Ingrid, Manuel y los políticos inmorales.

Ya después de que los meteoros Ingrid y Manuel descerrajaron la desgracia y la muerte sobre muchos mexicanos, estamos abismados en el luto, el escándalo ético-rapiña comercial de Televisa estelarizado por su Dorotea rulfiana, Laura Bozzo, por aquello de que le gusta hablar hasta en la sepultura con los "dijuntos" vecinos - ¿acaso algún vivo la escucha cuando cavó su propia tumba para luego enterrarse sola, por propia cuenta? -, y la batalla en los entresijos de la clase política por la culpa, donde todo mundo se la ha pasado tirando la pelota de la culpa en torno al resultado de estos eventos trágicos. 

Ayer ya hablamos en un artículo sobre el escándalo de la rapiña televisiva en este asunto. Hoy abordaremos la absurda batalla de la clase política.

Todo problema postula sus propios datos, se hace preceder por ellos. Y es así que todo problema tiene solución a partir de sus datos. El misterio, en cambio, es un problema que ha usurpado sus datos hasta trascenderlos y anularlos completamente o en parte, y de ahí que un misterio sea un problema irresoluble. Y resulta que es así, en estos términos, como se está planteando la batalla política en este terreno: oscilando entre el problema y el misterio.

Por un lado, Osorio Chong afirma que sí se cumplieron con las normas al caso toda vez que, desde el 12 de septiembre, se lanzaron alertas a las zonas potencialmente bajo riesgo, que lo mismo se hizo en la página web de protección civil y en redes sociales, y que incluso él mismo habló por teléfono con los gobernadores implicados. Así que, de acuerdo a lo dicho por Osorio Chong, los meteoros Ingrid y Manuel eran un problema para él y, como tales, y según es su decir, así fueron planteados a los demás funcionarios: como problemas con sus datos. Por otro lado, algunos de los funcionarios implicados en la estructura de jerarquías dicen una de dos cosas: O que sí les informaron pero no les indicaron de la magnitud del problema - datos inexactos o incompletos -, o que de plano no les informaron - no hay datos -. En este último caso, Osorio Chong es acusado de informar con un completo misterio.

¿A quién creerle: al que dice que recibió y transmitió el problema o al que se vale del misterio?

Para creer en alguien antes necesito saber que me dice verdad. Y como en este caso me resulta imposible saber con objetividad quién dice la verdad, me abstengo de creer. Y le aseguro al lector que no adelantaríamos nada si nos ponemos a opinar a este respecto porque no saldremos del terreno de la opinión, que no es verdad objetiva y definitiva, sino especulativa o probable. Así que sugiero dejemos este asunto de la indagación de las responsabilidades legales a la pasión, profesión y ciencia de un Sherlock Holmes que designen los propios implicados.

Pero no se desaliente el lector, porque sí hay una parcela de la realidad desde la cual sí que podemos deslindar responsabilidades con mayor objetividad, y en la cual nadie sale sano y salvo. Me refiero a una parcela que está en el mundo de los valores morales y que se llama: Sentimiento de responsabilidad.
El sentimiento de responsabilidad:

Cuando la voluntad del político se resuelve únicamente en el cumplimiento de la norma legal se está circunscribiendo a la estrecha e impenetrable esfera del egoísmo, de la conveniencia personal. Y así, delibera de la siguiente forma: Yo cumplo solo con los mandatos de ley que convienen a mi cargo, y punto; los demás, que se rasquen con sus uñas sin importar las consecuencias. Pero este tipo de resoluciones legalistas de la voluntad hablan de una ausencia total de sentimiento de responsabilidad en la persona, que no es sino ausencia de sentido del deber, de obligación o de compromiso para con otras entidades más importantes que la sola norma legal y el interés propio, y que en el caso del político son: El bienestar y la vida de los ciudadanos que se gobiernan.

Ahora bien, todos esos políticos, desde EPN y Osorio Chong, y hasta llegar al jefe de protección civil del municipio más ínfimo, pueden dilucidar con facilidad si tuvieron algún asomo de sentimiento de responsabilidad preguntándose algo muy sencillo: ¿Hice todo lo que me era posible hacer para promover el bienestar y la vida de los mexicanos que estaban bajo riesgo?

Pero no es necesario que el lector espere a la indagación reflexiva de los políticos, porque seguramente no se dará jamás. El lector puede anticiparse en esto ateniéndose a la naturaleza del fenómeno, a los hechos a la vista y especialmente a lo que ellos mismos han dicho por propia voz.

Los meteoros como Ingrid y Manuel son fenómenos cuyo rasgo esencial es lo probabilístico - desde la perspectiva del hombre -. En otras palabras, son fenómenos que solo pueden ser inferidos a futuro con probabilidades, con un margen de error y dentro de cierto nivel de confianza. Y si bien es cierto que se pueden inferir a futuro eventos de máxima verosimilitud sobre ellos, jamás se pueden descartar todas las infinitas posibilidades en ciernes, ni aun siquiera las que, estando en las colas de distribución de todos los eventos probables, poseen la mínima verosimilitud de realizarse, de ponerse en acto.

Preguntas a los políticos, sin excepción: ¿Por qué solo se atuvieron a lo que se pronosticaba sin reparar que son datos sujetos a error por naturaleza? ¿Por qué jamás consideraron los escenarios más catastróficos, los que al final vimos, por más improbables que parecieran?

Ahora bien, todo político cuerdo y prudente debe tener siempre en cuenta que la conducta de las demás personas es relativamente impredecible. Con esto quiero decir que no se debe asumir que un subalterno cumplirá las órdenes que se le han dado en automático y al pie de la letra. Y ese político debe tener claro que este problema de imprevisibilidad de conducta es mucho más grave en un país como el nuestro donde impera una cultura política donde priman: la irresponsabilidad, la negligencia, la insensibilidad, la frivolidad, la displicencia, la corrupción, etc. Pero, además, el político cuerdo y prudente debe tener también siempre muy en claro que los ciudadanos, especialmente en los estratos bajos, tienen una enjuta o casi nula cultura de la prevención, o que si la tienen, por mínima que sea, la misma es usurpada y anulada por la mismas necesidades apremiantes de la pobreza. Esto significa que un político cuerdo y prudente debe asumir siempre que la mayoría de esos ciudadanos pobres no seguirán las instrucciones de prevención que se les giren por los medios ante la inminencia de un desastre natural porque, para ellos, vale más el pobre patrimonio que se pone en riesgo que la propia vida.

Preguntas a los políticos, sin excepción: ¿Por qué no se aseguraron de que todos en la estructura de mandos, hasta llegar al nivel más bajo, cumplieran las órdenes al pie de la letra? ¿Por qué no se aseguraron de que el ejército y las policías constriñeran a los ciudadanos a la evacuación forzosa y anticipada de las zonas de riesgo? 

Ahora asumamos lo que ya afirman algunos: Que muchos mexicanos murieron por la negligencia de algunos funcionarios.

Preguntas a los políticos, sin excepción: ¿Repara el daño la sanción legal a esos funcionarios? ¿No hubiera sido mejor anticiparse a esa negligencia dando marcaje personal a los funcionarios hasta el grado de asfixiarlos con una persecución de vigilancia y constricción a las órdenes que se han instruido?

Y para aquellos políticos que arguyen el misterio de Osorio Chong como justificante de sus errores y omisiones, van las siguientes preguntas: ¿No pudieron hacer nada más que atenerse al misterio enviado por Osorio Chong y pasarlo así, sin más, como misterio, a los subalternos? ¿No les era posible preguntar, presionar, denunciar, gritar, para tener los datos reales del asunto y precaver a la gente que está bajo su gobierno?

Si usted pone la vista en lo que los políticos implicados en este escándalo mayúsculo han dicho hasta el momento, de inmediato se da cuenta que todos se circunscriben a la esfera de sus obligaciones legales con respecto a la norma, y con ello dan por descontado el cabal cumplimiento de su deber. Es de esta forma que Osorio Chong nos dice: Cumplimos con la norma porque el despacho a mi cargo recibió el problema y lo transmitió íntegro y con oportunidad a las instancias correspondientes. De igual forma, los demás nos dicen: Cumplimos con la norma porque, así como recibimos el problema, pese a traer un halo de misterio, así lo pasamos a las instancias correspondientes. O bien nos dicen en el peor de los casos lo siguiente: No hice nada porque no me dijeron nada...¡ Me lleva la chingada !

Si Osorio Chong y demás funcionarios creen que con solo hacer llamadas desde el escritorio o el auto e informar por las redes ya cumplieron con su deber, están completamente equivocados. Habrán cumplido con la obligación que dicta la norma legal, sí, pero lo cierto es que no cumplieron con el más alto y supremo deber: el moral, porque no mostraron ningún sentimiento de responsabilidad para con la promoción del bienestar y la vida en la sociedad. Y puedo asegurarle al lector que fue ese egoísmo de los políticos tan evidente en el acto de ceñirse en exclusivo a la norma legal sin pasar al sentimiento de responsabilidad lo que ocasionó la tragedia general que ya vemos con más de un centenar de muertos, decenas de miles de damnificados y miles de millones de pesos en daños materiales irreparables. 

Si todos los políticos implicados, desde EPN y Osorio Chong y hasta el último de los funcionarios municipales, hubieran actuado con sentimiento de responsabilidad y compromiso para con los mexicanos bajo riesgo potencial, esta tragedia se hubiera evitado o por lo menos se hubiera amortiguado o atenuado sensiblemente en sus efectos.

Los políticos torpes:

Al margen quiero apuntar que ya andan por ahí los típicos políticos torpes y ociosos que declaran que esta desgracia es indicador de la necesidad de una reforma a las leyes y reglamentos en la materia. La misma estulticia de siempre: Todo lo quieren arreglar con nuevas leyes, tal como si esas leyes fueran a cobrar vida para hacer lo que ellos no quieren hacer para honrar al deber supremo de un político: Promover el bienestar y la vida de los mexicanos.

Falso, porque legislar y legislar en esta ruta nos llevaría a la necesidad de tener que estar legislando en la materia para cada meteoro que la naturaleza adelante y a posteriori, es decir, después de cada lección. Y eso que parece absurdo es completamente posible dada la imprevisibilidad de los meteoros en lo que toca a sus efectos o consecuencias para el mundo humano, como ya hemos visto en esta ocasión. Falso también, porque ya hemos visto que, con independencia de las leyes y reglamentos, lo que hace falta en este caso para alcanzar una eficaz prevención es que los políticos obren de una buena vez con un alto y supremo sentimiento de responsabilidad centrado en la promoción del bienestar y la vida de los ciudadanos trascendiendo el simple, egoísta y legaloide acatamiento a la norma legal.

Las tragedias naturales que se ciernen sobre la humanidad no se previenen y evitan haciendo llamadas desde el escritorio. Se necesita sentimiento de responsabilidad y la acción consecuente y muy comprometida cueste lo que cueste.

Hágase una pregunta el lector: Si los políticos de más alto nivel se hubieran puesto las pilas del sentimiento de responsabilidad y, pese a pisotear a otros políticos y romper normas por doquier, hubieran evitado esta tragedia, ¿habría alguien que se atreviera a acusar a uno de esos políticos de autoritario y arbitrario?

Por salvar una sola vida de las que se fueron, una sola vida, todo hubiera valido la pena.

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

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