¿Es el PAN un abyecto partido fascista?

El racismo es una doctrina del puro determinismo racial, es decir, que afirma que todas las manifestaciones culturales - ciencia, moral, religión, filosofía, tradiciones, etc. - de los grupos sociales, con sus valores o disvalores, son una pura determinación de la raza y su fuerza vital. El racismo como doctrina ha servido para que los integrantes de un grupo social determinado puedan afirmar el mito de la existencia de una raza superior - ellos - que está destinada a gobernar y a dirigir al resto de razas inferiores o antirraza parásita - los otros, que son los enemigos a aniquilar o a someter - en el género humano. Le debemos esta doctrina al demente aristócrata Gobineau, misma que sería difundida ampliamente por otro demente inglés de nombre Houston Stewart Chamberlain, quien a principios del siglo XX se encargaría de dar forma al mito de la superior raza aria-germánica. Y fueron precisamente estos dos dementes los que dieron los materiales ideológicos para que a la postre los fascistas alemanes buscaran racionalizar su racismo - darle base científica -; esfuerzo que alcanzó su pináculo en la obra de Alfred Rosenberg: Mito del siglo XX. Sin embargo, y al igual que los panistas de hoy, los fascistas alemanes simplificaron tanto la realidad para fundamentar su concepto de raza que terminaron con un sistema incoherente en lo científico y filosófico, y que es el siguiente. 

Los intelectuales fascistas alemanes se inventaron toda clase de evidencia seudocientífica que demostraba que existía una raza misteriosa y muy especial que venía del norte de Europa, y que había fundado todas las grandes civilizaciones del pasado: Egipto, Babilonia, Persia, Grecia, Roma y luego Alemania -. Según ellos, la decadencia de esas civilizaciones se debió al extravío temporal de los arios al mezclarse con las razas inferiores, las antirrazas parásitas, desde las cuales brotan expresiones culturales y físicas decadentes y degeneradas. Con este simple mito con vestido de prueba empírica los intelectuales fascistas daban por demostrado que la cultura de los pueblos - ciencia, religión, moral, tecnología, etc. - son producto de la raza y su fuerza vital, y de que la raza aria, o ellos, eran la raza superior y con derecho pleno a gobernar al resto de razas inferiores con el solo signo de la violencia. 

Las inconsecuencias de estas doctrinas racistas ya han sido demostradas palmariamente. De entrada, está demostrado que no existen razas puras porque la hibridación de los grupos humanos a lo largo de toda la historia humana ha sido intensa y variada. Se duda incluso de que hubieran existido razas puras en el inicio de los tiempos. De esta forma, podría decirse que todos tenemos en nuestra genética algo de los tradicionales grupos hipotéticos: negro, amarillo y blanco. La antropología moderna asume esas tres razas como una hipótesis no verificada y como un simple expediente clasificatorio en la zoología. Pese a multitud de estudios empíricos, jamás se ha encontrado relación estadísticamente significativa entre clasificación zoológica racial y cultura y posibilidades de desarrollo de la misma y capacidad intelectual y emocional. 

Contra el peso abrumador de esa evidencia empírica acumulada, toda doctrina racista nos viene resultando una pestilente montaña de ignorancia y prejuicios. Pero se trata de prejuicios tremendamente perniciosos porque pervierten y manipulan arbitrariamente los valores humanos y la verdad para obstaculizar el progreso de la humanidad hacia una moral de universalidad y unidad, favoreciendo con esto a una doctrina idiota e inconsecuente que trata de privilegiar a una raza especial. Y para conocer el mal que este tipo de doctrinas fascistas pueden echar encima de la humanidad, solo tenemos que voltear la vista a los saldos de la segunda guerra mundial y las sucesivas guerras que han tenido al racismo como uno de sus motores.

Nuestra cultura ha diseñado un sentido común - saber común - que ya contiene máximas o verdades contrarias a todo racismo. Es un hecho conocido que en la sociedad doméstica, en la escuela y hasta en la religión, se nos educa para comprender que el racismo es un mito monstruoso. De esta forma, un hombre moderno ordinario que no alcance cierto saber mínimo sobre la naturaleza del racismo no tiene jamás excusa para inclinarse a las prácticas racistas. Así que solo estaría dispuesto a comprender, mas no a justificar, una actitud racista en aquel ser humano que posea un mal natural en el alma o que hubiera sido abandonado a las fieras al nacer. Ni siquiera me atrevería a creer que un hombre es racista porque haya sido mal educado por sus padres porque el hombre posee de suyo el poder de razonar por propia cuenta las cosas para encontrar la verdad.

Lo dicho antes no es gratuito. Lo traigo a cuentas para que el lector calibre muy bien la extrema gravedad de las palabras que el panista Carlos Manuel Treviño Nuñez lanzó al buen Ronaldinho al llamarlo "simio". Es evidente que Treviño rebasó con creces la inmoralidad de todo racismo conocido hasta ahora porque, en su loca imaginación sin límites, clasifica mentalmente a Ronaldinho, no ya como un ser humano perteneciente a una raza humana inferior, sino como un ser perteneciente a una especie zoológica diferente y que él, Treviño el ingrato, considera inferior sin fundamento alguno. ¿No tiene este insulto indigno de "simio" esta clara significación? Mire, podría asegurar que si este señor Treviño hubiera dicho lo que dijo en una asamblea de los nazis para la Solución Final, habría escandalizado al mismo Hitler.  

Absurdo que el señor Treviño adelante una disculpa a Ronaldinho como ya lo hizo, porque en estos casos ninguna disculpa es legítima en tanto las ideas racistas del señor siguen vigentes ahí dentro, en su imaginación febril, a menos que se pueda creer que de pronto, de golpe y porrazo, y movido por el escándalo, haya tenido una redención súbita. Creer esto sería inconcebible, increíble, inverosímil, cuento digno de fábula. Lo cierto es que el abandono de este tipo de prejuicios y la redención respectiva llevan un tiempo de examen interior y dolorosa fatiga con uno mismo, y si es que es posible el arrepentimiento honesto. Y le puedo asegurar, incluso, que el mismo Ronaldinho piensa esto que digo frente a toda disculpa. Ronaldinho podrá aceptar las disculpas por educación, pero seguirá pensando de esta forma. El daño ya está hecho y no tiene manera de repararse así metan a la cárcel a Treviño. Su reparación posible vendría solo en el largo plazo, cuando Treviño haya anulado esos torpes prejuicios y, ahora sí, pida disculpas honestas al insultado.

Treviño el racista no está listo para la política. Eso es evidente. El señor es víctima de serios prejuicios que le distorsionan el juicio. Es altamente probable que esto lo sabían sus amigos panistas en el gobierno. Sin embargo, el señor era secretario de desarrollo social en el municipio de Querétaro gracias a sus mismos amigos. Y considere que cumplía ahí una función que requiere un alto sentido de finura, comprensión y simpatía con las personas. Grave el asunto.

Cierto, hay un grave problema con el PAN. Ya son demasiadas expresiones desfachatadas que ponen en evidencia una pasión frenética por el racismo y en muy poco tiempo. No es la primera vez en los últimos tiempos en que un panista lanza expresiones públicas inspiradas en el más puro racismo. Que yo recuerde, hay dos expresiones más de este tipo en el haber de los panistas por lo menos en los últimos cinco años, contando a este señor Treviño de Querétaro. Añada a eso la información que se suelta en las redes en torno a la existencia de grupos de idiotas neonazis en el PAN, y ya tenemos un problema serio con una turba de dementes en ese partido. 

Partiendo de los hechos a la vista, ¿tiene usted idea de cuántos panistas racistas más hay en la política activa? El solo imaginar un número razonable es escalofriante. En efecto, no se puede evitar que, con esos datos a la mano, el entendimiento prudente empiece a prefigurar escenarios peligrosos que pueden estar ahí ocultos, en ese partido. Si una buena cantidad de panistas confiesan desfachatadamente su racismo de palabra y hecho, ¿tiene usted idea de cuántos racistas están ahí en silencio, en las covachas del PAN, medrando en la oscuridad, poniendo en acto su racismo camuflado de autoridad en la gestión del Estado, y esperando la menor oportunidad para entregarse a una orgía de racismo? 

No podría afirmar que el PAN es un partido fascista. Sin embargo, los datos a la mano sí me dan base para contar con la alta y razonable probabilidad de que en ese partido hay muchos grupos tolerados que profesan una pasión frenética por el fascismo y que representan un riesgo cada vez más alto.   

En cuanto al racista Treviño en sí mismo, qué lamentable, en verdad. Espero que se dé tiempo para reflexionar en torno a sus serios y muy peligrosos prejuicios. Confieso con sinceridad que me siento avergonzado por compartir la nacionalidad con este señor. Tengo amigos y amigas en aquel bello país, Brasil. Son excelentes y maravillosas personas. A algunos de ellos les he tenido que expresar que no todos los mexicanos somos como el señor Treviño. Pero es a Ronaldinho al que hay que hacerle saber eso todos los mexicanos en la medida de nuestra posibilidad. Así que a Ronaldinho le digo lo siguiente: Eres un ser humano muy exitoso y ejemplar, amigo. Bienvenido a México.

Y eso es todo.    

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