Beltrones y la jubilosa afirmación del autoritarismo.

En el artículo de ayer decíamos que el PRI se ha construido para sí un régimen autoritario, reñido con los principios de la democracia (Ver enlace 1 al pie de página) Decíamos también que el PRI se ha puesto muy platónico para poder camuflar su régimen autoritario postulando las virtudes de la sabiduría y la benevolencia tecnocrática, es decir, buscando garantizarnos con puros elementos de retórica que la tecnocracia al mando del Estado, pese a su autoritarismo, no opera en vista de su interés privado, sino del interés general. La argumentación general del PRI a este respecto se ajusta más o menos a los siguientes términos retóricos:

- Escuchad, mexicanos: Por ventura de un milagro hasta ahora inexplicable, o misterio si así ajusta a vuestro respetable gusto, existen dos clases de hombres en este país - postulan los priistas -: Los excepcionales, es decir, los que sí saben usar de su razón como guía en la política, y que por feliz coincidencia somos nosotros, los priistas a cargo del régimen, y los ordinarios, o los que no saben usar de su razón como guía en la política, y que por desgracia son ustedes, los ciudadanos ordinarios. Sentado lo anterior - prosiguen con su demostración los priistas, y en tono docto -, y siendo que obra como principio de la política el que todo gobierno debe ordenarse según dicta la verdad del bien público, la razón justifica que el gobierno corriente se ordene según dicta nuestro arbitrio personal y partidista, por cuanto nosotros somos los sabios, los excepcionales al mando del Estado, y que vosotros, por el contrario, ¡ y por mucho que os extrañe !, vengáis en tropel en torno a nosotros a escuchar y obedecer en silencio nuestros sabios mandatos, por cuanto sois los ordinarios, los niños incapaces de usar de su razón. Y no debéis guardar resquemores y miedos por vuestra felicidad futura por cuanto la misma está garantizada por dos cosas: En primer lugar, porque el criterio de esa verdad que buscamos con afán es el mismo que expresó Beccaria: la mayor felicidad posible para la mayor cantidad posible de ciudadanos. Y en segundo lugar, porque nuestra moralidad impecable garantiza nuestro respeto a esa verdad y su criterio, como ya bien os consta a vosotros en la larga y luminosa historia de nuestro partido en los gobiernos pretéritos de este país. ¿Hay acaso algún ingrato que pueda elevar queja alguna o sospecha, por mínima que sea, contra la fulgurante historia de nuestro partido en el gobierno?  

Lo cierto es que los priistas no son tan arteros o descarados como para asumirse públicamente como autoritarios, sin más, en llano. Es por esto que suelen trufar su retórica con expresiones como las siguientes: 

- Es por ello que nuestro partido, el PRI, ¡ el nuevo PRI !, se ha definido como un impulsor comprometido de nuestra democracia y rechaza categóricamente, ¡ y hasta con la vida de sus militantes !, cualquier expresión de autoritarismo.

En efecto, el PRI, para seguir camuflando su autoritarismo, acude a la triquiñuela barata de alterar a su gusto, y de manera arbitraria e ilegítima, los significados que tradicionalmente se han acordado en la ciencia y en el saber común en torno a palabras como: democracia, autoritarismo, tiranía, progreso, etc. Y es de esta forma como el PRI, cada vez que está frente a un auditorio, quiere hacer pasar su autoritarismo como democracia, los impulsos democráticos de sus enemigos jurados como impulsos autoritarios, la miseria general que ha producido como progreso, y la concentración de la riqueza que ha generado en unos cuantos como esfuerzo legítimo, ejemplo de virtud, justica cumplida y motor del progreso.

En suma, los hechos nos dicen que los priistas son unos sofistas autoritarios. Aunque de su calidad como sofistas no podemos afirmar nada en términos absolutos. Aquí es cuestión de apreciación personal. Algunos podrán pensar que son unos grandes sofistas, muy habilidosos, pero a mí me parece que son muy chafas y muy predecibles en sus trampas.  

No hace ni dos o tres días que el mismo Manlio Fabio Beltrones nos dio una prueba magistral de que este disparatado e incoherente discurso priista sí es real. En esto no hemos traspasado los límites de la realidad. Estamos dentro del cerco. Y solo tiene que meter la vara al espejo de este manantial de Beltrones para calar la verdad de lo que dijimos (Ver enlace 2 al pie de página) En efecto, ahí se dará cuenta de que Beltrones se ajusta a la perfección al esquema retórico que delineamos arriba. 

En su única parte realista, con correlatos objetivos, el discurso de Beltrones es la jubilosa y descarada afirmación del autoritarismo del PRI en los siguientes términos:

- “Ahora, hay que explicar las reformas; es que gobernar es escuchar, decidir y luego explicar por qué se hicieron las cosas, que nadie se extrañe de que eso suceda“.

Desde que Montesquieu inauguró la ciencia política moderna sabemos que un gobierno es más democrático en la medida en que otorga más participación a los ciudadanos en la formación de la voluntad estatal y entre más rápido ajusta sus políticas y sus sistemas administrativos a la opiniones y demandas de los mismos ciudadanos. Sin embargo, Manlio nos dice que han invertido la sucesión de movimientos que nos llevan a la democracia porque afirman que ellos, los hombres excepcionales, pensaron, modelaron y pasaron las reformas a su gusto, y que ahora se van a dar tiempo para explicarnos a nosotros, los ordinarios, los niños incapaces, lo que su arbitraria voluntad decidió, y que, por lo demás, ya es un hecho consumado...según ellos, porque falta conocer lo que opine y haga la gente ordinaria a este respecto.

Pero sucede que luego de afirmar al autoritarismo como forma de gobierno en México, Beltrones se decanta trufando al máximo su discurso con florituras que elogian el carácter democrático y progresista de su partido y su gobierno. De eso ya no le traigo cita textual porque es paja emotiva. Usted la puede consultar en el enlace. 

Es claro, pues, y por confesión de parte, que Manlio y demás priistas se pasaron por el arco del triunfo a la democracia, que la vilipendiaron, la vapulearon y la mandaron al bote de la basura, y que tratan de engañar al público cambiando a su antojo arbitrario y con la vista puesta en su interés privado el significado de palabras como democracia y autoritarismo. De pronto, lo que para la razón y el sentido común es autoritarismo franco y artero, para Manlio y demás priistas es democracia.  

La pieza retórica de Manlio es prolija en jubilosas afirmaciones del autoritarismo e incoherentes justificaciones. Vea por ejemplo cuando nos dice: "que nadie se extrañe de que eso suceda“. De entrada, se trata de la expresión típica de un Big Man que ha llegado a poner orden en el pueblo con el puro recurso de su voluntad arbitraria, pero que se toma el tiempo de advertir a todos los pobladores del lugar sobre la tempestad que está por venir con sus acciones. Luego, nos dice que les tiene sin cuidado si nos invade el asombro por la forma en que el PRI ha pisoteado a la democracia, y por ello nos recomienda no asombrarnos, no extrañarnos. Y en cierto modo tiene razón porque, por principio, es inútil inconformarse por vía pacífica con un gobierno autoritario. Es que desear ganarle a un gobierno autoritario es como ir a Las Vegas con el sueño infame de querer ganarle a la casa. 

Debo confesar que yo no estoy extrañado ni asombrado con lo que está sucediendo por cuanto todo eso era altamente previsible desde mucho tiempo atrás si nos atenemos a los hechos de experiencia. Y es muy simple de entender esto: Si el PRI tiene amplia solera en el autoritarismo, y si ese partido sigue siendo el mismo de siempre a juzgar por sus personas y sus prácticas, ¿hay razones creíbles para esperar otra cosa de él que no sea más autoritarismo mañana y siempre?   

Finalmente, absurdo que los priistas prometan explicar a los mexicanos ordinarios lo que ya hicieron, lo que siendo hecho consumado para ellos ya no se puede cambiar por la vía institucional. Pero si el maestro es absurdo, como ya se ve, espero que la cordura impere en la chiquillada a fin de que no se amotine en el salón de clases mientras el maestro duerme víctima del sopor y con una mosca pertinaz revoloteándole en la cabeza.

Y eso es todo.

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