EPN y las tres golondrinas.

Trato de ser pragmático. Y digo "trato" porque reconozco que, en ocasiones, no lo logro porque cedo ante las tentaciones de la pasión, de los sentimientos. Esa pretensión por el pragmatismo me aleja de las tentaciones de los partidismos, los subjetivismos, los dogmatismos, los prejuicios, las mentiras y las hipocresías. Pero también me exige a asumir una posición crítica con las figuras públicas que gestionan el Estado.

En la política, lo aspirante a lo pragmático me convierte en alguien ocupado en tratar de encontrar en las figuras públicas la coherencia necesaria entre las palabras y los hechos y entre las conductas que preconizan como ideales y sus propias conductas. En política, entonces, lo pragmático me pone en busca de creer en alguien en base a veracidad, donde la veracidad es coherencia en la persona, en el político, en la figura pública. Y por supuesto que mi búsqueda no es intransigente a grado tal que busque en las figuras públicas algo que ni yo mismo logro como es la coherencia perfecta y total. No, mi búsqueda va tras la coherencia que es posible en un ser humano falible que no es Dios ni un santo, o, si se quiere, tras la incoherencia tolerable en un hombre.

Mas en esta busca mi apertura no es completa porque de cierto que ahí están siempre mis imperativos de conciencia donde la política es tenida como civilización. Con esto me refiero a que jamás creeré por principio en alguien que preconiza el absurdo de que el progreso de la sociedad hacia la felicidad está garantizado con la aplicación de políticas que al punto demuestran objetivamente que solo benefician a minorías a costa del empobrecimiento de los más. Tampoco creeré por principio en aquel hombre que me dice que la felicidad social está en la perfecta igualdad de todos los hombres.  

Es por todo lo anterior que mi fin en la política es solo creer en alguien o algo con el fundamento sólido que da el testimonio de la veracidad. Y es por ello también que jamás me asumo como opositor o partidario sistemático contra alguien o algo. En efecto, no es mi giro la oposición ni la creencia por sistema. Ni tengo por deporte oponerme al PRI, al PAN, al PRD Chucho, a EPN, a Videgaray o al mismo Juan de las Pelotas, y ni tengo por deporte tampoco oponerme o creerle todo a la izquierda representada por AMLO.

En suma, mi creencia solo está donde encuentro veracidad - coherencia antecedente en la persona - que pueda servir como testimonio factual de mi propia creencia. De otra manera, creer sin veracidad, me pone en la condición del soñador fanático.

Y no se tome a mal jamás que el aspirante a pragmático se dé a la tarea de construir sospechas o corazonadas para formar sus decisiones. Esto, porque cuando se busca veracidad para creer y tomar decisiones, es inevitable que uno termine luego haciendo inferencias en torno a las probables conductas de los políticos a futuro. La inferencia es parte de la toma de decisión en el pragmático.

Pensar y deliberar de esta manera no se llama oposición sistemática, ni dogmatismo, ni subjetivisimo, ni idealismo, ni fantasía, ni sueño. Se llama pragmatismo puro y prudencia en la vida. Y tonto es aquel hombre que, por el contrario, argumenta y actúa contra los hechos, porque está realizando una lucha inútil contra la realidad.

Tonto es, por ejemplo, el hombre que se pone a argumentar sobre la captura del Z 40 para tratar de demeritar su positivo abono en el bienestar de la sociedad. De ahí que en mi apunte de ayer no haya tenido empacho en reconocer la captura del Z 40 como un buen logro de EPN. Me queda claro que pone fuera de servicio a un sujeto peligroso para todos. 

Pero tonto también el priista que viene a decirme que la privatización de la renta petrolera llevará al país a una nueva era de crecimiento y desarrollo para todos. Y es tonto porque está argumentando contra los hechos que patentiza la historia económica de las privatizaciones a lo largo de los últimos treinta años. En esta condición la prudencia me indica que lo correcto es que yo no le crea al priista y que construya la sospecha que me indica que es de máxima verosimilitud la posibilidad de que el tipo solo pretende timarme para birlarse la renta del petróleo.

Pero más tonto es aquel hombre que está dispuesto a creer en las palabras del priista porque, en estas condiciones, el sujeto actúa como un soñador fanático y muy imprudente que desprecia la experiencia con tal de creer. Aunque lo cierto es que también existen los tercos oportunistas que creen por un simple y muy mezquino cálculo de utilidad personal. 

La historia no es fatalidad, de tal manera que no está determinada a priori. La historia está en espera de que los hombres la escriban desde el hoy con su libre albedrío. Un partido político que asuma la historia de esta forma debe tener claro que la única manera en que puede escribir la historia de forma perdurable es con la divisa de la coherencia. Y solo hasta que esa coherencia construya veracidad en opinión de los ciudadanos, y solo hasta entonces , ese partido estará en condiciones de esperar la retribución de la creencia desde los ciudadanos. Mas antes de eso, toda actitud de un partido encaminada a construir creencia de los ciudadanos por decreto o con engaños es un simple acto de autoritarismo.

Si el PRI tuviera en verdad una visión de fondo o humanista de la política debiera concebir esta segunda oportunidad como la ocasión para construir veracidad y fe con los tabiques de la coherencia, antes que ocuparse en la "ansiosa" promoción de pactos y reformas sobre la base de la poca fe que se le profesa por el momento. Y en política esto se logra aprovechando con sentido de oportunidad todas las olas favorables que las circunstancias van poniendo al paso, desde las más pequeñas hasta las más grandes.

¿Y qué ha hecho el PRI en este sentido? ¿Ha hecho algo para escribir la historia con la coherencia y su hija la veracidad? 

Una golondrina no hace verano. Sabia máxima que nos dice que es la regularidad de los hechos lo que permite afirmar la existencia de un fenómeno y definir su naturaleza real y hasta su ley. Y cierto: El verano solo existe y está aquí cuando todas las golondrinas ya están aquí. 

Andrés Granier y Elba Esther Gordillo son dos golondrinas. Dijimos en el apunte de ayer en este diario que, pese a las bondades de la captura del Z 40, lo cierto es que es solo un pato de la gran bandada de patos que sigue rasgando los cielos. Digamos ahora que el Z 40 es una golondrina, no un pato. Así que si la aritmética no nos falla, tenemos que EPN solo tiene tres golondrinas. Pero resulta que las parvadas de la delincuencia política - multitud de gobernadores, ex gobernadores y demás políticos sospechosos de delitos contra la nación - y la delincuencia común - fenómeno social - todavía no llegan, están lejos de aquí, muy libres e impunes como siempre. 

Sin embargo, y pese a que EPN solo tiene tres golondrinas que no hacen verano - justicia -, el PRI y sus medios pretenden hacernos creer que tres golondrinas sí hacen verano. Y hacen este juego de prestidigitación para atraerse veracidad para que usted crea en ellos y las reformas se vayan como cuchillo en mantequilla. 

Me atrevo a creer incluso que EPN y el PRI no están interesados en absoluto en escribir la historia con coherencia para ganar veracidad y legitimidad a la postre. Eso es un asunto que no les interesa. Su quid es sacar adelante las reformas al costo que sea, y así los hechos luego terminen por mostrar al PRI de nuevo como lo que ha sido en nuestra experiencia pasada: un partido de grandes timadores. Y esta falta de interés del PRI por hacer historia con la letra de la coherencia se patentiza de inmediato al ver cómo ese partido ha dejado pasar las olas de las oportunidades en este sentido. 

La ola de la delincuencia ordinaria ya casi se les fue. A la fecha, sus números permiten inferir que terminarán en condiciones semejantes a las de Calderón: Allá por los 80 mil muertitos. Por otro lado, la ola de la delincuencia política también se les está escapando y parece que no tienen la intención de montarla. Y para muestra de lo que digo en torno a la segunda ola, vayan los siguientes hechos. 

Seguí las noticias en vivo de la última elección. Y a menos que hayamos visto las elecciones de otro planeta, supongo que a todos los mexicanos nos ha quedado perfectamente claro que esas elecciones fueron un proceso colmado de delitos contra la nación por parte de todos los partidos contendientes, y donde la voluntad libre del ciudadano no fue la moneda de cambio corriente. Lo que ahí se manifestó, en realidad, fue que la moneda de cambio corriente es la voluntad autocrática de los partidos montada en los vehículos ultrapersuasivos del dinero y la violencia física descarnada; violencia que llegó incluso a los niveles del asesinato.

En suma, se trató de otro capítulo más de las elecciones estilo México: El lucro de los partidos sobre la voluntad de los miserables que han sido fabricados precisamente para ese efecto. Es la miseria como inagotable combustible de la autocracia.

Al filo de la medianoche me fui a la cama pensando lo siguiente:

- ¿Qué pasaría si mañana EPN amaneciera anunciando su descontento por semejante elección delincuencial? ¿Qué pasaría si asume esa actitud y demanda de inmediato que las autoridades electorales y hasta el mismo congreso intervengan para remediar ese episodio bochornoso para el país?

Desde luego que si esa ficción se hubiera hecho realidad, de un solo golpe EPN rebasaría y pondría fuera de servicio a todos sus contrincantes, incluido AMLO, ganaría completa veracidad y la consecuente fe del pueblo, y tendría así las golondrinas suficientes para hacer un gran verano y escribir la historia de este país. 

- Y supongo que yo también me vería obligado a creer - me dije antes de caer dormido y mientras acomodaba la almohada -. Claro. Desde luego que sería estúpido argumentar frente a los hechos.

Sin embargo, lo cierto es que EPN no quiso montar la ola y se limitó a decir incoherencias que le cierran la puerta de la veracidad y la fe. Y así nos dijo: La jornada electoral fue un ejercicio democrático que es signo indudable e incuestionable de la voluntad de los ciudadanos; voluntad que hay que respetar. Y punto. 

Por supuesto que no soy ingenuo. Sé y supe siempre que dicha ficción jamás tendría verificativo - y de ahí su carácter de ficción - porque la coherencia, la veracidad y la fe del pueblo no es el giro del PRI. 

Pero insisto en que la historia no es fatalidad. Alguien o algunos la tendrán que escribir. Y todo apunta a que el PRI quiere escribirla sacando adelante sus reformas con los instrumentos de la prestidigitación verbal y publicitaria - engaño - aderezada con la violencia cuando sea necesaria aplicarla a nombre del orden. Y si las cosas se dan así no debieran sorprendernos porque esto es predecible si nos ceñimos a los principios efectivos, reales, que han regido a ese partido. 

El hecho es que al final solo tenemos a un EPN y a un PRI con tres golondrinas en la mano tratando de hacernos creer que el verano - justicia - ya está aquí. 

¿Usted está dispuesto a creer que tres golondrinas hacen un verano?

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde regularmente publico los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

Comentarios