Anarcos, Miguel Mancera, y la pandilla de cuicos.

He estado revisando los documentos gráficos y audiovisuales de las protestas ciudadanas en el DF. He de pasar por alto el asunto de los encapuchados, o los mal nombrados "anarquistas", porque es parcela de especulaciones donde solo se pueden adelantar hipótesis probables. A este respecto, de los anarcos, me limito a decir que el sentido común nos obliga a establecer hipótesis atendiendo a los agentes que más se benefician de su operación. ¿Y quién se beneficia más con la existencia de estos jóvenes?

¿Es un movimiento estudiantil espontáneo que el gobierno usa intrusivamente para infiltrar cuicos reventadores?: Altamente probable. A nadie le resulta más útil desprestigiar las protestas sociales con violencia artificialmente inducida que al régimen priista. Y al menos ya está demostrado que los cuicos se están infiltrando vestidos de civil en las manifestaciones. ¿Es un movimiento estudiantil autónomo en cuanto se beneficia por sí mismo?: Probable. ¿Está manipulado por un grupo político oficial?: Probable. ¿Está supeditado a un grupo guerrillero?: Poco probable. Primero tendrían que demostrarme que en este país existe guerrilla. ¿Está sujeto u ordenado este movimiento a AMLO o a Cuauhtémoc, como pretenden deslizar algunos merolicos de los medios?: Inverosímil. Para estos dos personajes una estrategia semejante significa arriesgar mucha legitimidad carismática y moral a cambio, no de casi nada, sino de pérdidas seguras. Ahí lo dejo.

Así que lo que me interesa abordar por el momento es un asunto que entresaco de la información gráfica y audiovisual mencionada, y que se refiere a la descarnada violencia mostrada por parte de la policía del DF en su trabajo en este ámbito de las protestas. Le ofrezco al final enlaces a algunas de las fuentes, y solo algunas, que usé ( Ver enlace 1 al pie de página ) 

No se necesita ser un experto en materia de seguridad y orden público para comprender que el trabajo de un verdadero policía en este tipo de asuntos gravita en los ejes de la contención y el mayor respeto posible a los derechos civiles. En efecto, el verdadero policía está obligado a limitarse a contener las protestas sociales en un marco de paz observando para ello el respeto de los derechos civiles de los demás siempre y cuando no esté en riesgo su propia integridad física o su vida. Y por extraño que parezca, dichos ejes deben respetarse aun a pesar de los costos que deban sobrevenir por ese mismo trabajo policial. Lo anterior significa que un verdadero policía no debe agregarse deliberadamente al fenómeno de violencia activa que puede manar de una protesta social; de tal forma que, frente a los violentos, debe limitarse a someterlos e invalidarlos, pero no a pagarles con la misma moneda o con moneda acrecida en valor, sobrevaluada. Sin embargo, lo que vemos en los documentos citados es precisamente el accionar de los cuicos del DF con una conducta que más bien parece la propia de una banda de pandilleros. Me refiero en concreto a conductas delictivas como pueden ser detenciones arbitrarias, lanzar piedras y palos a la multitud, agresiones verbales, y sobre todo agresiones físicas tumultuarias a: Periodistas, tenderos, jóvenes cuya participación en las protestas está en duda o cuya participación en las mismas es pacífica, agresiones a familias enteras, agresiones a trabajadores, ¡ y agresiones a niñas !...Sí, como lo oye: Agresiones a niñas. 

Ninguno de los policías que han participado en estos hechos vergonzosos plenamente documentados podrá argumentar jamás en su defensa que hizo lo que hizo porque fue agredido o porque estaba excitado por la furia. El recurso no le ajusta para un celemín de su defensa por lo que ya apuntamos arriba. Así que, quien incurre en estas faltas de ética profesional en el oficio de policía y arguye semejantes razones en su defensa, simplemente no tiene la capacidad ni el espíritu para aplicarse al oficio de guardián del orden y satisfacer la dignidad que merece. Y no es sino por esto que, en este artículo, me he referido a todos esos policías del gobierno de Mancera como lo que son: Pandilla de cuicos, porque su conducta es la propia de una pandilla lo cual les impide alcanzar la dignidad de un policía verdadero.   

Sinceramente, le confieso que todo esa información me pasmó y decepcionó porque no era el resultado provisional que yo esperaba de una persona como Miguel Angel Mancera. El pasmo es explicable: Cuicos golpeando ciudadanos a diestra y siniestra. En cuanto a la decepción, no devino porque este hombre signifique para mí un hecho consumado como buen político, porque eso está en veremos, sino porque la ruta que sigue desde años atrás en la izquierda me llevaba a prever en él un más alto sentimiento de responsabilidad moral para con sus comunidad, y no así los saldos inmorales que ya tenemos a la vista: Brutalidad y ausencia de sentido ético y de dignidad en la policía a su cargo.

La consecuencia de esto es clara y estremecedora: En el DF estamos presenciando la violación de los derechos civiles por parte del Estado con la mayor desfachatez y rudeza a través de Miguel Mancera. 

Como dije, difícil de creer esto de Mancera. Difícil de creer que el móvil de esta brutalidad y violación a los derechos civiles mane de él como agente autónomo, por su interés propio y exclusivo en la política. Si esto es lo que está sucediendo, Mancera está cavando su propia tumba porque ha perdido de vista que gobierna una ciudad donde la población es muy despierta y crítica, cualidades culturales que le llevaron a ser la primera ciudad en independizarse del vasallato al PRI. Pero si Miguel Mancera está actuando en esto como agente heterónomo, supeditado a los intereses del capital privado y del PRI que le meten la espuela para reprimir con vistas a desalentar las protestas sociales en torno a las reformas neoliberales de EPN, luego entonces Mancera cava más hondo su tumba porque confirma las sospechas que ya le había adelantado tiempo atrás en un artículo en este diario en el sentido de que se está adhiriendo peligrosamente a la ilegítima estrategia de hacer política de EPN.

Por sus frutos los conoceréis. Cierto, si Miguel Mancera se ha hecho de un cuerpo de policía que pasa por pandilla de cuicos, ya nos da rastro de que ha empezado a perder de vista algo muy importante; pérdida que le puede descarrilar, no de la política oficialista, de salón, porque ahí siempre podrá echar mano de la mentira y el fraude, sino de la verdadera política, la que encuentra fundamento de legitimidad en el sentimiento simpático de adhesión de la gente. Y lo que ha perdido de vista Mancera, como EPN tiempo ha, y por efecto de la gazmoñería política de Televisa, es una cosa fundamental: ¿Por qué protestan los que protestan? 

Mancera debe tener en cuenta siempre que, en la cosa pública, no hay indignación social espontánea. Cierto, toda indignación social tiene su causa última en los vicios de los mismos políticos. Y en lo que se refiera a nuestro caso, las protestas en el DF, Macera debería tener en cuenta también que la indignación social está hincando sus raíces en la historia económica moderna de este país. En efecto, ahí encontrará Mancera la respuesta a esa interrogante que ha olvidado, las causas de la indignación social que asalta las calles con protestas por doquier. 

La explotación de la clase trabajadora tiene un límite más allá de cual se corre el riesgo de alimentar el descontento de los explotados. Como hemos visto en otros apuntes en este diario, sabemos que esa explotación arreció dese 1976, y especialmente desde la irrupción del neoliberalismo en los 80, y que eso nos ha llevado a reportar una pérdida del poder adquisitivo del salario de poco más de 75 %. Esa pérdida para el trabajador, que es solo producto de decretos arbitrarios del PRI y el PAN en connivencia con los grupos empresariales, ha ido a parar a manera de ganancias ilegítimas para el capital privado. Y sabemos que en esto radica una de las causas fundamentales de la gran injusticia en la distribución de la riqueza y el ingreso en este país. Y sin embargo, parece que Mancera pierde de vista todo esto porque parece que no alcanza a comprender que son precisamente los hijos de esos trabajadores explotados más allá del límite, los desheredados, los que están en las calles en rebelión franca y progresiva.

Mancera olvida, pues, que todo este mundo de disturbio, toda esta discordia, no es sino efecto de una causa fundamental que se llama: Pecados y vicios de los políticos mexicanos en el orden económico. Y es claro que Mancera ha olvidado esto, o bien lo ignora, porque si tuviera plena conciencia de ello, así como absoluta convicción de ese saber, jamás hubiera permitido la brutal y pandilleril actuación de su banda de cuicos contra una multitud de mexicanos indignados por sus condiciones económicas de miseria y por la amenaza que se cierne sobre ellos en ese mismo sentido a partir de las reformas neoliberales de EPN.

Pero si la existencia de una policía capitalina que se comporta como una banda de pandilleros degrada la dignidad política de Mancera, ¿al menos le es útil?

Para responder a esto, llevo a Mancera a un escenario hipotético simple, sencillo. 

Suponga el lector que un muchacho le ha reclamado a su padre airadamente, y hasta con gesto severo y violento, por una falta grave que el padre ha cometido. Suponga que la falta es lesiva del bienestar del hijo, y que el padre la reconoce en su fuero interno como falta. ¿Qué es lo correcto en este caso para que el padre prosiga con el gobierno legítimo en la familia? ¿Acaso arrojarse sobre la humanidad de su hijo para gritarle y golpearle? ¿O acaso tratar de controlar a su hijo y decirle que reconoce su error y que quiere reparar? ¿No lograría esto la restitución de la justicia y el buen gobierno en la familia?

Pero ¿qué pasaría si el padre, ofuscado, egoísta, autoritario, no reconoce su falta y se arroja sobre su hijo para golpearlo y afirmar que lo que él hace es lo justo porque así le place? ¿No, acaso, su hijo volvería por sus fueros para arrojarse sobre la humanidad del padre? Y ese conflicto a muerte ¿no cancela la posibilidad de un gobierno justo y legítimo para el padre?

Bien, pues los mismos razonamientos aplican a la política porque, como decía Platón en su República, la sociedad es una familia ampliada, donde la diferencia es solo de número.

A Mancera debe quedarle claro que el político que inflige violencia a sus ciudadanos está faltando a la política en cuanto ésta no es la promoción de la violencia, sino la promoción de la vida y el bienestar. Y más claro debe tener que este principio es incondicional, de tal forma que no se puede argumentar violencia recibida para justificar la propia violencia, y menos cuando la indignación social que mueve a las protestas coetáneas responde a una causa que hinca sus raíces en los vicios de la clase política de la que él debiera retirarse a fin de no hacerse de complicidad.

Solo espero que la percepción de la gente que protesta no traduzca estos episodios de violencia del Estado, hoy a cargo de Mancera, como el dictado de unas nuevas reglas del juego en la política donde el eje es: La violencia, porque eso nos pondría en la ruta de poder un día acceder a una Fuenteovejuna al estilo de don Félix Lope de Vega y Carpio. A este respecto, que nadie olvide que esa posible ruta siempre está abierta, no está cancelada del todo, lo cual daría realidad al viejo aforismo que reza: El que a hierro mata...

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

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