Luis Videgaray y el caso del señor Ganesha.

Al señor Ganesha le tocó vivir un espantoso y muy kafkiano episodio de existencia que cambiaría su vida para siempre.

Dícese que un día por la noche el señor Ganesha se fue a la cama con toda su normalidad debidamente montada en su lugar. Como de costumbre, Ganesha se puso cómodo de ropa, se tumbó en la cama bajo las mantas, reacomodó su almohada y su cabeza sobre ésta, cerró los ojos muy plácidamente, suspiró profundamente, y al instante ya estaba profundamente dormido.


Pero sucedió que esa noche el señor Ganesha estuvo muy creativo con su imaginación y se dio, pues, a la tarea de construir un mundo extraño donde él era el sabio de sabios Ramanujan. Y ya siendo dueño de la mayor sabiduría, se dio a construir una metafísica oriental que afirmaba que el fundamento de ese mundo de ensueño era un elefante. Sí, eso mismo: un elefante muy bien enjaezado y con sus colmillos bien encasquillados con revestimientos de oro y piedras preciosas engastadas. Y era tan desconcertante esta afirmación para los habitantes de su mundo de sueño, que luego vino a él uno de los más grandes sabios del colegio de sabios de aquel mundo que había creado con su imaginación, y le pregunta a Ganesha lo siguiente: "¿Y sobre qué se fundamenta ese elefante del que hablas?" Ganesha le respondió con tono docto lo siguiente: "Simple, ese elefante está sobre otro elefante que es a su vez su fundamento". "Y ese otro elefante - replica el gran sabio -, ¿sobre qué descansa?" Y Ganesha responde silabeando de manera docta: "¡ E-vi-den-te-men-te !, que sobre otro elefante." A esas alturas el gran sabio ya había caído en la cuenta del juego de Ganesha, y le dice a éste: "Voy viendo que cada vez que te pregunte esto, tú saldrás con el recurso de otro elefante, y otro elefante, y otro elefante..." Y Ganesha lo interrumpe con un: "¡ E-xac-ta-men-te ! Y así habrá elefantes hasta el infinito."

Y bien, sucede que mientras Ganesha se carcajeaba en sus sueños por sus astucias de sabio, de pronto despierta ante los primeros fulgores del amanecer que hieren sus párpados desde la ventana. Se estira como gato sobre la cama, se arquea, retiembla, gruñe, carraspea, se rasca la cabeza colmada de pelo enmarañado, y luego se impulsa para ponerse en pie y empezar su día. Pero extrañamente, al sentarse al filo de la cama siente muy pesada la cabeza. De principio no le da a esto la mayor importancia. Lo atribuye a la pesantez del despertar. Pero al poco rato la cabeza se le va de lado sin poder resistirle. Ganesha intenta balancearse como puede pero no logra restablecer la vertical del equilibrio. 

Para ese entonces Ganesha ya está invadido de una terrible aprensión. Se da cuenta de que algo extraño y anormal le sucede en la cabeza. Lleva así sus manos a esa parte del cuerpo y se entera de algo que le aterroriza. En efecto, mientras palpa acuciosamente su cabeza se da cuenta de algo que le crispa los ojos, que le pone los pelos de punta y lo colma de un horror inconmensurable. Ganesha hace a un lado las mantas de un golpe y trata de ponerse en pie como puede para alcanzar el espejo. Y lo hace con tal fuerza que sale disparado de la cama como impulsado por un poderoso resorte. Pero avanza torpemente, asiéndose tambaleante de muebles por allá y por acá, sin poder guardar el equilibrio dada su nueva y muy insospechada condición. Mas después de varios tumbos lastimosos llega a su meta, se aferra al mueble, y al verse en el espejo queda completamente enmudecido y pálido de horror ante el espeluznante hecho que se le revela a los ojos. Sí, en efecto, su cabeza es enorme, descomunalmente grande.

El pobre hombre hace lo que es de humanos en estos casos: responder al pánico huyendo de sí mismo y pidiendo auxilio. Se mueve errática y lastimosamente cuando trata de avanzar a la puerta de la recámara. Está como ebrio. Se balancea de un lado a otro sin poder ordenar su movimiento. Apenas puede asirse de un mueble y otro para no caer de bruces al suelo. Mas no ceja en su intento por ir hacia la puerta de la recámara para llamar a su familia. Lo intenta una y otra vez, pero es inútil. Así que mejor opta por gritar pidiendo auxilio. Y cuando grita...¡ Ooooh, terrible realidad ! Se estremece feamente porque su boca solo espeta unos sonidos monstruosos, entendibles a duras penas porque van montados en el vehículo de las barritadas y los gruñidos típicos de un elefante. Vuelve a gritar, y solo se escuchan los ladridos de los perros del vecindario muy espantados por sus gritos horrendos de auxilio. Vuelve a gritar, pero solo están los perros y nadie de su familia responde al llamado.

Han pasado las horas desde entonces. La familia de Ganesha ha acudido por fin en su auxilio y, superado el trance terrífico de encontrarlo en semejante estado, ya éste es conducido hacia el hospital donde se atienden este tipo de casos extrañísimos por arte de un doctor muy exótico, que es mezcla de shamán y alquimista. Es así que, en un suspiro, Ganesha ya está en manos del gran sabio. Acto seguido lo someten a sesudos, extensos y variados análisis y, al final, cuando los resultados están listos, y ya estando en el consultorio frente al doctor, quien se hace acompañar por su jefa de enfermeras, éste le dice:

- Su caso es muy extraño, señor Ganesha. Su cabeza ha entrado en un proceso de crecimiento autónomo que parece no tener límite...

El señor Ganesha prorrumpe en un lastimoso llanto.

- Pero ¡ cál-me-se, señor Ganesha !

- ¡ Pero doctor...!

- Pese a todo, le tengo buenas noticias, señor Ganesha - atraviesa con firmeza el doctor -.

- ¡ Pero es posible que pueda tenerme buenas noticias cuando yo...!

- Admito que el suyo es un caso raro, señor Ganesha - continua el doctor -. Diría que inédito en la historia de la medicina. Y también es grave. Y para ilustrarle la gravedad, solo debo decirle que cuando llegó al hospital su cabeza era el triple de lo que es normal en un hombre de su talla, y en este momento, un par de horas después, ya es cinco veces mayor.

El llanto de Ganesha es ya insufrible.

- Pero creo que tenemos el remedio para su problema, señor Ganesha. No se aterrorice.

Ganesha contiene su llanto a duras penas y pregunta con voz entrecortada y quejumbrosa:

- ¿En verdad, doctor? ¿Es posible que usted pueda...?

- Así parece, estimado señor Ganesha.   

Al escuchar aquello Ganesha ya no puede contener la emoción, y si no ha sido parado y tenido en su asiento con firmeza por la enfermera, se hubiera encaramado en el escritorio del doctor para luego besarle las manos hasta acabarlas. 

- ¿Y cómo haremos para remediar esto, doctor? - inquiere el señor Ganesha enjugando sus lágrimas -.

- Simple - responde el doctor con una sonrisa -. Tan simple como hacerlo crecer.

- ¿Hacerme crecer? - pregunta el señor Ganesha muy desconcertado -.

- ¡ En efecto, señor Ganesha ! - confirma el doctor -. Como lo oyó: El remedio es hacerlo crecer.

- ¿Y cuánto?

- Hasta el infinito si es preciso.

Un relámpago de silencio se deja caer en el consultorio. Y es que Ganesha no logra darle sentido a las palabras del doctor. Y luego de palmotear de desesperación sobre los brazos del asiento, expresa muy desconsolado lo siguiente:

- Doctor, creo que no ha entendido mi deseo. Yo no quiero crecer. Lo que deseo es dejar esta horrible condición y volver a mi estado proporcionado, el de ayer. Solo deseo que mi cabeza vuelva a su estado normal y proporcionado a la talla de mi cuerpo. ¿Me comprende? 

El doctor lanza un hondo suspiro y menea la cabeza en un gesto de desaprobación. Se pone en pie y se dirige al pizarrón. Toma la tiza y dibuja con burdos garabatos de niño un cuerpo humano que en teoría es proporcionado, y dice al punto:

- Así era usted ayer, señor Ganesha. ¿Está de acuerdo?

- Digamos que más o menos.

- Y así quiere volver a ser.

- Por supuesto.

- Pero su cabeza ha crecido de este tamaño a este otro tamaño - dice el doctor mientras dibuja un círculo que es más de cinco veces mayor que el "normal" -.

¡ Horror ! El señor Ganesha casi se ha desvanecido al ver el ingente círculo sobre el pizarrón. Al poco rato es vuelto en sí por la enfermera.

- Le dije hace rato que su cabeza ha tomado una suerte de autonomía con respecto a su cuerpo, de tal forma que está sorbiendo toda la energía del mismo para sí misma y por ende está creciendo sin control. Esto no ha afectado al resto de su cuerpo por el momento, pero podemos estimar que, de no hacer nada, su cabeza crecerá hasta el infinito y su cuerpo en un momento dado empezará a colapsar hasta quedar en nada...

- ¡ Nadaaaaaa !

- Como lo oye: Cero.

¡ Terror ! Ahora el señor Ganesha sí que se ha desmayado por completo al escuchar las palabras del doctor. Solo hasta media hora después volvió en sí por las artes de la diligente enfermera para así estar en condiciones de seguir escuchando al doctor.

- Le dije que tememos la cura para su mal, y que la misma consiste en hacerlo crecer. 

- Es que no logro entender esto, doctor. Si mi cabeza sorbe toda la energía de mi cuerpo para sí, al hacerme crecer el mal se agravará. Es obvio.

- No, no, no, no, no, señor Ganesha - replica el doctor meneando la cabeza -. Eso que usted afirma viene del sentido común. En cambio lo mío es ciencia. Y como ciencia es misteriosa e incomprensible. Tan incomprensible, que puede resultar absurda, como le parece absurdo a usted ahora lo que le explico y prescribo.    

Ganesha asiente ligeramente con la cabeza...como puede, y con resistencia evidente. Pero al doctor no le pasa por alto esto, así que se quita la bata, se arremanga la camisa, toma la tiza, se aferra con la otra mano al marco del pizarrón, y en un santiamén está escribiendo garabatos y fórmulas exóticas para explicarle a fondo a Ganesha.

- Armonía es proporcionalidad - afirma el doctor de manera docta dando un puntillazo en el pizarrón con la tiza para dar el punto final -. ¿No es así, señor Ganesha?

- De acuerdo.

- Usted era armonioso ayer, en lo que cabe. Ya no lo es hoy porque su cabeza ha crecido desproporcionadamente. El sentido común nos dice que para hacer retornar la armonía a su cuerpo debemos disminuir el tamaño de su cabeza hasta restituirla a su anterior tamaño...

- ¡ Exacto ! - expresa el señor Ganesha muy emocionado -.

- Pero mi ciencia, señor Ganesha - corrige el doctor -, que no es sentido común sino saber, nos dice que debemos aumentar el tamaño del cuerpo para emparejarlo a las nuevas circunstancias de la cabeza. ¿Puede ver la fórmula en el pizarrón?

- Sí.

- ¡ Eso lo explica todo !

Ante el evidente desconcierto del señor Ganesha, el doctor continúa con su discursos científico.

- En nuestra magia médica, señor Ganesha, existe un supremo principio que dice lo siguiente: Crecimiento es armonía. Esto implica una consecuencia lógica ¡ ne-ce-sa-ria !: Entre más crecimiento reporte un cuerpo, más armónico será. Y es este principio indisputable el que me permite deducir necesariamente que si yo lo hago crecer a usted, algún día será de nuevo armónico o proporcionado en su cuerpo. ¡ Y por consecuencia indubitable resulta que...!

- Perdone, doctor - interrumpe Ganesha -. Pero insisto que el sentido común me indica que si usted me hace crecer, creceré con la misma desproporción. El problema nunca se irá. Y lo que es más, ya que usted afirma que mi cabeza está sorbiendo toda la energía de mi cuerpo, al crecer mi cabeza crecerá ¡ más que proporcionalmente !...¡ El problema se agravará !

Silencio profundo en el consultorio.

- ¡ Por Dios, doctor !...¡ Esto es una locura !... - grita el señor Ganesha prorrumpiendo en un llanto desgarrado -.

- Le volveré a demostrar que no es así - replica el doctor resoplando -. La premisa mayor es: Entre más crecimiento corporal, más armonía corporal. La premisa menor es: Yo, el doctor, haré crecer al señor Ganesha. Deduzca por favor la conclusión, señor Ganesha, si me hace el favor...Es muy simple.

Ganesha calcula y recalcula con los ojos pegados al techo, y dice:

- La conclusión es que si yo crezco seré cada vez más armonioso.

- Es decir: Más proporcionado.

- Así parece.

- ¡ Ya lo veeeee ! - grita el doctor lleno de júbilo, para luego agregar -: Y esto será así hasta que llegue el día, que esperemos sea pronto, en que usted sea de nueva cuenta perfectamente armonioso, tal como era antes de que ocurriera esta insufrible pesadilla.

Después de un instante de silencio en que Ganesha no puede dar crédito a la incoherencia entre las deducciones apriorísticas del doctor y los datos del sentido común, éste insiste apelando:

- Insisto, doctor: ¿No cree que sería mejor detener el crecimiento de la cabeza directamente y luego volverla a su tamaño original, o bien estimular el crecimiento del cuerpo e inhibir el crecimiento de la cabeza hasta que se emparejen?

- ¡ Por Dios, señor Ganesha ! - grita iracundo el doctor -. ¿Se somete o no al tratamiento que le propongo? 

Después de un instante de silencio, Ganesha acepta asintiendo con la cabeza...y como puede.

- Bien - exclama el doctor resoplando - Lo felicito, señor Ganesha. Verá como después de múltiples sesiones de tratamiento usted recobrará su proporcionalidad y con el valor agregado de terminar en su talla ¡ como un gigante !...Señorita - instruye el doctor a la enfermera -: Hágame el favor de disponer todo para que el señor Ganesha inicie en este mismo instante su tratamiento. 

- ¿Hoy mismo, doctor? - pregunta la enfermera -.

- Desde luego - responde el doctor - ¡ Nos urge crecer !...¿No es así, señor Ganesha?

- Solo tengo una pregunta, doctor - pregunta un Ganesha que no puede ocultar su desconcierto -: ¿En qué consiste el tratamiento?

- Lo llamaremos Transferencia Energética por Tercerización y Outsourcing - aclara el doctor -, y que por sus siglas es: ¡ TETO ! 

- ¿TETO? - inquiere Ganesha -.

- Y el TETO consistirá en lo siguiente: Usted será emplazado en el laboratorio de transferencia lado a lado con un gran elefante...

- ¡ Un elefante ! - exclama el señor Ganesha horrorizado -.

- O un hipopótamo - atraviesa la enfermera -. Que al fin es lo mismo.

- Ambos, usted y el elefante - prosigue el doctor -, serán interconectados para generar un flujo y reflujo mutuo. Usted cederá toda su energía y hasta la última pizca al señor elefante, que es lo que él necesita, y éste le cederá a usted lo que le sobra pero que a usted le falta: tamaño, masa, talla.  

- ¿Eso significa que seré del tamaño de un elefante? - inquiere el sorprendido Ganesha virando la mirada entre los dos sujetos -.

- Solo si es necesario - replica el doctor -. Y eso lo veremos al paso porque el tratamiento TETO es gradual, al paso, poco a poco. Primero usted cede energía suficiente como para que se le aplique una tasa de crecimiento del .5 %. En la otra sesión cede otro tanto que sea suficiente para una tasa de crecimiento del 1 %. Y así nos vamos a ir hasta que alcancemos la sorprendente tasa de 5 % ó 6 % de crecimiento sostenido. ¡ A partir de ahí !, amigo Ganesha, las sesiones se mantienen con esa tasa de crecimiento hasta que logremos la meta planeada: Que usted esté debidamente proporcionado de su cuerpo. 

- ¿Y no tiene idea aproximada siquiera de la talla en que iré a parar, doctor? - pregunta un sorprendido y todavía incrédulo Ganesha -. 

- Si me atengo a las dimensiones de su deformación actual - dice el doctor meneando la pluma en sus labios -, que es aparentemente y a ojo de buen cubero ya de un 6 a 1, estimo que terminará midiendo 6 veces más de talla. 

- ¡ Seis ! - grita Ganesha -.

- ¡ Un verdadero titán ! - grita el doctor -.

Silencio. Ganesha medita profundo sobre el asunto. Al instante pregunta lo siguiente:

- ¿Qué sucede si al final me quedo sin energía por tener que transferirla toda al elefante?

El doctor prorrumpe en carcajadas, y dice con aire de optimismo:

- Sin problema, señor Ganesha. Porque una vez que usted sea un elefante, podrá acudir a nuestro método TETO para sorber toda la energía de otro desafortunado que caiga en nuestras manos. 

Comentarios a la narración:

Por supuesto que esta narración ficticia tendrá que parecerle absurda. Más allá de lo inconcebible de una enfermedad como la del señor Ganesha, la absurdidad de la narración descansa en el perturbado principio científico del doctor: "Crecimiento es armonía". Pero más absurdidades hay todavía en las deducciones que realiza el doctor a partir de ese locuaz principio y que le permiten enredar al pobre señor Gansesha y convencerlo de someterse al tratamiento TETO, que es por cierto el mayor de todos los absurdos, pese  a que el sentido común le dice a Ganesha que todo es precisamente un absurdo, un engaño.

La narración es perfectamente aplicable a Luis Videragaray y Rosario Robles en su más reciente rueda de prensa conjunta en torno a la pobreza. Para ese efecto, solo empalme personajes y situaciones de la siguiente forma: Luis Videgaray en el papel del doctor; Rosario como la enfermera; Ganesha como la sociedad mexicana que vive con una extraordinaria desigualdad de ingresos y riqueza - deformación corporal -; y la máxima de Videgaray en esa rueda de prensa y que reza: "Para menor pobreza, mayor crecimiento económico", en lugar de la máxima del doctor de este cuento: A mayor crecimiento corporal, más armonía corporal.

Le prometo que en el siguiente artículo, que será mañana, explicare en términos económicos cómo es que Luis Videgaray y Rosario Robles traen un silogismo incompleto en este asunto de la pobreza para tratar de vendernos la ilusión que dice: "Para menor pobreza, mayor crecimiento económico". Un intento de venta que a ellos les permite garantizar que la reforma energética pase sin problemas ante la opinión pública de este país.

Todo depende de si usted les compra o no la ilusión.

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

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