EPN y los sofismas de la renta petrolera.

En los últimos tiempos los políticos priistas nos han dicho una y otra vez, hasta el cansancio, que la reforma energética del PRI no es privatizadora, sino “transformadora” y “modernizadora”. Para esto, los priistas nos han lanzado discursos que tratan de desviar la atención de lo esencial afirmando cosas como: “Ni una gota de petróleo será privatizada”. También se han dado a las prestidigitaciones verbales para tratar de hacernos creer que la renta petrolera de los mexicanos no se privatizará. En lo que atañe a la renta, es claro que buscan hacernos creer que todo seguirá igual o mejor. 

Vamos analizando esto para ver cómo es que los priistas pretenden engañar a los mexicanos con sus discursos falaces.

La renta petrolera:

Una cosa, cualquiera que sea, solo es un recurso en cuanto tiene una utilidad para cubrir determinadas necesidades humanas. Siendo un recurso, el petróleo tiene un valor económico imputable a través de un precio. Pero como el petróleo no es gratuito – su producción implica un costo -, como no se come y ni cubre todas nuestras necesidades, y como estamos en el marco de una economía monetaria donde el dinero es el medio de cambio, el petróleo necesita transitar todo un proceso de producción y comercialización que al final nos dará como resultado lo que nos interesa de él: Un ingreso neto en dinero que se aplica al consumo de los mexicanos o al crecimiento de su riqueza acumulada. 

El ingreso neto del petróleo no es sino la renta del petróleo; conceptos que son equivalentes, a su vez, a la utilidad o la ganancia de un proceso de producción y comercialización de una empresa, en este caso del petróleo. A nuestro efecto, definamos a la renta de cada barril de petróleo como: La diferencia que hay entre el precio de venta del barril de petróleo y su costo de producción. Esto significa que si producir un barril de petróleo nos cuesta 10 dólares y se vende en un precio de 110 dólares, la renta o la utilidad de ese barril será de 100 dólares. Esos 100 dólares son ganancias de los mexicanos.

Le recuerdo al lector que a los mexicanos de nada nos sirve tener cientos o miles de barriles de petróleo en la mano, acumulados en inventario, porque el petróleo ni se come ni cubre todas nuestras necesidades. Para explotar el recurso debemos realizar su valor económico en dinero, y para esto debemos realizar o vender esos barriles en el mercado y así acceder finalmente a la renta petrolera que nos permite consumir los bienes y servicios que necesitamos o acumular en riqueza.  

Por supuesto que, para explotar el recurso petróleo y cubrir todo ese proceso de transformación del mismo en dinero, necesitamos una empresa. En nuestro caso esa empresa se llama: PEMEX. Y ya que la explotación del recurso petróleo no es gratuita, PEMEX incurre en costos. Esos costos se desglosan básicamente de la siguiente forma: Pagos al factor trabajo – sueldos y salarios y demás beneficios laborales -, pagos por rentas – factores de producción arrendados, como tierra y maquinaria -, compra de insumos, pagos por intereses – préstamos adquiridos – y nuevas inversiones en equipo de capital – maquinaria, equipos, bienes inmuebles, etc. –. 

Todos esos costos son indeclinables o irrenunciables para toda empresa toda vez que se generan por acuerdos contractuales establecidos con antelación a los procesos de producción. En otras palabras, para producir cada barril de petróleo en un proyecto determinado, PEMEX acuerda con antelación: sueldos y salarios para los trabajadores, compras de insumos y bienes de capital, arrendamientos y tasas de interés para préstamos. Y si al final del proyecto esos costos por barril superan al precio de venta por barril, la renta o utilidad del petróleo será negativa y habrá pérdidas; pérdidas que PEMEX tendrá que asumir porque, como dijimos, los costos son producto de acuerdos contractuales que deben respetarse y cumplirse.

Para maximizar la renta petrolera no basta la sola propiedad del recurso:

Una de las varias formas con que una empresa puede maximizar su utilidad es tratando de realizar todo el proceso de producción y comercialización con sus propios recursos. Es obvio que esto maximiza la utilidad de la empresa porque ella aporta todos los factores principales de producción por cuenta propia: trabajo, capital, tierra, lo cual le permite evitar erogaciones o costos por sueldos y salarios, intereses y rentas. Un caso ejemplar en este sentido no lo da el trabajador por cuenta propia.

Supongo que lo dicho hasta aquí basta para mandar al bote de la basura la expresión falaz de los priistas que reza: “No se privatiza ni una gota de petróleo.” Esto, porque ya nos queda claro que no basta con tener la propiedad del recurso petróleo porque el quid del negocio rentable, el que maximiza nuestra renta petrolera, consiste en tener el control o propiedad de todo el proceso de producción y comercialización que nos lleva a la categoría económica relevante como resultado, la que nos da poder de compra como mexicanos: La renta del petróleo.

En breve, de poco sirve que usted sea dueño de un recurso si, al final, por no tener control sobre el proceso completo de transformación del recurso en dinero, se queda con una parte ínfima del mismo dinero.

¿La renta del petróleo seguirá siendo de los mexicanos?:

El modelo de empresa petrolera que nos heredó Lázaro Cárdenas ha permitido maximizar la renta petrolera porque, para efectos prácticos, nos instala a los mexicanos como una suerte de trabajador por cuenta propia que aporta los factores de producción principales: recurso, trabajo, tierra y capital. Esto nos ha permitido maximizar la renta petrolera en nuestro favor porque el producto final del proceso – renta - es todo nuestro, no tenemos que compartirlo con nadie más. Y pese a la derrama ilegal de la corrupción, esta forma de operar nos ha permitido llevar a PEMEX a ser una de las empresas del ramo más rentables del planeta. 

Y es este modelo cardenista que demostradamente maximiza la renta petrolera para los mexicanos el que EPN y demás priistas pretenden derrumbar para instalar en su lugar un nuevo modelo de empresa que transforma a los mexicanos de trabajadores por cuenta propia en materia petrolera en socios del capital privado, lo cual, a su vez, se inclina hacia la minimización de la renta petrolera de los mexicanos. Y esto de la minimización de la renta para los mexicanos es inevitable toda vez que las empresas privadas, por el simple hecho de aportar capital, tendrán derecho a un porcentaje de la renta petrolera a manera de utilidades. El restante de la renta petrolera una vez deducidas las utilidades repartidas al capital privado será, ahora sí, nuestra renta petrolera excedente. 

Tenemos ya los elementos necesarios para meter a juicio la afirmación falaz de los priistas que reza: “La renta petrolera seguirá siendo de los mexicanos”, donde el “seguirá” es la trampa retórica que pretende embaucarnos haciéndonos creer que todo seguirá igual en lo que toca a la renta petrolera.

Cierto de EPN y demás priistas cuando nos dicen que la renta petrolera “seguirá” siendo de los mexicanos. Pero es una verdad a medias, solo conceptual, porque los priistas no aclaran con evidente malicia que, en lo que toca a la cantidad, que es lo relevante, la renta excedente de los mexicanos será un monto muy mermado luego de deducir la utilidad que irá a parar a manos de las empresas privadas. Si nos atenemos a estudios de organización industrial y a los márgenes de utilidad que reportan las empresas privadas del ramo, se puede esperar que la merma inicial, y solo inicial,  a la renta petrolera mexicana andará rondando fácilmente el 40 ó 50 %. Hay quienes estiman esa merma en el 60 % - AMLO -.

Ahora bien, ese porcentaje de la renta petrolera que se irá en utilidades para las empresas privadas ya no será renta ni utilidad para nosotros los mexicanos, sino un costo; un costo que tendremos que erogar por el factor capital aportado por los inversionistas privados nos guste o no, porque será resultado de convenios o contratos acordados y firmados con antelación. Y esto, y por mucho que lo quieran ocultar los priistas, es un acto privatizador por el simple acto de trasladar un porcentaje de la renta petrolera del dominio de los mexicanos – bien público en dinero - al dominio de las empresas privadas a manera de costo.

Yo no sé qué demonios entiendan los mentirosos priistas por privatización. Pero toda persona cuerda entiende que la transferencia comercial de un bien público, ya en especie o en dinero, de manos del Estado a manos de privados se llama: Privatización. Y si los priistas insisten en ignorar esto, luego mi pregunta obligada para ellos es muy simple: ¿De cuál fumaron, carnales?   

Pero debemos decir que ese demostrado acto privatizador de un porcentaje significativo de la renta petrolera de los mexicanos no es gratuito; tiene un costo alternativo elevado para los mexicanos. Y ese costo alternativo que irá a cargo de los mexicanos es fácil de calcular: Es el valor total de todos los bienes y servicios que los mexicanos tendrán que dejar de consumir por tener que cubrir con la renta petrolera el costo llamado: utilidades empresariales. Pero los sacrificios para los mexicanos no paran aquí. 

Cierto, a lo anterior usted tiene que agregar la reforma al IVA que pretende incrementar tasa y base para tapar el boquete fiscal que dejarán las empresas petroleras con sus utilidades, lo cual implica un costo alternativo adicional para los mexicanos, especialmente para los más pobres, y cuyo monto se puede medir de la siguiente forma: El valor total de los bienes y servicios que los mexicanos tendrán que dejar de consumir para soportar la caga tributaria incrementada que ocasionará la reforma energética.

Hace días el diputado priista David Penchyna dio una entrevista donde vuelve a la perorata priista absurda ya analizada aquí, y donde cierra con la siguiente expresión de manera categórica: “Quien diga que ésta es una reforma privatizadora miente de fondo, no sólo de forma." (Ver enlace 1 al pie de página)

Con lo ya analizado aquí, en este documento, ¿qué opina de Penchyna?...Claro, quien miente de forma y de fondo es precisamente Penchyna porque ya hemos demostrado objetivamente que la reforma energética del PRI sí es privatizadora.

¿Se justifica el sacrificio de los mexicanos para favorecer al capital privado?:

Hemos expuesto una vez más a los priistas en sus mentiras y en sus medias verdades a la nación. Y son mentiras y medias verdades que los priistas buscan justificar con los siguientes cuatro argumentos, básicamente:

Primero: Necesitamos aumentar la producción de crudo a 3.5 millones de barriles al día en el largo plazo y cuidando de restituir reservas en el 100 % o más.

Segundo: El nuevo boom petrolero de México permitirá impulsar el crecimiento y abatir la pobreza. 

Tercero: Esa meta de producción y restitución de reservas no es asequible para nosotros. Requerimos de cuantiosas inversiones y de tecnología de punta que solo pueden ser aportadas por las empresas privadas del ramo.

Cuarto: EUA está en plena revolución energética con el Shale oil y el Shale gas y esto convertirá al gigante del norte en un país autosuficiente en materia energética. Esto desplomará los precios del petróleo al tiempo de que nos dejará sin cliente para nuestro petróleo.

Mentiras y más mentiras. En otros artículos recientes ya he demostrado que el primer argumento es una ficción económica, un sueño. En el artículo siguiente aportaré nuevos elementos de análisis para reafirmar esta ficción priista. En otros artículos recientes también he demostrado que el segundo argumento es otra ficción priista: Hemos dicho que el crecimiento es insuficiente, volátil, incierto y que, en ciertas condiciones como las de México, el crecimiento puede traducirse incluso en más concentración de la riqueza y más pobreza. Y en un artículo siguiente mostraré cómo es que el cuarto argumento es otra ficción económica surgida de grandes mitos y mentiras en torno al Shale oil, que no es sino producto de una nueva ola en la especialidad de EUA desde la era Nixon: La especulación y la mentira. 

Sobre el tercer argumento diré solo lo que es menester decir en torno a un argumento tonto como éste. Un argumento tonto porque, para darse validez, parte del principio de que los mexicanos son unos estúpidos inútiles incapaces de arreglárselas para administrar y explotar sus recursos, y porque asume que hay una sola solución financiera al reto: inversión privada. Pero contra lo que dicen los priistas, ni los mexicanos son inútiles y ya otros han mostrado que el reto tiene múltiples soluciones financieras entre las que siempre habrá alternativas que evitan transferirle la renta petrolera a las transnacionales del ramo. Y esas soluciones eficientes que no implican sacrificios de los mexicanos a favor de las transnacionales apuntan siempre a tres rutas simultáneas: Políticas tributarias eficientes y progresivas – que los mexicanos tributen sin excepción y con arreglo a su capacidad -, máxima austeridad del gobierno y autonomía financiera a PEMEX. Sin embargo, sabemos que esas soluciones son descartadas porque no son negocio para el PRI ni para los que le llevaron al poder en circunstancias harto sospechosas. 

La verdad es que, para el PRI, ya llegó el tiempo de pagar facturas por abajo del agua. Ese es el criterio central que norma a las reformas, especialmente a la energética.

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.


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