Vargas Llosa, la senectud y la miseria de la literatura.

Las pocas o escasas personas que habrán leído mis apuntes en este periódico digital se habrán percatado de que suelo irme por extenso en los mismos. Eso no tiene otra intención que agotar todas las posibilidades del razonamiento en cada salto de argumentación. Hago esto, porque creo que es una manera de ir tirando luz en cualquier ruta que pueda surgir en el tratamiento de cada asunto. Nunca faltan aspectos o facetas que quedan un tanto en la penumbra, y creo que hay que agotarlos en la medida de lo posible.

Pero esta vez me limitaré a unos cuantos párrafos porque el tema carece realmente de importancia. Carece de importancia por el pobre prestigio y por la nula autoridad moral del personaje del que le voy a hablar, aunque sí es de gran importancia por las consecuencias letales y viciosas que las palabras aviesas de este personaje siniestro pueden acarrear. Pero de las consecuencias podemos hablar en otro artículo. 
Le hablo de Mario Vargas Llosa. Con franqueza, me da hasta hueva hablar de este hombre.
No creo ser un especialista o un erudito en literatura, pero considero haber leído lo suficiente para saber en qué autores hay calidad, maestría y genialidad, y en qué otros hay basura, hediondez, miseria y hasta intenciones siniestras. Le confieso que ni siquiera me doy a la tarea de leer autores contemporáneos porque hay poco por espigar. Vargas Llosa, en mi opinión, pertenece al segundo mundo: un mundo de pobreza humana y de un raquitismo literario tal, que le convierten en la misma encarnación de la miseria de la literatura de estos tiempos. Un insulto para los verdaderos maestros del oficio, vamos.
Cuando le otorgaron el premio Nobel me quedó claro que significaba una encomienda con tintes políticos con origen en Disneylandia. El asunto no requiere mayor análisis, porque huelga en obviedades; y el que tenga dudas, pues allá él. El escribidor de cuentos estaba tan lejos de la excelencia, le era tan como un sueño eso del premio en atención a su pobre calidad, que presto se emparejó al convenio evidente: Yo te premio, para que me sirvas bien allá por el sur. Y bueno, las urgencias de este escribidor de cuentos deben ser tan faraónicas, que no dudó ni un instante en aceptar el trato y firmarlo con copia a los interesados. Así es la naturaleza humana cuando se llega a viejo sin verdaderas guirnaldas. 
¿Pruebas? Ahí lo tiene ya usted vociferando contra Chávez cuando éste no hace, por el momento, sino ofrecer un proceso de mediación en Libia. No, hombre, si el otro ofrece paz y razón, Vargas Llosa se muestra como guerrero de cinco estrellas. Si Chávez ofrece parar la guerra, Vargas Llosa pide sangre e intervencionismo de los marines a nombre de su vulgar, vacío y rastrero concepto de democracia. Bueno, es que esa es su función, para eso fue premiado: para invocar al terrible Ares en nombre del santo imperio.
Este escribidor de cuentos de Llosa debiera de recordar una y otra vez la negativa de Einstein a ser presidente del naciente Estado de Israel cuando la misma le fue ofrecida con suma insistencia por los sionistas. Pero bueno, Einstein era Einstein, y era, además de científico exitoso, un verdadero humanista. Einstein no era un pandillero que pedía intervencionismos y guerras. ¡No, hombre!...¡Por favor!...Eso no va con la razón y la verdad, como lo demostró y lo dijo mil veces Einstein. Y es que pedir intervencionismos y sangre, así sea a nombre del mismo Cristo, es una vileza propia de un asesino, de un pandillero o de un enano.
También hay que comprender al Llosa. Es gacho llegar a la senectud siendo un fracaso en lo que se pretendió ser en la vida. Y la noción de éxito no tiene un sentido absoluto ni se plasma en medallas y notas laudatorias; recuerde eso. Cada quien es feliz o infeliz de acuerdo a las metas logradas en su especialidad u oficio, y de acuerdo también a su sabiduría para no complicarse la vida con sueños excedidos, de tal forma que es más feliz un carpintero que en su vejez llegó a la maestría reconocida en su oficio, que un escribidor de cuentos que no salió de perico perro o de maceta de punzante y venenosa hortiguilla.
¡Qué hueva con este Vargas Llosa!

Buen día.

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