Se solicita candidato tricolor. 900 pesos al mes.

Es por demás, la verdad. Primero los libros, y ahora, en cuestión de días, un parámetro económico que todo político debe tener muy presente por ser uno de los más importantes problemas de este país en virtud de su exigua realidad. 

Sucede que Peña Nieto, en una entrevista con el periódico El País, no ha sido capaz de dar un dato relevante para todo análisis o todo plan de política económica: el monto exacto del salario mínimo vigente en México.
La neta, ya ni caso tiene argumentar sobre las reveladoras implicaciones que este suceso tiene sobre las posibilidades reales de Peña Nieto para concebir, entender y criticar los problemas nacionales que, a decir de él, aspira a resolver con obsesiva voluntad. Así lo dice él: tengo una “obsesión” por el crecimiento. Pero si un aspirante a gobernar no sabe ni siquiera cuánto gana y cuánto debía de ganar de base un humilde trabajador mexicano…Mire, dejemos de lado cualquier análisis de esto porque es inútil. El lector avispado sabrá sacar conclusiones sujetas a razón, objetivas y contundentes. Y ya mejor que nos devuelvan las entradas, por favor. Ya no sabe uno si ponerse a reír o a llorar. Esto es un tongo.  
Lo de los oleajes de críticas que se le han venido encima a Peña Nieto desde la tormenta de libros, debió servir para que su equipo se apure en eso de replegarse por un momento para ponerse a trabajar en áreas de mejora, que las hay muchas, según se deja ver. Pero parece que ese asunto les ha pasado por alto, porque así salen de un apuro, y se van sobre el otro, tal como si estuvieran poniendo en escena “Las tribulaciones de un chino en China”, de Verne. 
Señores priistas, como un ciudadano común, de a pie, hago dos preguntas muy solemnes: ¿Quieren traer al mundo real al necio chino Kin Fo? Y si es el caso, ¿es necesario traer a un consejero Wang para que se arregle este berenjenal? 
Al paso que vamos, y de brete en brete, terminaremos en este país viviendo la trama de la famosa historieta de principios de siglo XX llamada “Bringing Up Father” – Educando a papá -. Pero comprendan, por favor, señores priistas. Ni el pueblo tiene el tiempo de adoptar el papel de la petulante Maggie – Ramona – para andar corrigiendo y orientando a su viejo, ni estamos para un Jiggs – Pancho - en el gobierno y la conducción de casa, por más simpático que éste sea...¡Por favor, señores! Esto es política oficial, no una elección de preparatoria. Se juega el futuro de la nación, no la administración del estanquillo del patio de recreo. 
Pero con Wang o sin Wang, lo cierto es que algo anda muy mal en ese equipo político de Peña Nieto. O los asesores son una bola de zafios buenos para nada, caso en el cual se hace indispensable la inmediata presencia de Wang y su alta como priista distinguido con todo y dietas, o de plano Peña Nieto no se deja ayudar.   
Lo de los asesores es una posibilidad “muy posible” si consideramos que suele tratarse de muchachos inexpertos hijos de papi metidos a políticos por el simple hecho de cursar estudios “light” en el extranjero. Pero tampoco se puede descartar que se trate también de una falta de disposición del “jefe” para aceptar sus errores, escuchar consejos y rectificar. Y esto último es muy verosímil si consideramos que en la ranfla cultura política mexicana prevalece el principio de autoridad sobre la razón bajo el grito del: “¡Sórdenes jefeeeeee!”
Como quiera que sea, entre las pifias de unos y otros, es cosa que, en lugar de escalar, siguen cavando en el hoyo en que se han metido como si trataran gustosamente de encontrar su final feliz en China, al otro lado del mundo, allá con Kin Fo. ¿Qué diantres pasa?
Me decepciona la tan anunciada “nueva generación” de dinobabies. Se me está quedando en punto menos que una rana. Don Alfonso Martínez ¡qué se iba a andar con estos desparpajos! ¡Esos sí que eran brontosaurios de peso completo!     
La causa fundamental de este berenjenal es clara hasta para el menos pintado en eso de la política: están explorando espacios sociales donde la libertad de expresión es de verdad y, en consecuencia, donde los fogonazos del diálogo y el debate son reales, variados e impredecibles. El problema es que para esos espacios, donde la retórica es exigente y ardua, se necesita de un político experto, eficiente, de alta cultura y altamente creativo. Sin embargo, Peña Nieto no tiene esas cualidades por la simple y sencilla razón de que no es político. A menos que se quiera fingir demencia, dicha incapacidad ha quedado demostrada con la imposibilidad de Peña Nieto para sobrevivir fuera del script.
¿Cuáles son esos espacios sociales antinaturales, no aptos para Peña Nieto? Son tan variados, que es más fácil responder esto por la vía negativa: deben evitar todo espacio, auditorio, evento, medio y conglomerado humano que esté fuera de la potestad y el script del mundo televisivo de este país. Solamente estarán sanos y salvos ahí, bajo la égida de la televisión. Y no hay manera de escapar de esta realidad. Tal es la consecuencia del origen natural del proyecto “Nuevo PRI”: la televisión como eje de gravedad del poder político. Y es un pecado original que tiene un altísimo costo porque, bajo esas condiciones, no hay más que de dos sopas: o la gloria con la televisión en el pináculo, o la nada sin la televisión. 
Por supuesto que podría haber maneras de arreglar esas deficiencias para entrarle al impredecible mundo social donde la libertad reina a plenitud. Podría pensarse en la alternativa de siempre hacer acompañar a Peña Nieto de tarjetas informativas suficientes. Sin embargo, dado el carácter azaroso de la libertad de expresión, la cantidad de tarjetas indispensable sería tan ingente, que se terminaría siempre con la necesidad de manejar una montaña de ellas, lo cual convierte a esta opción en algo poco práctico, no viable, a menos que se quiera llevar un archivero infinito sobre las espaldas de los asesores – al fin desquitarían el sueldo -. Piénsese también en la posibilidad de equipar a Peña Nieto con una lap top discreta para que él mismo consulte a toda pregunta planteada tecleando. A decir verdad, esta última opción no rompe con la tónica del espíritu de la política oficialista de hoy en día: lo gerencial. Y de pasada se puede conseguir financiamiento de Mac o Microsoft por efecto de publicidad.         
Con todo, creo que la mejor opción, la más eficiente y la más rentable, es olvidarse de explorar la realidad, el reino de la libertad de expresión, y volver al terruño, al lugar de origen, al país de Maguzin: la televisión. Solamente los idealistas más extremos y los prófugos de la razón amantes de lo místico y de lo insólito, pasan por alto el hecho inobjetable de que existe un abismo infranqueable entre la fantasía y la realidad. No se puede trabajar con martillos de fantasía en el mundo real. Así que, en este caso, se invierte la máxima aquella de que nadie es profeta en su tierra. Merlín a su terruño, y la realidad al suyo.
Creo que si el equipo de Peña Nieto no se aplica a corregir las cosas a la voz de ya, pronto el PRI estará en busca de un nuevo candidato. Y es que no se debe pasar por alto la posibilidad de que la continuación de estos bretes luego empiecen a hacer ruido en el mercado natural del Nuevo PRI, entre aquellos que viven por completo bajo la tutoría de la caja loca. La televisión es un poderoso medio de control social; cierto, no cabe la menor duda en eso, pero tampoco hace milagros.
Recién el equipo de Peña Nieto se da un respiro. Según sé por nota del SDP, Peña Nieto acaba de tener un almuerzo con la COPARMEX. Ahí está un terreno afín a su estilo, donde no va a salir mal parado, pase lo que pase. Es Merlín en la mesa redonda de los pares con un primo a la cabeza. Y quiero hacer mención a varias cosas que ahí, en esa reunión, manifestó Peña Nieto en torno a las tribulaciones de Kin Fo. Peña Nieto nos dice textualmente lo siguiente:
"Es común que pueda haber imprecisiones, como la ocurrida en este tema u otros que eventualmente se presenten en el futuro. No caigamos en ese juego".
Aparte de que nos anticipa que va por más berenjenales en el futuro, como si se tratara de un juego, hay que decir que esto no es verdad…no lo de los berenjenales, sino de que esto es común o tolerable, digamos, cosa sin importancia. 
El acto de los libros demuestra asuntos más de fondo, no se trata de simples imprecisiones. No diré nada más a ese respecto, porque es asunto más que demostrado y aceptado por el respetable. Como dice la tropa: ni pa dónde hacerse. 
En lo que toca al acto del salario mínimo, se pueden adelantar dos cosas. Y digo adelantar, porque dedicaré un siguiente artículo a este fiasco del salario mínimo en el contexto de la propuesta y de la realidad priista de política económica.  
Primera. Solamente en las encuestas por muestreo se admite la imprecisión en la estimación de parámetros poblacionales. Y esto, por cuestiones de principio y axiomas. Sin embargo, en el caso del salario mínimo en México no se admite la imprecisión tolerable, porque da la casualidad que ese dato es un parámetro conocido y público, y que, en consecuencia, no necesita de encuestas y su imprecisión natural para ser abordado.   
Segunda. Pero lo más importante es el hecho de que una descomunal imprecisión – poco menos que el 100 % - en la cita de Peña Nieto de un parámetro conocido, como es el salario mínimo, es algo absolutamente inconsecuente en un político que reiteradamente manifiesta estar completamente “obsesionado” con la tarea de componer los problemas económicos del país. Esto, señores, da amplio y justificado espacio para empezar a dudar en serio de esa supuesta obsesiva voluntad política por componer los problemas nacionales. 
Sobre lo que Peña Nieto declara después de ese almuerzo con la COPARMEX en torno a que los partidos de oposición buscan sus tropezones para descalificarlo y bla, bla y bla…., solo se puede concluir la realidad de Peña Nieto en este caso, la que ya comenté en mi pasado artículo “Carlos Loret, el sofista y el jamelgo extraviado de Peña Nieto”. Estamos viendo al rey Ricardo III de Shakespeare, derrotado en dos batallas, que no en la guerra, semidesnudo, postrado en el suelo, y justificando sus derrotas con el bálsamo de los siguientes gritos: “Traición, traición, traición…” Y como ya conocemos ese libreto, vuelta a la página; no es necesario leer el resto. 
Ahora bien, de ser el caso que los priistas opten por un sustituto de continuar estos berenjenales, solo espero que no le ofrezcan un salario de 900 miserables pesos al mes. Para información de los políticos priistas, el  salario mínimo citado por Peña Nieto no es el correcto.  
Peña Nieto se empieza a dibujar como un hombre que hace afirmaciones falsas. De eso no hay duda, a menos que alguien quiera hacerse el despistado. El ciudadano tiene la última palabra en torno a si esto parece más un gusto por la mentira, falta de preparación o las dos cosas juntas. Él decide. En cualquier caso, nada promisorio puede resultar de esto para el futuro de la nación.  
Si un ciudadano común no puede darse el lujo de cometer dos veces el mismo error en su vida, menos permisible es esto en un político; y menos todavía en asuntos de importancia central en la vida nacional. Es de primaria.
Corolario:
Cito varias máximas de Confucio que pueden ser de gran utilidad en la política, y que de pasada demuestran la importancia de los libros para conquistar la sabiduría. Vale la pena hacer caso de Confucio si consideramos el hecho insoslayable de que es el reformador social más importante, exitoso y longevo de la historia. Toda duda sobre este punto ha de quedar absolutamente disipada cuando atendemos al hecho incuestionable de que Confucio pervive como fundamento de esa China exitosa de ayer, hoy y siempre.    
La importancia de los libros: "El leer sin pensar nos hace una mente desordenada. Pero el pensar sin leer nos hace desequilibrados."
Los berenjenales priistas: "Cometer un error y no corregirlo es otro error."
La supuesta guerra sucia contra Peña Nieto: "Cuando alguien pone el dedo en la llaga, sólo los necios piensan que lo importante es el dedo y no la llaga."
Lo del salario mínimo: "Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; pero cuando lo hice lo aprendí."
Sobre la necesidad de trabajar en la TV en exclusivo: "Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo; busca un nuevo camino para llegar a él."
Sobre lo de hacer afirmaciones falsas: "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio."
Sobre lo de no echar los errores propios en los partidos de oposición: "El hombre sabio se culpa a sí mismo, mientras que el hombre ordinario culpa a los demás."
Sobre lo de ser consecuentes con la obsesión por el crecimiento económico: "El hombre superior obra antes de hablar y habla de acuerdo con sus actos"
Y tres más en torno a la necesidad de la virtud ética en el político:
"El que sepa dominarse a sí mismo, sabrá dominar a sus semejantes."
"Uno que no sepa gobernarse a sí mismo ni a su familia, ¿cómo sabrá gobernar a los demás?"
"El buen líder sabe lo que es verdad; el mal líder sabe lo que se vende mejor."
Sobre la última máxima, aclaro al lector que, cualquier alusión a la vulgar concepción de la política como chamba gerencial en nuestra clase política oficialista, en especial en lo que toca a la extraña urgencia de ésta por vender a PEMEX, es mera coincidencia.

Buen día. 

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