COPARMEX, PEMEX y los sofismas de la avaricia.

Hace unos días Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente de la COPARMEX, concedió una entrevista a este diario, SDP, donde expone a grandes rasgos la posición del organismo empresarial al que representa en torno a la reforma energética. En dicha entrevista Candiani recalca mucho su llamado a que los mexicanos no se dejen engañar por aquellos que, en su opinión, tratan de hacer pasar la reforma energética del PRI tal como si fuera un programa privatizador, lo cual hace referencia implícita a AMLO y a Cárdenas, principalmente. También subraya hasta el cansancio – hasta diez veces - que la COPARMEX se define a favor de la reforma energética del PRI porque, en sus resultados previstos, la misma está alineada con uno de los propósitos del organismo al que él representa – COPARMEX -, y que es el bienestar de todos los mexicanos. Lo dice Candiani con expresiones textuales como las siguientes:

Las reformas “tienen que ser las que más convengan a la población del país y no sólo a un sector”…”El final de esta reforma – la energética - y de todas las demás es que las familias mexicanas tengan mayores ingresos y mayor bienestar”…“Nosotros queremos una sociedad propositiva, activa, educada, con oportunidades, con ingresos”…”Queremos que a todos nos vaya bien, tenemos un compromiso con los casi 50 millones de pobres que hay, es inaceptable.”

Y Candiani cierra su entrevista con la siguiente reflexión que se refiere a los opositores de la reforma energética:

“A veces he pensado que es porque no les interesa que haya realmente un gran cambio en este país y que realmente los pobres tengan accesos, tengan trabajo, tengan todo.” (Ver enlace 1 al pie de página)

Pero hay una grande ironía en esto porque sucede que es Candiani quien pretende engañar a los mexicanos, al menos en esta entrevista. Le doy enseguida unos datos que nos ayudarán a ver esta ironía.

La precarización del trabajador mexicano:

En otros artículos en este diario hemos dicho que la derrama de los beneficios de la vida económica y de su crecimiento a toda la sociedad depende fundamentalmente de la correcta operación de los mercados de factores, especialmente del factor llamado trabajo. Los mercados de factores y el Estado – política laboral justa - vienen a ser una suerte de sistema circulatorio a través del cual se derraman esos beneficios hacia toda la población. Si el sistema de circulación funciona bien, hay derrama y prosperidad para todos con el consecuente abatimiento de la pobreza; pero si funciona mal, se genera mayor desigualdad y pobreza y se obstruye incuso el potencial de crecimiento.

La institución del salario mínimo es resultado de la experiencia histórica acumulada en torno al mercado de trabajo: Cuando dejado libre, sobre todo en condiciones de exceso de oferta, no logra establecer salarios que permitan la supervivencia y reproducción del factor trabajo en condiciones dignas en lo material, social y cultural. En este sentido, el objetivo del salario mínimo no es sino amortiguar el problema de la pobreza y la desigualdad que surgen de esta limitación del mercado a través de la fijación por ley de mínimos de supervivencia y "vida digna" para el trabajador. Pero resulta que una de las causas fundamentales de la desigualdad y la pobreza en México es precisamente el trato perverso que se ha dado a los salarios mínimos sobre todo a partir de la década de los años 80 del siglo pasado. 

Luego de una historia de ascenso con paso errático, el salario mínimo real en México logró alcanzar su máximo histórico en el año de 1976. Pero a partir de ahí comienza su largo proceso de descenso hasta nuestros días. Este proceso de decadencia se acentúa sobre todo en la década de los 80 con el arribo del neoliberalismo, tiempo en el cual se establece como norma el criterio de fijar el salario mínimo de acuerdo a la inflación esperada para el año siguiente. Solo inmediatamente después de la crisis de 1994-1995, al final del sexenio de Carlos Salinas, el salario mínimo real alcanza su virtual sótano y se mantiene ahí prácticamente estancado en su valor real. Y toda esta dramática caída en el salario mínimo real ha llevado a México a ser considerado como miembro del selecto club de países con salarios más bajos a nivel planetario, por abajo incluso de algunos países de África y Centroamérica que reportan niveles de desarrollo significativamente menores a los de México. 

En general, se estima que el salario mínimo actual es poco menos del 25 % del salario mínimo de 1976, lo que significa una pérdida real de poder adquisitivo de casi el 75 %. Todo este proceso decadente del salario mínimo real se ha traducido en una participación cada vez menor de los trabajadores en el ingreso nacional no obstante que su productividad ha crecido. Se calcula que entre 1993 y 2011 la productividad del trabajo creció en casi 147 %. Si en teoría esto debería reportar un aumento en el salario mínimo real, por el contrario, éste cayó alrededor de 30 %. En este mismo período las ganancias del capital como proporción del PIB han pasado de un 46% a un 54%, en tanto que las remuneraciones al trabajo han caído de un 29% a un 25%. Evidentemente, esa pérdida neta de los trabajadores ha ido a parar en la forma de mayores ganancias para el capital, especialmente la de los  grandes corporativos empresariales.

La gravedad de este problema se hace más patente cuando acudimos a los datos referentes al número de trabajadores sujetos a este proceso de precarización del trabajo. Según el INEGI - Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo -, al segundo trimestre del 2012 existían en México poco más de 18 millones de trabajadores con un ingreso por trabajo no mayor a dos salarios mínimos, lo cual equivale a $ 120 por día o $ 3,600 al mes como máximo - salario mínimo de $ 60 para esa fecha del dato -. Con una carga de dependencia familiar de 2.5 por cada persona ocupada, esto nos habla de 45 millones de mexicanos en esta situación de marginación. 

¿Y cómo saquean a los trabajadores el PRI, el PAN y los organismos empresariales?:

La precarización de los salarios y el trabajo en México se ha dado a través de dos mecanismos: Inflación real y productividad.

Dijimos que los salarios mínimos se fijan de acuerdo a la inflación esperada para el siguiente año. Si la tasa de inflación real es mayor que la tasa de inflación esperada - que ha sido lo habitual -, esto se traduce en pérdidas para el trabajador ya que éste tendrá que pagar precios más altos que los que fueron usados para calcular el salario mínimo vigente. Es desde aquí que se explica el grueso de la disminución histórica del poder adquisitivo del salario mínimo que ya vimos arriba. Y en el balance, esta pérdida del trabajador se ha traducido en ganancias netas para los empresarios vía precios mayores a los esperados en sus mercancías y servicios. 

Ahora bien, a mayor productividad de una economía, más capacidad de la misma para producir más mercancías en menos tiempo y a precios más bajos. Este beneficio de la productividad debería compartirse entre capital y trabajo porque la productividad de una economía es resultado de los avances tecnológicos y del capital humano de los trabajadores. Sin embargo, en México la productividad no es tomada en cuenta a la hora de fijar el salario mínimo, lo cual se traduce también en una transferencia neta e ilegítima de ganancias del trabajo en favor de ganancias para el capital.

¿Y quiénes decretan los salarios mínimos?:

Finalmente, sabemos que, tradicionalmente, quienes decretan todo lo antes visto en materia de salarios mínimos son los organismos empresariales y los líderes charros del corporativismo sindical del PRI. Así de simple.

Volviendo a la COPARMEX:

Como puede ver el lector, los organismos empresariales de este país, entre los que está la COPARMEX, han sido una de las causas fundamentales de la precarización de los salarios y los trabajadores en México, lo cual es causa fundamental, a su vez, de la pobreza de este país. Y sin embargo, le recuerdo lo que nos dijo Candiani en su entrevista: La COPARMEX apoya a la reforma energética del PRI porque “Queremos que a todos nos vaya bien, tenemos un compromiso con los casi 50 millones de pobres que hay, es inaceptable.”

¿Es cierto que la COPARMEX desea que a todos nos vaya bien y que tiene, además, un compromiso con los pobres? ¿Alguien puede tener un compromiso moral y económico con los pobres cuando al mismo tiempo se ha instaurado como una de las causas de la pobreza? ¿Hay algún ingenuo que, frente a los datos, frente a los hechos, se pueda tragar el choro de que la COPARMEX apoya a la reforma energética del PRI porque propulsará el bienestar de todos los mexicanos? Mire, si me atengo a la experiencia, como exige la prudencia, debo concluir que la COPARMEX apoya a la reforma energética del PRI porque su expectativa en esto es seguir hinchando los bolsillos de los empresarios, pero ahora a costa del petróleo del pueblo y sin dejar su histórica expoliación de la clase trabajadora mexicana. 

Hay un pasaje de la entrevista donde Candiani nos dice lo siguiente: “Hay dos maneras de hacer las cosas, generando riqueza para poderla distribuir de manera eficiente y justa o generando pobreza.” Es evidente que Candiani dice esto para categorizar por decreto arbitrario a los dos frentes en la reforma energética y distinguir sus cualidades: A los partidarios de la reforma energética del PRI, entre los que está la COPARMEX, los ubica en el primer bando, que es el de los chicos buenos, los eficaces y justos; y a los opositores de la reforma energética los ubica en el segundo bando, que son los chicos malos, los ineficaces e injustos. Sin embargo, vea cómo la historia económica real nos demuestra ya que los chicos malos, los promotores de la pobreza, son ellos mismos, los partidarios de la reforma energética del PRI, entre los que está la COPARMEX, y que se quieren hacer pasar por santurrones altruistas cuando en realidad son depredadores natos de los mexicanos. 

Supongo que al lector ya le queda perfectamente demostrado que existe una tremenda incoherencia entre lo que dice Candiani en el contexto de la reforma energética y el saldo histórico real de los organismos empresariales en este país, entre los cuales está la COPARMEX. Y este tipo de incoherencias solo pueden ser producto de una de dos causas: Error o mentira. Pero como yo me niego a creer que Candiani sea un ignorante capaz de cometer estos errores en virtud de su status actual, que algún talento exige, debo concluir que nos dice mentiras. Y es así que aquí llegamos a otra incoherencia: Resulta que el que acusa de engañadores a los opositores de la reforma energética del PRI es precisamente el que miente a los mexicanos. 

Dejo aquí el apunte porque creo que no tiene sentido analizar el resto de cosas que nos dice Candiani en torno a los supuestos efectos positivos de la reforma energética sobre el crecimiento económico y el empleo. Además de que en otros apuntes ya he demostrado que este discurso es falso o muy poco verosímil, que es una talega sellada de ilusiones al estilo de Mark Twain que los partidarios de la reforma energética pretenden atravesarnos como anzuelo seductor (Ver enlaces 2 y 3 al pie de página), creo que no tiene sentido analizar las palabras de una persona que, por sus serias incoherencias, ya carece de toda veracidad en el tema. 

Conclusión: El discurso de la COPARMEX en la reforma energética es equivalente al del PRI en esto: Solo son los sofismas de la avaricia que va en pos de expropiar y apropiarse por decreto arbitrario de la seductora renta petrolera de los mexicanos. 

¿Va a permitir esta nueva ola de saqueo sobre nuestro patrimonio público, ciudadano?

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.




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