Y es aquí donde ha entrado en operación la mitología para alterar la realidad del fracking y persuadir a los mexicanos de cosas como: el fracking es una tecnología moderna, maravillosa y probadamente inocua; el fracking nos sacará de la miseria; todo está  bajo control, no se preocupen. 

Debe concluirse, pues, que la clase política oficialista de este país no ha actuado razonablemente en este asunto. Han actuado de manera irracional. Y a partir de aquí se empiezan a decantar serios problemas para los integrantes de esa clase política. De entrada, han sido imprudentes y temerarios porque asumen aventuras cuyas consecuencias desconocen, y llevando tras de sí a los mexicanos de una manera muy irresponsable. Luego hay un problema de ignorancia culpable puesto que han decidido tomar la opción del fracking en estado de ignorancia y pese a tener la posibilidad real de acceder a un saber cierto sobre las reales consecuencias.

Puedo asegurarle que los políticos oficialistas de este país están casi en posición de ignorancia total respecto de los riesgos y costos de esa tecnología fracking. En lo sustancial, desconocen cuál será el balance real de las cosas al final. No saben si esto conllevará tales costos al ambiente y a la salud como para convertir al fracking en un medio propicio, no para el bienestar social, sino para el malestar social. La evidencia de esto la tenemos en la misma situación de incertidumbre e indefinición en las sociedades desarrolladas en este tema. Y para reforzar esto, le doy un dato proveniente de una noticia fresca, reciente.

Resulta que solo hasta hace unos días el gobierno de los EUA, a través del servicio geológico de ese país - USGS -, reconoce que el fracking sí es el responsable del significativo aumento en el número de terremotos en los EUA. Se reconoce también por la USGS que un temblor de 5.3 grados registrado en 2011 en Colorado fue probablemente originado por esta tecnología (Ver enlace 1 al pie de página)

Aquí se impone una pregunta: ¿Es racional tomar medidas políticas hoy sin conocer los riesgos y las probabilidades de éxito de las mismas, dejando para después el conocimiento de ese riesgo y esa probabilidad, post factum? 

La política es una ciencia, y por supuesto que actos como el anterior van en contra del principal propósito de la ciencia moderna: previsión. 

En suma, esto del fracking se trata de una locura disparada por los gatillos de la ambición y de la desesperación en una era de escasez de energía como la que vivimos. Pero debe decirse que muchos mexicanos comparten estas culpas porque han concedido en todo esto con su silencio y su inacción, movidos tal vez por el anzuelo de las promesas entrañadas en la mitología energética. Y por desgracia eso hace ver a muchos como despojados de dignidad humana o en la indignidad de ponerle a ésta un precio, y muy bajo y a crecido riesgo. 

Aunque ya están a la vista los pecados de la clase política oficialista mexicana en este caso del fracking - irracionalidad, imprudencia, temeridad e ignorancia culpable -, puede ser que surja por ahí algún político oficialista que diga lo siguiente:

- No podemos esperar a conocer objetivamente las externalidades negativas del fracking y sus probabilidades de éxito para promover el bienestar social. Esto implicaría muchos años de espera y nosotros necesitamos crecer hoy. Así que necesitamos decidir por corazonadas y asumir los riesgos, por crecidos que sean.

Aparte de que este argumento no anula los cuatro pecados contraídos porque no demuestra nada y solo exhorta evocando sentimientos, agrega otro pecado más a la clase política: el cortoplacismo. En efecto, precisamente el pecado que los políticos oficialistas gustan de colgar a quienes se oponen a la reforma energética y al fracking. Es el cortoplacismo de los políticos oficialistas que se resume en la siguiente expresión:

- No puedo posponer para mañana mis deseos de aprobar la reforma energética y el fracking.

Que es otra incapacidad culpable. ¿Y cuál es la causa de esa incapacidad culpable que no permite posponer los deseos a pesar del mandato de la razón?....No sé usted, pero yo esto no lo sé con certeza. Solo tengo conjeturas, que no es el tema.

Y eso es todo.

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