Luis Giusti y PDVSA: Una lección para México. Parte 1 de 2.

Luis Eduardo Giusti López recién dio una entrevista a este diario, SDP, donde abordó el tema de la reforma energética en México. La entrevista tiene sentido toda vez que Luis tiene carta de ciudadanía del país de los expertos en la materia. No citaré su curriculum porque es extenso. Usted lo puede ver en Wikipedia. Solo le diré que fue presidente de PDVSA, la empresa estatal petrolera de Venezuela, entre 1994-1999.

En su entrevista con SDP Luis se decanta por el apoyo a la reforma energética del PRI en lo general. Y digo "en lo general", porque da algunas opiniones que, según él, deberían ser consideradas para el mejor éxito del proyecto. Pero dejaré para el final de este apunte las opiniones de Luis porque quiero antes narrarle una historia muy interesante en torno al petróleo en Venezuela donde Luis Giusti fue personaje central. Creo que esta historia le servirá para dos cosas: Primero, para juzgar objetivamente las opiniones de Luis. Segundo, para tomar datos objetivos del pasado de una nación - Venezuela - que pueden servirle de mucho para saber a qué es lo que se atiene con la reforma energética del PRI.

Los albores de la privatización del petróleo en Venezuela:

PDVSA es sometida a un proceso privatizador por lo menos desde los años 1986-1987. Desde entonces se empiezan a prefigurar los fenómenos contractuales que ya conocemos en México: Tercerización exasperada - outsourcing -, convenios operativos, asociaciones estratégicas y flexibilización laboral. Pero es solo hasta 1989 que este proceso toma condición de política de Estado con el arribo del neoliberalismo a Venezuela durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez para continuar en apogeo durante la gestión de Rafael Caldera. Y es durante la gestión de Caldera que Luis Giusti llega a la presidencia de PDVSA, cargo que ocuparía entre 1994 y marzo de 1999. 

A las fechas previas al arribo de Giusti a PDVSA esta empresa ya se había convertido en una suerte de Estado dentro del Estado venezolano bajo el mando de una tecnocracia petrolera-neoliberal  con autonomía y poder suficientes como para mandar al diablo al presidente del país y al congreso en turno. Y este poder le venía de su estrecha y creciente relación con el capital privado, tanto nativo como foráneo, que veía con muy buenos ojos la ola de privatizaciones a subterfugio. Tome en cuenta que, en este caso, hablamos de capital privado foráneo con nombres como: Exxon Mobil y Shell. 

El paso de Luis Giusti por PDVSA:

Luis Giusti en PDVSA es continuidad exasperada de lo que ya era conocido en Venezuela como Apertura Petrolera. El proceso de trabajo de Giusti en su gestión en PDVSA se puede definir en tres grandes vertientes: Proseguir con el impulso a la privatización de la industria petrolera, ruptura con la OPEP e internacionalización de PDVSA.

En cuanto a la privatización es más de lo mismo que ya anotamos antes: Preparación de la transferencia gradual de la propiedad pública a manos de capital privado por la vía de los convenios operativos para reactivación de pozos y exploración, asociaciones estratégicas para producción, la tercerización hacia todas la áreas. Y hacia el final de su gestión en PDVSA, Giusti estaba tan convencido del éxito de la Apertura Petrolera que no tuvo dudas en declarar lo siguiente durante la 54 Asamblea Anual de Fedecámaras, que no es sino el gran organismo patronal de aquel país: "Yo creo que la empresa debe ir a colocar sus acciones en el mercado" - El Nacional, 3 de agosto de 1998 -.

Giusti siempre tuvo sus razones muy claras en lo que toca a la ruptura con la OPEP. Siempre consideró que la ruptura con esta organización era necesaria en virtud de que PDVSA no se había beneficiado de la política de cuotas de producción. Antes bien, las cuotas de la OPEP restringían las posibilidades de esta empresa para convertirse en un ente dominante en los mercados con los beneficios añadidos para Venezuela. Y fue así que Giusti optó por una estrategia volumétrica para PDVSA - altos volúmenes por bajos precios - orientada a llevar la producción a su máxima capacidad - 3.75 millones de barriles diarios - para ganar tantos mercados como fuera posible. Por supuesto que el resultado de esto fue la ruptura implícita con la OPEP y su política de cuotas por países productores.

Giusti también tenía muy claro que PDVSA debía asociarse con los países que él llamaba "ganadores", "desarrollados", "exitosos", y no con los que él llamaba "subdesarrollados", "perdedores", "atrasados". Para Giusti los países ganadores eran básicamente los países de origen de las grandes transnacionales del petróleo, en tanto que los países perdedores eran básicamente los países de la OPEP. Es así que esta parte del plan de Giusti se enlaza con la ruptura con la OPEP, que ya vimos arriba, y con la otra gran vertiente de su desempeño en PDVSA: la internacionalización de la empresa. Y en efecto, la internacionalización de PDVSA con Giusti no fue sino la inversión de fondos de este empresa en otras empresas foráneas ligadas al sector y con relación estrecha con los países "ganadores".

Parte importante al interior de este plan general de Giusti fue la activación de la explotación de la Faja del Orinoco que requería de fuertes inversiones en virtud de las características de su recurso natural: crudo extrapesado.

Entre 1996 y 1997, y dentro del proceso de privatización por tercerización en PDVSA, Luis Giusti realiza una acción que, como ya veremos más adelante, tendría serias implicaciones para el futuro de Venezuela. Crea la empresa INTESA (Informática, Negocios y Tecnología, S.A.) en asociación con SAIC (Science Applications International Corporation) a fin de automatizar la organización y operación de la empresa estatal para que aquélla - INTESA - se convirtiera en lo sucesivo en el cerebro informático con el cual PDVSA operaría de todo a todo y sin el cual sería un muerto. Y aunque la participación accionaria en esta empresa fue de 40% PDVSA y 60% SAIC, el aporte de capital lo realizó PDVSA. 

Quiero resaltar un dato en torno a INTESA y que usted debe tener muy presente para el resto de la historia. SAIC, la socia de PDVSA en este importante proyecto, es una empresa estrechamente ligada al gobierno de los EUA y cuyos giros principales son el manejo de información, desarrollo de armas, estudios de efectividad balística, diseño de sistemas de defensa, entre otras cosas. Para ese entonces, SAIC tenía como administradores al general Wayne Downing, ex comandante en jefe de las fuerzas especiales de EUA, el general Jasper Welch, ex coordinador del Consejo de Seguridad Nacional de EUA, y al almirante Bobby  Ray Inman, ex director de la ANS.

Este asunto de INTESA despertó escozor desde sus inicios en ciertos frentes políticos de Venezuela. El asunto fue tema de discusión intensa, pero nadie hizo nada al respecto e INTESA vio la realidad por unos años.

Bien. Luis Giusti se separa del cargo de presidente de PDVSA a principios de 1999 y retorna a Shell Petroleum Corporation. Luego fungiría como asesor del gobierno de EUA en su plan energético para el hemisferio, y más recientemente haría de Colombia y Canadá sus centros de operaciones.

La postura de los críticos de la Apertura Petrolera de Giusti:

En seguida la daré unos esbozos de la crítica de los opositores de la apertura Petrolera de Giusti durante su gestión en PDVSA.

La estrategia volumétrica - altos volúmenes por bajos precios - de Giusti sobresaturó la oferta hasta llevarla muy por encima de la demanda, y esto colaboró significativamente para que los precios cayeran estrepitosamente hasta 7.35 dólares el barril, lo cual tuvo efectos muy adversos en la economía de Venezuela.

33 campos petroleros fueron entregados a empresas extranjeras por completo y en la Faja la participación del Estado quedó reducida a 40 %, lo cual era contrario a la ley. Todo, bajo el modelo de asociaciones estratégicas bajo riesgo de la empresa privada para la exploración y extracción de hidrocarburos con ganancias compartidas - lo que Giusti sugiere para México -. Pero además, Luis Giusti estableció una modalidad de acuerdo con las transnacionales que daba a éstas la posibilidad de litigar contra Venezuela en tribunales extranjeros en caso de que el Estado decidiera cambios desfavorables en regalías o impuestos o en cualquier otro apartado de negocio, lo cual ponía a PDVSA y al país como rehenes de las transnacionales. 

Los convenios operativos y asociaciones estratégicas fueron en realidad concesiones sin límites de perforación. Las empresas solían rebasar los topes de producción establecidos por mucho sin reportar al Estado las ganancias debidas, y en ocasiones ocupaban mucho más del terreno autorizado.

Las regalías petroleras fueron perores a las que existieron incluso durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. En el caso de la Faja Petrolífera, por ejemplo, las regalías llegaron a colocarse en un 1 %, una cifra que era muy inferior al ridículo monto del 16 2/3 % de la ley del 1943. Y por si fuera poco, con expedientes técnicos de los tecnócratas de PDVSA, se llevó al recurso de la misma Faja a perder su condición de petrolífera para presentarla como una Faja bituminosa en aras de abaratar su recurso al máximo en beneficio del capital privado. En el caso de la Ley del impuesto sobre la Renta, artículo 57, las transnacionales pagaban un impuesto vulgar, no petrolero. Es decir, las empresas transnacionales pagaban el impuesto que pagaría una empresa de frituras o paletas.

Solo entre 1995 y 2000 PDVSA entregó a sus filiales o socias extranjeras - internacionalización - cerca de 500 millones de dólares en ganancias sin recibir dividendos a cambio. Y solo pagaron hasta que Hugo Chávez las conmino a pagar en diciembre de 2001. Se sabe hoy en día que algunos de los proyectos de inversión de PDVSA fueron un fracaso completo porque se trataba de empresas foráneas quebradas o que no podían procesar el crudo de Venezuela. Y el ridículo de esto estribaba en que la PDVSA de Giusti llegó a la necesidad de tener que comprar crudo ligero para que esos proyectos trabajaran por lo menos a marchas forzadas.

La de Giusti fue también una época de grandes descuentos en favor de la empresa CITGO en EUA: descuentos que rondaban los 2 dólares por barril cuando el crudo venezolano apenas rozaba los 8 dólares. Es decir, un descuento de más de un 25% sobre el precio real. 

Los convenios operativos y las asociaciones estratégicas en la era Giusti también vinieron acompañadas por una política de flexibilización laboral - reforma laboral mexicana - en la forma de intermediación, trabajo por horas y tercerización, cuya lógica suprime convenios internacionales y principios y derechos constitucionales, con la consecuente pérdida de beneficios laborales para los trabajadores y sus familias. 

Ya desde 1992 PDVSA había empezado a perder rentabilidad; fenómeno que no paró hasta la era de Chávez. La producción crecía, los costos operativos aumentaban sin parar con crecimientos hasta del 175 %, y la rentabilidad de la empresa declinaba inexorablemente. Y esto, por supuesto, solo reportaba ganancias a las transnacionales y aseguraba un futuro cierto para PDVSA: la quiebra.

Se estima que todo este proceso de privatización de PDVSA durante la Apertura Petrolera, y que alcanzó su pináculo con Giusti, costó a Venezuela una disminución en su participación fiscal de casi 41 %, pasando de 86 % a 45 %. Solo entre 2000 y 2005, las empresas concesionarias adeudaban al Estado cerca de 4 millardos de dólares en impuestos y regalías. Por otro lado, en la fase de transición entre neoliberalismo y Chávez, PDVSA tenía una deuda de 7 millardos de dólares.

En general, la Apertura Petrolera de PDVSA fue una política diseñada para erosionar la economía nacional en favor de las transnacionales a través de regalías de risa, minimización de impuestos y privatización a subterfugio. Estrategia donde el fin último era destruir a PDVSA hasta llevarla a la quiebra total para luego proponer su venta a las transnacionales bajo el argumento tradicional del Estado como mal administrador o empresario. 

PDVSA en la era de Hugo Chávez:

Hugo Chávez gana las elecciones presidenciales en diciembre de 1998. Arriba al poder con un país en plena crisis agravada por una caída severa en los precios del petróleo. Para entonces, el precio del crudo era de 10,50 dólares en promedio, cuando el año anterior había sido de $ 16,48 dólares. Por supuesto que la caída en el precio era resultado de la política previa de invadir el mercado con una sobreoferta creciente y sistemática.

Chávez promueve un nuevo orden constitucional en 1999 orientado a la restitución del Estado de Bienestar en el que las reformas al sector petrolero eran fundamentales - leyes de Hidrocarburos -. El objetivo de las reformas energéticas era desactivar la política privatizadora y anti-OPEP de los neoliberales encabezados por Giusti. Y para esto, el plan general de Chávez perseguía los siguientes objetivos: Renacionalizar la industria petrolera; someter a PDVSA por fin al interés de la nación; fortalecer las finanzas o el régimen fiscal petrolero, y el desmantelamiento de la flexibilización laboral neoliberal.

Para la renacionalización se promueve la reivindicación constitucional del control del Estado sobre los recursos naturales y se otorga rango constitucional a PDVSA. Es en este contexto que Chávez frena también la tendencia privatizadora de PDVSA. Sin embargo, el gobierno chavista tuvo tiento para no generar conflictos internacionales en una situación tan difícil de transición y existiendo, además, el riesgo del arbitraje por parte de las transnacionales. Y es así que dejó en claro que los contratos y acuerdos contraídos por el Estado con antelación serían respetados, aunque sí serían sometidos a revisión para poner en salvaguarda el interés superior de la nación. Como resultado de esto se empezó a verificar el desmontaje de los instrumentos aperturistas de tercerización o outsourcing, convenios operativos, asociaciones estratégicas y convenios a riesgos y ganancias compartidas. Y por supuesto que el sometimiento de la tecnocracia de PDVSA a los intereses de la nación ya iba implícita en las mismas reformas constitucionales de Chávez.

El fortalecimiento del régimen fiscal sería el efecto combinado de varias cosas. Primero, fortalecer los precios del petróleo y maximizar la renta petrolera. Para esto Chávez promueve el retorno de Venezuela a la OPEP luego de que Giusti había emprendido el retiro de la OPEP. Segundo, se incrementan montos de regalías e impuestos, se modifican conceptos de impuestos, y  se privilegia a la regalía sobre los impuestos. Y esto de privilegiar regalías sobre impuestos tiene sentido. Cobrar regalía es mucho más sencillo y transparente que cobrar impuestos sobre ganancias petroleras. porque el monto total recaudado a través de la regalía depende de los volúmenes producidos y del precio en el mercado internacional. En cambio, el impuesto permite manipulaciones contables fraudulentas de las empresas privadas a la hora de calcular su ganancia, de la cual depende el impuesto. Y de hecho, el gobierno chavista decide esto porque en la era privatizadora este manipuleo fraudulento de las transnacionales era muy habitual, lo cual erosionaba la participación del Estado.  

En cuanto al desmantelamiento de la flexibilización laboral neoliberal, Chávez desarrollo una política laboral que llevó a una nueva Ley Orgánica del Trabajo para Trabajadores y Trabajadoras (LOTTT) que acabó con las inhumanas relaciones laborales durante la fase neoliberal. El logro en esta parte es significativa ya que por esos tiempos la nueva PDVSA chavista incorporó a más de 40 mil trabajadores que estaban esclavizados por la tercerización en la era de Giusti.

El plan de Chávez fue exitoso. Los precios se recuperan. Se aumentan las regalías al 33 % como piso e impone ahora sí un impuesto específico para empresas petroleras. En 33 de los convenios existentes el Estado pasó a tener el control mayoritario con el 70 % bajo la figura de la empresa mixtas. Los convenios de la Faja del Orinoco pasaron de convenios de asociación a empresas mixtas con el aumento de la participación del Estado desde 42 % al 80 %. El resultado de esto fue el empoderamiento del Estado en el ámbito petrolero. Si Luis Giusti había dejado la participación del Estado en la renta petrolera en el 45 %, Chávez la pasa de un golpe al 86 %. Y esto significó para 2008 la captura de 40 mil millones de dólares a favor del pueblo de Venezuela que antes iban a las manos de las transnacionales.

Logro medianero fue el control del Estado sobre PDVSA, una empresa que, como vimos, se había convertido en un Estado dentro del Estado conducido por una tecnocracia al servicio de las transnacionales del petróleo. Si bien Chávez logró avanzar en esto, lo cierto es que no lo logró del todo. La tecnocracia permaneció ahí buen tramo de tiempo en estado furibundo porque las reformas chavistas no le parecían por aquello de la costumbre de no rendir cuentas claras al Estado. Y esa permanencia sería luego motivo de muchos males para aquel país como veremos más adelante. 

La medida del éxito de Chávez en su programa de reformas energéticas lo da la misma reacción de las empresas transnacionales frente a las nuevas circunstancias. En efecto, 43 empresas extranjeras que estaban operando en Venezuela reaccionan a las reformas de Chávez abriendo la opción del arbitraje legal. Recurso que, como ya vimos arriba, se hace posible gracias a la puerta legal que Luis Giusti dejó abierta en su favor durante su gestión en PDVSA para que dichas empresas pudieran litigar contra el Estado.

Buen día.

Lo veo en la segunda parte, que en este caso sí es la mejor.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

Comentarios