El PRI y el postulado del idiota y el sabio.

Ni duda cabe que el PRI gobierna asumiendo que los mexicanos ordinarios somos incapaces de valernos de nuestra razón en eso de determinar lo que más conviene a nuestra vida en sociedad. Y lo que digo no es una sospecha o corazonada, es una verdad demostrada. Los mismos priistas nos dan elementos verbales para demostrar esto.

Ya sabemos que las encuestas no han favorecido a EPN desde que arrancó el proceso de las reformas del régimen hace ya muchos meses. Una mayoría respetable de mexicanos se declara en desacuerdo a las reformas, y esto es más ruidoso en lo que se refiere a la reforma energética. Si me atengo a las cifras que se han lanzado desde muchos meses atrás a este respecto, el desacuerdo de la gente con la reforma energética anda rayando por ahí del 65 % de los mexicanos. Recién Pew lanzó los resultados de un estudio que realiza con alguna frecuencia en México en torno a las percepciones del público respecto a varios temas de interés como la política y la economía. Además de que estos resultados confirman el rechazo ya mencionado arriba en sus apartados principales, se deja ver que las malas calificaciones de EPN han subido notoriamente. En lo sustancial, podría decirse que no hay nada nuevo bajo el sol con los resultados de Pew: una mayoría respetable de los ciudadanos no está de acuerdo con las reformas del PRI ni con la forma en que este partido ha gestionado al Estado mexicano hasta el momento, principalmente en materia de economía. 
Ya conocemos desde tiempo atrás la postura del régimen respecto a este rechazo mayoritario, porque en esto tampoco hay nada nuevo bajo el sol: EPN no está gobernando para las encuestas - nos dicen ellos -, lo cual significa que sus acciones en la gestión del Estado no están determinadas por la maximización de la suma de voluntades a favor de las mismas. De hecho, recién Osorio Chong acaba de expresar algunas cosas que se entrañan a la perfección en esta postura. Nos dice Osorio lo siguiente:

- "El presidente Enrique Peña Nieto no trabaja con encuestas y sigue adelante con los compromisos asumidos". (Ver enlace 1 al pie de página ) 

Antes que nada, la expresión de Chong me parece muy confusa porque, según son los hechos en la opinión pública, no se entiende cuál es la naturaleza relacional de esos compromisos - ¿con quién? - que EPN está empeñado en cumplir. Incoherente sería decir que dichos compromisos son con la mayoría de los mexicanos puesto que ya sabemos que esta mayoría rechaza los resultados previsibles de estos supuestos compromisos que, por lo demás, esa misma mayoría jamás hizo con EPN. Digo, a menos que sea posible contraer un compromiso con la mayoría de los ciudadanos en el sentido perjudicarlos y contrariar su voluntad desde la gestión del Estado, lo cual nos obligaría a suponer que los mexicanos se han vuelto locos porque son amantes del disvalor o la pérdida. La claridad y la coherencia en la expresión de Chong solo se hacen presentes si asumimos que esos compromisos de EPN son con la minoría que está de acuerdo con las políticas de EPN y, especialmente, con los grupos de capital privado que se verán beneficiados con las reformas.

Todo gobierno es un trabajo porque es un conato enderezado a ciertos fines externos, y cuyo logro depende de la elección de determinados medios. En cuanto a los fines del actual régimen priista no tengo otra opción que dar por válido lo que los priistas expresan en su retórica: organizar al gobierno de la mejor manera posible para promover el progreso material de la sociedad. Muchos ponen en duda o niegan esto y adelantan que el verdadero fin del PRI es la construcción de una suerte de cleptocracia enderezada a hacer posible el saqueo sistemático de la nación en su provecho particular y de grupo. Sinceramente, yo jamás me atrevería a afirmar esto porque no puedo aducir pruebas al respecto. Cierto que podría inferirlo con alguna probabilidad, por remota que sea, a partir de ciertos indicios y eliminando los imposibles. Cierto también que podría comprar esta charla o polémica en un café, con amigos. Sin embargo, esto no me es útil en este momento. 

En cuanto a los medios, el mismo PRI ya nos aclaró de manera reiterada que su órgano principal en política no está en el diálogo y el acuerdo para la construcción de los fines del régimen. Esto nos deja claro que el PRI ha expropiado la personalidad política de los mexicanos ordinarios porque ha despreciado el principio democrático de la igualdad política para luego asumirse implícitamente y de facto como un régimen que ha de gobernar fundado exclusivamente en su voluntad aislada. Y para despejar dudas sobre esto, el lector solo tiene que recordar las palabras de Osorio Chong, que redundan en lo ya dicho por otros priistas como el mismo EPN, y la resistencia del régimen al diálogo abierto con los ciudadanos y a la consulta popular sobre la reforma energética.

Un gobierno no es democrático por decreto, porque así lo digan sus gestores o la carta fundacional del Estado. El grado democrático de un gobierno determinado está dado en los hechos, y esto se determina en el grado en que dicho gobierno se acerca a un principio indestructible e inviolable de la democracia, y que hace valer la personalidad política de cada ciudadano: el diálogo y la discusión abierta para la determinación de los medios y fines del gobierno. Así que un gobierno tiende a ser más democrático en la medida en que se acerca más a ese principio, y es menos democrático o más autoritario en la medida en que se aleja de ese principio.

Sentado lo anterior, y si usted toma en consideración lo que nos dice el PRI sobre su forma de gobernar - rechazo al diálogo y a la discusión -, ya nos va quedando claro que el régimen actual del PRI es francamente autoritario. Y consideraría absurdo el tratar de argumentar contra esto porque solo un tonto argumenta contra los hechos consumados.  

Se reconoce que el PRI se ha cuidado muy bien de no aparecer a la vista tan severo y rudo como son los hechos consumados, en su enemistad con la democracia y en su ayuntamiento con el autoritarismo. Desde luego que ha buscado camuflar su autoritarismo bajo ropajes retóricos muy agradables que apuntan a la supuesta dignidad superior de la clase de los tecnócratas priistas. En otras palabras, el PRI justifica su autoritarismo acudiendo al vejo argumento platónico de la sabiduría que es accesible solo a una clase especial de hombres - los priistas notables a cargo del régimen -, y que, por ello, les garantiza el derecho a gobernar a su antojo, sin tomar en cuenta a la plebe despojada de sabiduría y personalidad política, y cuya única función en la política es escuchar órdenes y obedecer. Sin embargo, y pese al mejor deseo de los priistas, cuando empezamos a excavar en estos argumentos vamos a dar de nuevo con el franco autoritarismo, con supersticiones y mitos, y todo envuelto en el paquete elegante de la psicología aplicada para el control de conductas.  

Con eso de que el PRI se nos ha puesto muy platónico por estos tiempos a fin de poder justificar su ayuntamiento con el autoritarismo, sucede que trata de demostrar la validez de su forma de gobierno lanzando el siguiente postulado:

- Solo los priistas a cargo del régimen podemos conocer la verdad del buen gobierno. 

Por supuesto que lo anterior está implicando un postulado priista del siguiente tipo, aunque nunca confesado por insultante:

- Los mexicanos ordinarios son incapaces de acceder a la verdad del buen gobierno...digo, porque si creyeran que fuera posible que el mexicano ordinario accediera  a esa verdad, por lo menos ya hubieran hecho un intento de diálogo abierto, cosa que no ha sucedido. 

Lo anterior significa que los priistas asumen a los mexicanos ordinarios, no ya como una partida de ignorantes culpables, sino como una banda de niños incapaces de usar de su razón por propia cuenta y siempre proclives al amotinamiento en el salón de clases. Y una vez que postulan explícitamente que ellos sí saben usar de la razón, y que ellos sí son sabios, dan por demostrado que es necesario suspender toda pretensión por los ideales democráticos a fin de que ellos gobiernen por una vía autoritaria. Sin embargo, no todo está perdido para nosotros porque, si bien son demostradamente autoritarios, afirman que lo hacen por nuestro bien. Y para muestra de esto que digo, va el siguiente giro retórico del mismo Osorio Chong:

- Peña Nieto "es un presidente comprometido con el país y gobierna sin pensar en las encuestas ni en la popularidad - renuncia a la conexión intersubjetiva -, porque tiene por objetivo beneficiar a la mayoría de los mexicanos".

En efecto, el PRI se ha construido la figura de un autoritarismo ilustrado y benevolente que es encarnado en un hombre excepcional que sí piensa, y cuya actividad política como presidente está enderezada a encontrar por cuenta propia la verdad que, a su parecer, a su gusto personal, procure la felicidad de su pueblo bajo la siguiente máxima: la mayor felicidad posible para la mayoría de los mexicanos. 

Para desgracia de los priistas, los postulados que arrojan deben ser asentidos y creídos, no por ellos, sino por usted, yo y los demás mexicanos ordinarios. Ellos, los priistas, son los que nos hacen la petición de asentir y creer en sus postulados a fin de que ellos puedan demostrar como válido su autoritarismo. Así que todo depende de usted al final. Si usted asiente y cree en los postulados del PRI, entonces es cierto lo que afirma el PRI: Ellos deben gobernar con su arbitrio por nuestro bien y nosotros debemos obedecer en silencio y por nuestro bien. Pero si usted no asiente y no cree en los postulados del PRI, entonces el PRI es un partido que se está alejando peligrosamente de la democracia con intenciones hasta ahora no muy bien esclarecidas, pero que se pueden presumir como nada buenas. 

El hecho es que usted no es un niño, como piensan los priistas. Usted es una persona adulta capaz de valerse por su cuenta de su razón como guía en todo ámbito donde sea posible una indagación o una investigación. Otro hecho rotundo es que la política es un ámbito humano donde la indagación de la verdad es posible para todo hombre con uso de razón porque aquélla no excede jamás las fronteras del conocimiento accesible al hombre ordinario. Que los priistas quieran persuadirle a usted de lo contrario para así disuadirlo de activarse en política y anular su personalidad política, es otra cosa. Así que de usted depende si asiente o no con sus postulados, si les cree o no. Y en mi opinión, con sinceridad, creo que el que usted asienta con los postulados del PRI para luego darlos por válidos, lo pone en la condición de creer en mitos y supercherías dignas solo de la imaginación de un niño. 

El que usted crea en los postulados del PRI lo pone en la necesidad de aceptar que existen dos clases de seres humanos: Lo simples mortales - nosotros, los mexicanos ordinarios - y los héroes o individuos excepcionales - los priistas notables -. Pero al creer esto usted entra en serias incoherencias porque da por cierta una creencia muy primitiva mientras intenta vivir y entender un mundo político moderno. En efecto, usted está en la Tecnópolis, frente a las exigencias de un modo de conocer moderno: hechos y relaciones mensurables, pero resulta que los héroes o individuos excepcionales fueron remitidos a la esfera del mito por Platón hace ya más de dos mil años atrás, y ahí se quedaron para siempre. Y Aristóteles puso el último clavo en el ataúd de los héroes e individuos excepcionales con las siguientes palabras:

- "Si existieran dos categorías de hombres de tal manera que la primera difiriera de la segunda en cuanto se considerara que los héroes fueran diferentes a los hombres por su valor físico y por las cualidades del alma - entre las cuales está la razón y inteligencia -, entonces, sin duda alguna, sería evidente la superioridad de los gobernantes sobre los gobernados..." (Política, capítulo VII)

Desde entonces la locura o el mito de los individuos excepcionales en la política solo resurgió temporalmente hasta el romanticismo filosófico bajo la figura del Hombre excepcional que ha sido elegido por la Providencia de la historia para realizar la verdad, y que por ello tiene el derecho a gobernar a los demás con el único signo de la autoridad y hasta de la violencia. Hegel decía a este respecto que solo estos hombres son videntes que conocen la verdad de su sociedad y de su mundo próxima a surgir, y que los demás hombres, los ordinarios, deben reunirse en torno a ellos bajo su autoridad indiscutible porque solo ellos conocen la verdad que está próxima a surgir. 

¿Ya encuentra el extraordinario parecido entre este demencial discurso y el discurso del PRI en favor de la tiranía benevolente de la tecnocracia?

Tenga cuidado. Y para mensurar los peligros implicados en este tipo de cosas solo tiene que volver la vista a los lamentables resultados que trajeron este tipo de doctrinas políticas en la forma de los peores regímenes autoritarios de derecha e izquierda de que se tenga memoria. En efecto, toda esa inmoral, decadente y miserable realidad surgió precisamente de ese manantial de fantasías políticas: la exaltación de los hombres excepcionales y del autoritarismo como las únicas vías para el progreso de la sociedad y para la solución de todos sus males. 

Cada vez que usted asiente en favor de los postulados del PRI está comprando el mito de las dos categorías de hombres. Con ello se asume como estando en condición de infancia, niega su dignidad humana, le cierra la puerta a la democracia, y se convierte en ferviente prosélito del autoritarismo. 

¿Es verdad que existen dos clases de hombres en este país? ¿En verdad es usted incapaz de usar de su propia razón de tal modo que no sabe deliberar en torno a lo que más le conviene al gobierno de su sociedad y a su vida personal? Y no olvide jamás que su vida personal está íntimamente conectada con su vida en sociedad.      

Y eso es todo.

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