Cuauhtémoc Cárdenas y el error del PRI.

Empiezan a surgir los analistas que afirman que el giro cardenista del PRI en su discurso en torno a la reforma energética es una jugada maestra de tres bandas:  Primera banda, darle mayor legitimidad al mismo discurso del PRI - aunque sea pervirtiendo la historia -. Segunda banda, revivir y potenciar a Cuauhtémoc Cárdenas para que sirva de comparsa al PRI en sus planes privatizadores. Tercera banda, y dada la segunda, menguar la legitimidad carismática de AMLO y su poder de movilización.

Sinceramente, esta línea de argumentación me parece una especulación demasiado fantástica. Argumentar lo anterior es tanto como suponer que los priistas creen que, para ejecutar una tarea rutinaria como es llevar la cuchara a la boca, es más eficiente una máquina de diez poleas con sus palancas respectivas que la propia mano. Se trata de razonamientos que solo se le ocurrirían a un genio de la inutilidad como Ciro Peraloca. Y diría incluso que la riqueza de imaginación que requiere semejante plan rebasa las posibilidades de la natural y muy demostrada cortedad imaginativa de los priistas. De cierto que los priistas son incapaces de ir tan lejos con la imaginación.

Enseguida le daré algunas razones que permiten despreciar esa línea de argumentación en sus tres bandas como una especulación fantástica. 

En toda actividad humana el progreso es economía de esfuerzo, en tanto que la decadencia es derroche de esfuerzo. Con esto quiero decir que, si usted quiere progresar en una actividad, deberá ser capaz de producir los mismos resultados con menor esfuerzo, o bien más resultados con igual esfuerzo. La retórica, en tanto que actividad humana, no escapa a este principio de economía porque en el discurso usted siempre buscará maximizar persuasión con el menor esfuerzo. Y para lograr esto hay una regla central: Elegir el tema que mejor ajuste a las característica de su auditorio; lo cual se logra, o bien eligiendo un tema que su auditorio desconozca y donde usted sea reconocido como autoridad, o bien eligiendo un tema que su auditorio conoce pero quiere escuchar como confirmado en sus labios.

El discurso economicista que sostuvo el PRI hasta hace poco, hasta antes del giro cardenista, es altamente efectivo porque el auditorio, los mexicanos ordinarios, no suelen arraigar en alguna cultura económica. Es un lenguaje para grupos sociales especializados, sobre todo cuando se avanza a los términos más abstractos y rebuscados, por más falsos y ficticios que puedan ser. Siendo así, el objetivo de la persuasión en este caso solo requiere de instalar la relación experto-ignorante en la conciencia del que escucha como algo legítimo para desde ahí hacer valer la falacia de la autoridad y obtener el asentimiento sin tener que ocuparse en demostrar nada. Por el contrario, el nuevo discurso cardenista del PRI pretende un imposible: Ir contra una verdad demostrada - Lázaro Cárdenas como un propulsor del monopolio absoluto del Estado sobre el petróleo y de la completa socialización de la renta petrolera - que arraiga muy fuerte en los mexicanos a manera de razón pública demostrada y aceptada como cierta.

Ya con esto nos va quedando claro que, en este asunto, es más eficaz llevarse la cuchara a la boca con la mano - discurso economicista - que usar para ello la "maravillosa" máquina de la cuchara con diez poleas - discurso cardenista de tres bandas -. Y la cuestión aparece más clara cuando se pone la vista en algunas declaraciones de apertura de Cuauhtémoc que ya han reportado costos al PRI al evidenciarlo como una gran banda de mentirosos. En otras palabras, la "maravillosa" máquina priista de la cuchara de diez poleas no se ha mostrado tan eficiente porque ya derramó la sopa en las piernas del comensal, el PRI.

Ahora bien, cualquier político o analista con un mínimo de experiencia sabe bien dos cosas: Primera, que las movilizaciones que vienen contra la reforma energética del PRI no son tanto un asunto de la sociedad civil. Ésta podrá estar en contra de la misma, como todo parece indicar, pero lo cierto es que esa sociedad está aletargada y se comportará como "colera" dejando que las movilizaciones corran a cargo de grupos sociales especializados con un interés más vivo en el asunto. Y esto no debe sorprendernos porque los movimientos sociales en la historia suelen ser promovidos y encabezados, no por el pueblo, sino por esos grupos especializados. Segunda, que los dados de las adhesiones en esos grupos especializados de la izquierda mexicana ya están echados con mucha anticipación y son prácticamente inamovibles en su resultado, de tal forma que las ganancias de persuasión y control que el PRI pudiera obtener con esta estrategia supuesta de potenciar a Cuauhtémoc son tan marginales y enjutas que no alcanzan a compensar ni de lejos el sacrificio de eficiencia que ha implicado el abandono del discurso economicista del PRI. Digo, por lo menos es obvio que el PRI se ha visto más desdibujado con el giro cardenista que con el discurso economicista. 

Sabemos que la clase política oficialista de este país se ocupó en tratar de desgastar el liderazgo de AMLO sin obtener resultados significativos. La inutilidad del esfuerzo esta evidente en los mismos resultados de la más reciente elección presidencial. Pese a todo, AMLO acumuló una cuota de votación casi igual a la del PRI en pleno. Y si el PRI no logró desgastar a AMLO, ¿cabria esperar que lo hicieran Cuauhtémoc y el PRD con aquél ya desligado? Sinceramente, me parece muy audaz y temerario trabajar bajo esa presunción.
Pero persistir en esta línea de argumentación que dibuja a Cuauhtémoc como comparsa del PRI nos obliga luego a hacer una petición de principio sin la cual el mismo argumento se derrumba por sí mismo: Que aceptemos por anticipado que Cuauhtémoc Cárdenas ya está chayoteado por el PRI. Pero aceptado el principio, todo el camino que sigue es vacío inútil  porque en tanto no surja un alguien que exhiba información objetiva y clara que demuestre que Cuauhtémoc se ha conchabado la mano con el PRI, todo será especulación y el dato real pero inescrutable para nosotros solo estará en la conciencia del propio Cuauhtémoc.

Personalmente, no creo que Cuauhtémoc Cárdenas se haya conchabado la mano como pretenden sugerir estos analistas. Y no digo esto porque yo crea que Cuauhtémoc sea un santo, sino por un juicio muy práctico: Ni es negocio para el PRI complicar su estrategia con estos inventos de estrategia a la Ciro Peraloca, como ya lo he demostrado, ni es negocio para el propio Cuauhtémoc. Y tengo mis razones para creer esto de Cuauhtémoc.

Cuauhtémoc es un hombre de amplia experiencia. Como tal, debe saber que las farsas políticas siempre terminan por eclosionar en su misma absurdidad ante los ojos del auditorio - los mexicanos -. Por supuesto que para asumir este tipo de juegos fatales se necesita ser un gran cínico y un desvergonzado, como lo han sido casi todos los presidentes de este país, especialmente Fox y Salinas. Así, me atrevería a creer que Cuauhtémoc estuviera dispuesto a asumir los costos de esta farsa política, que se supone ya existe según estos analistas, si los dichos costos solo implicarán el desgaste de su veracidad y su dignidad. Me atrevería a creerlo porque, como dije, asumo que Cuauhtémoc no es un santo. Sin embargo, esto me parece escasamente plausible porque no lo creo capaz de llegar al límite de correr esa farsa usando perversamente el nombre de su propio padre, el general Lázaro Cárdenas, hasta el grado de distorsionar los ideales y los principios morales que le movieron en vida.  Suponer a Cuauhtémoc como siendo capaz de esto nos obligaría a pensar de él, no ya solo como un político perverso y vulgar de talla semejante a la de Carlos Salinas, que ya es mucho decir, sino como un mal hijo.

Por supuesto que hay otros elementos recientes por ahí que abonan con alguna cuota sugestiva a los argumentos de esos analistas. Me refiero, por ejemplo, a eso que Cuauhtémoc ha hecho en el sentido de llamar a un plebiscito en el 2015 para echar abajo la reforma energética del PRI si es que ésta ve la luz. La verdad, veo esto, no como parte de una farsa de Cuauhtémoc en connivencia con el PRI, sino como un indicio más de la naturaleza muy propia del liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas. En efecto, se trata del Cuauhtémoc remiso que ya conocemos. Sí, remiso por excesivamente medido y comedido, por secamente realista y utilitario, y por ser dueño de una gran aversión al riesgo por aquello de tener que cuidar el prestigio de la estirpe que le viene del padre, que es su principal activo - algo comprensible, por cierto -. Y todo eso convierte a Cuauhtémoc en un político rígidamente institucional, al grado de ser capaz de permanecer clavado en la institucionalidad aun y cuando ésta no soporte el menor análisis para luego ser mostrada como irracionalidad.

Si me atengo a ese perfil del liderazgo de Cuauhtémoc, creo que lo siguiente es lo que pasa por su mente: Que el PRI decretará la expropiación de la renta petrolera de los mexicanos y a favor de las transnacionales pase lo que pase y así tiren de coces todos los mexicanos. Que sus ganancias políticas no están en la protesta en las calles, donde la ventaja comparativa la tiene AMLO, sino en la sola proclama de su oposición a la reforma energética en el universo del gabinete, del escaparate, de los medios y los foros oficiales - algo que está, además, alineado con su perfil de liderazgo -. Y que jamás excederá los límites de la institucionalidad corriente pase lo que pase. Y es desde esa perspectiva que se entiende que lo del plebiscito del 2015, para él, para Cárdenas, es una compra a futuro de la expectativa del fracaso del PRI y de la cual espera espigar una ganancia a favor. 

Si nos atenemos a las diferencias de naturaleza en los liderazgos de ambos personajes, Cuauhtémoc y AMLO, no podemos esperar espigar de ahí una igualdad en las estrategias políticas. El uno, Cuauhtémoc, es cálculo, realismo seco, utilidad, frialdad, en tanto que el otro, AMLO, es pasión, sacrificio y sentido de misión. Y aclaro al lector que yo no me atrevería a despreciar a ninguno de esos dos liderazgos porque creo que todas sus virtudes son indispensables en la política. El problema es tener la astucia y la sabiduría para compaginarlos en un solo fin en común.  

Creo que todo lo anterior nos deja claro que es fantasía pura argumentar que el giro cardenista en el discurso del PRI es un progreso notable por ser una jugada maestra de tres bandas - ganar persuasión, potenciar a Cuauhtémoc como comparsa del PRI y desgastar a AMLO -. Es muy poco plausible que los priistas se hayan dado a la tarea de idear esto porque carece de sentido económico y equivaldría a creer que los priistas han supuesto que es más eficaz llevarse la cuchara a la boca con una máquina de diez poleas que con la sola mano. 

Sostengo, pues, lo que he dicho en otros apuntes. Es claro que los priistas están al borde de un ataque de nervios porque saben que no han logrado prender en la opinión pública con su reforma energética. Ese estado de nervios los llevó a pensar que el giro cardenista les impulsaría el negocio de la legitimidad y el eco en la sociedad civil. Pero ya es claro que con dicho giro el PRI cometió un error de cálculo porque abandonó su mejor discurso posible - el economicista - por el peor discurso posible para ellos - el cardenista -. En breve, se trata de un error y una decadencia priista en estrategia que, por mero accidente, le ha sido favorable a Cuauhtémoc Cárdenas de manera provisional. Y digo provisional porque creo que la ola de la más decidida oposición a la reforma energética del PRI está por venir con AMLO. 

Cierto, es el momento de AMLO porque el trance exige más corazón ardiente y conexión sentimental con la sociedad que institucionalidad y simple y frío cálculo.

Buen día.

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