La prohijada Laura Bozzo y la derrota de Televisa.

En los últimos dos artículos dije que Laura Bozzo cometió el terrible pecado de acomodarse a las exigencias lucrativas de sus patrones televisivos para poner en vías de hechos una campaña de rapiña televisiva sobre la desgracia y la muerte que devinieron con los meteoros Ingrid y Manuel. Eso nos queda claro a todos casi al grado de una evidencia que no necesita demostración, de tal forma que la misma Laura, si fuera un poco independiente en su voluntad, tendría que reconocer públicamente su propio pecado. Pero dijimos que los errores de Laura habían ido a más y mejor toda vez que luego trascendió a la temeridad de retar en público a una de las personas que la habían exhibido en su encomienda de rapiña;  temeridad, porque Laura jamás se tomó la tarea previa de sopesar objetivamente su escasa legitimidad contra la colosal legitimidad carismática y moral de la persona a la cual retaba: doña Carmen Aristegui, la dama de la sensatez.

Dijimos que fue ese lance temerario de tentativa de venganza contra Carmen por parte de Laura - estimulado seguramente por los dueños de su voluntad, los dueños de Televisa - el que marcó su final desgracia, la de Laura. Cierto, dijimos que fue a partir de entonces que Laura dio cumplimiento cabal a la máxima confuciana de cavar su propia tumba antes de partir en la busca de la ansiada reivindicación con sabor a venganza. Pero fue que a partir de su funeral Laura nos dio muestra de una debilidad más en su personalidad: Poca inteligencia emocional, porque, estando ya tres metros bajo tierra, pasó a comportarse como una histérica Dorotea rulfiana: Gritaba y acusaba desde lo hondo de su sepultura, tal como si conversara con un Juanito Preciado que solo ella imagina...¡ Carajo !, alguien debería decirle a Laura Bozzo que, ya en la sepultura, nada puede repararse. En efecto, así como Dorotea no pudo borrar el pecado de haber servido de celestina y muleta erótica a Miguelito Páramo, el hijo del Diablo, Laura Bozzo tampoco puede borrar el pecado de haber servido de muleta de rapiña a sus patrones televisivos. La realidad, con sus funestas y pestilentes consecuencias, rebasó a todos los que estaban clavados por propia voluntad en ese negocio indigno.

Si los directivos de Televisa gozaran de un poco de prudencia entenderían que esta batalla la perdieron de manera desastrosa y mandarían callar a Laura Bozzo por completo y con deshonor; entenderían que, cuando se pierde una batalla, ya no hay caballos que valgan un reino y que lo prudente es retirar los cadáveres del campo de batalla porque, como ya bien sabemos, a los tres días apestan. Mas ese acto de prudencia no sucedió, al menos hasta hace unas horas, y las consecuencias ya las vemos: Las olas de repulsión en la opinión pública no cesan.

En efecto, fue el empeño de Laura Bozzo por hablar y vociferar desde su sepultura sin reconocer públicamente su pecado evidente, lo que ha ocasionado las renovadas olas de repulsión contra ella y Televisa, llegando incluso al extremo de solicitar la expulsión de Laura del país, con nutridas firmas de por medio, y hasta a las denuncias sobre el notable caudal de riqueza que la Dorotea televisiva, la hoy mujer de las tempestades, ha logrado amasar en su añosa e inmoral profesión. 

Vale una pregunta: ¿Cuesta tanto una dispensa pública con deshonor, aunque sea tramoya?

Habrá muchos que consideren que exhibir el caudal de riqueza de Laura es un exceso indebido porque eso es producto de su trabajo y su empeño profesional. Hay verdad en esto porque debemos reconocer que ese caudal no es producto de su actuación en el asunto Ingrid y Manuel, sino del esfuerzo de toda una vida; esfuerzo que, por lo demás, y a saber, es legal. Que la naturaleza de sus profesión es de carácter inmoral, es otra cosa. Sin embargo, reconozcamos también que esta ola de crítica contra el caudal de riqueza de Laura es justa y útil. Justa, porque en esto la opinión púbica solo está pagando a Laura y a Televisa con la misma moneda que ellos mismos hicieron legal y corriente: El exceso. Útil, porque puede ayudar a muchos mexicanos ciegos a que por fin entiendan que esto que hace Laura no es altruismo, no es un acto gratuito en favor de la humanidad, sino un cruel y muy maldito negocio rentable para los que, usurpando y excediendo todo escrúpulo, están dispuestos a comprar las acciones de semejante negocio. Y vaya que sí es de mucha ayuda esta información que fluye porque, gracias a ella, muchos ya pueden mensurar el tamaño aproximado de este macabro e inmoral negocio: Departamento de lujo en Acapulco, vida social en Miami...y lo que se acumule.

Habrá también quienes vean la solicitud de expulsión del país contra Laura que ya corre entre decenas de miles de mexicanos como un exceso. Sin embargo, y pese a que sea un exceso, debe reconocerse que esto también posee las virtudes de la justicia y la utilidad. Justicia, por lo mismo que dije arriba: Se le paga a Televisa con la misma moneda que ella hace corriente y legal: El exceso. Utilidad, porque puede ser un segundo golpe devastador sobre uno de los más peligrosos depredadores de los mexicanos: Televisa.

Y que nadie se escandalice por esto que está sucediendo en las redes sociales. Antes bien, alégrese por ello porque la mofa, la befa crítica y acre del pueblo hacia las figuras notables es el mejor corrector de conductas desviadas respecto del marco de la razón moral vigente en una sociedad, como sucedió en este caso. Si en tiempos de la Grecia clásica Aristófanes se encargaba de la befa correctora sobre los notables, hoy ese papel lo desempeña un monstruo de millones de cabezas llamado: Redes sociales.   

Así que si Laura Bozzo me dijera sobre todo esto: "Es injusto", yo solo podría decirle lo siguiente: "Es el juego que tú quisiste jugar. Además, no te afanes, solo estás siendo educada por el pueblo al que dices amar."

Es evidente para todos que el esfuerzo y el empeño profesional de Laura ha estado centrado en el lucro sobre la miseria económica y sus productos inmediatos: ignorancia, dignidad humana erosionada, histeria frenética por las necesidades apremiantes, ausencia de todo sentido de moral y decoro. No fue sino por esto que cayó como anillo al dedo a Televisa, donde los dueños poseen igual oficio. Sin embargo, y pese a nuestro sentimiento de náusea, debemos reconocer que este oficio de rapiña televisiva es legal. En efecto, en México a nadie se le constriñe la libertad de voluntad para que pueda deliberar en favor de sumarse a la decadencia moral de los programas de Laura Bozzo, ya como promotor, ya como participante, ya como espectador. Y desde luego que sería una locura de atentado contra la libertad humana el pretender constreñir esa libertad por mucho que el ejercicio de la misma ponga a muchos en el camino de la decadencia moral.

Y es esto lo que nos lleva a preguntarnos lo esencial de este asunto: ¿Cómo vienen a la existencia estos hechos inmorales como Laura Bozzo y sus programas y cómo puedo ayudar a evitarlos?

Cierto que Laura Bozzo y sus programas son un sujeto justo de deploración en lo moral. Pero la verdad de fondo en todo esto es que muchos mexicanos son culpables de la existencia de esto: Sus patrones, los de Laura, por promover esto con la vista puesta en la ganancia económica; ella, Laura, por acceder y sumarse a la promoción; sus clientes, los desgraciados y desgraciadas, por colaborar con nula o escasa dignidad humana a cambio de una enjuta talega de devaluados pesos; y muchos mexicanos por abonar interés en las inmoralidades de Laura en su condición de asiduos espectadores. Y créame que el motor de todo este mundo de miseria moral radica principalmente en los muchos mexicanos que abonan como espectadores, porque ellos son la demanda que siempre hace posible una oferta a partir de una junta de corsarios sin escrúpulos pero con el olfato de negocio suficiente como para encontrar una oportunidad de acrecer dinero en esto.

Desde esa perspectiva, nada se resolverá con correr a Laura Bozzo del país porque el vacío que ella deje será necesariamente ocupado por otros que estén igual o más dispuestos que ella a ejercer rapiña sobre la miseria económica y la desgracia. Y mientras eso sea legal, nada habrá que medie como obstáculo a que el vacío se llene de inmediato en cuanto Laura salga del aire. Nada se resolverá tampoco tratando de legislar a fin de que este tipo de cosas sean prohibidas bajo pena de ley, porque entonces no le damos oportunidad a la moral de las personas a que se temple por sí misma sin ayuda de la constricción externa. Legislar en estas cosas nos condenaría a convertir México en una suerte de gazmoña Hadleyburg de Twain, con toda su moral endeble.

La solución a un problema de moral, como es éste, solo puede venir desde la misma conciencia moral en un ámbito de libertades. Y el fin que debemos perseguir en esto es claro, si es que deseamos resolver el problema, si es que deseamos que dejen de existir las Laura Bozzo: Si los patrones de Laura Bozzo y ella misma no tienen escrúpulos en su empeño de usar de los seres humanos como medios para sus fines egoístas, como ya está demostrado, nosotros no debemos colaborar con esa perversión moral, ni como promotores, ni como clientes, ni como espectadores asiduos. Colaborar con estas parcelas del mal acrecido nos pone en la misma condición que los promotores de la rapiña: Usar a los seres humanos que han caído en miseria y desgracia como medios para nuestros fines, que en este caso es placer banal, egoísmo puro y del peor.

Muchos mexicanos, al demandar miseria moral bajo la envoltura de placer banal televisivo, han prohijado al mal moral que se encarna en Laura Bozzo y sus patrones televisivos. Y no estamos hablando de pecados menores, estamos hablando de que nuestra demanda genera espacios para que otras personas usen de los miserables y los desgraciados como simples medios de diversión y negocio. Créame que la única diferencia que media entre el viejo Circo romano y los programas como el de Laura Bozzo, es la muerte, porque la falta moral impera en ambos estadios. Si en el Circo era sangre de los miserables, de los esclavos, para gozo de la turbamulta y los patricios, en Televisa es el dolor y la decadencia moral de los miserables para el placer banal de los afortunados. 

Así que la solución eficaz no es expulsar ni legislar, sino dejar de prohijar a gentes como Laura Bozzo y sus promotores en Televisa hasta dejarlos en completa orfandad. Y de cierto que, cuando sean abandonados, cuando muchos de esos mexicanos dejen de usar la caja de lo banal para ser espectadores de Laura Bozzo, ellos, los promotores de la rapiña, abandonarán el negocio indigno y empezarán a periclitar. 

Ya los mexicanos despiertos y críticos le han dado un golpe letal a Televisa con este episodio de Laura Bozzo. Esto ha demostrado que sí se puede domesticar a ese monstruo depredador de los mexicanos al interés de la nación cuando hay una idea común que da adhesión a la gente y previsibilidad a la multitud en comunicación hasta dotarle de espíritu de cuerpo en torno a un fin común. Laura Bozzo y sus estulticias dieron en este ocasión la idea común para el movimiento de la multitud, y ésta rebasó al monstruo y a la clase política hasta hacerlos ver inútiles. Creo, pues, que todos esos mexicanos libres y despiertos pueden dar el siguiente golpe letal a Televisa: Dejar de prohijarla en su inmoralidad apagando la caja de lo banal siempre que no sea estrictamente necesario, ético y útil el tenerla encendida.

Buen día.

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