Luis Videgaray y la democratización de la pobreza.

Hace algunos días Luis Videgaray y Rosario Robles ofrecieron una conferencia de prensa conjunta con ocasión de los más recientes indicadores de pobreza de la CONEVAL. Le regalo enseguida lo que yo creo es lo esencial para efectos de mi apunte:

1. De 2010 a la fecha la pobreza general en México se ha incrementado pese a una disminución de la pobreza extrema. A la fecha, tenemos 53.3 millones de mexicanos en condición de pobreza. La población de mexicanos en condición de pobreza general representa el 45 % de la población total al año 2012. El porcentaje se ha mantenido sin cambios significativos en los últimos 20 años. 


2. La persistencia de la pobreza demuestra la limitación de los programas asistenciales: contienen la pobreza pero no la combaten de manera definitiva. 

3. Las estadísticas económicas demuestran que son las crisis económicas los fenómenos que más generan pobreza. Se cita al caso las crisis de 1995 y 2008-2009. 

4. Debemos romper el paradigma de que los pobres no tienen potencial productivo y están condenados a vivir sólo de subsidios - esta parte es hechura de Rosario Robles -.

Sentado lo anterior, para los dos declarantes se da por demostrado lo siguiente, aunque no lo demuestran:

1. La política neoliberal de estabilidad macroeconómica es positiva, benéfica, porque al evitar o amortiguar crisis económicas y financieras evita el crecimiento de la pobreza.

2. Deben rediseñarse las políticas asistencialistas para darles salida productiva. Así, se buscará vincular los recursos de esta esfera a la productividad. 

3. El instrumento más eficaz para combatir la pobreza es el crecimiento económico. Y para esto se requiere de crecimiento sostenido y significativo, lo cual significa para ellos una tasa anual sostenida del 5 % por lo menos. 

4. Las reformas políticas del PRI son fundamentales para lograr ese crecimiento económico significativo y sostenido.


La estrategia oculta del PRI:

Es evidente que las cifras de pobreza se acomodan a la perfección en las intenciones del PRI por hacernos creer en la necesidad indudable de las reformas que nos está ofreciendo, especialmente en el ramo energético y fiscal. En este sentido, podría decir incluso que, por primera vez en la historia, las cifras escandalosas de pobreza son bienvenidas por el PRI. 

En esencia, lo que el PRI pretende en esta ocasión es vendernos la idea de que están por poner en marcha una máquina institucional perfecta que funcionará de la manera siguiente en forma automática si los mexicanos nos ordenamos a su voluntad: Las reformas del PRI producirán un crecimiento económico sostenido del 5 % y este crecimiento reducirá la pobreza en el país de manera sostenida y hasta erradicarla o llevarla a un mínimo despreciable. Y es de ahí que ambos, Videgaray y Rosario, hayan cerrado su conferencia con la siguiente "frase afortunada: "Para menor pobreza, mayor crecimiento económico".

No hay máquinas perfectas ni el crecimiento económico es una varita mágica:

En esencia, los dos declarantes nos dicen con la "frase afortunada" algo que ya Adam Smith, el fundador de la economía, nos había dicho siglos atrás cuando nos hablaba sobre la diferencia entre naciones civilizadas y salvajes. En efecto, Smith nos dijo que el aumento sostenido del ingreso nacional - crecimiento económico - garantiza en automático el acceso creciente de la población de un país civilizado a ese ingreso en aumento para así satisfacer sus necesidades de manera progresiva a través del mercado. Ésta es una gran verdad de Smith en torno a la cual todos los economistas están de acuerdo en lo general. Sin embrago, lo cierto es que el progreso y la prosperidad como efecto del crecimiento económico no es tan automático como pretenden dibujarlo Adam Smith, siglos atrás, y ahora Videgaray y Rosario. 

El crecimiento económico puede ser un instrumento muy limitado en el combate a la pobreza como lo son de hecho las políticas asistencialistas. Esto, por los siguientes motivos.

En primer lugar, los efectos del crecimiento económico sobre la pobreza son muy volátiles. Lo que usted gana contra la pobreza en las etapas de auge económico lo puede perder por completo en las etapas de recesión. Incluso se ha demostrado empíricamente que las pérdidas en las recesiones y crisis - crecimiento de la pobreza - pueden sobrepasar a las ganancias en las etapas de auge - disminuciones de la pobreza -. En esto el mismo Videgaray deberá estar de acuerdo con nosotros toda vez que él mismo se ha dado tiempo para remarcar en su discurso que las crisis económicas del 95 y el 2008-2009 han tenido efectos severos sobre la pobreza.

En segundo lugar, países como México tienen poco control sobre su crecimiento dada su alta dependencia del mercado externo - exportaciones - motivada por la estrechez de su mercado interno, resultado ésta, a su vez, de los altísimos niveles de pobreza. En estas condiciones, la tasa de crecimiento del país depende en grado muy significativo del ritmo de crecimiento de los países más conectados a nuestra economía, especialmente EUA. Y para entender esto, tome nota solo del siguiente hecho: México fue uno de los países más afectados por la crisis mundial de 2008-2009 en virtud de su dependencia del eje de esa crisis: EUA. 

Videgaray podrá tener sembradas sus mejores esperanzas en que México crezca a tasas del 5 % o más de manera sostenida, pero la verdad es que esto es muy incierto sobre todo si consideramos que estamos en un escenario mundial de crisis y estancamiento. Y para echar abajo esas esperanzas bastaría con que las principales economías conectadas a nuestro país caigan en una recesión o en severa crisis para que el país esté condenado en automático a seguir la misma ruta decadente con las consecuencias negativas que se pueden inferir en el nivel de pobreza.

En tercer lugar, se ha demostrado empíricamente que los efectos del crecimiento económico sobre la pobreza son tan  limitados que solo alcanzan a ofrecer relaciones de 1 a 1 en el mejor escenario: Por cada punto porcentual de crecimiento en el PIB, un decremento de un punto porcentual en la pobreza absoluta. Contrasta con esto el mayor poder de las políticas de redistribución sobre la pobreza donde las relaciones van de 1 a 2: Por cada punto porcentual de disminución en la desigualdad, dos puntos porcentuales de reducción en la pobreza.

En cuarto lugar, el crecimiento económico combate esencialmente a la pobreza absoluta, aquella que es medida por sí misma contra un criterio que define un umbral de necesidades básicas para la sobrevivencia. Pero muy poco o nada puede hacer respecto de la pobreza relativa - la que se mide según desigualdad entre los habitantes de un país - porque esta dimensión del problema depende más directamente de los mercados de factores y de las políticas de redistribución por parte del Estado. De pasada, debo decirle que ya resulta obvio que la pobreza relativa es la que debe importar a los economistas, como de hecho ocurrió con el mismo Adam Smith, porque es ella la que nos da una medida más integral de la salud en la operación de una economía de mercado. 

En ciertas condiciones perversas de la economía local, el crecimiento económico puede incluso invertir su relación de causalidad con la pobreza, pasando así de ser atenuador limitado de la pobreza a ser un amplio estimulador de la pobreza. 

La explotación y la precarización del trabajo en México: 

La derrama de los beneficios del crecimiento económico a toda la sociedad depende en esencia de la correcta operación de los mercados de factores, especialmente del factor llamado trabajo, bajo la supervisión del Estado a través de una política laboral justa. En este sentido, los mercados de factores y el Estado vienen a ser una suerte de sistema circulatorio a través del cual se derraman esos beneficios del crecimiento hacia toda la población. Si el sistema de circulación funciona bien, hay derrama y abatimiento de la pobreza; pero si funciona mal, se genera mayor desigualdad y pobreza, y se obstruye el potencial de crecimiento. 

La institución del salario mínimo es resultado de la experiencia histórica acumulada en torno al mercado de trabajo: Cuando dejado libre en condiciones de exceso de oferta, no logra establecer salarios que permitan la supervivencia y reproducción del factor trabajo en condiciones normales y dignas en lo material, social y cultural. En este sentido, el objetivo del salario mínimo no es sino amortiguar el problema de la pobreza y la desigualdad que surgen de estas situaciones a través de la fijación por ley de mínimos de supervivencia y "vida digna" para el trabajador. 

Pero resulta que una de las causas fundamentales de la desigualdad y la pobreza en México es precisamente el trato perverso que se ha dado a los salarios mínimos sobre todo a partir de la década de los años 80. En efecto, luego de una historia de ascenso con paso errático, el salario mínimo real en México logró alcanzar su máximo histórico en el año de 1976. Pero a partir de ahí, comienza su largo proceso de descenso hasta nuestros días. Este proceso de decadencia se acentúa sobre todo en la década de los 80 con el arribo del neoliberalismo, tiempo en el cual se establece como norma el criterio de fijar el salario mínimo de acuerdo a la inflación esperada para el año siguiente. Solo inmediatamente después de la crisis de 1994-1995, al final del sexenio de Carlos Salinas, el salario mínimo real alcanza su virtual sótano y se mantiene ahí prácticamente estancado en su valor real. Y toda esta dramática caída en el salario mínimo real ha llevado a México a ser considerado como miembro del selecto club de países con salarios más bajos a nivel planetario, por abajo incluso de algunos países de África y Centroamérica que reportan niveles de desarrollo significativamente menores a los de México.

En general, se estima que el salario mínimo actual es aproximadamente solo el 25 % del salario mínimo de 1976, lo que significa una pérdida real de poder adquisitivo de casi el 75 %. Y todo este proceso decadente del salario mínimo real se ha traducido en una participación cada vez menor de los trabajadores en el ingreso nacional no obstante que su productividad ha crecido. Se calcula que entre 1993 y 2011 la productividad creció en casi 147 %. Si en teoría esto debería reportar un aumento en el salario mínimo real, por el contrario, éste cayó alrededor de 30 %. En este mismo período las ganancias del capital como proporción del PIB han pasado de un 46% a un 54%, en tanto que las remuneraciones al trabajo han caído de un 29% a un 25%. Evidentemente, esa pérdida neta de los trabajadores ha ido a parar en la forma de mayores ganancias para el capital, especialmente la de los  grandes corporativos empresariales. 

La gravedad de este problema se hace más patente cuando acudimos a los datos referentes al número de trabajadores sujetos a este proceso de precarización del trabajo. Según el INEGI - Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo -, al segundo trimestre del 2012 existían en México poco más de 18 millones de trabajadores con un ingreso por trabajo no mayor a dos salarios mínimos, lo cual equivale a $ 120 por día o $ 3,600 al mes como máximo - salario mínimo de $ 60 para esa fecha del dato -. Con una carga de dependencia familiar de 2.5 por cada persona ocupada, esto nos habla de 45 millones de mexicanos en esta situación de virtual marginación.  

¿Y cómo saquean a los trabajadores el PRI y el PAN?:

La precarización de los salarios y el trabajo en México se ha dado a través de dos mecanismo perversos: Inflación real y productividad. 

Dijimos que los salarios mínimos se fijan de acuerdo a la inflación esperada para el siguiente año. Si la tasa de inflación real es mayor que la tasa de inflación esperada - que es lo habitual -, esto se traduce en pérdidas para el trabajador ya que éste tendrá que pagar precios más altos que los que fueron usados para calcular el salario mínimo vigente. Es desde aquí que se explica el grueso de la disminución histórica del poder adquisitivo del salario mínimo que ya vimos arriba. En el balance, esta pérdida del trabajador se traduce en ganancias netas para el empresario vía precios mayores a los esperados en sus mercancías. 

Ahora bien, a mayor productividad de una economía, más capacidad de la misma para producir más mercancías en menos tiempo y a precios más bajos. Este beneficio de la productividad debería compartirse entre capital y trabajo porque la productividad de una economía es resultado de los avances tecnológicos y de la habilidad y el capital humano de los trabajadores. Sin embargo, en México la productividad no es tomada en cuenta a la hora de fijar el salario mínimo, lo cual se traduce en una transferencia neta e ilegítima de ganancias para el trabajo en favor de ganancias para el capital. 

El crecimiento económico equitativo necesita políticas redistributivas:

Para que la estrategia del crecimiento económico pueda reportar resultados significativos, rápidos y de largo aliento contra la desigualdad y la pobreza, necesitamos acompañarla de una política integral para la redistribución del ingreso y la riqueza. En nuestro caso, los tres instrumentos fundamentales de política redistributiva son los siguientes: Sistema impositivo progresivo - impuestos a los ciudadanos en proporción a su capacidad de riqueza e ingreso -, políticas laborales justas, y gasto público asistencialista. 

En nuestro caso, las políticas redistributivas mencionadas son indeclinables en su necesidad una vez que ponemos la vista en la creciente precarización del trabajo que ha devenido del modelo económico del PRI y el PAN. Si no se hace nada respecto a la necesidad de determinar salarios según el costo real de una "vida digna" para nuestro estándar cultural y de prosperidad y según las ganancias para el trabajo por productividad, todo lo demás será un sueño inútil.  Y en esto debe abandonarse el mito de tener que ajustar los salarios a la inflación esperada por la falsa aprensión de controlar la inflación misma, porque lo cierto es que si los salarios aumentan aparejados con la productividad del trabajo no tienen forma de generar inflación. 

Una ventaja adicional de las políticas redistributivas es que al estimular el consumo privado potencian el crecimiento económico al tiempo de otorgarle también una mayor autonomía respecto del exterior. En efecto, una economía que alcanza una mejor distribución del ingreso y de la riqueza a través de políticas redistributivas está amplificando su poder de consumo y dando con ello más posibilidades de crecimiento a su mercado interno, lo cual luego se traduce en más oportunidades de inversión y en crecimiento económico.

Lo que de verdad nos ofrece el PRI: 

Con lo apuntado nos queda claro que el modelo económico priista y panista promueve de manera deliberada e ilegítima la precarización del trabajo para privilegiar las ganancias del capital. Dicho modelo ha buscado con esto insertar a nuestro país en la globalización neoliberal en calidad de oferente de mano de obra muy barata a fin de atraer inversión y fomentar así el crecimiento económico. Pero en el pecado de la avaricia han llevado la penitencia porque resulta que ese afán de maximizar ganancias del capital a costa de reducir el poder adquisitivo del salario luego ha terminado por obliterar al motor de una economía de mercado: el consumo privado. En efecto, la disminución del poder adquisitivo de los trabajadores ha terminado por disparar una reacción en cadena de eventos fatales en una suerte de círculo vicioso: Al disminuir la capacidad de consumo y ahorro de los trabajadores, ha disminuido el mercado interno, esto ha disminuido las oportunidades de inversión y el potencial de crecimiento, y luego los empresarios han tenido que orientarse al mercado externo - exportaciones -, lo cual luego nos ha convertido en una economía productora de bienes y servicios de bajo valor para el mercado interno - para pobres -, en una gran maquiladora de exportación y en un país mucho más vulnerable a las crisis internacionales. Y al final, todo esto ha estimulado nuestros problemas de estancamiento, concentración de la riqueza, pobreza y desigualdad.

En suma, se trata de un modelo económico que, por su democratización de la pobreza, solo tiene precedentes en la etapa del porfiriato. Y sin embargo, el "Nuevo PRI" nos ofrece más de lo mismo, la continuidad de ese mismo modelo económico. Incluso en algunos apartados este partido nos ofrece exacerbar el carácter depredador del mismo modelo.

Por un lado, se nos presenta a la estrategia del crecimiento económico como la mejor solución a la pobreza, siendo que ya hemos demostrado que, por sí misma, es tan limitada en sus alcances en este sentido como los son las políticas asistencialistas. Por otro lado, las reformas principales apuntan hacia el empeoramiento en la condición de los trabajadores. Por donde quiera que se le vea, la reforma laboral no viene sino a acelerar la precarización del salario y la mano de obra mexicana. La reforma fiscal, al tener su eje principal en el aumento y ampliación del IVA, un impuesto regresivo, también tiende a la exacerbación de la desigualdad y la pobreza. Y una vez ya muy avanzados en su propósito de precarizar al trabajo de los mexicanos, la reforma energética ahora va por la precarización del petróleo y su renta a través de una política volumétrica - aumentar oferta sin cuidar el precio - y de participación de las ganancias petroleras con las transnacionales del ramo. 

El esbozo de política redistributiva que nos adelanta Rosario no llena el hueco ni de lejos porque se trata de una estrategia muy pobre, absurda, ilegítima e inhumana. Pobre, porque sus recursos financieros son insuficientes para la dimensión del fenómeno de la pobreza en México. Absurda, porque se centra en una absurda estrategia que ya nos adelantó el mismo José Angel Gurría - al que dedicaré otro artículo -: Quitar a los pobres vía impuestos para ayudar a los pobres. Ilegítima, porque sabemos que es una política con tintes clientelares-electorales; situación que ya ha quedado demostrada por la misma Rosario en los hechos. E inhumana porque trabaja bajo el supuesto de que los pobres en México son gente improductiva y acostumbrada a la gratuidad de los subsidios; creencia de la que deriva la intención manifiesta del PRI de conectar estos apoyos sociales a la productividad. ¿Acaso Rosario cree que los pobres en México se la pasan sin hacer nada y que de ahí deriva su estado de pobreza? Parece que Rosario no logra o no quiere comprender que la pobreza en México es producto casi exclusivo del cruel fenómeno histórico llamado: Precarización del salario y el trabajo por parte del PRI y el PAN.

La cruel ironía del PRI:

Espero que el lector repare en la gran ironía contenida en esta parte el plan priista: Los priistas no se atreven a indexar los salarios con la productividad anual de los trabajadores porque eso implicaría un severo golpe a las ganancias del capital privado. Sin embargo, sí que están prestos a someter los subsidios a los pobres, que no son sino los mismos trabajadores precarizados, al criterio de la productividad. En otras palabras, al absurdo de quitarles dinero para luego ayudarles con su mismo dinero, añaden otro absurdo: A cambio de la ayuda, hacer trabajar más a los pobres, tal como si no estuvieran ya de sobra explotados por el capital privado y el Estado.

¿Cuál es el fin de esto, doña Rosario: reventar a los pobres de trabajo y hambre hasta que por fin mueran?

Conclusión:

A la luz de lo dicho, si usted me pidiera le diera una probabilidad de verdad a la "frase afortunada" de Videgaray y Rosario que afirma que: "Para menor pobreza, mayor crecimiento económico", yo solo le diría que le doy cero probabilidad de verdad. Y si me atengo a los hechos, solo puedo decir que es de máxima verosimilitud que esta oferta del PRI solo se traducirá en crecimiento mediocre y errático aparejado con una mayor precarización de los trabajadores mexicanos en favor de las ganancias del capital, lo cual redundará en una situación de mayor desigualdad y pobreza. En breve, todo se tratará de un nuevo episodio de la habitual tragedia priista y panista llamada: Democratización de la pobreza. 

Y al final, siempre habrá un pretexto para decir: "Nos equivocamos" o: "No contamos con ese factor exógeno."

Cierro mi apunte citando una expresión importantísima de Adam Smith que le da pleno sentido a mi reflexión final: 

"Ninguna sociedad pude ser floreciente y feliz si la mayoría de sus ciudadanos son pobres y miserables" 

La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith. P 126

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

Comentarios