El Z 40 y la temporada de patos.

Si alguien diseñó la captura del Z 40 para que sea coextensiva en el tiempo con los escándalos de la elecciones pasadas, la vergonzosa vuelta del PAN y el PRD al  Pacto que no es Pacto, y el anunciado capítulo II del ROBAPROA - FOBAPROA -, entre muchos otros delitos, vaya para él mi más sincera felicitación. Lo hizo muy bien porque ha logrado distraer la atención del público hacia ese evento aislado: la captura del Z 40, y diluir lo demás en el desprecio del público.

Por supuesto que lo que he dicho antes sobre la posible planificación estratégica de dicha captura con la vista puesta en la utilidad política no debe ser tomado en cuenta porque es una simple especulación. Y es especulación porque los datos a la mano no permiten demostrar que el asunto fue planificado con utilidad política o que no fue planificado en este sentido. Concedo que el empalme en el tiempo entre la captura del Z 40 y los delitos contra la nación que he mencionado, por citar solo algunos, puede ser extremadamente sugerente para pensar que hubo plan con maña. Pero lo cierto es que el asunto no pasará de ahí: Solo sugerente. 

Meterse en este tipo de especulaciones y polémicas inútiles es como someter al lector al dilema confuso de Elmer: ¿Es temporada de patos o de conejos? La verdad solo depende del empeño del pato y el conejo en eso de tratar de convencer a Elmer. Y de cierto que Elmer disparará sobre aquel que tenga, no pruebas objetivas sobre la identidad de la temporada, sino mayor poder de persuasión.  

Espero que los mexicanos que hoy en día están entregados a esta especulación se den cuenta de la inutilidad de entregar la razón a este tipo de tareas irresolubles y cambien así de página hacia lo importante para nosotros: los delitos de la clase política contra la verdad y la nación.

Le confieso que había considerado dejar de escribir en estos días para dejar pasar la fiebre noticiosa del Z 40 porque me queda claro que toda la atención está puesta sobre ese tema; tema que, por lo demás, no es de mi interés en absoluto. Y muy cierto esto de la fiebre Z 40. Cualquier diario que usted use por estos momentos está centrado en el Z 40; cualquier revisión que haga a los comentarios del público nos llevará a la conclusión de que están también centrados en el Z 40. Vamos, la fiebre es tanta que, para efectos prácticos, puede decirse que en estos momentos en México hay temporada de Z 40. 

Por supuesto que no resto méritos al asunto. Sería estúpido opinar en contrario para tratar de diluirlo en el argumento de la irrelevancia, de lo trivial. Y más estúpido sería tratar de valorar este asunto desde la especulación en torno a los móviles. El asunto está ahí; es un dato importante; debe ser juzgado desde los datos a la vista. Y punto.

Por las referencias a la mano, que van desde realidades documentadas hasta escalofriantes leyendas de boca en boca, todo indica que estamos hablando de un sujeto que se acerca incluso al tipo criminal novelesco y más peligroso de todos según las nociones del viejo positivista César Lombroso (1836-1909); es decir, hablamos del criminal antropológico o nato que deriva su maldad, no de una voluntad que delibera por el mal, tampoco de patologías psíquicas aparentes, tampoco de costumbres, sino de inclinaciones naturales, instintivas. Y si esto es así, casos como la captura del Z 40 no deben ser juzgados y valorados solo desde el ángulo del mal que han infligido y que van a saldar con pena, sino también, y sobre todo, desde la perspectiva del peligro siempre latente que representan para la sociedad y el cual se previene con su captura.

Es así que, en este caso, quienes encontramos motivos razonables para oponernos a ciertas políticas del PRI en el gobierno, debemos hacer una suspensión de la pasión y juzgar este caso con objetividad. Y en este sentido, la captura del Z 40, cualquiera que haya sido su móvil de origen, debe ser reconocido como un logro importante del gobierno de EPN en favor del bienestar general toda vez que se logra la captura de un sujeto altamente peligroso para la sociedad.

Desde luego que, por ello, el asunto tiene ya bajo el brazo una carta de ciudadanía que le da derecho a ser parte del país de la primera plana y de nuestro reconocimiento sincero al gobierno por semejante acción. Pero con todo y eso, tampoco debemos darle más importancia de la merecida. Y esta vuelta a la realidad debe estar fundada en el reconocimiento de que una cosa es el Z 40 como un sujeto peligroso para la sociedad, y otra cosa es e fenómeno social del narcotráfico y la violencia. En breve, el Z 40 es solo una saliente individualizada de este fenómeno que sigue tan vigente como ayer.

Déjeme hacer una pregunta que entronca implícitamente con la distinción entre el Z 40 y el fenómeno social que menciono arriba, y a la cual espero responda con absoluto realismo, con objetividad: ¿Cuál será el resultado más verosímil de la captura del Z 40?

Le advierto que toda respuesta debe tener como presupuesto un principio infalible en este ámbito, como sucede en todos los ámbitos de negocios: No hay demanda sin oferta. 

Según es mi juicio, el efecto más verosímil de este hecho es lo que indica la intuición inmediata hasta del más hosco en entendederas: el ascenso al liderazgo de los Zetas de otro Z. Hablamos de que este suceso solo dispara el gatillo de la sucesión en un solo cajón llamado Zetas del gran archivero del fenómeno social llamado violencia y narcotráfico. Y no hay una sola respuesta posible en torno a las consecuencias que se disparan a su vez con la sucesión. 

El Z 40 nos ofrece datos que permiten inferir que es un tipo inteligente y previsor. Lo mismo dicen las fuentes de los gringos que ya empiezan a soltar referentes sobre su pasado y concluyen lo mismo: es un tipo astuto, previsor. Y si el Z 40 es un tipo previsor podemos suponer que debió preparar y acordar escenarios del "como si" en caso de ser capturado o abatido; es decir, debió acordar con sus gentes escenarios de sucesión tal como si él estuviera presente.

Sin embargo, al final de cuentas, y así las previsiones del Z 40 se hayan dado o no, y así se verifiquen si se dieron, el hecho es que la captura del Z 40 solo dispara el gatillo de una sucesión al interior de un fenómeno social que sique ahí, tan vigente como ayer. Y en este proceso de sucesión solo pueden derivar los siguientes escenarios básicos posibles como resultado y que dependen de la habilidad y expertise del sucesor.

Si el sucesor del Z 40 tiene iguales o mejores habilidad y expertise que el Z 40 no se puede sino esperar la continuidad de los Zetas. Pero si el sucesor no llena los zapatos del Z 40 luego vienen los escenarios alternativos de la desaparición del grupo o su dispersión y atomización en múltiples grupos autónomos. Pero en cualquier caso de continuidad, ya unificados o ya dispersos, y que me parece el más verosímil, seguramente habrá una continuidad en el estilo de delinquir que les caracteriza por su extremada y feroz violencia. En efecto, la continuidad bajo cualquier modalidad de organización será coextensiva al estilo o el método de trabajo. Y para entender esto solo tenemos que tener presente como principio que ellos consideran a la violencia como su negocio y que, por consecuencia, se conciben y actúan en eso como hombres de negocios. Y si el método de producción de la violencia descarnada les ha dado resultados en el negocio, ¿hay motivo alguno para cambiarlo con la desactivación del Z 40?

Recuerde al caso el cierre de la película Casino de Martin Scorsese, donde Robert DeNiro, el "maldito judío" según Pesci, reflexiona al final de su "suertuda" vida en su pequeña oficina de apuestas deportivas, el oficio donde había empezado toda su loca aventura por el mundo de la mafia: 

- "¿Para qué echar a perder un buen negocio?" - se dice Robert con una leve sonrisa y como concluyendo sobre la estúpida aventura de haber cambiado su método empresarial al dejarse llevar por los sueños abonados por la ambición de los gangsters -.

Como puede darse cuenta el lector, en ciertos escenarios posibles el remedio llamado captura del Z 40, pese a sus bondades inmediatas por la desactivación de un sujeto peligroso, puede resultar peor que el mal de origen. A este respecto le pregunto algo: 

¿Qué pasaría si llegamos a un fenómeno de dispersión de los Zetas en grupos atomizados pero con continuidad y paralelismo en el método de trabajo que no es sino la violencia brutal?

Créame que no quiero ni imaginarlo. Y espero por ello que los trabajos de inteligencia de EUA y México que estuvieron en este asunto se hayan tomado el tiempo para analizar detenidamente los posibles resultados del evento ya realizado: la captura del Z 40.

Con lo anterior no quiero decir que tal vez  lo mejor hubiera sido no hacer nada y dejar al Z 40 en la misma condición de operación a salto de mata. Aunque no hacer nada es siempre un opción entre las alternativas frente a ciertos problemas, en este caso no aplica por la peligrosidad intrínseca del mismo sujeto. Así que lo único que he querido decirle en este apunte son tres cosas:

Primera: No se puede ocultar que la captura del Z 40 es un acto positivo en el gobierno de EPN. Sería mezquino e ilegítimo tratar de restarle valor al acto porque la intuición mínima demuestra que es un buen aporte en el bienestar de la sociedad. Y punto.

Segunda: Pero el realismo también nos obliga a no caer en manos de la propaganda optimista para creer que se ha dado un golpe esencial que terminará con el problema de fondo, que es el fenómeno, no los individuos y por más relevantes que sean. Lo más verosímil apunta a creer que las cosas seguirán igual. Y eso nos impele a la tercera conclusión:

Tercera: No poner mucha atención en este asunto del  Z 40 hasta el grado de desatender los más relevante para nosotros: los delitos de la clase política contra la verdad y la nación, tanto los que ya se consumaron, como los que están por consumarse. Al hacer esto, desatendemos los pesos por atender a los centavos. No olvide que no hay peor delincuente que el político que se ha rebelado contra el orden del Estado con su espíritu corrupto, porque él es causa que abona incluso en la existencia de los criminales comunes. 

Así, pues, atienda a lo importante. El Z 40 es solo un pato entre la bandada de patos. Se atrapó a un pato, pero no a la bandada, que sigue tan igual como siempre rasgando los cielos de nuestro país. Y el liderazgo y estatus del pato de marras no cambia esta realidad desoladora que deriva de fenómenos perversos de la sociedad, no de individuos aislados.

Buen día.

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