César Camacho Quiroz y un PRI nervioso.

Resulta que durante una sesión del viejo y caduco corporativismo campesino del PRI llamado CNC, el dirigente nacional de este partido, César Camacho Quiroz, se encendió en el discurso hasta perder los estribos y espetó a los circunstantes que, si es necesario, el PRI irá a la calles a defender su reforma energética privatizadora, pero que él y demás priistas camuflan bajo la bella y seductora palabreja de: "Modernización." 

"Vienen tiempos retadores - nos dijo César Camacho - en los que tenemos que dar la cara, tenemos que ir a los medios y si se necesita, ir a las calles para hacer valer los puntos de vista de los priistas que somos muy institucionales."


Ya no perderé tiempo en demostrar que para el PRI "modernización" equivale al inconfesable pecado de la privatización por la vía de las concesiones con máscara de tercerización. Creo que eso ya está sobradamente demostrado por muchos analistas independientes. Lo mismo ha hecho un servidor en varios escritos que puede encontrar en el acervo del diario digital SDP o bien en el acervo de este blog. Así que voy directo a los despropósitos de César Camacho, que es lo que ha llamado mi atención.

Creo que César Camacho, movido por la ofuscación evidente de no encontrar eco en la sociedad civil a la reforma energética, empieza a olvidar que la protesta callejera no es el giro de su partido. Esto de la protesta callejera no es el giro del PRI porque este organismo se ha convertido desde decenios atrás en un partido de burócratas al servicio de los intereses de los grandes corporativos empresariales, lo cual luego lo ha desconectado por completo de la razón y los sentimientos de la sociedad civil. Tal vez el PRI se habrá acercado un tanto a eso de encarnar la voluntad popular durante los tiempos de apogeo del general Lázaro Cárdenas, pero fuera de ese escenario del pasado remoto, y sobre todo a partir de los años 80 y del brutal e inhumano Salinismo, la historia del PRI es eso: la creciente suplantación en sus fines de la razón y los sentimientos de la sociedad civil por la razón y los sentimientos de un grupo social especializado conformado por los corporativos empresariales.

Es por ello que el PRI se ha quedado casi solo, sin nadie quién le escriba, sin alguna base social genuina cuya adhesión política sea espontánea, libre, voluntaria, y acompañado apenas por una vetusta y caduca estructura corporativista donde los individuos ven a la política como negocio personal, donde la adhesión mezquina al partidazo se funda en el premio o el estímulo en efectivo o en especie. Cierto, el mundo del priista típico corre paralelo y en el mismo sentido que el mundo de los negocios privados, cuando no del hampa. Así que el priista típico no es político, es hombre de negocios y su lealtad al partido se fundamenta en eso: en el quid pro quo donde todo tiene un precio. 

El mismo perfil político de EPN nos da una dato rotundo sobre la realidad actual del PRI como un simple aparato burocrático en completa desconexión con la sociedad civil. Y esto quedó patente sobre todo en los hechos de la Ibero, poco después de la FIL, con la reacción espontánea de descontrol y caos de la comitiva priista ante la imprevista reacción de repudio de los estudiantes de esa universidad. En efecto, hablamos de una clase burocrática diseñada para el escritorio y sin expertise alguno en el trato con el nervio del espíritu social, deliberadamente construida para estar al servicio del gran poder empresarial, que es su real abrevadero y puerto de arribo en la razón y el sentimiento.

Por extraño, desconcertante y hasta criticable que parezca a muchos, la historia política reciente de este país ha dado a luz a un hombre que tuvo los arrestos y las cualidades especiales para superar a más y mejor al sistema de partidos en lo que toca al arraigo en la sociedad civil. Hablo de AMLO. De todos es sabido que esa historia en el contexto del PRD nos ha llevado a tres momentos críticos donde primero AMLO era algo en el PRD, luego el PRD era algo con AMLO, y donde finalmente el PRD ya no es nada sin AMLO, que es el tiempo que corre. Dígase lo que se diga, AMLO es un fenómeno en la política mexicana que ha revivido la figura romántica de la personalidad sobresaliente en la política, algo que no veíamos desde tiempos de don Lázaro Cárdenas. Y he traído a cuentas este asunto de AMLO porque creo que abona tangencialmente algo más en eso de recordarle a Camacho Quiroz sobre la pobreza del PRI en lo que toca a base social o conexión con la sociedad civil. Y para esto me gustaría invitarlo a que hiciera un ejercicio comparativo de productividad política en los siguientes términos.

En la última elección presidencial una sola persona, AMLO, consiguió prácticamente tantos votos como el PRI completo y no obstante la grosera y masiva compradera de votos y la manipulación mediática y legaloide por parte de este partido, el PRI. Estamos hablando del esfuerzo político de un solo hombre, que en muchos casos iba cargando en su espalda serios lastres en el cuerpo de candidatos perredistas parásitos y hasta traidores, contra toda una gran banda conformada por algunos líderes empresariales y medios de información mezquinos, y especialmente por un partido colosal y de escala nacional - el PRI - que cuenta con decenas y decenas de miles de políticos y mapaches de todas las escalas y sabores y con recursos materiales y financieros legales e ilegales a niveles estratosféricos.

¿No le bastará con esto a César Camacho para darse una idea aproximada de la tremenda pobreza de su partido en lo que toca al arraigo en la sociedad civil? ¿Es posible que un solo hombre emule en poder político a toda esa gran banda de agentes "exóticos" del PRI?

Si César Camacho es hombre sensato y pragmático ya debe estar enterado de lo anterior. Y, en consecuencia, también debe estar enterado de que sin la ayuda ilegal de la televisión y demás medios, sin la ayuda de las encuestas demostradamente chayoteadas - ver artículos donde demuestro esto -, sin la red de complicidades ilegales entre gobernadores, alcaldes y algunos líderes empresariales para comprar el voto de los miserables masivamente - Monex, Sorianazo, etc. -, y sin la colaboración criminal de los organismos electorales de este país con estos pecados contra la nación, el PRI no hubiera ganado esa elección presidencial jamás. Pero todavía hay más. Vea.

Sabemos que la mayoría de los mexicanos  se oponen a la privatización de la renta petrolera que pretende el PRI. Este dato que se deriva de la simple intuición directa en nuestro entorno social más inmediato ha sido ya corroborado por algunos estudios empíricos recientes en torno a conductas agregadas a nivel nacional en el tema, vulgo estudios de opinión pública. Los hechos son así, y no deliberaré en torno a si esa mayoría de mexicanos tiene o no razón en oponerse a la reforma privatizadora del PRI, si se le debe respetar o no, y tampoco me importa indagar en torno a si esa mayoría está valiéndose o no de conceptos abstractos, metafísicos o concretos para pensar de esta forma. Y no me interesa porque mi oposición franca a la reforma energética del PRI no se funda en la opinión de esa mayoría, sino en mis análisis y reflexiones muy personales en torno al asunto, mismas que han sido plasmadas en muchos artículos publicados en este blog y en el diario digital SDP.

Y bien, sucede que en este caso ya tenemos otra evidencia respecto a la desconexión del PRI respecto de la razón y los sentimientos de la sociedad civil. En efecto, si la sociedad delibera y camina por un rumbo - no privatizar la renta petrolera -, el PRI camina por el rumbo diametralmente opuesto - sí a la privatización -. Y lo mismo ocurre en el caso de la reforma fiscal, y en el caso de la reforma laboral, y en el caso de...Y por supuesto que, en todos los casos, la voluntad del PRI sí que va empalmada y en el mismo sentido que la de las corporaciones empresariales. ¡ Qué extraño !, ¿verdad? 

Así las cosas, la primera pregunta obligada es la siguiente: ¿A quién va a sacar César Camacho a protestar a las calles?...Se impone el silencio más absoluto.

En realidad dudo que Camacho haga esto porque imagino que es hombre sensato. Pero si a pesar de la sensatez César Camacho lo hace, ciertamente tendrá que apoyarse en la vieja y caduca estructura corporativista del PRI de donde manará solo una protesta carnavalesca y surrealista, digamos quijotesca, muy al estilo de los viejos desfiles del día del trabajo del PRI en el sexenio del inolvidable arlequín llamado Jolopo de la jolopera, y donde brillaran las salientes risueñas y muy folclóricas ya muy bien conocidas por el respetable: Listas de asistencia y caras tristes y refunfuñonas; trabajadores, colonos y puesteros que no sabrán explicar el porqué diablos están ahí; mantas cetemistas y croquistas en apoyo "solidario" y "revolucionario" a don Perpetuo del Rosal y al honorable señor "inspetor" Calzoncito; instrumentos festivos como tambores, trompetas y matracas; instrumentos altamente persuasivos para la plebe como son la amenaza de retiro de los apoyos del asistencialismo "produtivo" de doña Rosario de no asistir o de no echar ruidosas porras, además de refrescos, tortas, lonches, tacos, despensas, tinacos, láminas acanaladas, radios y lavadoras. Y todo, debidamente supervisado, aplaudido y ovacionado por los representantes de las fuerzas vivas muy bien acompañados de sus damas copetonas, y cómodamente emplazados todos bajo los toldos borlados del balcón presidencial. ¡ Y ni cuenten con don Fidel, por favor !

Y si el dato del mundo real indica que la mayoría de la sociedad mexicana se opone a la reforma energética privatizadora del PRI, las preguntas que nos asaltan enseguida respecto a la despotricada verbal de César Camacho en la CNC son las siguientes: ¿Contra quién protestará el corporativismo del PRI en las calles? ¿Acaso saldrá a las calles a protestar contra la mayoría de la sociedad que se opone a su reforma privatizadora? Pero si éste es el caso: ¿Es legítimo protestar contra la mayoría de la sociedad por una causa partidista que reclama, a su vez, mayoría como fundamento? ¿Hay mayor absurdo que esto? 

Que no se engañe César Camacho. El giro real del PRI no es la calle; su giro es, sí, la política de salón, palaciega, de cámara, intrigosa y muy lejana a la razón y los sentimientos de la sociedad civil. Esa es la especialidad del PRI, donde está su real expertise: La autocracia. 

Creo que este episodio de enojo de César Camacho es solo una saliente ejemplar de lo que, en mi opinión, está sucediendo en el PRI por estos tiempos en el tema de la reforma energética. Están muy nerviosos porque saben que están pecando contra la nación, que sus mentiras son increíbles y muy burdas, y asumo incluso que no tienen muy claro las reacciones que pueden sobrevenir. Y asumo también que ese nerviosismo es lo que los descuadra hasta salirse feamente de su marco habitual de hacer política, que por cierto es muy efectivo, sin ironía lo digo, tal cual sucedió con Camacho Quiroz en este suceso.

Así que mi consejo a los priistas es que, en este caso de la reforma energética, retornen al nervio de los viejos romanos para asumir sin ambages y con consecuencia la naturaleza de su partido, que no es sino la de un partido autocrático cuando visto contra la sociedad civil, pero absolutamente avasallado a los intereses de los grandes corporativos empresariales.  Y es precisamente este apoyo de poder indudable - el de los corporativos empresariales - lo que debe ayudarle al priismo a cobrar el nervio heroico y muy cínico de los viejos romanos. 

César Camacho no debe olvidar jamás que su partido, como organismo autocrático, no tiene como giro supeditar su política a la voluntad de las mayorías en el mundo civil. Y si quiere hacer valer esta regla sin lastimar sentimientos populares para minimizar costos electorales, solo tiene que acudir al viejo artilugio retórico de aducir que la verdad no está sujeta a la norma democrática y que solo los políticos son sabios, sobre todo sin son priistas. Pero si César no se quiere complicar la vida apelando a este tipo de argumentaciones platónicas que pueden llevar luego a complejos callejones especulativos y sin salida aparente, basta con que asuma la actitud del sordo y el mudo, del inmutable, pasando por alto las opiniones del populacho y teniendo siempre muy presente que un partido autocrático que solo pone la vista en su bien y no en el de la sociedad, como es el caso del PRI, no tiene motivos para estarse preocupando por la verdad, por el bien general y por la opinión de la sociedad civil.

Lo único sensato que ha dicho César Camacho Quiroz en esta ocasión ha sido aquello de definir la verdadera esencia de su partido, el PRI, al recordarnos que es un partido institucional. En efecto, y como dije arriba, el PRI es un partido autocrático de burócratas pero avasallado a los grandes corporativos empresariales y que ha diseñado en connivencia con el PAN una estructura institucional que responde a los intereses de esa relación perniciosa de vasallato. Pero se trata, así, de una institucionalidad priista que no responde a la razón y a los sentimientos de una sociedad civil muy castigada, precarizada, inconforme y muy incrédula.

¿Se atreverá César Camacho a sacar a las calles al corporativismo caduco del PRI a protestar contra la sociedad civil?

Vaya que sería el colmo de los absurdos. Así que más seriedad y consecuencia, señores del PRI. 

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

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