EPN, PRI y la pasión por el fascismo.

Sobre la democracia:

Todo análisis que se precie al menos de respetar el espíritu científico moderno está exigido a ceñirse a los hechos y sus relaciones. Desde los hechos y sus relaciones se analizan los asuntos y sus problemas y desde los hechos se recomiendan soluciones. En este contexto moderno, los modelos no sirven ya más para justificar los hechos, como se acostumbraba en el pensamiento antiguo; sirven, sí, para definir un fin y para determinar cuán lejos estamos en la praxis de ese fin. En política, lo anterior significa que todo análisis que intente desentrañar la realidad en torno a la forma de gobierno de una sociedad determinada, debe sujetarse fundamentalmente al análisis de las conductas de la clase política y de los ciudadanos en el ejercicio de la política, porque aquéllas son los hechos al caso. Lo que de aquí surja será lo que dará la definición de la forma de gobierno de esa sociedad en particular y con independencia de la forma de gobierno que se inscriba en su constitución política.

La democracia en cualquiera de sus variantes operativas, incluida la representativa, postula algunas cosas a manera de principios indeclinables. Entre estos principios, los siguientes dos son importantes a nuestro caso: Primero, la soberanía recae en el pueblo, en los individuos libres que se han asociado en un Estado en pos de algunos fines en común. Segundo, toda acción del político, del gestor del Estado en turno, supone el previo consenso con la soberanía, que es el pueblo, los individuos asociados y representados.

La democracia representativa es un invento que ha mostrado su posibilidad y su utilidad desde que fue puesta en acto en las sociedades humanas. Y esta modalidad de democracia sigue teniendo viabilidad en las sociedades modernas. Cierto que éstas tienden a paralizar el principio de consenso a medida que se hacen más complejas y crecen en escala poblacional, pero lo que se pierde en este terreno se ha compensado y de sobra con algunos avances inventivos del hombre como son los medios de comunicación pero más especialmente dos poderosos instrumentos para la investigación científica: La probabilidad y el muestreo aplicados a la investigación de conductas humanas agregadas, vulgo encuestas.

En cuanto a los medios de comunicación ya sabemos que su estado actual nos permite siempre estar en contacto al instante para convocar, discutir, polemizar y encontrar puntos de acuerdo o consenso en los más diversos temas de interés público. Por su parte, las encuestas ponen a los políticos en perfecta condición de conocer objetivamente, con base científica, cuáles son las percepciones y opiniones del agregado de ciudadanos en torno a lo bueno y lo malo en la política con el fin puesto en el bienestar general. Y es gracias a esos avances inventivos del hombre que la democracia representativa sigue teniendo viabilidad porque el principio del consenso tiene posibilidades casi infinitas para ponerse en acto a pesar de la complejidad y vastedad numérica de nuestras sociedades.

Pero el principio del consenso no debe ser asumido como un imperativo a tal grado que el político en democracia tenga que consultar todo con el pueblo. A nadie le importa en realidad si el político en democracia toma Coca Cola o no, o si va al baño a determinadas horas. Por supuesto que nadie quiere a un político al estilo del Morgan Freeman de la maravillosa película Shawshank Redemption: Señor, ¿puedo ir al baño? - pregunta Morgan -...Diablos, ven acá hombre - le dice el gerente -. Escucha: para eso no necesitas consultarme. Anda, ve al baño.

Claro. Ir al baño no es una acción sustancial para el market donde trabajaba Morgan. Pero él no lo sabía porque él asumía que sí era sustancial en virtud de que así fue educado en la prisión, donde ir al baño si era una acción sustancial para la eficaz operación de Shawshank. De la misma forma, el político en democracia debe satisfacer el principio del consenso previo a la acción solo en lo sustancial para su trabajo: La promoción del bienestar público. Y cuando digo "lo sustancial" me refiero a las acciones del político que impliquen diseño, ejecución y rectificación de políticas que tienen impactos por lo menos significativos en el estado de bienestar de los ciudadanos, que son los dueños de la soberanía.

Hasta aquí nos queda clara una cosa: Un político que actúa en una democracia y que no tiene adhesión al principio del consenso que fundamente sus acciones, al menos en lo sustancial, solo está demostrando que tiene inclinación o pasión por el autoritarismo, que es algo que rompe con la democracia.

Sobre EPN y su desprecio a la democracia:

EPN ha mostrado hasta el cansancio que él decidió suprimir a los mexicanos como opinión y voluntad soberana en el contexto de la democracia representativa en que vivimos en teoría, y solo en teoría. Y las evidencias a este respecto abundan: Compra masiva de voluntades entre los miserables durante la jornada electoral - Monex, Sorianazo, etc. -, encuestas sesgadas intencionalmente a su favor, reformas revestidas de un falso consenso llamado Pacto por México, y un Pacto por México cuya naturaleza es de consenso solo entre las partes involucradas en los arreglos copulares de la clase política pero no con la sociedad civil.

Esta intención de suprimir a los mexicanos en EPN acaba de ser puesta en completa evidencia durante su participación en la Décima Cumbre de Negocios donde hizo un recuento breve de sus "logros" reformatorios que, por el modo espeluznante en que los justifica, más parecen las jactancias de un Samuel Norton - el alcaide de Shawshank - por sus logros penitenciarios en una gran prisión llamada México. Como verá el lector enseguida, las palabras de EPN nos dejan claro que, para él, los mexicanos no existen como personas, que son cosas cuya libertad, opinión y voluntad han sido suprimidas y que le han sido entregadas para administrarlas a su antojo. Le ofrezco para esto la siguiente joya discursiva de EPN en la cumbre de negocios ( Ver enlace 1 al pie de página ):

"No quisimos...dejarnos llevar por el orden establecido, quisimos dentro de la institucionalidad y con orden impulsar ajustes y cambios y es lo que hemos venido haciendo. No hemos venido trabajando para estar bien ni en las encuestas ni bien medidos en la popularidad, todo cambio, todo ajuste, toda transformación enfrenta resistencias..."

A confesión de parte...En efecto, EPN ha dicho que a él le importan un bledo las encuestas, lo cual significa que le importa un comino lo que piensen y quieran los mexicanos en el ámbito de la política, que es la lectura real de las encuestas. Es evidente, pues, que lo único que a él le importa es lo que él y su segundo al mando - Luis Videgaray - piensen y quieran. Y si EPN piensa y actúa así no es sino porque él cree que la verdad la tienen él y Videgaray y que los mexicanos están equivocados, que viven en el error.

Para que despeje restos de dudas en esto, le regalo enseguida otra joya discursiva de EPN en la Décima Cumbre de Negocios, según el texto de la fuente que estoy usando:

- "De la reforma energética (EPN) reconoció que es un tema sensible dentro de la cultura política y social de los mexicanos porque prácticamente se generó un mito en torno a la riqueza energética que es de todos.

En efecto, para EPN la idea que los mexicanos se han construido en torno al petróleo como un recurso que es propiedad de todos ¡ es un mito ! Confirmado: EPN cree que él tiene la verdad y que los mexicanos están equivocados, que piensen con mitos. Más adelante vera el lector qué piensa EPN en torno a quién o quiénes son realmente los dueños del petróleo, cosa que é tiene por verdad consumada y que los mexicanos desconocen porque viven en el mito.

Por lo pronto invito al lector a que vuelva sobre sus pasos al inicio de este apunte donde hablamos sobre la naturaleza del análisis objetivo en política. Sí, resulta que los hechos de nuestra realidad política nos indican que EPN se ha rebelado abiertamente contra el orden democrático hasta suprimirlo porque se ha sustraído por lo menos al principio del consenso con los ciudadanos, con los cuales ni siquiera está dispuesto a dialogar. No hay más por decir. Pero ya claros en esto, solo nos resta indagar lo siguiente: ¿A qué forma de gobierno nos ha llevado EPN por su soberano arbitrio luego de mandar a la porra a la democracia? Llevo al lector a dos personajes de la historia reciente para que responda esto por su propia cuenta.

Sobre Gentile y Mussolini:

Juan Gentile ( 1875 - 1944) fue un filósofo italiano seguidor del idealismo romántico de cuño hegeliano. Benito Mussolini, por todos bien conocido, siempre sintió gran adhesión hacia la filosofía de este hombre, Gentile, en virtud de varias características que son muy propias de todo idealismo romántico: Exaltación del absolutismo - el absoluto es la verdad y se suprime a los individuos como seres irreales -; exaltación del hombre sobresaliente en la política que se ha hecho del poder tal como si fuera encarnación del absoluto - él, el hombre sobresaliente, es la Verdad absoluta, el Estado y la soberanía -; la realidad, con todo su dolor y su miseria, no se puede cambiar y solo se puede aceptar y justificar como parte de un proceso a la perfección de la sociedad que está a cargo del hombre sobresaliente; y etc y etc. Creo que el lector ya puede comprender el porqué Mussolini era un devoto seguidor de la filosofía de Gentile: Ésta permitía racionalizar y justificar al régimen fascista, con todos sus horrores, con el abono adicional de que alimentaba la megalomanía del Duce: Él era el elegido de Dios. Y para esto solo bastaba con que Mussolini se instalara en el papel del hombre sobresaliente a cargo del Estado italiano y que Gentile lo legitimara dada su condición de filósofo de grande autoridad en Europa.

Lo cierto es que Gentile no fue remiso en correspondencia a Mussolini y pronto se mostró adherente del régimen fascista afirmando que éste era la expresión misma de la racionalidad- la Verdad - y que el Duce era el hombre sobresaliente, el elegido. En pago, el régimen fascista nombró a Gentile ministro de educación pública. Hasta aquí hay algo muy curioso porque Gentile vendría a replicar la misma historia de Hegel con el autoritario estado prusiano, aunque ya a manera de tragicomedia. Aunque en ambos casos se trata de lo mismo: El hombre sobresaliente que es encarnación de la Verdad absoluta, el Estado, y que debe suprimir la soberanía de los ciudadanos y expropiarla para sí. A esta forma de gobierno absolutista y totalitario se le llamó despotismo ilustrado tiempo ha, pero luego, en tiempos modernos, se le conoció bajo diversos epígrafes, y uno de ellos es: Fascismo.

Gentile desarrollaría la siguiente y muy demencial noción de democracia que le serviría para camuflar al régimen fascista del Duce como una democracia: La verdadera democracia no es la que permite que los ciudadanos pongan límites al Estado, sino aquella donde los ciudadanos no ponen límites al Estado que se desarrolla bajo el empuje del hombre sobresaliente. Ya imaginará usted lo feliz y dichoso que era el Duce, Benito Mussolini, con esta pervertida idea de democracia que camuflaba sus porquerías y pecados contra la humanidad bajo el pretexto de la razón. El Duce se daba rienda suelta decidiendo todo por el pueblo italiano y hacía y deshacía en su nombre arguyendo que solo él tenía la razón. Y para aquellos italianos que se atrevían a decirle al Duce que no tenía la razón, que su democracia era un fascismo, un despotismo, había un remedio infalible: Garrote a nombre del orden del Estado. Y punto.

Mussolini cae en julio de 1943 y es mandado a prisión. Escapa gracias a los nazis. Éstos crean un gobierno fantoche a cargo de Mussolini en la Italia central y septentrional que ocupaban y al cual llamaron "República Social Italiana". Y pese a esta decadencia, Gentile seguiría fiel a su Duce, al títere italiano de Hitler, lo cual lo separaría más todavía de su gran amigo Benedicto Croce, otro renombrado filósofo italiano. Sin embrago, esto le pareció al pueblo italiano un acto de alta traición de Gentile y, poco tiempo después, sería muerto en la puerta de su casa en Florencia en 1944, poco más de un año antes de que su Duce fuera ejecutado en la plaza pública por el pueblo.

Sobre EPN y la pasión por el fascismo:

Hasta aquí, creo que el lector ya tiene suficientes elementos para determinar qué tipo de gobierno es el que EPN está prefigurando con sus hechos en este país: EPN se asume como el dueño de la verdad; luego, como él es el dueño de la verdad, asume que los mexicanos están errados; luego, lo anterior justifica su acción de despreciar la opinión y voluntad de los mexicanos, lo cual equivale a suprimir a los ciudadanos como soberanía; luego, y como no puede haber vacío en esto, EPN se ha adueñado de la soberanía y gobierna a su arbitrio a un conjunto de cosas sin alma, sin voluntad, que son los mexicanos. Y como él persiste en decirnos que vivimos en una democracia pese a esa cruda realidad, luego debemos concluir que concibe a la democracia de la misma forma distorsionada en que la concebía Gentile.

Y vaya que EPN no ha tenido miramientos en eso de expropiar a los mexicanos. Si ya expropió la soberanía al pueblo para su uso personal, también ya expropió el petróleo de los mexicanos; y tan lo expropió que, según consta en su proyecto de reforma energética, lo meterá a un proceso de compra-venta con las trasnacionales donde él, y solo él, concederá y quitará  contratos.

¿No hay aquí ya vislumbres de una pasión por el fascismo? ¿No hay aquí ya en potencia un Duce en EPN y un Gentile en Luis Videgaray?

¿Y los legisladores? ¿No deberían poner en acto la máxima de Montesquieu consistente en limitar el poder con el poder? No, no sueñe, porque esos individuos han suprimido el trozo de soberanía que les corresponde por propia cuenta y a cambio de una participación en los negocios del Estado. Han sido absorbidos en calidad de cómplices.

Cuestión aparte del presente análisis es indagar si EPN tiene la razón o no. En esto solo diré lo siguiente. Si EPN tiene la razón de su parte, como él cree, tendríamos que conceder con él y afirmar que, por el momento, lo más conveniente para todos los mexicanos es que EPN persista en su conato de proscribir a la democracia cuando sea necesario y gobernar como lo viene haciendo, al estilo Duce. Sin embargo, en lo personal no creo que EPN tenga la razón. Creo que su política es una mezcla de errores y mentiras. Creo que los mexicanos tienen la razón cuando se oponen al programa reformatorio de EPN. Y creo todo esto porque ya lo hemos analizado en multitud de artículos en este diario hablado de las diferentes reformas y otras salientes más de la política de EPN y el PRI: Casi todo ahí es dogma, mito, error y mentira.

¿Y qué pasará si una gran masa de mexicanos se movilizan para tratar de obstruir el plan reformatorio de EPN? ¿Veremos acaso en acción la misma solución que el Duce atravesaba a los ciudadanos que reclamaban el retorno de su soberanía expropiada por el fantoche de Benito, es decir, el garrote?

Cierro con una reflexión sobre la cuestión de la verdad en este asunto: Si EPN no logró persuadir jamás a los mexicanos para ganar el apoyo a su programa reformatorio, situación que lo ha llevado al extremo de tildar a los mexicanos de mitómanos, solo es por una de dos razones: O no tiene la razón, o teniendo la razón no sabe explicarla. No hay escape, así es la cosa. Pero el problema es que, en su mejor escenario, EPN está perdido porque no se logra concebir a un político gobernando a un país siendo que no sabe explicarle a éste sus razones, y que semejante incapacidad le lleve al extremo de verse precisado a cancelar el consenso y la democracia como ya lo ha hecho.

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.   

También le doy enlace a mi página de Facebook:


Notas:

Comentarios