Emilio Gamboa y Miguel Barbosa: Dos respetuosos de cuidado.

Hace unos días AMLO, Batres y algunos integrantes más del flamante partido MORENA acudieron al senado para hacer entrega de 2.7 millones de firmas como parte de la tramitología de la consulta popular en torno a la reforma energética. Y pese a ser un trámite irrelevante, nos vino a dar como resultado un espectáculo bochornoso según dictan las reglas de ese árbitro llamado buen gusto. 

Resulta que el presidente del senado, de nombre Miguel Barbosa Huerta, perredista, se enmuinó reteharto porque, según él, AMLO y demás morenos no siguieron el protocolo que, según él otra vez, se había acordado previamente con dos representantes de los morenazos. Según se lee en los medios que difundieron la enmuinada de Barbosa, y que esperemos no le derrame la bilis, los hechos fueron los siguientes según la versión del mismo Barbosa y demás senadores enmuinados hasta el copete.

Dicen que se acordó previamente con dos representantes morenos que habría un protocolo para la entrega de las poderosas. De acuerdo a ese protocolo habría un encuentro "institucional" previo entre el presidente del senado - Barbosa - y los morenos. Se incluía una salutación con caravana y toda la cosa a los honorables miembros de la mesa directiva del senado, para luego entregar las firmas en hinchado evento donde los morenos irían a la izquierda de la mesa, para luego dar cerrojazo con broche de oro con atronadores discursos y bien trufados de espíritu democrático. Sin embargo, los senadores y los operarios de la máquina de aplausos y cañonazos por las almenas se quedaron colgados de la brocha porque los morenos, fieles a su burda tradición plebeya, rompieron el protocolo con conductas de plano muy irreverentes que pondrían rojo de verguenza al más rústico de los mecapaleros. Y la cosa no es para menos. Se dice incluso que los morenos se aplastaron a la derecha de la mesa; que Batres no accedió a hablar con Barbosa pese a que lo invitaron; y que los morenos empezaron a parlotear sin permiso y sin ton ni son sus ocurrencias de siempre. 

Claro que sucedió lo que tenía que suceder: los senadores se indignaron por semejante conducta incivilizada y  retrógrada, y se retiraron del lugar entre gritos de gran escándalo y con la nariz alzada al aire. Pero al salir presuroso de aquel salón que había sido manchado con la incivilidad, y bien seguido por su corte que le pisaba los talones, Barbosa dijo a los medios que si "la cortesía entre las personas, entre los políticos, debe ser un valor", entonces los morenos habían sido muy "descortesados" dado que mostraban una conducta de plano muy indigna. Fue por ello que, sin ambages y meneando el dedo al aire, Barbosa calificó a los morenos de groseros impenitentes con las sagradas instituciones republicanas. Pero el paroxismo de la indignación llegó cuando Emilio Gamboa, líder de los priistas del senado, arribó al escenario acompañadp de su muy apreciado amigo Preciado, el panadero, y con tono severo y santurrón reclamó, no ya a los morenos, que no tienen remedio de plano, sino a los mexicanos todos lo siguiente....

- ¿Qué diablos es esto, señores? ¿Qué diablos pasa aquí, jóvenes? Exijo respeto a las instituciones. 

Y bueno, hasta el momento los morenos han dicho que ellos se ciñeron al protocolo acordado, que hicieron lo que los mismos pajes del senado les fueron indicando al paso, y que si las cosas salieron como salieron no es su culpa y que le hagan como quieran.

Qué enredo, en verdad. Pero poco importa dónde esté la verdad. Es irrelevante porque la trama gira en torno a un protocolo absurdo, inútil y que a nadie le importa fuera de sus usuarios habituales. Así que lo que me interesa de esta tragicomedia son las expresiones incoherentes de Emilio Gamboa y Barbosa. 

- Respeto a las instituciones - exigen Emilio Gamboa y Barbosa a los morenos -.

Nuestra noción actual de institución nos dice que la entendemos como un conjunto de reglas acordadas para normar la acción social - Durkheim -, o en un sentido más general, como cualquier actitud o conducta suficientemente bien establecida y aceptada en un grupo social. En cualquier caso, la institución sirve para estandarizar y hacer controlables y previsibles las conductas de los individuos en un grupo social, el cual puede tomar diferentes escalas mensurables en número. Dicha institución puede tomar la forma de simples conductas y costumbres acordadas y aceptadas, leyes, códigos y hasta organismos con un emplazamiento físico definido.

A decir del mismo Barbosa, el protocolo que supuestamente rompieron los morenos fue resultado de un acuerdo previo de los senadores encargados del caso con los representantes morenos. Si así es esto, si hubo un acuerdo previo para el protocolo, debo asumir que este tipo de cuestiones quedan a criterio de los implicados por no estar reglamentadas. De otra forma, no habría necesidad de acuerdos y solo se comunican las reglas al caso. Si a esto añadimos que las personas ordinarias, incluidos los senadores, no son instituciones cuyos actos de voluntad sean instituciones, ya nos queda claro que no hay aquí ninguna institución que deba respetarse. Y si no hay una institución ofendida por los morenos, y si todo giró en torno a un simple acuerdo personalísimo entre un puñado de privados. ¿a qué viene el escándalo de Barbosa y Emilio a nombre de las sagradas instituciones?

Pero asumiré que esos protocolos inútiles son una institución, que son una costumbre añeja y acordada informalmente o hasta reglamentada por los senadores. En este caso comprendería la indignación de los senadores si me atengo solo a su mundo senatorial porque es claro que los morenos están lesionando con su atroz y bárbara conducta los precedentes míticos - protocolos y demás rituales inútiles - de su muy privilegiado estatus y rol social. Sin embargo, ya no le encuentro justificación a la tragicomedia cuando veo al mundo senatorial en el amplio contexto de los mexicanos en general porque a la mayoría de éstos le vale un cacahuate el estatus y el rol de los senadores por cuanto no creen en la política ni en los políticos. Es un hecho que el grueso de los mexicanos, no solo no tienen en su lista de prioridades el respeto devoto a los protocolos de la política, sino que gozan jubilosamente el placer de la burla cáustica y de la sátira en torno a ese mundo y sus rituales y conductas. Y es precisamente desde esta enorme y rica cantera de la cultura popular que mana la actitud contestataria, rebelde y hasta grosera de los mexicanos sin fe que han optado por la actividad política, caso en el cual están los morenos. Y cualquier duda a este respecto puede ser disuelta en la nada si revisamos las estadísticas recientes sobre la opinión de los mexicanos en torno a los políticos en general y su cultura especializada. Son resultados francamente ruinosos para la política.

Así, ¿en realidad creen Emilio y Barbosa que a la mayoría de los mexicanos le importa lo que suceda con las instituciones formales o informales que haya establecido el arbitrio de los senadores para el solo cultivo de su vanidad, como son los protocolos? ¿En realidad creen que la mayoría de mexicanos compra de buen grado la tragicomedia de las protocolos institucionales supuestamente vilipendiados por los morenos?

Con sinceridad, creo que si Emilio, Barbosa y demás políticos oficialistas se dejaran de tragicomedias y adoptaran posturas más comprensivas y consecuentes con la realidad de una sociedad civil que no les cree y que no les reconoce legitimidad moral, empezarían a vivir y a accionar de una manera más eficiente con esos mexicanos sin fe, y luego empezarían a llamar en serio su atención. Por el contrario, esa falta de comprensión de la realidad, que es causa de estas ridículas tragicomedias senatoriales, solo les cancela más la adhesión del respetable porque con semejantes tragicomedias refuerzan la desconfianza y el rechazo de éste. Lejos de lo que puedan creer los senadores, muchos de los mexicanos ordinarios no son idiotas, no se tragan las tragicomedias. Así que cuando éstas ocurren, como en este caso que nos ocupa, al mexicano ordinario le salta a la vista de inmediato una gran incoherencia, y que es la siguiente.

Emilio Gamboa ha pedido a los morenos respeto a unas instituciones que, por lo demás, son solo rituales inútiles diseñados para abonar en la vanidad de los senadores. Sin embargo, Emilio ha pisoteado por lo menos una institución que sí es fundamentalísima para el bienestar de la sociedad, como es la igualdad de personalidad política que da fundamento a la democracia. Ha hecho eso al colaborar con el actual régimen para pensar, diseñar, planear y aprobar una serie de reformas que tienen impactos significativos en el futuro de la nación y sin haber consultado a los mexicanos al respecto. Su mismo amigo Manlio ya aclaró que despreciaron el diálogo con los mexicanos en este asunto: "es que gobernar es escuchar, decidir y luego explicar por qué se hicieron las cosas, que nadie se extrañe de que eso suceda“. Y supuesto el caso descabellado de que hubieran escuchado a los mexicanos, que es inverosímil, debe aclararse que dialogar y discutir no es limitarse a escuchar. Además, hay que recordarle a Emilio que una democracia no existe por decreto o por definición, sino que existe solo en la medida en que los gestores del Estado ajustan con rapidez y oportunidad sus políticas y sistemas administrativos a las conclusiones y resoluciones del diálogo o discusión permanente con los gobernados. 

Si ponemos ahora en la mesa las instituciones referentes a la vida digna que merecen los trabajadores mexicanos y que están plasmadas en la carta fundacional, ¿qué pasaría? ¿No han pisoteado los políticos oficialistas como Emilio Gamboa estas instituciones al no hacer nada para evitar el empobrecimiento sistemático de los trabajadores mexicanos por lo menos desde 1976? 

Dejo ahí el asunto. No le sigo con las instituciones fundamentalísimas que han sido pisoteadas históricamente por los políticos oficialistas, incluidos Emilio Gamboa y Barbosa, porque la lista es muy larga y no acabamos nunca. Así que lo único que resta por plantear es lo que sigue:

Si Emilio Gamboa y Barbosa se escandalizan por la falta de respeto de los morenos a las instituciones menores e inútiles como son los protocolos de salón, ¿por qué no se escandalizan con su falta de respeto a las superiores instituciones que fundamentan a la democracia y a la dignidad de los seres humanos? Tremenda incoherencia hay aquí. Emilio Gamboa y Miguel Barbosa ponen en circulación una moneda moral falsa esperando que la demos por buena. 

Confieso que también yo desearía pedirle a Emilio, Barbosa y demás políticos oficialistas algún respeto al menos mínimo a las instituciones trascendentes de la humanidad, como las que ellos pisotean...pero yo no creo en milagros.

Y eso es todo.

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