Réplica de Silva Herzog a Nolato, y el prianismo norcoreano.

Soy refractario a los medios de información, en especial a la televisión, la cual está descartada de mi vida. En esto incluyo al internet, tal vez erróneamente; y esto por mi pobre habilidad en las computadoras. Es por eso que suele suceder que corro con el costo de enterarme con algún rezago de las noticias o novedades. Y fue así que, ayer por la tarde, mientras revisaba algunas noticias por internet, me enteré de una réplica o comentario – no sé cómo clasificarlo – que Jesús Silva Herzog hizo a un apunte que publiqué en este diario ya hace un par de semanas atrás. 


Por supuesto que el documento de Silva Herzog corresponde a aquellas fechas – unos 15 ó 20 días atrás -, así que lo presento con rezago debido a mi descuido. Se trata de un breve comentario de Silva a mi apunte titulado “Castañeda, Silva Herzog y Sheridan: Los tres sabios contra AMLO”. Le ofrezco enlace a mi apunte, el  que ocasiona el comentario, por si desea leerlo.


En ese apunte abordé la cuestión del uso inapropiado que Silva Herzog, Jorge Castañeda y Guillermo Sheridan, hicieron del caso condolencias PT-Kim Jong – dictador de Corea del Norte recién fallecido - para tratar de implicar en esto a AMLO a través de falacias muy simples. Ahí dije que el tratamiento del asunto era ilegítimo, básicamente, por cuatro causas. Primera, porque a través de falacias pretende llevar a la mente del lector una relación entre AMLO y Kim Jong. Segunda, porque en ese lance se pasa por alto la realidad objetiva de AMLO – un líder social ético cuya relación con los partidos es meramente formal, de trámite, por mucho que duela esto -. Tercera, por la laxitud de los paradigmas éticos de los tres analistas a la hora de juzgar problemas humanos. Y cuarta, por la notoria – inexplicable, para mí - cortedad  de visión a la hora del análisis político del fenómeno Corea del Norte por sí mismo.
Le anexo enlace al comentario de Silva Herzog.


Espero que el lector compare los dos apuntes, el mío y el de Silva, para que saque conclusiones por propia cuenta. Aclaro que, para mí, el asunto que traté no está a debate por su claridad. Pero no paso por alto la ocasión de decir que, en mi opinión, Silva Herzog no ofrece razones convincentes o al menos persuasivas en contrario, así que debo seguir sosteniendo mis argumentos como válidos. Sin embargo, haré algunas precisiones. Y son precisiones que ya están en mi primer escrito.
Mi objetivo era dejar claro que la fuerza ética en política se conquista una vez que se reconoce que todos los seres humanos son personas morales y fines en sí mismos, con independencia de su nacionalidad, ideología, etnia o religión. Y que una vez que se accede a esa posición, los juicios éticos deben ser parejos al abordar casos concretos, pues los mismos  deben ser juzgados con el mismo rasero y con el mismo rigor. En otras palabras, el que analiza problemas humanos como el hambre, el desempleo, la explotación y la miseria, debe asumir frente a ellos posturas igualmente rigurosas y exigentes estén donde estén y sin importar matiz ideológico de los responsables, cantidades de afectados o intensidades de los problemas. Sin embargo, dije ahí, en mi escrito, que las posturas de esas tres personas, lejos del rigorismo ético, se traducen en laxitud moral toda vez que juzgan con rigor ciertos problemas humanos – hambre, desempleo, pobreza – cuando atañen a Corea del Norte, pero no cuando atañen al México prianista.  
Y lo de la laxitud ética queda a la vista para cualquier ciudadano que no se chupa el dedo una vez que se pone la vista en el hecho de que en el México prianista tenemos una Corea del Norte en muchos apartados de nuestra vida. Tenemos más de cincuenta millones de norcoreanos en los más de cincuenta millones de miserables; tenemos norcoreanos en las etnias mexicanas sometidas a una suerte de racismo oculto, como se deja ver ya en el caso de los tarahumaras; y tenemos también a muchos Kim Jong en tantos y tantos políticos prianistas que han dado lugar a todo ese mundo de miseria y fracaso nacional, que nos faltarían dedos para contarlos. Y yo no vi en los tres personajes una postura crítica en este sentido en sus escritos, como tampoco la he visto en el pasado. Y todo esto ya les resta legitimidad.
A decir verdad, hace bastante tiempo atrás que muchos intelectuales en México debieran haber preguntado al prianismo lo que Castañeda preguntó a AMLO: ¿El camino es Corea del Norte? Sin embargo, no lo han hecho. Y lo más curioso es que algunos se lo preguntan a AMLO cuando él ni siquiera se enteró del muertito - Kim Jong - y el disparate del PT, y cuando es el político que intenta echar atrás a la causa de muchos de los males de la nación: el prianismo.
Hace dos días traje a este diario un apunte sobre Peña Nieto y su plan para ahondar más en esa locura prianista histórica de seguir derrochando el petróleo para poner en riesgo el futuro de toda la nación. El apunte nos da razones sobradas – no mías, sino de especialistas renombrados - para ver a los prianistas en este caso como una banda de muchos Kim Jong de carne y hueso que tienen su vista puesta en la quiebra total de la nación frente a una crisis energética global en ciernes, y cuyos daños potenciales adquieren tintes maltusianos, por un simple interés en la legitimización en el poder y sus bienes materiales añadidos. Créame que esto nos puede llevar a escenarios que harían ver a Corea del Norte como el Edén. Sin embargo, en la falsimedia no se dice nada a este respecto. ¿Alguien ha tocado este grave problema en los medios? ¿El lector sabe de esto? ¿No es esta omisión de la verdad una falta ética en medios y prianistas contra la nación? Le anexo enlace a ese artículo por si quiere leerlo. Aunque le advierto que es un poco largo. 


¿Era válido pretender conocer la opinión de AMLO sobre este asunto PT-Kim Jong? Sí, claro que sí. Pero creo que la forma en que lo hicieron – ironizando para la disputa, no para el diálogo - no fue la correcta en un analista de la vida política nacional.      
Y Silva Herzog añade lo siguiente en su escrito: Para El Nolato, entonces, “criticar lo que sucede allá – en Corea del Norte - es ser cómplice de lo que sucede acá – en México -.
No, para nada. No veo la conexión existente entre los dos hechos. Como dije arriba, el problema es la laxitud ética a la hora de juzgar casos concretos. La razón práctica es rigurosa y no podemos actuar en los asuntos públicos como los jesuitas medievales con su casuística laxa para juzgar a conveniencia. Políticos y analistas del área deben obrar y juzgar en esto tal como si fueran legisladores universales, con principios que sean válidos para todos. Así que, lo que no es parejo en este campo, ya no es legítimo. Así de simple. 
También dijimos que estas tres personas abordaban en sus apuntes respectivos el caso Kim Jong con un simplismo sorprendente. Y esto, porque trataban a este dictador tal como si hubiera aparecido en el mundo por un pacto privado con algún Mefistófeles comunista. Pero lo cierto es que un análisis objetivo, bien aterrizado, de este asunto de Corea del Norte, siempre apuntará a un nudo de intereses muy intrincado donde existe una responsabilidad compartida entre Washington, Moscú y Pekín. La situación de los norcoreanos es responsabilidad de esos tres ejes de poder. Así que fue por esa simplicidad de análisis que hablé de “apologética de los paradigmas políticos del macartismo”. Y es que así solía trabajar aquella corriente política de mediados del siglo XX en los EUA: una simplificación muy cómoda para los intereses de la democracia yanqui donde los malos eran los comunistas y los buenos eran los capitalistas. 
Como dato curioso, déjeme decirle al lector que fue ese viejo macartismo el que llegó a crear falacias en torno a Einstein para acusarlo – aunque usted no lo crea - de haber inventado un robot telepático que estaba en contacto con los soviéticos y que iría a destruir a todo occidente. Y poca gente sabe que ese programa de desprestigio contra Einstein se elaboró porque este genio era de inclinaciones socialistas.  
Quiero aclarar al lector tres cosas muy importantes. Primera, en mi anterior artículo señalé muy claramente que no tengo la intención de defender al régimen de Kim Jong, pero tampoco tengo la intención de hacer propio el demencial y criminal programa del neoliberalismo. Segunda, he dicho en muchos escritos que soy partidario de los principios liberales en economía y política, de Keynes, y de la exitosa ética de los empiristas ingleses, especialmente la de Stuart Mill, y que son esas creencias precisamente las que siempre me alientan a mantener una postura crítica contra dictadores como Kim Jong, pero también contra la perversión de estos principios encarnada en fenómenos monstruosos como el prianismo y su capitalismo de compadres. Y tercera, y pese a mis creencias, no soy un dogmático del capitalismo, de tal forma que sé valorar las aportaciones de Karl Marx y otros pensadores de izquierda a la ciencia y el humanismo…y es que, desde Kant y la Ilustración, y para el dolor de los dogmáticos del capitalismo y los clérigos laxos, la metafísica goza de la paz perpetua en el camposanto.
  
Buen día.

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