PRI y reforma energética: El partido que engañó a México.

Alguna vez el genial Mark Twain escribió un maravilloso relato titulado “El hombre que corrompió a una ciudad”. En este relato el escritor nos habla de una pequeña ciudad llamada Hadleyburg cuyo distintivo es el orgullo de saberse reconocida por todos como el lugar de los ciudadanos de mayor virtud moral y austeridad puritana en el país. Pero fue que una noche de tantas un vagabundo forastero que andaba por la ciudad fue amonestado moralmente por su condición de vida por un santurrón de la ciudad. Y es a raíz de esto que el vagabundo deliberó que era el momento de cobrar venganza contra la vanidosa ciudad de Hadleyburg. 

Una vez que el sujeto trazó su plan de venganza, que yo calificaría de ingenioso y letal, lo puso en vías de hechos. Fue así que el vagabundo retornó una noche a aquella ciudad. Se dirigió a la casa del ciudadano que era tenido como uno de los hombre más honestos - y que de hecho lo era - y, sin identificarse, depositó en manos de la esposa de éste una talega sellada. A la talega le acompaña una nota que explicaba el sentido de esa entrega anónima en los siguientes términos - lo que sigue no es textual de Twain, sino mío -: Fui un vagabundo. Dejé ese estado de vida gracias a un ciudadano de Hadleyburg que, compadeciéndose de mí, me obsequió unas monedas y me lanzó exhortaciones morales que me hicieron rectificar mi vida. Esas monedas me sirvieron para amasar una fortuna. Deseo, pues, que esta talega que contiene monedas de oro sea entregada a ese hombre en señal de agradecimiento. No conozco la identidad de ese ciudadano, pero hay una forma de dar con él: Él debe recordar una frase que repitió una buena cantidad de veces en sus exhortaciones de aquella noche. La frase está en una nota dentro de la talega sellada. Así que el ciudadano que exprese textualmente y frente a testigos esa frase, es el hombre que me ayudó y quien deberá recibir esta muestra de agradecimiento.

El ciudadano que ha recibido tal encomienda anuncia esto a la ciudad y se decide convocar a una asamblea general de los ciudadanos en fecha futura para que ahí se defina quién es el afortunado dueño de la talega. Pero mientras tanto, el vagabundo cierra su trampa dándose a la tarea de ir deslizando a subterfugio - por hablillas o por los resquicios de puertas y ventanas - la frase mágica en el seno de cada familia notable de aquella ciudad, y que eran las que más se jactaban de impecable moralidad y austeridad. 

A estas alturas el vagabundo ha logrado prender la ambición y la avaricia de todos los habitantes de Hadleyburg hasta el grado de que esos sentimientos terminan por rebasar y desbordar a la virtud moral con los funestos resultados que usted ya puede imaginar. De pronto, todos en aquella ciudad, picados por la avaricia, ya peleaban echando mano a los más perversos recursos a fin de tener acceso a la dichosa frase mágica. A su vez, quienes habían recibido la frase mágica a subterfugio de manos del vagabundo, sintiéndose por ello ya dueños de la talega, vieron alentada su imaginación al nivel de la fantasía más irracional e insospechada y dan inicio a un frenesí de sueños de prosperidad a futuro que los lleva al extremo de desbordar su austeridad derrochando su hacienda y contratando deudas para consumir mucho más allá de sus posibilidades. Y es la suma de las fantasías económicas de los que ya se sienten dueños de la talega la que luego dispara una burbuja de entusiasmo y optimismo que, como es natural, luego se decanta en una febril actividad económica en la ciudad que, a su vez, se concreta en un episodio de crecimiento y prosperidad para la misma.

Al final, para carcajada atronadora de todo el mundo que acude a la dichosa asamblea pública, resulta que de la enorme cantidad de candidatos que se presentan a declamar la frase mágica ninguno acierta. Y no aciertan porque la verdad es otra; verdad que es descubierta una vez que se abre la talega ante la falta de ganador: Las monedas son falsas y la nota interior no contiene una frase mágica, sino una moraleja aleccionadora en torno a lo ya evidente para todos: La falsedad del virtuosismo moral y la austeridad de los habitantes de Hadleyburg.

Desgraciadamente Twain no arraigaba en alguna cultura económica sólida y esto le evitó tal vez hablarnos sobre las nefandas consecuencias económicas que se derivarían en automático una vez que esta burbuja de entusiasmo económico reventó en la cara de los habitantes de Hadleyburg: La caída en picada de la ciudad hasta la quiebra y la mora.

En este relato vemos en apogeo al Twain crítico. Es un relato donde nos pone en evidencia lo ingenuo que puede ser el hombre cuando se le atraviesa un anzuelo seductor para la ambición, no ya en la forma de dinero aquí y ahora, en las manos, contante y sonante, sino en la forma de una promesa verbal, efímera y muy incierta de dinero y a partir de alguien del cual no se tiene ni garantía de veracidad ni de honestidad. Pero nos habla también de lo muy estúpido que puede ser el hombre en sus actitudes y conductas cuando, por morder ese anzuelo seductor, ya ha caído víctima de sus deseos irracionales e irrefrenables tornados en fantasías.

Del vagabundo de Twain a los vagabundos del PRI:

Enseguida podrá constatar la extraordinaria semejanza entre la trama del relato de Twain y la trama que EPN y demás priistas están urdiendo contra México. Para esto me referiré al capítulo II.4, páginas 15 y 16, de la propuesta de reforma energética que EPN recién envió al congreso, y donde nos habla de los "beneficios esperados" de aprobarse la misma. 

EPN nos dice: Lograr tasas de restitución de reservas probadas de petróleo y gas superiores al 100%. Ello significa que el incremento de la producción estaría acompañado del descubrimiento de igual o mayor volumen de reservas.

Objeción: Esto es remotamente plausible en el muy corto plazo, en el boom inicial de la exploración. Pero es inconcebible y absurdo en el largo plazo porque esa tasa de restitución se lograría solo si asumimos que el petróleo y el gas son recursos infinitos. Por otro lado, es evidente que EPN pasa por alto la realidad del petróleo a nivel global donde se viene reportando una brecha deficitaria creciente entre producción y consumo - que crecen exponencialmente - y nuevos descubrimientos - que decrecen inexorablemente -. Situación ésta que no permite la restitución de los recursos que se consumen y que nos está llevando al ya muy próximo agotamiento económico de los mismos. El mismo EPN reconoce esto cuando en otro apartado del texto de su reforma afirma que el mundo ya está pasando a la explotación de recursos no convencionales que, por lo demás - y no lo dice con claridad EPN-, son más costosos, más agresivos contra el ambiente, más favorables al calentamiento global, y de menor potencial energético - ver caso del gas shel -.  

Todo indica que ya pasamos el pico petrolero anunciado decenios atrás por Marion Hubbert y otros investigadores y que, por ello, ya avanzamos en caída libre al agotamiento económico total del recurso. Indicios de esto están en los precios, los conflictos internacionales, y la actual transición del mundo a recursos no convencionales - ver caso de la reciente euforia de los gringos con el gas shel, que no es sino paranoia y desesperación tornados en esperanza vacua -. Y como la reforma energética de EPN es volumétrica - maximizar producción sin cuidar precio - y, por ende, derrochadora, todo lo anterior permite prevenir que la misma solo logrará acelerar la brecha deficitaria y adelantar la fecha de caducidad económica del recurso para México. En otras palabras, EPN, por su ambición volumétrica y derrochadora del recurso que solo beneficia a los gringos, solo logrará adelantar la crisis energética completa para el país.

( Ver enlace 1 en el pie de página )

EPN nos dice: La inversión y los recursos fiscales que se obtengan de concretarse las reformas propuestas, permitirán a México consolidar un modelo de hidrocarburos sostenible en el largo plazo, pensando en el bienestar de futuras generaciones.

Objeción: Inconcebible. Es la misma objeción de arriba. 

EPN nos dice: Adicionalmente, la reforma propiciará una mayor integración en la cadena de valor a partir de la extracción de los hidrocarburos, lo que permitirá un abasto suficiente de gasolinas, gas metano y gas licuado de petróleo, a precios competitivos.

Objeción: Muy plausible que la estrategia volumétrica y la integración de cadenas productivas permitirán un mayor abasto de energéticos para empresas y familias. Sin embargo, si en el plano teórico cabría esperar precios competitivos, que no son sino precios determinados por el mercado y "accesibles" para las empresas y familias - como la ha dicho EPN una y otra vez -, lo cierto es lo siguiente: La experiencia acumulada nos ha demostrado que las empresas no externalizan las disminuciones de precios de sus insumos - esta vez energéticos - a manera de menores precios de sus productos y servicios, sino que internalizan esas disminuciones de precios en insumos a manera de ganancias extraordinarias. Ahora bien, en el caso del petróleo y el gas y sus derivados directos, no estamos hablando de mercados de competencia perfecta, como pretende hacernos creer EPN, sino de mercados altamente concentrados por el lado de las empresas y donde los precios suelen ser determinados por acuerdos unilaterales entre las empresas en detrimento del consumidor. 

¿De dónde saca EPN la ficción de que la reforma energética traerá precios competitivos y "accesibles"? Apelo en esto al genio y a la musa de la economía en los hogares, las amas de casa, para que respondan una pregunta sencilla: ¿Alguna vez han visto en este país que los precios de mercancías o servicios disminuyan fuera de temporadas de ofertas? 

EPN nos dice:  El incremento en la inversión y la producción incidirá favorablemente en el crecimiento del Producto Interno Bruto y en la generación de empleos, al mismo tiempo que permitirá la obtención de recursos fiscales adicionales, que se destinarán fundamentalmente a las siguientes actividades, enfocadas a mejorar la calidad de vida de la población.

Nota: En lo que toca a las actividades para mejorar directamente la calidad de vida de los mexicanos, EPN se refiere a políticas asistencialistas para combatir la pobreza y para fomentar la formación de capital humano.

Objeción: Una de las causas fundamentales de la pobreza en este país es la política deliberada y consciente que el PRI, y luego del PAN, han establecido, sobre todo desde 1976, para precarizar el salario mínimo y al trabajo. El salario mínimo real actual es poco menos del 25 % del salario mínimo real de 1976. Poco menos de 20 millones de trabajadores no ganan más de dos salarios mínimos - pobres y miserables -. Por otro lado, los aportes en productividad del trabajador no son considerados jamás en la determinación del salario mínimo. Y todo esto se traduce en pérdidas del trabajo que van a parar a manera de ganancias extraordinarias, crecientes e ilegítimas en favor del capital privado, especialmente de los corporativos empresariales. Sin embargo, pese a esto, EPN no toca para nada ese rubro y antes bien alienta el problema - reforma laboral -, para luego solo prometer resolver el problema con dos variables minusválidas en cuanto a eficacia contra la pobreza: Una variable que no tiene relación directa con el problema de la pobreza, como es el crecimiento económico, y menos en un país de inequidad, y con otra variable que es solo un paliativo temporal, como son las políticas asistencialistas. En suma, la propuesta de EPN equivale a la absurdidad de ofrecer un Mejoral para remediar un cáncer. 

Precisemos diciendo que el crecimiento económico tiene las siguientes limitantes en este apartado: Siendo una variable, es incierto, plausible, verosímil, pero no necesario y cierto como pretenden dibujarlo los priistas. Esa gran cuota de imprevisibilidad del crecimiento se potencia en el caso de México, una economía altamente dependiente del sector externo. Es muy volátil, porque lo que usted gana contra la pobreza en las fases de crecimiento, lo pierde y de más en las fases de recesión y crisis. Depende de muchos factores, de tal forma que lo que usted puede ganar a través de inversión con la reforma energética, lo puede perder y de más si otros factores pujan en contra del crecimiento. Por sí mismo, es insuficiente y muy limitado para acabar con la pobreza de un país; es por esto que debe ser acompañado con políticas redistributivas que consideren: Una política impositiva progresiva - que grave en proporción a la riqueza y el ingreso -, una política laboral justa - que frene la grave precarización del salario y el trabajo en México -, y una política asistencialista legítima y de gran calado - libre de sesgos partidistas y suficiente -. Finalmente, en ciertas condiciones perversas y distorsionadas de la economía, como es el caso de México, el crecimiento económico por sí mismo puede incluso revertir su relación de causalidad con la pobreza para pasar de ser un atenuador de la misma - crecimiento equitativo - a un promotor de la pobreza y la concentración de la riqueza  el ingreso - crecimiento inequitativo -. 

Pero resulta que las reformas del PRI, antes que procurar esas políticas redistributivas que anulen esa carácter inequitativo de nuestro crecimiento, las omiten y llegan incluso a proponer políticas que alentarán el crecimiento inequitativo: Política impositiva regresiva - IVA -; reforma laboral que alentará más la precarización del salario y el trabajo; reforma energética que ahora va por la precarización de la renta petrolera - repartir a las trasnacionales lo de los mexicanos - y del precio de mercado - política volumétrica sin cuidar el precio -; y políticas asistencialistas pobres, absurdas, ilegítimas e inhumanas.

Ahora bien, suponga por un momento el lector que sea cierta la risible y absurda afirmación de que la reforma energética hará disminuir los precios reales de los energéticos. En realidad, de nada sirve esto cuando el PRI y el PAN se empeñan, como dijimos, en seguir precarizando el salario mínimo y el trabajo de los mexicanos. Recuerde para esto que el poder de compra de los trabajadores depende tanto de los precios como de los salarios.

Finalmente, EPN nos dice que las políticas asistencialistas crecerán con la reforma energética toda vez que los recursos fiscales se incrementarán. En este razonamiento subyace la siguiente relación de causalidad cierta: A más crecimiento, más recaudación fiscal. Sin embargo, a EPN se le "olvida" tomar en cuenta en sus cálculos muy optimistas el grave decremento en recaudación fiscal y gasto asistencial que sobrevendrá una vez que se apruebe la reforma energética, que no es sino un decreto arbitrario del PRI y el PAN para la expropiación de un porcentaje significativo de la renta petrolera de los mexicanos a favor de las trasnacionales. Así que, en realidad, lo poco que EPN promete ganar por esta vía seguramente lo perderá a más y mejor con la misma estrategia...¿A qué estamos jugando? 

( Ver enlace 2 en el pie de página ) 

He dicho en otros artículos que afirmar cosas que son solo remotamente plausibles o hasta conjeturas tal como si fueran cosas necesarias y ciertas, o afirmar cosas que son contrarias a lo que muy plausiblemente puede suceder en realidad, son mentiras en redondo. Y quien hace esto es un mentiroso.

Bien, ahí tiene usted ya al vagabundo de Twain multiplicado a más y mejor y en muy buena copia en los priistas. En efecto, los priistas, al igual que el vagabundo de Twain, tienen un propósito que atañe a su interés personal. Ambos pretenden alcanzar su propósito estimulando las fantasías económicas de los ciudadanos prometiendo a los mismos una talega sellada que se declara, y solo se declara pero no se demuestra, está colmada de monedas de oro. La única diferencia esencial que media entre el vagabundo de Twain y los priistas es la naturaleza del propósito o el fin que se han propuesto. Cierto, si el fin del vagabundo consiste en dar una lección moral a los habitantes de Hadleyburg, el propósito de los priistas es obtener la palabra mágica de los mexicanos: el "Sí" a la reforma energética, para luego proceder a la expropiación de un porcentaje significativo de su renta petrolera en favor de las trasnacionales y sin mediar más compensación que una talega sellada que, se presume, está colmada de monedas de oro.

Le pregunto algo, mexicano: ¿Usted también vive en Hadleyburg? ¿Se atreverá a dar el "Sí" a los priistas para luego ser objeto de burlas una vez que en el futuro se abra la talega y caiga en la cuenta de que todo ha sido un engaño, que en lugar de monedas de oro solo hay un montón de rodajas de hojalata y plomo? Si da el "Sí" al no oponerse activamente a esta trama priista, ¿ya pensó en las nefandas consecuencias que vendrán una vez que la engañosa burbuja de optimismo de los priistas reviente en la cara de todos con la vuelta a la realidad? De suceder eso: ¿qué hará para restituir a los mexicanos la renta petrolera que expropiaron los priistas? ¿Cree que es fácil encontrar a un nuevo Lázaro Cárdenas?

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.



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