La respuesta de EPN a Cuarón: Un acto de fe.

En el anterior artículo decíamos que EPN respondió en parte a la pregunta 1 de Cuarón con una afirmación categórica: "La Reforma Energética permitirá reducir los precios del gas natural y la electricidad en el mediano plazo". Queda claro que, para EPN, esto será resultado de la apertura del sector energético al capital privado, lo cual imprimirá un espíritu de competencia al mercado con sus beneficios derivados en la forma de mayor oferta y menores precios. Todo esto, según EPN. Y cuando digo que la de EPN ha sido una afirmación categórica, quiero decir que, para él, su afirmación es incondicional, sin condiciones, y que tendrá que suceder necesariamente si la reforma se instrumenta (Ver enlace 1 al pie de página)

Tal vez sin saberlo, EPN plantea de manera implícita tres postulados al momento de afirmar esto. Esos postulados son los siguientes:

Postulado de las trasnacionales éticas: Las trasnacionales son empresas con conducta ética, lo cual garantiza que se ceñirán a las reglas del juego limpio en el mercado y jamás conspirarán contra el consumidor para imponer restricciones de oferta y precios monopólicos.

Postulado de los políticos éticos: Todos los organismos con competencia en materia energética serán atendidos por políticos con honestidad probada.    

Postulado de la ley infalible: Todas las leyes habidas y por haber en materia energética serán aplicadas oportunamente y con todo rigor, de tal modo que se garantiza su observancia estricta por parte de empresarios y políticos.

Desde el momento en que EPN está afirmando categóricamente que los precios de los energéticos van a disminuir de manera significativa con la reforma energética, se da por demostrado que él está admitiendo esos postulados como ciertos con toda certidumbre, sin objeciones. A su vez, EPN le está solicitando a usted que haga lo mismo que él: Que admita como ciertos esos postulados para luego tener como cierto lo que él afirma incondicionalmente respecto a la reforma y los precios. Pero debe advertirse algo: Usted no está obligado a admitir como ciertos esos postulados porque esto es decisión de su voluntad, lo cual significa que usted está en libertad de asentir, disentir o dudar con respecto a lo dicho por EPN.

A saber, hay dos formas de decidir en estas cosas - asentir, disentir o dudar -: La primera nos invita a atenernos a la evidencia empírica para luego decidir con la voluntad, y la segunda nos invita a decidir por un acto puro de voluntad sin atenernos a evidencia empírica alguna. Si hay evidencia empírica a la mano y estamos obligados a decidir algo, la mejor vía es siempre la primera; si no hay evidencia empírica, no nos queda otra ruta que la pura voluntad. Si se le da más dignidad a la decisión fundada en evidencia empírica que a la fundada en la sola voluntad, no es sino porque creemos que la primera es propia del hombre objetivo y sensato - racional -, en tanto que a la segunda la creemos propia del emocional, prejuicioso y egocéntrico - irracional -. 

Le pregunto ahora: ¿Son ciertos esos postulados de EPN? ¿Asiente o disiente con ellos, o acaso tiene dudas al respecto? Afortunadamente, en este caso contamos con un enorme acervo de evidencia empírica para decidir de manera correcta. Así que vayamos a ella para juzgar con rectitud respecto a lo dicho por EPN.

Si el lector hace memoria en torno a este asunto de las privatizaciones en el país, se dará cuenta de lo siguiente: Desde Carlos Salinas y hasta la fecha, cada vez que los presidentes de este país han procedido a privatizar una parcela del patrimonio público de los mexicanos han hecho la misma afirmación categórica que EPN hace ahora en el caso del petróleo: La reforma a tal cosa traerá más competencia y menores precios para goce de los mexicanos; la reforma a tal otra cosa...y bla, bla, bla...¿Y cuál ha sido el resultado? A menos que alguien quiera argumentar contra los hechos, el resultado es claro: Conductas monopólicas, precios a la alza, ley muy falible, corrupción, más concentración de la riqueza y los ingresos, y etc, donde el etcétera hace una larga lista de delitos contra la nación que desmienten a las promesas políticas hasta quedar sin correlatos con la realidad, solo como bellas piezas de retórica que dan mensurabilidad a la gran ingenuidad de los mexicanos.

En el artículo pasado le acerque al lector más evidencia empírica para juzgar de este caso que nos ocupa. Por un lado, le allegué las afirmaciones del padre de la economía, Adam Smith - irónicamente, el sumo pontífice de los intelectuales priistas -, en torno a la desoladora realidad de los empresarios: Agentes siempre bien dispuestos para aprovechar la primera oportunidad para conspirar contra los consumidores y el bien público y abonar en sus ganancias privadas; expresiones de Smith que, por cierto, se forjaron en el más riguroso espíritu empirista. Por otro lado, le hablé del cúmulo de investigaciones empíricas que confirman lo dicho por Smith. Y finalmente, también le allegué al lector algo de la ruinosa experiencia de la empresa estatal de petróleo de Venezuela, PDVSA, durante la era neoliberal en la que las trasnacionales se metieron a sus entresijos con un solo propósito: Saquearla hasta las últimas consecuencias en connivencia con la clase política de aquel país.

Si el lector le añade a todo esto su experiencia personal con la política y su sentido común, ya tendrá suficiente evidencia en sus manos para disentir o por lo menos dudar de los postulados y la afirmación de EPN. Y ya en ese disentir o dudar, podríamos tener como falsedad o al menos como solo remotamente probable lo postulado y afirmado categóricamente por EPN en torno a la reforma energética y sus supuestos efectos benéficos sobre la competencia, la oferta y los precios de los energéticos. Y no se puede concluir otra cosa si nos atenemos a los hechos, no a las palabras y las buenas intenciones de EPN. 

Juzgar y asentir de las cosas con la sola voluntad y sin investigación antecedente es un acto religioso, un acto de fe. El acto religioso no es indigno por sí mismo; tiene su dignidad por cuanto es una forma alternativa de conocer las cosas cuando no contamos con evidencia empírica o racional para juzgar y asentir. Pero sí que es indigno acudir al acto religioso o de fe pese a que exista evidencia para juzgar y asentir, porque esto equivale a despreciar una mejor y más cierta forma de conocer. Así las cosas, pasar por alto toda esa evidencia empírica para asentir o dar el Sí a los postulados y a la afirmación categórica de EPN nos pondría en la situación de estar juzgando con la sola voluntad y sin investigación antecedente sobre la evidencia misma, lo cual equivale a un indigno y muy irracional acto religioso o de fe. 

Actuar así, por acto religioso o de fe, para favorecer a EPN en sus afirmaciones y postulados, es asentir con él, no por su valor de verdad, sino por voluntad y sentimientos que luego nos ponen en el franco fanatismo. Y ya estando en el fanatismo religioso por EPN, es cuando empezamos a dar por válidas las afirmaciones y postulados de este hombre desde una postura dogmática. Es cuando también empezamos a tratar de justificar nuestro acto de fe sentimentalmente, arguyendo que, contra la evidencia en contrario, se tiene fe en las palabras de EPN porque es bonito, porque es simpático, porque es agradable, porque es colega, porque es priista como yo, o porque nos dice lo siguiente: "Habiendo un nuevo PRI, luego esta vez todo será diferente". 

Así que si no ocurre un verdadero milagro divino que lleve a las trasnacionales y a los políticos desde el vicio hacia la virtud en el respeto de su ética profesional, se puede dar como de alta verosimilitud que el enfoque realista que usamos aquí se impondrá para diseñar a la realidad final. Si esto se verifica, que es lo más probable, tenga por cierto que los beneficios del consumidor que en teoría debieran surgir de este proceso - y subrayo en teoría -, serán internalizados como beneficios extraordinarios para las trasnacionales, los políticos oficialistas y los medios afines a ellos. Y solo si ellos son prudentes y sagaces se cuidarán de atemperar un poco su habitual rapacidad para dejar al consumidor una parte mínima de los beneficios totales a manera de exiguas disminuciones de precios en lo nominal, no significativas en lo real, y con lo cual buscarían dar cumplimiento a la máxima mexicana de la simulación: "Taparle el ojo al macho". Y al final, si se cuidan de taparle el ojo al macho, ellos podrán decir lo siguiente en el informe presidencial del 2018 a manera de justificación y tapadera de la rapiña:

- Tal como fue prometido por mi gobierno – dirá EPN -, con la reforma energética logramos abatir significativamente el precio de la electricidad en un 1.5 %. Logro que permitió ahorros hasta por 4 pesos al bimestre, o 24 pesotes al año, para una familia mexicana promedio…

¿Y habrá alguien que pueda disentir o dudar de la afirmación de EPN?...Imposible. De cierto que él jamás comprometió cifras precisas y plazos exactos, de forma tal que, por nuestra poca precaución, por nuestra ingenuidad, estaremos obligados a dar el Sí a sus afirmaciones por más demenciales que nos parezcan.

Yo no creo que EPN esté realizando un acto de fe con sus propias afirmaciones. Que otros sí lo hagan no implica que él crea en sí mismo. Mi opinión es que está mintiendo. Su retórica es un juego verbal que quita y pone de más a la verdad de las cosas según convenga a su utilidad personal, que está puesta en eso de concretar la reforma energética. La prueba de esto está en lo que ya hemos apuntado hasta aquí, pero también en la inconsecuencia de todo su discurso. En efecto, cuando se trata de lanzar el anzuelo de los beneficios de la reforma, EPN se pone a "profetizar" - afirmación categórica - que habrá disminuciones de precios que reportarán hartos beneficios para todos. Para esto, borra de su discurso todo vestigio de probabilidad y lo suplanta a capricho con la "certeza", lo cual lo lleva a la jactancia, que no es sino añadirle a la verdad más allá de lo justo - mentira -. Pero cuando ha llegado la hora de comprometer cifras y fechas precisas, EPN se arredra, deja su mundo fideísta y su condición de profeta para volver al mundo real para hablar brumoso, con imprecisiones. Y ya aquí, en el mundo real y de lo probable, resulta que desconoce el paradero final y preciso de los precios y de sus fechas de realización pese a que dice saber con certeza que disminuirán. A lo mucho se aventura a decir muy vagamente que los efectos profetizados en precios se podrán ver hasta dentro de dos años. Y no es sino por este carácter brumoso del discurso de EPN que la repuesta de Cuarón queda con una respuesta muy precaria.

En el realismo político la mentira no tiene necesidad de justificación externa, se justifica solo por el criterio del éxito del político que usa de la mentira o la verdad. La retórica en política está ordenada a esa realidad cruda, de tal forma que damos por sentado que su utilidad es persuadir y ganar adeptos a la causa propia del político, no para demostrar. Es por lo anterior que no me escandaliza la mentira en la retórica de EPN. Entiendo que se cuide de ganar mayor impacto persuasivo afirmando las cosas que se promueven como seguras aunque solo sean probables, como también entiendo que sea prudente al no arriesgar de más a la hora de adelantar cifras y fechas precisas para no salir por lo bajo en lo que profetiza. Sin embargo, no debemos perder de vista lo siguiente con respecto a la mentira. 

La mentira es tolerable cuando promueve la utilidad legítima de una persona sin menguar la de los otros, y más cuando promueve el mismo valor para toda una sociedad. No por otra cosa don Quijote dice gran verdad cuando, objetando al canónigo que toma como mentiras los libros de caballería, afirma que, desde que él se hizo armar caballero - fantasías -, ha adquirido para sí todas las buenas virtudes del hombre. Sin embargo, la mentira deja de tener cualquier justificación posible cuando solo sirve de vehículo para satisfacer la utilidad de una clase política a costa de poner en alto y grave riesgo el bienestar de los ciudadanos, como es el caso que nos ocupa. En este caso, incluso, la mentira pasa a ser un fraude contra la sociedad.

Buen día.

Notas: 


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