EPN y reforma fiscal: IVA camuflado en ciernes.

Notable el entusiasmo y las ruidosas loas que han soltado muchos analistas en los medios en torno a la propuesta de reforma fiscal de EPN. Les ha dado para mucho el asunto, pero especialmente para tres cosas: Primero, para ensalzar a la dichosa reforma como un instrumento fiscal "revolucionario". Segundo, para proclamar al PRI como un partido con una auténtica voluntad en la promoción de la justicia social. Y tercero, para tratar de exponer a AMLO como un mentiroso rebasado por la izquierda. Pero lo cierto es que, en esto, de nueva cuenta solo hay un buen cúmulo de falacias o intentos de engaño del PRI a la opinión pública. Demostraremos eso enseguida atendiendo por lo pronto a una de las falacias desplegadas ahí, que es la principal en la construcción de esta nueva oleada de mentiras. Dejaré para el artículo siguiente otra de las falacias.


La falacia del castigo fiscal al capital privado:

Cierto lo que dicen estos analistas en torno al texto de la reforma fiscal. No hay nada en el texto de esa reforma que hable de incremento y ampliación al IVA y, salvo algunos apartados aislados por ahí que pudieran lastimar la economía de la clase media, como es el caso de la educación privada y las mascotas, casi todo el sacrificio fiscal va a cargo del capital privado, los empresarios. Nada se ve tampoco por ahí que lastime a la clase trabajadora y a los miserables, que vienen siendo lo mismo porque son una suerte de empalme de roles sociales: trabajador es igual a miserable y viceversa. 

A primera vista, y ateniéndonos al texto, podría decirse que esta reforma es lo que dicen los analistas de medios, aunque me abstengo de calificarla de revolucionaria porque yo no le veo nada en ese sentido. Y tendríamos también que concluir lo mismo que ellos en torno a AMLO: Que es un mentiroso rebasado por la izquierda por aquello de que anticipaba el aumento y ampliación al IVA. Sin embargo, déjeme decirle que estos analistas mienten porque en esta reforma fiscal del PRI hay una trampa camuflada en ciernes, un golpe fiscal que pende sobre los pobres muy bien camuflado.

Cualquier texto de macroeconomía, que no es sino experiencia económica acumulada generalizada en teoría, nos deja claro que, en una economía de libre mercado como la nuestra, dos de las varias formas en que el capital privado - las empresas - puede enfrentar un incremento de impuestos - costos - son las siguientes: Primera, asumiendo esto como un costo y aceptando su merma en ganancias. Segunda, ajustando a la alza los precios de los bienes y servicios producidos en una proporción por lo menos suficiente para compensar el mismo incremento en el impuesto, lo cual evita la merma en las ganancias. En el segundo caso, lo que los empresarios hacen es "externalizar" el incremento en impuestos a manera de mayores precios, trasladando con ello el incremento en impuestos a los bolsillos de los consumidores finales, que no son sino los trabajadores básicamente.

Como le dije, lo que le acabo de decir en el párrafo anterior tiene fundamento objetivo y teórico; se ha convertido en teoría porque así es el mundo real. 

Los analistas que lanzan loas a EPN tal como si fuera un genio de las finanzas públicas afirman implícitamente que las cosas sucederán tal y como se apunta en la primera opción del párrafo de arriba: Los empresarios asumirán los costos del incremento en impuestos y la merma consecuente en las ganancias. Pero lo cierto es que eso es solo una esperanza; y como es una esperanza, solo lo esperan y no lo saben, no saben si así sucederán las cosas. Así que aquí detectamos ya la primera falacia de estos analistas: Afirman lo que no ha sucedido y lo que no saben si sucederá. 

En contrapartida, yo podría afirmar que las cosas sucederán tal como se apuntan en la segunda opción del párrafo de arriba; es decir, podría decir que los empresarios mexicanos trasladarán los incrementos de impuestos en la forma de mayores precios castigando así al consumidor final, que no son sino los trabajadores y los pobres. Si yo dijera esto, esos analistas me objetarían en el mismo sentido en que yo los he objetado ya. En otras palabras, si esos analistas me criticaran por afirmar esto, estarían vulnerando sus propias afirmaciones en el tema.

Nos va quedando claro que los resultados de esta reforma en cualquier sentido, ya bien que los empresarios asuman los costos o los trasladen, o que se dé una mezcla de ambas cosas, es una cuestión de probabilidades.

¿Y cuál es el resultado más probable al final?

Bueno, hay que ponderar las cosas para poder imaginar el resultado más verosímil fundados en la experiencia acumulada en torno a la conducta de los empresarios en estos menesteres. En este sentido, voy a recordarle enseguida una breve historia de los salarios en México que ya he tocado en varios artículos recientes en el tema de las reformas del PRI y que puede ser de utilidad para que usted juzgue de lo que son capaces de hacer los empresarios en el ámbito de la ética.

Luego de una historia de ascenso con paso errático, el salario mínimo real en México logró alcanzar su máximo histórico en el año de 1976. Pero a partir de ahí comienza su largo proceso de descenso hasta nuestros días. Este proceso de decadencia se acentúa sobre todo en la década de los 80 con el arribo del neoliberalismo, tiempo en el cual se establece como norma el criterio de fijar el salario mínimo de acuerdo a la inflación esperada para el año siguiente. Solo inmediatamente después de la crisis de 1994-1995, al final del sexenio de Carlos Salinas, el salario mínimo real alcanza su virtual sótano y se mantiene ahí prácticamente estancado en su valor real. Y toda esta dramática caída en el salario mínimo real ha llevado a México a ser considerado como miembro del selecto club de países con salarios más bajos a nivel planetario, por abajo incluso de algunos países de África y Centroamérica que reportan niveles de desarrollo significativamente menores a los de México. En general, se estima que el salario mínimo actual es poco menos del 25 % del salario mínimo de 1976, lo que significa una pérdida real de poder adquisitivo de casi el 75 %. Y no desprecie esto porque el salario mínimo es el eje sobre el que se cotiza el valor del trabajo en general. 

Todo este proceso decadente del salario mínimo real se ha traducido en una participación cada vez menor de los trabajadores en el ingreso nacional no obstante que su productividad ha crecido. Se calcula que entre 1993 y 2011 la productividad del trabajo creció en casi 147 %. Si en teoría esto debería reportar un aumento en el salario mínimo real, por el contrario, éste cayó alrededor de 30 %. En este mismo período las ganancias del capital como proporción del PIB han pasado de un 46% a un 54%, en tanto que las remuneraciones al trabajo han caído de un 29% a un 25%. Evidentemente, esa pérdida neta de los trabajadores ha ido a parar en la forma de mayores ganancias para el capital, especialmente la de los grandes corporativos empresariales.

La gravedad de este problema se hace más patente cuando acudimos a los datos referentes al número de trabajadores sujetos a este proceso de precarización del trabajo. Según el INEGI - Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo -, al segundo trimestre del 2012 existían en México poco más de 18 millones de trabajadores con un ingreso por trabajo no mayor a dos salarios mínimos, lo cual equivale a $ 120 por día o $ 3,600 al mes como máximo - salario mínimo de $ 60 para esa fecha del dato -. Con una carga de dependencia familiar de 2.5 por cada persona ocupada, esto nos habla de 45 millones de mexicanos en esta situación de marginación.

Como usted ya comprenderá, esta precarización de los salarios y el trabajo en México es la causa fundamental de la pobreza en nuestro país. Y esto se ha dado a través de dos mecanismos fundamentales: Inflación real y productividad.

Dijimos que los salarios mínimos se fijan de acuerdo a la inflación esperada para el siguiente año. Si la tasa de inflación real es mayor que la tasa de inflación esperada - que ha sido lo habitual -, esto se traduce en pérdidas para el trabajador ya que éste tendrá que pagar precios más altos que los que fueron usados para calcular el salario mínimo vigente. Es desde aquí que se explica el grueso de la disminución histórica del poder adquisitivo del salario mínimo que ya vimos arriba. Y en el balance, esta pérdida del trabajador se ha traducido en ganancias netas para los empresarios vía precios mayores a los esperados en sus mercancías y servicios. Ahora bien, a mayor productividad de una economía, más capacidad de la misma para producir más mercancías en menos tiempo y a precios más bajos. Este beneficio de la productividad debería compartirse entre capital y trabajo porque la productividad de una economía es resultado de los avances tecnológicos y del capital humano de los trabajadores. Sin embargo, en México la productividad no es tomada en cuenta a la hora de fijar el salario mínimo, lo cual se traduce también en una transferencia neta e ilegítima de ganancias del trabajo en favor de ganancias para el capital privado.

Ahora bien, sabemos que, tradicionalmente, quienes decretan todo lo antes visto en materia de salarios mínimos son los organismos empresariales y los líderes charros del corporativismo sindical del PRI. Así de simple.

Le pregunto: ¿Hay algo que impida que los empresarios trasladen el costo incrementado por lo impuestos de la reforma fiscal de EPN a los consumidores a manera de mayores precios  de los bienes y servicios producidos?

Por principio de cuentas, nuestro sistema económico no lo impide porque es una economía de libre mercado. Por otro lado, sabemos que una actitud tradicional de los empresarios en este país es trasladar costos a los consumidores. Y sabemos también que los acuerdos empresariales para elevar los precios son siempre posibles, especialmente en el caso de los grandes capitales del país porque se trata de mercados altamente concentrados. Así que, en realidad, lo único que puede evitar esta traslación de los impuestos incrementados desde los empresarios hacia los consumidores es el sentido de solidaridad de los mismos empresarios con el bienestar general.

Le recuerdo algo: En esencia, la truculenta historia del salario que vimos arriba le habla de cómo las cúpulas empresariales se las han arreglado con ayuda del PRI para transferir todo el costo de la inflación, que no es sino merma al valor real del dinero y al poder de compra, a la clase trabajadora, así como para trasladar la productividad del trabajo en forma de beneficio ilegítimo al capital privado. Y tomando en cuenta esa experiencia acumulada en torno a la pobre ética empresarial en este país, le hago una pregunta: ¿Es posible que los capitales privados de este país sean tan benevolentes como para comprometerse con el bienestar general y abstenerse de trasladar el incremento de impuestos a los consumidores a través de precios mayores?

Mire, a mí no me gusta pasar por ingenuo. Así que estas cosas las respondo siempre ateniéndome a la experiencia acumulada, tal como he hecho aquí. Así que yo le puedo asegurar que es de máxima verosimilitud que el resultado final de la reforma fiscal de EPN será el siguiente: Los empresarios, especialmente los grandes capitales privados, trasladarán el incremento de impuestos de la reforma fiscal de EPN a los consumidores en la forma de precios mayores. Y el resultado de esto será que los impuestos incrementados que deberían pagar los empresarios internalizándolos como costos, serán pagados por el consumidor, que no son sino los trabajadores. Y como puede ver, todo esto equivale en el resultado neto a una reforma fiscal a cargo de los consumidores, no del capital privado; en otras palabras, equivale a un IVA camuflado.

Si estas cúpulas empresariales ya hundieron en la miseria a casi sesenta millones de mexicanos desde 1976 y de manera ininterrumpida, ¿serán incapaces de otro tantito más de prácticas desleales y de más injusticia?

Así, pues, todo indica que esta reforma fiscal de EPN será un golpe fiscal a los consumidores - trabajadores - de este país aunque muy bien camuflado bajo el ropaje de una reforma fiscal que castiga casi exclusivamente al capital privado. En el balance, y ateniéndonos al resultado final más previsible, esta reforma será prácticamente como administrarle a usted un incremento y ampliación del IVA oculto bajo el ropaje de impuestos al capital privado. En otras palabras, el castigo se lo administrarán indirectamente como precios incrementados, no directamente como impuesto. Y todo esto lo ha hecho el PRI, por supuesto, para evitarse el enorme costo político que implicaría el ofrecer una reforma fiscal que estipulara un incremento y ampliación al IVA e manera directa y explícita. 

Ahora bien, ese proceso en que el capital privado habrá de transferir los impuestos incrementados por la reforma a los consumidores vía precios incrementados, terminará generando necesariamente un repunte en la inflación con efecto rezagado. Y sucede que este dato a futuro es el que puede desentrañar toda la trama tramposa del PRI porque, al final, cuando los mexicanos de a pie vean el repunte en la inflación, podrán concluir lo siguiente:

- Es claro que, al final, el capital privado ha transferido la carga fiscal incrementada de la reforma a nuestros bolsillos. Nosotros hemos pagado esos impuestos a la larga vía precios. 

Pero mire que los priistas han tejido bien la trampa porque hasta en esto se han cuidado de diseñar otro camuflaje para la inflación. Y es que en la reforma fiscal de marras se anuncia lo siguiente:  Se acelerará el crecimiento económico con un déficit de .04 por ciento del PIB para este año y de 1.5 por ciento para 2014: “Estos déficits transitorios reconocen la desaceleración de la economía nacional ante factores externos e internos, y son una propuesta consistente en el manejo responsable de las finanzas públicas.

En otras palabras, el PRI romperá un poquitín la disciplina fiscal para impulsar el crecimiento desde el Estado. Sin embargo, sabemos que esto suele tener efectos inflacionarios, de ahí que la disciplina fiscal sea una norma principal del FMI. Y precisamente ese efecto inflacionario servirá como pretexto para explicar el repunte de la inflación que ha de generar la traslación de los impuestos incrementados a los precios. En otras palabras, el régimen de EPN dirá mañana que el repunte de la inflación ha sido solo resultado de la ruptura ligera de la disciplina fiscal para impulsar el crecimiento, pero la verdad es que será resultado del efecto combinado de esa ruptura del régimen fiscal y del incremento a los precios que traerá la misma reforma fiscal para castigar a los mismos de siempre: los pobres.

Por supuesto que no estoy tratando de afirmar que la cuestión del incremento en el déficit fiscal que plantea la reforma fiscal ha sido diseñada exclusivamente para camuflar las causas reales de la inflación que se dejará venir. En esencia, lo del déficit fiscal es una medida con varios propósitos de camuflaje donde entra este asunto que hemos tratado aquí. Al margen, señalo que uno de esos propósitos del déficit fiscal es hacer crecer a la economía ligeramente a fin de aparentar que la privatización de PEMEX, de lograrse, sí ha generado crecimiento. En el balance real, el crecimiento que se obtenga será vía déficit fiscal y no vía inversión privada en PEMEX, pero el PRI tratará de hacernos creer que ese crecimiento sí es debido a la privatización de la estatal del petróleo. 

¿Ya ve la multifuncionalidad del déficit fiscal como camuflaje de todo el cuento priista?

No se deje engañar. AMLO no ha sido rebasado ni por la izquierda ni por la derecha por el PRI, y menos ha mentido. La lechuza no ha despegado porque los hechos no se han consumado en torno a la reforma fiscal. No sabemos si los empresarios asumirán los costos de la reforma fiscal. Y todavía más: La experiencia acumulada nos dice que lo más probable es que los empresarios, especialmente las cúpulas, trasladarán los costos de la reforma fiscal de EPN a los consumidores, lo cual nos llevará a un resultado final que habla de un golpe fiscal camuflado a los mexicanos de a pie. Al final, tenga por cierto que el resultado económico neto será tal como si el PRI hubiera presentado una reforma fiscal que propone un incremento y ampliación al IVA, lo cual le dará la razón a AMLO. 

Para hacer siempre un juicio objetivo de la relación clientelar existente entre el PRI y los grandes capitales privados de este país, como en este caso, siempre tenga en cuenta lo siguiente: Los patos no le tiran a las escopetas, y los esclavos no manipulan al amo. De igual forma, el PRI sería incapaz de manipular y lastimar los intereses de quienes se alzan como sus amos: Los dueños del gran capital privado de este país.

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

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