...y priistas y panistas sí vendieron a su madre.

Por increíble que parezca, ya hemos atestiguado que EPN y demás priistas y panistas, incluidos los legisladores privatizadores, sí tuvieron la inmoralidad y el descaro suficientes para poner en vías de hechos lo que Layda Sansores les espetó hace días con motivo de las discusiones camarales de la reforma energética: Vayan y vendan a la puta madre que los parió...Un momento, el lector se dirá muy desconcertado lo siguiente:

- ¡ Mentira ! Jamás vi al Penchyna, al Emilio Gamboa o a cualquier otro legislador privatizador poniendo a su madre en subasta en la cámara, a disposición del mejor postor.

No se confunda el lector. No hablo de la madre a la que se refería Layda Sansores, sino de la verdadera madre de todo político moderno. Como dije en mi anterior artículo, Layda Sansores hizo referencia a una pieza de poética de Saramago donde éste trata de poner de relieve los excesos de los políticos neoliberales, como son los priistas y panistas privatizadores, acuñando la expresión de la que usó la misma Sansores. Y para esto, para lograr su propósito, Saramago hacía referencia a la madre biológica de los políticos. En mi caso, y como ya dije antes, me refiero a la verdadera madre de los políticos. Pero para que quede claro quién es la verdadera madre de los políticos, déjeme decirle antes lo siguiente.

Alguna vez el filósofo Alfred Whitehead dijo los siguiente: "Toda la filosofía occidental es una serie de notas al pie de página de la filosofía platónica". Si apelamos a lo esencial, diría sin vacilar que esto es cierto. Y algo que nos demuestra esto es el acuerdo que parece existir en todos los pensadores importantes en filosofía social - ética y política, fundamentalmente - hasta la fecha en torno a una de las prescripciones que Platón hacía para los políticos en su República: Evitar a toda costa que tengan relación alguna con las instituciones de la propiedad y la familia. Vale aclarar que, para Platón, esto garantizaba que los políticos cumplieran a cabalidad con las exigencias del interés público. Por supuesto que el acuerdo de los pensadores modernos con Platón en este punto está atenuado por el realismo de tal forma que no se llega al extremo de negar por completo a los políticos una vida en relación con las instituciones de la propiedad y la familia. En este punto el acuerdo con Platón se da en los siguientes términos: El político en democracia debe privilegiar las obligaciones que le derivan de su posición en la sociedad civil - política - por encima de cualquier otro tipo de obligaciones, ya naturales o ya creadas desde las costumbres de la cultura de la sociedad.

Una de las parcelas de las obligaciones morales que debe estar supeditada a las exigencias de las obligaciones en la esfera de la política en democracia es la que resulta de la posición del político en la sociedad doméstica - familia, vida privada -. Esto significa que un político en democracia debe asumirse siempre como un Edipo moderno que ha sido arrebatado de los brazos de su madre biológica - Yocasta - por su padre biológico - Layo - con la intención de exponerlo o abandonarlo al pie del Citerón, pero que por golpes del azar - su arribo a la política - ha ido a parar a manos de una madre adoptiva - Mérope - llamada: Voluntad general de la sociedad, y a la cual debe por principio adhesión, lealtad y obediencia absoluta. Y nada más natural que despertar estos elevados sentimientos morales para con la madre adoptiva, la Gran Madre; el mismo Edipo lo hizo, y a grado tal que debió de huir de su casa adoptiva cuando supo por revelación oracular de la tragedia que se cernía sobre él de permanecer ahí, en la casa adoptiva: Arribaría el más ignominioso mal de su alma volcado sobre los amados padres. En breve, todo político en democracia, desde el momento en que intenta ser eso en acto, renuncia a su vida en la sociedad doméstica - familia - para, entre otras cosas, tomar por madre verdadera a la voluntad general de los ciudadanos.

Lo anterior puede tener poco o nulo sentido cuando visto materialmente puesto que nadie que se llame cuerdo haría mal deliberado a su madre biológica a nombre de la sociedad, de su madre civil. Es más, vale aclarar que no existe tal orden demencial de obligaciones civiles en una sociedad que se precie de ser civilizada. Sin embargo, sí que tiene mucho sentido cuando visto desde el ámbito de la moral que debiera imperar en la política por principio. Cierto, la verdad es que todo político demócrata debe anteponer el querer de la voluntad de su madre civil - la voluntad general de la sociedad - a los deseos de su propia voluntad y la de los integrantes de su universo doméstico: Padres biológicos, hijos, hermanos, amigos, vecinos, colegas, etc. 

Jolopo y su Carmen Romano, Carlitos Salinas y su hermano Raulito, Carlitos Salinas y Slim, Vicente Fox y los hijitos de Marthita, Felipe Calderón y los pirómanos de la guardería, la Lady Profeco y su papá, EPN y su deseo irrefrenable de gobernar con su voluntad arbitraria...y la lista es larga. Le menciono estos casos particulares y muy ejemplares porque en todos ellos usted visualiza en toda su majestad la realidad de políticos mexicanos que privilegian sus obligaciones en el contexto de la sociedad doméstica y sus deseos personales y muy arbitrarios por sobre sus obligaciones civiles. Se trata, en suma, de políticos que sacrifican a su madre civil - la voluntad general - a nombre de los intereses personales y de sus obligaciones para con la familia y las redes de amistad.  

Bien, creo que ahora sí queda claro lo que afirmé al abrir este artículo. En efecto, priistas y panistas privatizadores nos han mostrado de manera fehaciente que sí tuvieron la inmoralidad y el descaro suficientes para vender a su Gran Madre al mejor postor. Y créame, estimado lector, que cuando he partido desde este acto repugnante, asqueroso - como bien dijo el obispo Vera -, para repasar los antecedentes de esta historia de ignominia me he visto casi precisado a vomitar sobre la humanidad de los priistas y panistas privatizadores. Y motivos sobran para esto, en verdad.

Esos mismos hijos ingratos fueron los mismos que ayer, en campaña, se postraban llorosos y suplicantes a los pies de esa mujer, la Gran Madre, solicitando amparo y adopción, jurando a cambio lealtad y obediencia absolutas que se firmaban con besos en los pies descalzos y llagados de la crédula mujer. Son los mismos hijos ingratos a los que la Gran Madre parió en el mundo civil una vez que confío en ellos, en sus palabras adulcoradas que a la postre resultarían engañosas y traicioneras. Son los mismos hijos ingratos que, una vez dados a luz, una vez paridos entre los dolores inmensos que infligen el delito y el pecado de la ilegitimidad electiva, de la trampa electoral, y como corresponde a un monstruo repugnante que se abre camino a la vida desgarrando el vientre de la Gran Madre, volvieron a jurar lealtad y obediencia absoluta a ésta cuando tomaron protesta como presidente de la república, legisladores y funcionarios del Estado. Y no obstante que esa Gran Madre les mostró nobleza al depositar la confianza en sus palabras, no obstante que suspendió sus sospechas y horrores al ver que había parido a una junta de monstruos ilegítimos, no obstante que no los arrojó al precipicio movida por el sentido de utilidad para mejor acogerlos en sus brazos a pesar de su repugnancia, hoy esos hijos ingratos y traidores venden a su Gran Madre al mejor postor en el extranjero. Cierto, en lugar de obedecer y fomentar a esa Gran Madre que les creyó, que los parió y que los amparó pese a su monstruosidad, la han puesto en remate en utilidad de una junta de corsarios hambrientos.

¿Puede creerse? ¿Hay un ser humano que, pretendiendo ejercer la política con decoro y decencia en una democracia, sea capaz de vender a su propia madre, a la más importante, a la Gran Madre, valiéndose de engaños contra ella hasta llevarla a rastras a manos de sus enemigos y acechadores?

Supongo que, para el hombre sensato y con aspiraciones auténticas al bien, este acto criminal contra la Gran Madre podría parecerle imposible de existir por la altura de maldad implicada. Y es que es tanta la maldad que esto postula como dato antecedente para ser realidad, que su largura alcanza para llegar a las mismas puertas del infierno. A Platón este acto le hubiera resultado inconcebible, ni propio de bárbaros criminales. A Saramago le hubiera resultado un acto de tan completa y excesiva inmoralidad que solo sería posible en el mundo de la fantasía poética pesimista. Sin embargo, los hechos en este país se decantaron de tal forma que nos mostraron que esto no es inconcebible ni fantástico, sino descarnadamente real. Cierto, estos señores priistas y panistas traicionaron y vendieron a su Gran Madre al mejor postor, tal como si fuera una esclava de muy baja estofa, una prostituta en decadencia, lo cual los pone a ellos en condición de proxenetas de su propia Gran Madre en el orden civil.

Que no le quepa la menor duda respeto a que México vive hoy en día, y demostradamente, bajo una tiranía a cargo de una junta de inmorales mercenarios y mercachifles embozados de políticos...y por cierto, en el siguiente artículo le contaré la historia de un país imaginario que, postulándose como Democracia, en realidad era una guarnición de mercenarios en manos de un pequeño tirano y una junta de barbajanes que se llamaban a sí mismos: Políticos. Ahí veremos cómo fue que, gobernando a una multitud de esclavos egoístas, un día encontraron que la Gran Madre ya era inútil y, acto seguido, optaron por venderla al mejor postor a cambio de una talega de monedas.

Buen día.

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