El IFE y la cruzada contra AMLO.

Para todo mexicano que no se engaña, que no se chupa el dedo, es una verdad de perogrullo aquello de que todos los partidos y todos los políticos están siempre muy bien dispuestos a rebasar los límites de gastos de campaña que son impuestos por la ley. Que muy pocos, pero muy pocos, no lo hacen por cuestiones referentes al imperativo de la moral - los menos - o por limitaciones relacionadas a las débiles expectativas que ofrecen a sus posibles financiadores, es otra cosa. Virtualmente, y para efectos prácticos, podrían decirse que casi todos quieren pecar y casi todos pecan contra la ley en esta parcela de la realidad política.

Cuando digo que todo esto es una verdad de perogrullo para el ciudadano me refiero a que son cosas que ya se dan por sabidas. Y se dan como verdad indeclinable en la razón popular bajo el precedente de que son cosas demostradas al menos a través de intuiciones genéricas surgidas de inferencias a partir de la experiencia del día a día en tiempos de campañas electorales. El ciudadano ordinario podrá sufrir de la enfermedad que yo llamo razón ociosa a la hora de cumplir sus deberes cívicos, pero eso no implica que es tonto. Al contrario, al ciudadano ordinario le resulta fácil concebir eso de los rebases de los límites de gastos de campaña como regla general de la realidad infiriendo a partir de la observación de la realidad cotidiana a la mano.

En el caso de la campaña de EPN a la presidencia, por ejemplo, una simple operación aritmética en base a las unidades y costos de anuncios panorámicos y otras frioleras de rutina ya pone a este hombre en el filo o más allá del rebase a los topes de campaña. Y si añade a eso lo demás, ya tiene una cifra aproximada que rebasa los topes por cantidades estratosféricas: camisetas, cachuchas - no hablo de Demetrio Sodi, sino de las cachuchas habituales -, bienes de diversos géneros - utilitarios, despensas, láminas acanaladas, bicicletas, materiales de construcción, tinacos, herramientas agrícolas, sillas de ruedas, muletas, muletillas, guitarrones, tololoches, etc. -, comelitonas y agasajos báquicos para los promotores y promovidos, salarios de un inmenso aparato burocrático provisional a nivel nacional, gastos generales y, sobre todo, el fondo multimillonario para la compra de votos a través de los promotores del voto: pago parcial por semana a los votantes comprados y otro pago al final y una vez logrado el triunfo. Y en esto no incluyo los chorros de billetes necesarios para maicear a las autoridades electorales, a los medios y a las encuestadoras, a fin de que se hagan ojo de hormiga a la hora de juzgar sobre los pecados contra la nación que han de venir en la jornada electoral y las estadísticas oficiales, ya que no sé si son gastos de campaña o partidas para vulgar extorsión criminal.

Ahora bien, como todas las operaciones ilegales en las campañas - que son casi todas las operaciones - se tienen que realizar en efectivo y en secreto para no dar indicios acusatorios, es prácticamente imposible que el ciudadano ordinario construya estas verdades intuitivas con un sistema coherente y exhaustivo de observaciones objetivas. Es así que, irremediablemente, el ciudadano está condenado a derivar o deducir verdades solo a modo de intuiciones genéricas.

Para ponerle pies a lo intuido o imaginado, nada como la analogía. Así que para que se dé una idea de lo que cuesta financiar una campaña al estilo PRI o PAN, es decir, como un conjunto de acciones ilegales donde destaca la coacción de las libertades individuales a través de la compra de voluntades, solo le recuerdo un episodio de la historia reciente del país: Zhenli Ye Gon. En efecto, las montañas de dinero que usted vio ahí, en las cámaras, son solo una parte de lo que se necesita para financiar una campaña al estilo PRI y PAN. Y de pasada quiero decirle que no se puede descartar del todo que lo que usted vio ahí con el caso Zhenli fue solo el excedente financiero que puso en operación el golpe de Estado panista del 2006. Esto, porque resulta que la perfecta sincronía de sucesión en el tiempo entre el golpe de Estado panista con el hallazgo de aquellas montañas de dinero, siempre resultará extremadamente sugerente para inferir una relación íntima entre los dos sucesos.

Si todo este mundo de ilegalidad es una verdad de perogrullo para el ciudadano ordinario que no se chupa el dedo, incluyendo a los ciudadanos equipados con las más hoscas herramientas para el análisis de situaciones prácticas, ¿es creíble que los gestores de las instituciones electorales, empezando por el IFE, siendo que son licenciados y doctores pomposos, no tengan siquiera ni la más mínima sospecha en torno a la existencia de este universo de podredumbre y simulación?

Es evidente, pues, que los análisis financieros y jurídicos del IFE desde los que derivan sus resoluciones deben ser tenidos como lo que son: análisis sobre simulaciones contables y jurídicas que, se da por sabido, ocultan los pecados capitales. En otras palabras, y como dice la flota: Los gestores de las autoridades electorales le pegan al occiso para ponerse a modo del mejor postor.

Voy de nuevo a la analogía para visualizar mejor el absurdo del IFE en este asunto. Y es que esto de la omisión del IFE con los embusteros del PRI es tal como si yo le mostrara a usted en cuerpo y alma una flota de 20 taxis y le dijera que la compré con 100 pesos a precios de mercado y, pese a todo, usted me creyera. ¿Habría alguien tan idiota que dé crédito a mis palabras en este caso sin darse cuenta de que tiene ahí ya, en mi acción manifiesta, indicios claros de una irregularidad en potencia?

Como no es creíble semejante ignorancia en las autoridades electorales, es inevitable que lleguemos a la siguiente conclusión sobre las tareas reales que han sido adjudicadas a éstas por una fuerza extraña y difusa, oculta, y que se llama poder de facto, vulgo poder hecho actual o imperante vía Chayote: Primera, legitimar jurídicamente los delitos electorales contra la nación por parte del partido o grupo político que posee el poder de facto en el momento, y que, por ello, debe ascender a la gestión del Estado - ayer el PAN, hoy el PRI -. Segundo, someter a persecución legal y desgaste moral a la fuerza política que no haya entrado al saco de la "maiceada" y siempre y cuando represente una real amenaza al régimen del partido o grupo político que se ha hecho con el poder de facto. Y tercero, coger a los políticos adherentes del grupo político en el poder que, por su torpeza y carácter sacrificable, son candidatos a chivos expiatorios a fin de darle un aire de imparcialidad meliflua a la misma autoridad electoral.

Ahí tiene usted en un párrafo la función actual de las autoridades electorales en este país. Pero hablamos de la función real, no de la función preconizada por los gestores de esa autoridad en su propaganda.

Bien. El asunto de la multa del IFE sobre AMLO debe ser analizada desde esta perspectiva realista, la del IFE del mundo real, sobre todo porque se da aparejada con la absurda acción de hacer pasar los estratosféricos gastos de campaña de EPN como "legales". Y todo esfuerzo por analizar este asunto desde la perspectiva del IFE ideal, el de los discursos oficialistas, el IFE que no existe, es indicio claro de una de dos cosas en el que analiza, o de dos cosas a la vez: o el que analiza es un sujeto al que le gusta chuparse el dedo, o ya está maiceado.

Si nos atenemos a los datos de la experiencia en la última campaña presidencial, es mucho más probable que EPN haya rebasado los gastos de campaña con mucho cuando comparado a AMLO. Y si la realidad a la vista nos permite inferir e intuir esto al menos genéricamente, ¿hay alguna manera de justificar el tremendo absurdo de multar a quien con menos probabilidad evadió la ley y no multar al que con mayor probabilidad sí la evadió?

Exacto. Es claro que el absurdo asunto de la multa del IFE a AMLO y la calificación de los gastos de EPN como legales, encuadra perfectamente bien en dos de las tareas del IFE real que ya hemos señalado arriba: La legitimización del delito contra la nación encarnado en el PRI y EPN, y la persecución política contra el único opositor real de un régimen con fuerte raigambre en las inclinaciones delictivas: AMLO. Y el asunto es tan obvio, que creo no merece más análisis. Así que lo doy por demostrado y sigo adelante evaluando las consecuencias posibles de esta bufonada del IFE.

Si esta jugada inmoral del PRI a través de su brazo llamado IFE solo está diseñada para ejercer persecución y desgaste sobre AMLO, debo concluir que los estrategas políticos de ese partido son muy zafios y cortos de visión. Se trata de una replicación de las bufonadas torpes de Fox en el desafuero. Esto, porque para los simpatizantes de AMLO este episodio solo viene a demostrarles que este hombre no se ha dejado maicear hasta hoy. Por supuesto que esto abona más correlato objetivo o fundamento real a la percepción que esta gente tiene de AMLO como político de moralidad intachable, con los resultados fatales o inevitables siguientes: La adhesión de esta gente a AMLO se fortalece, se cosechan más adherentes entre los indecisos críticos, y se fortalecen las sospechas y la animadversión entre estas gentes hacia el PRI y uno de sus instrumentos demostrados de persecución: el IFE. A su vez, esto le da más poder de persuasión al discurso de AMLO porque le abona fecundamente en fundamento objetivo:

- ¿Lo ven, mexicanos? - dirá AMLO - ¿Ya pueden ver cómo está demostrada la parcialidad del IFE?

El ganador de esta torpeza del PRI es claro: AMLO. Pierden el PRI y el IFE. Y le garantizo que la merma financiera que esta persecución del IFE reportará a la izquierda es nada cuando comparada contra la ganancia neta de AMLO en materia de legitimidad moral y carismática. Ganancia que se potencia toda vez que se da en la víspera de las movilizaciones populares por la defensa del petróleo. En suma, es tal como si los torpes priistas se hubieran empeñado en fortalecer a su rival en la víspera de la batalla dándole harta munición para la retórica persuasiva.

La ganancia para AMLO no se desvanece aun y cuando supongamos que esta jugada inmoral del IFE esté diseñada también - o solo - para meter presión al PRD por aquello de sus reticencias episódicas al Pacto por México, que no es sino un pacto de políticos y burócratas, y sobre todo por su reciente negativa a no colaborar con la privatización de la renta petrolera. Pero lo cierto es que, bajo este escenario posible, los priistas ya no resultan tan tontos en automático porque habría que valorar antes si habrá beneficios netos para el PRI en esto. Mas en esto no podemos anticipar nada porque los resultados los veremos en los días que vienen.

La pregunta que espera respuesta es muy sencilla: ¿Gana el PRI algo presionando al PRD a través del IFE para que vuelva al redil del Pacto por México al costo de fortalecer la legitimidad de AMLO y la adhesión de la gente a este político en la víspera de la batalla por el petróleo?

Confieso que si yo fuera un político inmoral, como muchos priistas, me vería tentado a realizar la jugada porque se reconoce que los cálculos perversos no son del todo malos en este escenario posible. Digo esto porque para el PRI la voluntad de un pueblo no es trascendente, no es un dato relevante. De tal forma que ya da por hecho que habrá una batalla en las calles y que ahí ya la tiene perdida por anticipado. Así que, en esta parte del proceso anticipado, la deliberación del PRI está centrada en decidir qué tanta represión es tolerable para el logro de sus planes al menor costo posible. Lo cierto es que para el PRI, en su condición natural de partido opresivo, lo importante es la continuidad del circo abstracto - palabras sin contenido - llamado Pacto por México en su mayor integridad posible porque éste es su bastión justificatorio, y así sea a base de chantajes políticos y cañonazos de billetes...o maiceadas, como bien dice AMLO.

Buen día.

Puede leer este artículo también en el diario digital mexicano SDP, donde suelo publicar los trabajos o artículos que usted ve en el acervo de este blog.

Comentarios