Soriana y el IFE: ¿Fantasía, error o mentira?

Es un hecho de experiencia aquello de que la inmensa mayoría de los hombres no gozan del ideal de la autonomía moral, es decir, que son incapaces de normar su vida moral generando principios de moral fundados solo en su razón y la experiencia, y que requieren, por ende, de autoridades externas que les constriñan a cumplir con el deber a través de normas y principios extraños, y con mucha frecuencia obligatorios y sancionados por la ley. 


Esto es tan verdad, que siempre ha formado parte del acervo de sentido común de las culturas y define lo que es sensato en lo que toca a las posturas que debemos adoptar en estas cosas. Usted, por ejemplo, jamás se atreve a realizar una operación de negocios sin mediar un contrato, o no se atreve a adquirir una casa sin solicitar las escrituras de la misma. Y como dato al margen, quiero decirle lo siguiente.
Lawrence Kohlberg (1927-1987), quien aplicó la teoría de Jean Piaget sobre el desarrollo cognitivo al razonamiento moral, encontró que solo el 20 % de los adultos alcanzan el nivel de la moral convencional, es decir, el nivel donde se rige la vida moral con apego a la ley por su fundamento en el consenso social, en tanto que solo el 5 % de los adultos, pero adultos muy maduros, alcanzan el nivel pleno de la autonomía moral. En la cúspide, en lo que llama Kohlberg la moral cósmica, se encuentran solo hombres especiales – Gandhi, Luther King, etc. -. En general, hay acuerdo entre los especialistas en torno a lo hallazgos de este hombre. Y quiero decirle que uno de los países que formó parte de la investigación empírica de Kohlberg, fue precisamente México.

Un escenario hipotético:

Suponga que el gerente de la corporación empresarial llamada México, vulgarmente conocido como presidente de la república, se presenta en las pantallas de la televisión en cadena nacional para decirle a ese universo de cosas útiles y manipulables, que coloquialmente conocemos como mexicanos, lo siguiente, algo que parece ser el pináculo de violencia en la corporación nacional:
- Queridas cosas útiles – expresa el gerente muy solemne tras ligeros carraspeos -. Deseo comunicarles que, por instrucciones de los dueños de esta corporación nacional, se ha decidido liberar la portación de armas de fuego de cualquier calibre. No habrá ya más restricción a este respecto. Cualquier cosa útil, sin importar su edad, podrá portar cuantas armas le plazca - se levantan los rumores de incredulidad entre la multitud de cosas útiles que colman el auditorio -. Al mismo tiempo, quiero decirles que también se ha decidido despenalizar el acto de dar muerte al prójimo – los rumores ya son ensordecedores -. Sí, como lo oyen – continúa el gerente aplacando los rumores con ligeros movimientos de manos -. A partir de hoy, ya no es delito matar al prójimo. ¡Y esto es un logro del México ganador! – aplausos atronadores -. De hoy en adelante, y óiganlo bien queridas cosas: de hoy en adelante cada una de las cosas útiles en el inventario de esta corporación nacional, deberán arreglárselas por su cuenta en lo que concierne a su seguridad y al uso correcto de las armas y su relación de respeto con las demás cosas útiles - los rumores de desconcierto vuelven a recorrer el auditorio de cabo a rabo, y de arriba abajo hasta rebotar en la parte más alta de las galerías -. Y hacemos esto, porque confiamos en que ustedes saben conducir su vida por el camino correcto, atenidos a su conciencia. Así que solamente expresaré dos recomendaciones que deberán ser tomadas en cuenta siempre, y en toda circunstancia, por todas las cosas útiles en el inventario – expresó el gerente, tras de lo cual los rumores de la muchedumbre se fueron apagando hasta alcanzar un silencio respetuoso y atento -. Y en esto me refiero especialmente a las cosas útiles que guardan la condición de padres, toda vez que deberán cuidar bien de sus hijos, de sus pequeñas cosas, en estos asuntos, porque esos retoños son en realidad propiedad de los dueños de la gran corporación nacional, a quienes Dios bendiga siempre para nuestra felicidad eterna –agregó el gerente en tono santurrón y alzando ambas manos y la vista al cielo del auditorio -. Primera – pronunció el gerente en tono severo, cual martillo tonante golpeando la mesa del juez -: Debéis portar armas solo en el caso de que estén persuadidas de que están preparados para tal efecto - se levantaron los rumores de nuevo entre la cosas del auditorio -. Y segunda – expresó el gerente en tono docto -: Recordad siempre que uno de los ordenamientos principales de la ley de Dios es: ¡No matarás!...¡Así que llevad eso en su conciencia, queridas cosas útiles!
Y dicho lo anterior, sonaron las rondas de cañonazos sobre las almenas, y el gerente fue sacado del recinto en hombros de sus gorilas, mientras era ovacionado con hurras y vivas y prodigado a raudales con una tormenta de aplausos atronadores cuya duración rebasó por lo menos las dos horas.
Estoy completamente seguro de que usted está sorprendido con los decretos del curioso gerente, porque ceñido a la sensatez, usted ya sabe al lugar al que irá a parar la gran corporación nacional: la calamidad, con decenas de millones de muertos.
El absurdo de esta situación reside en que los dueños de la corporación nacional, y su gerente, están convencidos de que todas las cosas útiles en inventario – los mexicanos – sí gozan de autonomía moral. Y en esta situación, no tenemos más opción que concluir que el posicionamiento de estos sujetos responde a una de dos causas: Primera, sus decretos están fundados en una visión fantástica de los hombres – un fantasma mental derivado de una imaginación irrefrenable, frenética -. O segunda, los dueños de la corporación nacional, los dueños de todas las cosas útiles y del gerente mismo que, para efectos prácticos, también es una cosa útil, consideran que hay un exceso de cosas útiles en el inventario; en otras palabras, pretenden un ajuste maltusiano, y cuya meta más modesta seguramente está mucho más allá de las 70 mil muertes por sexenio de administración corporativa.
Pero no se sorprenda mucho, porque la verdad es que, en el mundo real, suceden cosas que caminan por el mismo rasero del gerente. Vea el caso del IFE en estas elecciones presidenciales, por ejemplo.

AMLO y los celulares:

Recuerdo que hace días, hacia la parte final de la campaña presidencial, AMLO se dio a la tarea de insistir ante los medios sobre la necesidad de prohibir que los ciudadanos accedieran a emitir su voto portando teléfonos celulares. Esta solicitud tenía mucho fondo dada nuestra muy larga y amarga experiencia en lo que toca a la mapachería electoral priísta. De todos es sabido que, hoy en día, muchas de las estrategias de compra y coacción de votos de los mapaches priístas hacen descansar su eficacia en la toma de fotografía de la boleta cruzada a favor del PRI por parte del votante coaccionado o comprado, a fin de que éste, ya fuera de la casilla, demuestre al mapache su lealtad en el vil trato. 
Y bueno, los hechos que corren en estos momentos ante nuestros pasmados ojos, donde destaca el sorianazo, no hacen sino patentizarnos la prosecución de estas mapacherías priístas a más y mejor. 
La respuesta del IFE:
Luego, a los días, los consejeros del IFE se pronunciaron por dos cosas: Primera, no existen lineamientos legales con respecto a evitar el acceso con celulares a las casillas o incluso revisar a los ciudadanos para ese efecto. Segunda, no hay necesidad de ello, porque se niega toda posibilidad a un fraude electoral. Y el lector está obligado a ver el absurdo en estos disparates verbales, toda vez que estamos hablando de asuntos humanos – política -, donde es imposible contar con certidumbre completa en cualquier asunto. Y recuerdo también que un domingo previo a la jornada electoral, Televisa, o el epicentro de las decisiones políticas en la corporación nacional – México -, como quiera usted llamar a esta empresa, emitió un programa especial con algunos funcionarios del IFE donde encabezaba Leonardo Valdés Zurita, el presidente de dicho organismo. Valdés Zurita asumió ahí la misma posición de los consejeros del IFE. Pero éste hombre, al reconocer el “vacío” legal, procedió a actuar en la misma tónica del gerente de nuestro caso hipotético. En efecto, Zurita procedió a lanzar una retahíla de exhortaciones morales a las cosas útiles – los mexicanos - de la corporación nacional, a fin de invitarlos a que cumplan con su deber de emitir su voto de forma libre y secreta.
A estas alturas saltan varias preguntas muy importantes:
Primera: Si nuestra historia política completa está estigmatizada por el fraude, ¿no es forzoso aceptar que deben procurarse siempre todas las medidas posibles que ayuden a blindar los procesos electorales?
Sí ha de obrarse con prudencia en estas cosas, sí, por cierto que sí.   
Segunda: ¿Era posible o no establecer algunos ordenamientos para restringir el acceso de celulares a las casillas?
Supongo que sí, toda vez que era el quid de la discusión entre los consejeros del IFE; discusión motivada, por cierto, por los representantes de AMLO. Y es que discutir sobre lo imposible en cosas prácticas, es propio solo de idiotas.
Tercera: Si la oposición de AMLO a ceñirse a los resultados era previsible, tal como afirman hoy en día los loros del oficialismo para estigmatizar a AMLO una vez más, ¿no era conveniente atenuar ese riesgo blindando al máximo el proceso, incluyendo el caso de los celulares?
Si el hombre prudente obra para evitar problemas y riesgos innecesarios a futuro, supongo que sí.     
Cuarta: ¿Qué era menos costoso para el IFE: pedir disculpas y comprensión a los ciudadanos por tener que obligarlos a dejar sus celulares en casa o en la mesa de la casilla para poder emitir su voto, bajo el argumento sensato de que pagan justos por pecadores, o afrontar este ambiente postelectoral de descontento y duda  que apunta a crecer como la espuma?
El más simple de los mortales se daría cuenta de que lo más eficaz para el IFE hubiera sido el prohibir los celulares en las casillas. Es más, estamos ciertos de que esta medida de seguridad hubiera recibido un extraordinario respaldo de la ciudadanía porque, para ésta, dicha acción le hubiera otorgado al proceso mismo más veracidad. De cierto que el ciudadano ordinario tiene plena conciencia de que nuestra vida política padece el estigma del fraude.  
Pero si era posible, prudente y hasta conveniente el haber procedido a crear algún ordenamiento para prohibir los celulares en las casillas, ¿por qué no lo hizo el IFE? A estas alturas, ¿no le parece absurda la negativa del IFE?
Los consejeros del IFE no hicieron nada en torno al asunto de los celulares, porque se plantaron en uno de cuatro escenarios posibles. Los cito a continuación según orden de lo posible, de menor a mayor.
Primero: Pasando por alto todo principio de prudencia, creyeron que todos los mexicanos poseen autonomía moral suficiente como para evitar este tipo de acciones deshonestas. Y de aquí su certeza absoluta de que no habría fraude. De hecho, si mira con cuidado, este escenario corresponde a la imagen propagandística del IFE. Falacias completas.
Segundo: Aunque asumieron de manera realista que la gran mayoría de los mexicanos no poseen autonomía moral, creyeron de manera imprudente que el solo exhorto verbal de Zurita bastaría para lograr que los mexicanos escalaran a la autonomía moral de la noche a la mañana, y al menos en este caso de los celulares. En este caso, para ellos seguía siendo absolutamente cierto que no habría fraude electoral.  
Tercero: Fueron realistas asumiendo que los mexicanos no poseen autonomía moral, con o sin exhorto verbal de Zurita, pero no hicieron nada porque tuvieron la corazonada de que no habría fraude. En este caso, nos queda claro que jugaron irresponsablemente a las posibilidades y apostaron al no fraude aun a costa de poner en alto riesgo a la nación.
Cuarto: Es el mismo que el anterior, el tercero, pero no hicieron nada porque simplemente les valió un puro y celestial comino lo que pasara con la elección.
Suponer que la realidad correspondió a cualquiera de los primeros dos escenarios, nos obliga a concluir que los consejeros del IFE adoptaron la misma actitud del gerente de nuestro caso hipotético, con todas sus absurdidades y fantasías añadidas. Suponer que lo real fue el tercer escenario, nos lleva al error y a la irresponsabilidad. Y suponer que la realidad correspondió al cuarto escenario, ya nos pone en una situación más ad hoc al espíritu del valemadrismo, del: “¡Ahí se va!”
Pero hay un quinto escenario que trasciende más allá del absurdo, de la fantasía, del error y de la simple ineficacia, hasta ir a parar en la mentira, y donde el futuro de los consejeros es verdaderamente desastroso. Traigo a cuentas este escenario, no porque yo posea elementos objetivos para juzgar de él, sino porque está siendo ventilado públicamente por diferentes frentes que afirman que el IFE no hizo nada a este respecto de los celulares, y de otros riesgos evidentes, para no estorbar la operación de las fuerzas políticas perversas que optaron por inflar artificialmente a Enrique Peña Nieto en las preferencias electorales y en el voto, cual si fuera Vulcano, el globo más grande que echó en vuelo don Joaquín de la Cantolla y Rico. Y le aseguro que, si al final las cosas confirman esto, el IFE tratará de excusar y expiar sus pecados aferrándose a una mezcla confusa de los cuatro escenarios que anotamos arriba. Y con todo, para el hombre cuerdo, dichas expiaciones no tendrán sentido alguno porque siempre se tratará de cosas que pudieron ser evitadas con una cuota mínima de sensatez.     
Al paso del tiempo, y conforme vaya manando la verdad de este asunto, veremos cuál de estos cinco escenarios fue la realidad. Pero en cualquier caso, y pase lo que pase entre los sorianazos que corren pisándose los talones frente a los ojos pasmados del respetable, parece que el futuro del IFE pinta más negro que el palacio de la cruel Proserpina. 

Buen día.

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