EPN y la resurrección de Lázaro.

Para la mayoría de los mexicanos ya es claro que la reforma energética del PRI no es sino un decreto arbitrario para la expropiación gradual de la renta petrolera de los mexicanos a favor de las trasnacionales y sin mediar más compensación que una talega sellada colmada de promesas demagógicas de prosperidad para todos. Y tenga por cierto que el PRI sabe que la estrategia demagógica que ha desarrollado en este asunto no ha logrado prender. Y tan lo sabe, que desde hace tiempo ese partido está muy nervioso.

Esos nervios ya han llevado al PRI a dar serios traspiés políticos. Los traspiés empiezan con César Camacho cuando convoca al viejo y caduco corporativismo de su partido a estar prestos a salir a la calle a protestar contra la sociedad civil que se opone en su mayoría a la reforma energética (1). Los traspiés han continuado con el frenesí de demagogia en muchos priistas notables como Manlio Fabio Beltrones - ya dedicamos un artículo a este asunto (2) - y David Penchyna - al que le dedicaremos un siguiente artículo -. Pero el más grave error de este PRI, que ya prácticamente está al borde de un ataque de nervios, ha sido el giro cardenista que EPN le dio a su propuesta de reforma energética.

En un artículo anterior ya demostramos por extenso la ilegitimidad y el carácter perverso de este nervioso lance cardenista del PRI (3). Vimos ahí que la ilegitimidad priista deviene de dos vicios deliberados en la interpretación de los personajes sobresalientes en la historia, como es el caso del gran Tata: Juzgarlos, no en sus propias circunstancias, sino en las circunstancias actuales del que analiza - PRI -; y abordar la historia del personaje en cuestión de manera parcial, incompleta, eligiendo solo los pasajes a modo, según dicta el criterio de la conveniencia y la terquedad. 

Pero antes de seguir déjeme recordar un episodio de la historia que nos ayudará a entender el absurdo juego cardenista del PRI. 

La paradoja heliocéntrica:

Durante siglos los hombres creyeron que la Tierra era el centro del cosmos. Esto era resultado natural del sentido común apoyado en las percepciones sensibles inmediatas que indican que el Sol y demás astros son los que se mueven alrededor de la Tierra y que ésta permanece fija. La deducción a favor del geocentrismo era natural, obligada, a tal grado que ese sentido común se convirtió en opinión, razón pública y luego en verdad sapiencial. Y nada mejor nos trae esto a la vista que el texto bíblico donde Javé detuvo al Sol por pedimento de Josué. 

Solo con el desarrollo progresivo de la astronomía como ciencia autónoma se pudo luego demostrar matemáticamente, y con apoyo de un amplio acervo de observaciones celestes, que el Sol era el centro del sistema solar y que la Tierra giraba alrededor de él. Sin embargo, esta serie de descubrimientos llevaron a la humanidad a enfrentar una paradoja sensacional, una situación "maravillosa" y "sorprendente": Si el sentido común indica que la Tierra es el centro del sistema solar, la ciencia y la razón nos demuestran que los sentidos nos engañan porque se puede demostrar que el Sol es el centro del sistema. Y por difícil que resulte de creerlo, el nuevo modelo heliocéntrico - el Sol como centro del sistema solar - no gozó de aceptación inmediata. Hubo de pasar mucho tiempo hasta que este modelo fuera aceptado como paradigma oficial de la ciencia y como opinión o razón pública dominante en las sociedades. Y esta resistencia siempre venía de los incrédulos que persistían en inclinarse por el sentido común o por los datos de las percepciones sensibles como criterio de verdad en este terreno. Sin embargo, el triunfo del nuevo modelo se dio gracias a que siempre pudo demostrar sus afirmaciones contra los incrédulos.

El PRI y la paradoja cardenista:

Es claro que el  propósito del PRI en este giro cardenista de su reforma energética ha sido persuadir a los mexicanos metiéndolos en una suerte de sentido paradójico de las cosas en este tema. Con esto quiero decir que los priistas buscan persuadirnos de sus propósitos poniéndonos frente a una situación que "maravilla", que "sorprende" - la paradoja según Cicerón -, porque va en contra de la opinión general o la razón pública de la sociedad civil en esa misma situación. Es tal como si los priistas tratarán de hacerse pasar como grandes sabios que han descubierto una nueva verdad totalmente "maravillosa" y sorprendente en torno a Lázaro Cárdenas, para desde ahí tratar de persuadirnos de esa nueva verdad "maravillosa" a través de la falacia de la autoridad. El truco del PRI en esta parte es muy fácil de dibujar. Vea.

La opinión o razón pública de la sociedad civil en este asunto es producto de la herencia cultural y educativa que hemos recibido. Esa herencia nos dice que el ideal de Lázaro Cárdenas en esta materia tenía un eje de gravedad único: La estatización y el monopolio absoluto del Estado sobre el petróleo como medios para la consecuente socialización y democratización de la renta petrolera. Y vaya que esta razón pública está sólidamente soportada por la verdad demostrada de la historia del Tata. Sin embargo, la gran banda de corsarios del PRI se lanza al abordaje de la nave de la razón pública y la verdad pervirtiendo la historia del Tata - ver arriba - para lanzar la "maravillosa" y tramposa afirmación de que el Tata sí quería a los empresarios privados nacionales y extranjeros participando de la renta petrolera. Y como dijimos, para esto los corsarios priistas se atienen solo a un episodio del Tata: las reformas a las leyes de 1940.

Evidentemente, el fin último de los priistas es meter al ciudadano en un conflicto reflexivo que se decante por la falacia de la autoridad en la deliberación de la siguiente forma:

- ¡ Diablos ! - dirá el ciudadano cuando escuche a los priistas -. A mí me dijeron en la escuela, y me lo han dicho hasta el cansancio, que el general Lázaro Cárdenas quería que el petróleo y sus beneficios fueran propiedad absoluta de los mexicanos. Pero ahora me dicen que no es cierto, que don Lázaro quería darle la renta a las trasnacionales....Bueno, pero qué caray - volverá a decir el ciudadano rascándose la nuca en un gesto de maravilla -, si el presidente y los congresistas lo dicen, entonces es cierto...¡ Demonios, he vivido engañado !...¡ Gracias, PRI !

Por supuesto que, en su plan perverso, los priistas apuntan la mira de la persuasión a los mexicanos muy ignorantes; mexicanos que, por su misma ignorancia, son ingenuos y fácilmente persuadibles a través de un engaño burdo y vulgar como es éste lance cardenista del PRI. Y mire que hay que decir que los corsarios priistas no van tan mal encaminados en esto, porque lo cierto es que hay muchos mexicanos que, por su ignorancia, y pese a la experiencia acumulada, no están dispuestos a creer que los políticos que gestionan al Estado, ya sea presidente del país, alcalde, gobernador o diputado o senador, son capaces de mentir y de vender a la patria si la paga es buena.

El problema de los corsarios priistas es que han sido muy torpes al diseñar su estratagema porque han pasado por alto un detalle importantísimo sin el cual su paradoja cardenista pierde todo poder persuasivo: No tienen manera de demostrar que su "maravillosa" afirmación es cierta pese a que contradiga a la razón pública o la opinión general. Y esto se debe a dos causas fundamentales: Primera, su afirmación "maravillosa"- el Tata como proprivatizador -  contradice la verdad demostrada - el Tata como partidario del monopolio absoluto del Estado -. Segundo, ni siquiera tienen el control sobre la voluntad del único personaje que pudiera ayudarles poniendo en duda la verdad demostrada para colmarla de espíritu polémico: Cuauhtémoc Cárdenas. En cuanto a todo esto, nos basta recordar que Cuauhtémoc Cárdenas solo ha tenido que sacar a la vista pública una carta de su padre para poner en evidencia a los priistas como una gran banda de mentirosos. 

Nota: En el siguiente apartado pensaré como un corsario priista. Así que no se me tome a mal lo que diré.

El error del PRI:

Si yo fuera un importante funcionario priista jamás hubiera estado de acuerdo con este giro cardenista en la estrategia del PRI. Y para demostrar la verdad de mi oposición franca aludiría a las desventajas de la jugarreta que ya apunté antes. 

- Vamos contra la verdad demostrada - le diría a los demás corsarios del PRI - y no tenemos control sobre la voluntad del único político en este país que puede llevar esa verdad demostrada a la duda y a la polémica: Cuauhtémoc Cárdenas. Así que yo afirmo que debemos seguir la estrategia del engaño a los mexicanos ingenuos insistiendo en dos rutas: Primera, persistir en el discurso economicista en virtud de que la inmensa mayoría de los mexicanos carecen de cultura económica suficiente. Y entre más abstracto y rebuscado sea nuestro discurso económico, y por más ficticio que sea, más efectivo será en generar pasividad o persuasión por el lado de la falacia de la autoridad. Recordar, ¡ corsarios míos !, que a un tonto ignorante en una materia no tenemos que demostrarle nada para persuadirlo. Segunda, persistir en la vacua palabra de "modernidad"; porque aunque es vacía, sí que es poderosamente seductora para los ingenuos.

De pasada, pediría el cese fulminante de los priistas que hayan sugerido el giro cardenista del discurso porque dichos sujetos ya estarían para mí en dos posibles posiciones: O son unos torpes peligrosos o son unos traidores en la nave de los corsarios.

En fin, creo que el error de los priistas en esto es tan claro, tan grosero y tan lamentable, que de un golpe le han pasado el control de la pelota a Cuauhtémoc Cárdenas a grado tal que hoy, éste, es la voz cantante por el momento y ya tiene a los priistas demostrados como una gran banda de mentirosos. Y no desprecien los priistas el poder de persuasión de Cuauhtémoc toda vez que no se trata de cualquier persona; se trata de un hijo del general que por lo menos se ha ganado respetabilidad y veracidad entre la mayoría de los mexicanos.

EPN y la resurrección de Lázaro:

Tenga por cierto que los priistas que diseñaron esta estrategia de paradoja cardenista pusieron su vista en el siguiente pináculo o sueño dorado: Persuadir a los mexicanos ingenuos a tal grado de convencerlos que EPN era un nuevo Lázaro Cárdenas. En efecto, el sueño dorado es el siguiente: Si el más elevado ideal del Tata era expropiar la renta petrolera de los mexicanos en favor de las trasnacionales - según la tesis demencial de estos priistas muy locuaces -, EPN es el presidente que ha venido a reivindicar este ideal del general Lázaro Cárdenas: ¡ EPN es el nuevo Tata !

"Maravilloso", ¿no le parece? Sí, pero muy torpe. Ya lo demostramos. Y tan torpe, que los priistas ya salieron en condición de una banda de grandes mentirosos con el poder de una sola carta del general Cárdenas soportada por la veracidad bien ganada del heraldo: el hijo del general Cárdenas. 

He dicho antes, en otros artículos, que no descarto que el PRI se salgan con la suya. Advierto que creo esto no porque considere que los priistas sean muy hábiles para persuadir; nada de eso, ya está demostrado que son muy torpes en esa parte. Creo eso porque estimo que la sociedad civil está como disgregada, como dispersa, como aletargada, como atomizada e inconexa en sus partes, y no cree ella misma que esté todavía al filo del abismo - se engaña y la engañan en esto -. No creo, pues, que la sociedad civil tenga los arrestos para oponer resistencia a este PRI. Y creo que los priistas se atienen a eso para actuar como actúan: con golpes arbitrarios, autocráticos, como bandidos al amparo de la noche de la indiferencia de la sociedad. Sin embargo, me queda claro que de nada le servirán al PRI sus estrategias burdas, especialmente el giro cardenista. Así que si lo logran, será a través de un golpe de autoritarismo, a través de un decreto arbitrario contra la razón pública de la sociedad civil. Y supongo, además, que el PRI persistirá también en su giro cardenista para empeñarse en eso de poner a EPN a manera de un nuevo Lázaro Cárdenas, porque tampoco ese partido se puede dar al descaro de aceptar públicamente sus arbitrariedades como móviles en este asunto. Y de ser así, aquí acudiremos a un episodio tragicómico de la historia.  

Alguna vez el filósofo Hegel, fundado en su visión idealista de la historia, afirmó que los hechos y los personajes sobresalientes de la historia siempre aparecen dos veces. Por supuesto que esta visión idealista de la historia de Hegel podría ser muy grata a los priistas si consideramos que están muy entregados a la faena de hacernos creer que EPN es la segunda venida de Lázaro Cárdenas, su resurrección, su cumplimiento ideal. Sin embargo, sabemos que algunos años después Carlos Marx, desde su visión de la historia más objetiva, corregiría a Hegel diciendo lo siguiente: “Pero Hegel se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. En otras palabras, para Marx la repetición por segunda vez de los grandes personajes en la historia es un error dada la imposibilidad de la reduplicación exacta de las cosas y los seres. Y siendo esto así, todo aquel que pretenda reencarnar o revivir en su persona y en el hoy a un viejo personaje sobresaliente de la historia - en este caso EPN a Lázaro Cárdenas -, lo hará en calidad de farsa, de caricatura o de monstruoso remedo.

Cierto de Marx: La pretensión de los priistas por investir a su reforma energética - que solo pretende expropiar la renta petrolera a los mexicanos en favor de las trasnacionales - tal como si fuera la realización del ideal supremo de don Lázaro Cárdenas, es una farsa indigna, insultante y muy pueril.

Buen día. 

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