Reformas del PRI: La política del saqueo en términos de paz.

...o de la novedosa política del PRI que versa sobre las técnicas más eficaces para saquear a la propia nación en santa paz y valiéndose, para ello, del dinero de los mexicanos más pobres. 

De nuestro objetivo:

En este documento buscaré demostrarle cuatro cosas: Primera, que hay contradicciones inherentes al mismo programa de reformas priista que ponen en duda su coherencia respecto de sus fines. Segunda, que algunos conceptos centrales del programa, al carecer de su correlato en la realidad objetiva, son simples conceptos vacíos que juegan como intentos de engaños de apariencia. Tercera, que el mundo económico no es tan ideal como creen los priistas, sino bastante problemático, y que por ello no puede ser asumido como lo hacen ellos: dogmáticamente. Y cuarta, que en virtud de lo anterior debe concluirse una de dos cosas: o que los priistas son muy ignorantes a grado tal que no saben articular un programa coherente, o que todo esto es un juego de lógica de apariencias que oculta un propósito priista inconfesable que se puede asumir con máxima verosimilitud de la siguiente forma: pretenden saquear el petróleo del país valiéndose, para ello, del dinero de los mexicanos de a pie.

Del espíritu del programa de reformas del PRI:

El programa de reformas del PRI posee dos criterios como indicadores de eficiencia en la gestión: crecimiento económico y justicia. Se sabe que el indicador de gestión de crecimiento se ha establecido la meta del 5 % de crecimiento anual, según determinaciones de la OCDE de cumplirse las reformas al pie de la letra. A su vez, la meta de justicia se atiene al logro de la noción de justicia distributiva: a cada quien recompensas según sus méritos económicos.
Me queda claro que el programa de reformas del PRI renuncia a toda problematicidad y se planta en el escenario de manera dogmática. Es decir, el programa priista da por sentado que sus ideas son realidades inobjetables sin mediar prueba alguna, y que las cosas habrán de suceder en su causalidad tal como las establece necesariamente y no de otra forma. Con esto le quiero decir que el programa priista afirma con certeza absoluta, por ejemplo, que los mexicanos vivimos sobre un inmenso océano de petróleo por descubrir, y que si procedemos a realizar las reformas, luego viene el petróleo al infinito, luego el incremento del empleo al infinito, luego el crecimiento al infinito, y luego la felicidad infinita de todos los mexicanos. Por el contrario, nos dice que si no procedemos a las reformas, luego no hay más petróleo, luego no hay crecimiento, luego no hay empleo, y luego nos lleva el demonio a todos.

Primera contradicción: De la injusticia en la reforma fiscal priista:

Por más que usted le mueva a las diferentes variables en el asunto de la reforma fiscal, siempre terminará con un hecho rotundo: la misma está planteada de tal forma que el monto monetario que se pretende extraer de los bolsillos de los mexicanos de a pie es mayor que el dinero que se les podrá restituir por devoluciones, exenciones y demás mecanismos compensatorios. Esto no tiene nada de malo en sí mismo porque constituye una de las formas legítimas en que un gobierno puede extraer dinero de los ciudadanos pata fortalecer las finanzas públicas. El punto de interés para nuestro asunto reside en la conexión que toda política tributaria tiene con nuestra noción de justicia - justicia distributiva -. Y en esto es claro que toda reforma fiscal, para ser justa, deberá apuntar por lo menos hacia la distribución de cargas fiscales de manera proporcional a la condición o fortaleza económica de los ciudadanos. Con lo anterior quiero decir que el castigo fiscal deberá estar relacionado positiva y proporcionalmente a la capacidad económica del ciudadano. 
Sabemos que el grueso de la reforma fiscal priista está enderezado hacia el incremento del IVA, tanto en su tasa como en su base de aplicación - alimentos y medicinas -. Por supuesto que esta reforma es justa cuando vista desde la noción de justicia igualitaria - el mismo impuesto será pagado por todos los mexicanos -, pero no lo es desde la noción de justicia que es determinante en estos casos: justicia distributiva. En efecto, el mismo impuesto será pagado por ricos y pobres por igual, pero como existen diferencias abismales entre los ingresos de ambos estratos, y como alimentos y medicinas ocupan una proporción más importante del ingreso de los pobres, luego la reforma fiscal terminará impactando más a los más pobres. 
Así, la reforma fiscal priista se endereza a un resultado de injusticia toda vez que castigará más a los pobres dejando bien librados a los ricos, y más especialmente a los integrantes de nuestro selecto club de multimillonarios. Y aquí vemos ya la primer contradicción con respecto al espíritu del programa de reformas priista: la justicia. 

Segunda contradicción: De los efectos inhibidores del crecimiento en la reforma fiscal priista:

La reforma fiscal priista ha de traer un cambio en los hábitos de consumo de los mexicanos pertenecientes sobre todo a los núcleos de clase media para abajo, que son la inmensa mayoría de mexicanos. Y esto ha de suceder porque, dentro de una restricción de presupuesto determinada - el ingreso de las familias -, y encarecidos los bienes y servicios por la reforma fiscal, las familias se verán empujadas a disminuir la cantidad y/o la calidad de los bienes y servicios consumidos. Pero sucede que esto se ha de reflejar luego en una disminución neta del consumo agregado en el país y en un sesgo hacia las actividades de producción de menor calidad, lo cual ha de inhibir luego a la producción, luego al empleo, y luego, y finalmente, al crecimiento económico.
Y es así que ya estamos frente a otra contradicción en el programa priista. Si el espíritu del programa general del PRI se pronuncia por el estímulo al crecimiento económico, resulta que la reforma fiscal ha de inhibir el crecimiento económico. 

Pero cuidado, porque el programa priista no solo es reforma fiscal:

Pero no podemos condenar al programa priista por adelantado. Esto, porque las injusticias e inhibiciones económicas  de la reforma fiscal bien pueden diluirse en la nada cuando vistas en el conjunto del programa integral del PRI. En otras palabras, puede suceder que, lo que los priistas vayan a extraer de los bolsillos de los mexicanos de a pie en forma de impuestos incrementados y ampliados, luego se traduzca en políticas de fomento al crecimiento y de redistribución con espíritu de justicia integral. Veremos eso a continuación.  

Quién es quién en la reforma energética priista: 

El PRI nos dice que la reforma energética pretende incentivar la economía a través de la "modernización" de PEMEX. Y es esta "modernización" de PEMEX el eje impulsor del crecimiento en dicho programa. Pero para analizar esto con claridad, antes hagamos a un lado conceptos vacíos que no tienen su correlato en la realidad. 
De entrada, ya hemos demostrado en otros apuntes que "modernización" es un concepto imaginario, vacío, falaz, que solo sirve de camuflaje a una verdad inconfesable para los priistas por poco vendible. Lo cierto es que la verdad económica oculta en el concepto de "modernización" es muy simple: es la entrega de un porcentaje de la renta petrolera a la iniciativa privada bajo la forma de ganancias empresariales. Luego, aunque la noción de "iniciativa privada" sí tiene correlato en la realidad, debemos precisarla en sus límites porque está muy dispersa. Y a este último caso precisemos diciendo que, en virtud de barreras tecnológicas y financieras en el mercado energético, PEMEX no es para cualquier iniciativa privada. Digamos que PEMEX no es para doña Petra, la taquera de la esquina, sino más bien para las Siete Hermanas, las siete multinacionales gigantes del petróleo del mundo. Y esto no deja de ser verdad así al final resulte que, por entrelazamiento de las cadenas productivas, luego Petra se pueda ver beneficiada con la reforma energética gracias a que su clientela se vio sensiblemente incrementada con una turbamulta de gringos amantes de los tacos en virtud de que una sucursal de Shell se ubicó a una cuadra de su changarro. 
Y por cómica que parezca la alegoría de doña Petra, tenga por cierto que es así como los priistas conciben su proyecto de impulso al crecimiento y el empleo: PEMEX, el grueso del pastel, es para la Siete Hermanas, luego Petra la taquera de la esquina se beneficia de esto vendiendo tacos a los gringos que trabajan para las Siete Hermanas, y con esto Petra ya tiene empleo y una fuente de ingresos asegurados, ¡ y en dólares !, gracias al sesudo programa de reformas del PRI.

Reforma energética priista: De la repartición de la renta petrolera. 

Las Siete Hermanas del petróleo no son hermanas de la caridad, sino empresas. Luego no juegan gratuitamente, sino a cambio de ganancias para ellas, y muy crecidas. Ahora bien, según multitud de estudios empíricos en organización industrial, se puede adelantar que las empresas de este ramo energético andan rayando en un margen de utilidad del 40 % sobre el valor de las ventas. Y adviértase que en este cálculo grueso  pasamos por alto la muy alta posibilidad de que este margen pueda incrementarse sensiblemente en nuestro caso por "sobreprecios inexplicables" si consideramos con realismo el tremendo estado de corrupción de nuestros políticos. Y como ese margen de ganancia empresarial deberá ser extraído de la renta petrolera, resulta que de cada peso que nos quede por venta de petróleo, 40 centavos se irán a los bolsillos de las Siete Hermanas, y 60 centavos quedarán en manos de los mexicanos...Bueno, en realidad esos 60 centavos caerán, como siempre, en manos de los políticos y de ahí para adelante ya no sabemos si llegarán completos a su destino legítimo porque este punto se diluye en la bruma del discurso y la vida faraónica de nuestra clase política; pero imaginemos que caerán en nuestras manos para efectos hipotéticos. 
Lo anterior significa que la reforma energética nos reportará una pérdida de 40 centavos de cada peso que obtengamos por venta de petróleo en virtud de la transferencia de renta a la Siete Hermanas. Y si no pasa nada más, esto se traducirá luego necesariamente en un sacrificio para los mexicanos por la vía de recortes de gasto público para bienes y servicios públicos. Pero lo cierto es que no habrá sacrificio para los mexicanos en este apartado si se llega a concretar la reforma fiscal de manera simultánea. Cierto, porque la reforma fiscal priista no tiene otro propósito que restituir esos 40 centavos transferidos desde la renta petrolera a las Siete Hermanas a modo de ganancias con los ingresos fiscales extras obtenidos vía bolsillos de los mexicanos de a pie.
Así que, en el balance, y de salir todo a pedir de boca para los priistas, los mexicanos de a pie solo realizarán un solo sacrificio: la reforma fiscal. Y ese sacrificio de los mexicanos ordinarios, de los clasemedieros para abajo, será para pagar los beneficios empresariales a las Siete Hermanas a fin de que éstas puedan tener estímulos suficientes para hacernos el favor de poner en marcha el sueño "modernizador" de Enrique Peña Nieto. 

Pero si hay certeza de los sacrificios de corto plazo, no la hay en los beneficios de largo plazo: 

Pero hay que decir en favor del PRI que esta inmolación oculta de los mexicanos de a pie puede tener efectos positivos porque no se puede ocultar que la entrega de renta petrolera a las Siete Hermanas puede reactivar la inversión, luego la producción, luego el empleo, luego el consumo, luego la demanda, luego la producción, abriendo así un ciclo virtuoso que se endereza al crecimiento económico y al crecimiento del empleo. Digamos que a muchos mexicanos les sucedería lo que le sucedió a Petra la taquera en nuestra alegoría. Y es precisamente esta parte del juego la que puede contrarrestar el efecto inhibidor de la reforma fiscal sobre el crecimiento y el empleo.  Y si las cosas son así, todo esto puede resultar en un escenario de largo plazo donde todos esos costos de corto plazo aplicados al mexicano de a pie terminen convertidos en ganancias. 
Pero para que ese círculo virtuoso de crecimiento se dé, es preciso antes que la reforma energética tenga suficiente fuerza generatriz como para superar el efecto inhibidor de la reforma fiscal y de otras variables en juego. Y aunque el PRI afirma con toda certidumbre que la reforma energética sí tiene esa fuerza en grado suficiente, debe aclararse que en esto no es posible tener esa temeraria certeza del PRI porque estamos en el terreno de lo probable, donde no se puede adelantar nada con absoluta certeza, y sí solo con corazonadas - caso más probable del PRI - o con cierta verosimilitud cuando fundados en simples proyecciones de modelos económicos matemáticos, que por cierto son muy falibles por sí mismos. Ahora bien, el problema de la incertidumbre en este asunto es todavía mayor si nos atenemos al estado actual de estancamiento de la economía global, especialmente en el caso de EUA, país con el cual estamos especialmente integrados y cuya economía no responde en su actual fase de crisis total a cualquier estímulo que se le haya acercado hasta ahora. 

Reforma energética: De la burbuja de optimismo del priismo:   

El PRI nos dice con toda certeza que el arribo de las Siete Hermanas a PEMEX nos llevará a una nueva era de abundancia petrolera que, en breve, nos pondrá a todos a nadar en mares de petróleo o de su equivalente en dinero. Y el PRI fundamenta sobre esa profecía optimista del futuro - ya no es pronóstico por su certeza absoluta - su certeza absoluta en torno a que esa reforma superará a las variables inhibidoras y activará la economía y generará más y más empleos hasta el infinito. En llano, se trata de una versión actualizada del viejo sueño profético del mentiroso de Jolopo. Sí, aquel priista del célebre: No nos volverán a engañar. 
¿Qué piensa usted de esto? ¿Ahora sí cree que la profecía optimista de la abundancia de Jolopo es cierta en su versión Enrique Peña Nieto?
Hace tiempo escribí en este diario una serie de artículos sobre el problema del petróleo a nivel global fundado en amplia bibliografía y en bases de datos de organismos oficiales e independientes del sector energético. En esos artículos pudimos constatar que las condiciones actuales de la industria petrolera apuntan a dos cosas: Primera, que hemos superado el pico del petróleo - momento de mayor producción - y estamos ya en la fase de caída exponencial en la curva de producción y de escasez creciente del recurso donde se va ampliando dramáticamente la brecha deficitaria entre consumo - que crece exponencialmente - y reservas probadas - que decrece inexorablemente -. Y segunda, que la extinción económica del recurso - punto en el cual ya no es rentable extraer petróleo - ya está en el horizonte de nuestras vidas. En suma, y como dijo la misma OPEP hace años, vimos ahí que la era del petróleo abundante y barato ha muerto. Le añado enseguida enlace a dos de esos apuntes por si desea revisarlos a detalle. 

http://www.sdpnoticias.com/columnas/2012/01/31/enrique-pena-nieto-derroche-petrolero-y-la-quiebra-de-la-nacion

http://www.sdpnoticias.com/columnas/2012/03/20/enrique-pena-nieto-petroleo-y-legitimizacion

Así que si usted es un hombre sensato y se ciñe a la realidad de la industria petrolera que impera hoy en día según hemos dicho, solo podrá llegar a cuatro conclusiones en torno al escenario que enfrentamos los mexicanos en este apartado y que derriban pos los suelos a la profecía optimista de Enrique Peña Nieto: Primera, que estando en esta fase de grave escasez creciente, es muy poco verosímil que presenciemos una era de abundancia petrolera con la supuesta "modernización" de PEMEX. Segunda, que el resultado neto del arribo de las Siete Hermanas al control de PEMEX solo acelerará dramáticamente el proceso exponencial de agotamiento económico de la ya de por sí exigua existencia del recurso en nuestro país, con crecidas ganancias para ellas, y a costa de grandes sacrificios fiscales y patrimoniales para los mexicanos. Tercera, y dado lo anterior, que es muy poco verosímil que el impulso a la economía que se logre con la privatización de PEMEX logre siquiera compensar los efectos inhibidores de la reforma fiscal y demás lastres que se interponen en el camino al crecimiento - estancamiento global -.

De la corrupción de la clase política:

Para cerrar, debemos decir que el programa "modernizador" priista, en su versión amable, pública o retórica, solo será posible si asumimos que los priistas se han convertido en hombres éticos en el desempeño de la política. Y es que sin esta condición primaria no es posible creer que esos recursos fiscales incrementados a costillas del pueblo no se vayan a diluir en el proceso de ejecución -llenar el hueco en la renta petrolera originado por los beneficios de las Siete Hermanas - bajo el acre y voraz fantasma de la corrupción y el despilfarro. 
Y como es obligación de todo hombre que se tenga por sensato el indagar la verdad de las palabras ciñéndose a la experiencia, a la evidencia empírica, en este caso debemos ver hacia los hechos para deliberar si los priistas son éticos. Y en esto no pierda de vista: un capitalismo de compadres que ha generado un selecto club de empresarios ilegítimos pero ya multimillonarios y de escala global; sesenta millones de mexicanos pobres bajo la espuela de ese club de magnates; la inexplicable vida faraónica de la gran mayoría de los políticos; el "sorpresivo" y muy tardío hallazgo de una Elba Esther Gordillo corrupta, quien siempre ha sido un genuino producto priista; los financiamientos a campañas del PRI desde los gobiernos estatales; los Ferrari de a 25 millones de pesos por piocha; Sorianazos y Monex; y al mismo Enrique Peña Nieto de la FIL en calidad de plagiario virtualmente confeso de un vulgar libro chatarra.
Si usted se tiene por sensato, ¿está dispuesto a creer que los priistas se han tornado en hombres éticos? 

Conclusión:

Si usted considera todo lo dicho hasta aquí, ya podrá imaginar lo muy poco verosímil que resulta la afirmación priista de que el programa de reformas del PRI reactivará necesariamente el crecimiento del país. Hay demasiadas y muy graves contradicciones en el programa que le restan toda coherencia respecto de sus indicadores de gestión. Hay demasiada incertidumbre, demasiados obstáculos ajenos a nuestras posibilidades. Y lo cierto es que lo único que tiene completa certidumbre en todo este programa priista es: Primero, el sacrifico económico de los mexicanos traducido en ganancias empresariales de las Siete Hermanas. Segundo, la dramática aceleración en el proceso de extinción económica de la ya de por sí exigua existencia del recurso llamado petróleo.
Por simple prudencia, yo no puedo darme el lujo de pensar que toda esta incoherencia de los priistas sea un error producto de su ignorancia. Por el contrario, y porque así lo dicen los hechos, la prudencia me obliga a pensar que esta incoherencia revela la pretensión oculta de facilitar a las Siete Hermanas el saqueo del petróleo mexicano. Colaboración priista que, supongo, debe tener sus razones últimas en la esperanza de una propina y la exigencia de pagar facturas a las Siete Hermanas por aquello de la imposición del nuevo presidente a punta de cañonazos de billetes.
Podría decirse que los priistas nos han puesto en un escenario de corte medieval con la mayor desfachatez. Un escenario donde existe un monarca sin legitimidad, y bajo serias sospechas de usurpación, que tiene un sueño personal por realizar al lado de su reina consorte, y que espoleado por los financiadores de su reino a pronto pago, exige un sacrificio fiscal y patrimonial de sus siervos - nosotros, los mexicanos de a pie -  bajo la promesa de continuidad para el reino en términos de prosperidad según dictan los parámetros de su muy regio y augusto sueño.     
Si me viera precisado a describir la verdadera naturaleza de las reformas del PRI en breves palabras, solo diría lo siguiente: Se trata de una estrategia política perversa para el saqueo de México cuyo primer capítulo es el petróleo que nos resta, encubierta bajo el camuflaje de una burbuja de optimismo que dé tiempo para el saqueo en términos de paz, que será financiada con el dinero de los mexicanos de a pie, y que posee capítulos en ciernes cuyos rasgos son muy fatales para el destino del resto del patrimonio nacional.
¿Qué tan dispuesto está a apostar más de su dinero vía impuestos y de la parte que le corresponde del patrimonio nacional en favor del programa priista para la reactivación de la economía mexicana en este contexto de injusticia, contradicciones, certezas temerarias, incertidumbre, burbujas de optimismo, mentiras y podredumbre ética en la clase política?

Buen día. 

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