Televisa y las nuevas coordenadas del nacionalismo: El fútbol.

El neoliberalismo no es una doctrina ni una escuela ni una corriente de pensamiento en la ciencia económica. Es solo un programa de acción del gobierno de EUA y los grupos de capital privado aliados a él para la prosecución del modelo de libre mercado, aunque ahora en un estrato superior de la realidad económica que proyecta a la globalización, a la totalidad del mundo económico de los seres humanos. En este sentido, no hay nada más problemático para este programa de acción que el fenómeno del nacionalismo en cada cultura local inserta en la lista de candidatos a ser intrusionados porque constituye un serio obstáculo para su fin esencial: la convocatoria del libre mercado al juego global. En efecto, para los neoliberales todo nacionalismo es condenable porque constituye una expresión de irracionalidad económica. 

Debemos decir que en el puro plano de la economía teórica tienen razón porque, por línea de principio, el nacionalismo es un sentimiento humano que perturba la operación del libre mercado en su escala global. En ese contexto aislado, es irracional renunciar a los beneficios materiales incrementados del libre mercado movidos solo por una afección de pertenencia como es el nacionalismo. 

El problema de los neoliberales es que son víctimas de un economicismo vulgar que les lleva a simplificar irresponsablemente la realidad del mundo natural y social creyendo que todo ahí es determinado por los principios económicos subjetivos del hombre; un problema que responde a una mezcla de ingenuidad, arrogancia y egoísmo. En dicho economicismo la máxima es muy simple: Todo hecho social que esté justificado por la noción de verdad económica es racional y verdadero; todo aquello que no esté justificado es irracional y falso. Y como el nacionalismo es falso en ese plano de verdad, luego es irracional y debe ser derribado, aniquilado.

Pero los neoliberales pasan por alto dos cosas muy importantes. Primero, que en la vida social la economía no es la única variable determinante, y que tal vez sea una variable supeditada a otras más importantes. Segundo, que en las cuestiones que competen a la organización de una sociedad determinada hacia un futuro posible, la verdad no se constriñe a lo estrictamente científico - criterio de correspondencia, digamos  -, sino que adquiere más bien una connotación de utilidad general, donde lo útil en general lo entendemos como todo aquello que hace posible la promoción de la vida en sociedad, es decir, una vida en sociedad más digna y más intensa al menos para una mayoría de sujetos o individuos, si hemos de ceñirnos al principio democrático.

Un buen ejemplo respecto a la verdad como utilidad lo da la religión. Por supuesto que un tecnócrata neoliberal deberá considerar que la religión es una gran irracionalidad por cuanto sus dogmas trascienden a los criterios de verdad de la ciencia. Sin embargo, eso no autoriza a este neoliberal a tratar de demandar la aniquilación de la religión bajo el pretexto de que es irracional. Una postura ingrata como ésta dejaría en claro que el neoliberal desconoce que la religión es el eje rector de todo sistema moral y que con ello contribuye en mucho a la promoción de la vida en sociedad, y con lo cual termina convertida en una verdad en el ámbito de los valores útiles para la promoción de la comunidad humana. 

Lo anterior aplica al nacionalismo. No podemos simplificar irresponsablemente a la realidad social para afirmar que el nacionalismo es falso y contraproducente solo porque perturba los principios de la teoría económica pura. Esto, porque el nacionalismo es un conjunto de afecciones - sentimientos de pertenencia - que debe ser juzgado desde el plano de su contribución de utilidad real a la vida en sociedad. 

Ahora bien, si me atengo a los hechos, podría decirle que el nacionalismo hizo importantes contribuciones al bienestar de la sociedad mexicana. Me refiero a esa etapa de la historia de México que va desde la segunda guerra mundial y hasta antes de la irrupción del neoliberalismo, tiempo durante el cual vimos la emergencia de un país industrializado con erráticas pero crecientes mejoras en el bienestar de los trabajadores, que son la mayoría de nuestra población. En contrapartida, la historia del neoliberalismo es la historia de la decadencia. Lleva en este país instalado poco más de treinta años y sus resultados hasta el momento son negativos: Alta concentración de la riqueza y el ingreso en una clase social especializada y muy minoritaria de privilegiados, miseria en buena copia sobre una multitud de seres humanos que hacen gran mayoría, estancamiento, crisis recurrentes...En general, la economía del libre mercado en su fase neoliberal podrá ser una verdad impecable en el plano puramente teórico, pero se muestra como una gran falsedad una vez es puesta frente a los hechos por cuanto demostradamente no promueve la vida en sociedad y sí antes bien la erosiona, la degenera, la inserta en un proceso retrógrado con relación a todo sentido de progreso que se haya planteado en el camino. 

En suma, podría decirse que el nacionalismo se mostró como una verdad sólida para la promoción de la sociedad y el neoliberalismo ha sido solo un mito por cuanto se muestra como un conjunto de afirmaciones teoréticas en torno a un supuesto estado de bienestar general esperado que nunca se ha realizado. Y me muestro benévolo con llamarlo mito, porque la verdad me exige a llamarlo mentira en redondo. 

No obstante la gran inconsecuencia demostrada del neoliberalismo, por estos tiempos de reformas hemos visto que ha vuelto de nuevo la propaganda contra el nacionalismo para tratar de aflojar la resistencia  de los mexicanos a la privatización del sector energético vía privatización de rentas. El mito que se verifica aquí por parte de los privatizadores ya ha sido expuesto arriba. En suma, se atribuyen al libre mercado virtudes a futuro poco verosímiles por cuanto que jamás se han verificado antes, y al nacionalismo se le adjudican maldades jamás vistas. Y estos tiempos futboleros que nos invaden nos dan una muestra patente de esa perversa campaña neoliberal contra el nacionalismo. Pero se trata de una estrategia enderezada, no a aniquilar al nacionalismo - es proeza difícil anular a una parcela del sentido de pertenencia -, sino a administrarlo inteligentemente a través de los medios afines al régimen.

En efecto, es evidente que la falsimedia nacional está tomando al mundial de fútbol como una estrategia para la localización de las coordenadas del nacionalismo en el terreno del fútbol. Para ellos, para esos medios, el fin es poner al mexicano en el vehículo del fútbol para llevarlo a que localice todas sus afecciones en relación a la nación y la comunidad en el fútbol y solo en el fútbol. Y le traigo a cuentas un pasaje de la vida real que nos pone de relieve esta estrategia. 

Cuando México empató con Brasil los Televisos se entregaron a una orgía de elogios a la "Selesión".  

- Empatamos con el equipo más poderoso del mundo, con el favorito, con el mejor, con el del juego bonito, con el poder total, con el equipo de los dioses,  ¡ con el pentacampeón !

Por supuesto que toda esta retórica mentirosa buscaba sobrevalorar el mérito de México para inocular a los mexicanos con un sueño hecho realidad: una "Selesión" gloriosa, especial, que por fin hacía realidad en nosotros el sueño de todo pueblo en la historia: somos un pueblo especial, somos los elegidos, somos los favoritos de los dioses. Y fue tan grande y efectivo el frenesí que ocasionaron los medios, que luego un pobre muchacho terminó por suicidarse de alegría tirándose al mar. De alguna forma, y así tiren de coces, los medios pusieron condiciones para ese tipo de locuras. Si su plan es llevar al frenesí a los mexicanos futboleros, ya lo están logrando. 

En lo personal, me quedaba claro que el empate no tenía méritos reales. Yo vi a un México de siempre frente a un Brasil que se me mostró como una "selesión" con un fútbol de mierda, algo que ya es habitual en los últimos años en este país. Los supuestos "atajadones" del héroe ocasional en la humanidad del Memo Ochoa, con excepción de uno de ellos, me quedaron claros como resultado de un juego de "tírele al mono" por parte de los cariocas maletas. De cierto que si Messi, un héroe real, de verdad, hubiera tirado a gol en cada uno de esos lances, hubiera perforado a los mexicas en un par de ocasiones.

Pero sucede que ahora que Brasil le gana muy a duras penas a Chile, los Televisos nos dijeron lo siguiente cuando éste le empató a aquél en el primer tiempo regular:

- Es que Brasil ya no es el de antes. Se acabó el juego bonito. El juego bonito es un asunto en extinción.

En efecto, resulta que ahora sí para los Televisos Brasil es la realidad que nos queda patente a muchos: un fútbol mediocre, de mierda. 

Es evidente hasta para el más remiso en entendederas que los Televisos buscaron manejar a su conveniencia la idea de Brasil en los dos escenarios. En el caso del empate con México, y dada la exigencia política de meter a los mexicanos en el frenesí para relocalizar las coordenadas de su nacionalismo en el fútbol, y solo en el fútbol, buscaron inocularlos con la idea del Brasil en la memoria habitual de la conciencia histórica futbolera: El campeonísimo, el rey del fútbol. Pero en el caso del encuentro con Chile, y no habiendo ya exigencias políticas de por medio, se trabajó con la percepción inmediata del Brasil real, del momento: un fútbol mediocre, decadente, de mierda. Pero este descontextualizar los datos en el caso de México-Basil se llama: mentira. Cierto, todo aquel que descontextualiza las cosas de manera deliberada y a conveniencia es un completo mentiroso. 

Por desgracia, hay que decir que la falsimedia sí ha ido logrando avances notables en su objetivo. Parece que sí han logrando relocalizar las coordenadas del ya muy enjuto nacionalismo mexicano en el terreno exclusivo del fútbol, y la política ha ido quedando cada vez más despejada de esta amenaza letal para el neoliberalismo. Tan es así, que hoy muchos mexicanos futboleros están más preocupados por el despojo de un posible campeonato mundial - que ya ven posible gracias a la tele - a manos de una agencia holandesa de fútbol, que por el despojo del patrimonio nacional real que ya perpetra una agencia petrolera holandesa: Shell, entre otras tantas más. 

Por absurdo que parezca, la falsimedia nacional está logrando que el mexicano promedio pierda la capacidad de indignación ante lo sustancial - despojo del patrimonio nacional por los extranjeros - y que propulse a más y mejor su capacidad de indignación ante lo trivial, lo pueril, lo irrelevante: el fútbol.

A ese grado de persuasión llega el poder de la tele, y a ese grado llega la ingenuidad y la pasión futbolera de los mexicanos.

Y eso es todo.

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