PRI, reforma energética, y la renuncia a la Economía.

En el artículo inmediato anterior demostramos que la propuesta priista de reforma energética es falsa en sus principales líneas de argumentación. Ahora vamos a revisar una serie de inconsecuencias que se desprenden de esa falsedad demostrada. Y para estar en condiciones de comprender el alcance de esas inconsecuencias priistas, es preciso antes que tenga claro el antecedente de la gran falsedad priista en lo que toca a la reforma energética. Para esto, lo remito a mi anterior apunte en este diario: " El PRI y sus silogismos mentirosos sobre PEMEX". Si ya leyó este apunte, puede pasar directamente al apartado titulado: ¿Error o una mentira priista?


Pero si no desea ir al artículo, le ofrezco enseguida un repaso sintético del mismo.

Repaso sintético:

El silogismo dejó de ser el instrumento por excelencia para el conocimiento una vez irrumpieron en la escena el racionalismo y el empirismo. El silogismo, que solo expone y desarrolla verdades ya conocidas, fue sustituido por la prueba de la evidencia de racionalismo y empirismo, que sí descubre nuevas verdades a partir de las verdades ya conocidas. Con todo, el silogismo sigue formando parte de nuestro discurso del día a día cumpliendo la función de dar coherencia y claridad a las expresiones, pero en esto sigue limitado y no puede servirnos para inferir verdades nuevas, y menos aun en las cosas referentes a la vida práctica, como pueden ser la economía y la política.
Dijimos que, pese a lo anterior, los priistas suelen usar de manera ilegítima del silogismo en el discurso como instrumento de prueba de nuevas verdades arbitrarias, a su antojo, y que éste es el caso del discurso de los priistas en lo que toca a la reforma energética. Y para ejemplificar esto, usábamos de dos de sus silogismos más emblemáticos en esta materia que, por lo demás, y sin saber ellos mismos, están inspirados en la doctrina de los vicios privados de Mandeville. Así, nos dicen los priistas:
(Premisa mayor) Privilegiar a los intereses privados por sobre el interés del Estado en el juego económico garantiza el crecimiento de los  beneficios públicos, (Premisa menor) y como el libre mercado es la pleamar de la rectoría de los intereses privados en la economía, (Conclusión) luego entonces el libre mercado garantiza a su máximo el crecimiento de los beneficios públicos.
Y sentado lo anterior, añaden los priistas lo siguiente con la vista ya puesta en PEMEX:
(Premisa mayor) Toda política económica que privilegia al libre mercado por sobre el Estado es buena - de bien civil, porque promueve el crecimiento de los beneficios públicos -, (Premisa menor) y como la reforma energética es una política económica que privilegia al libre mercado, (Conclusión) luego entonces la reforma energética es buena.
Decíamos que, hasta aquí, el razonamiento de los priistas es coherente y evidente. Y sería hasta estúpido oponerse a la reforma energética bajo esos términos. Pero también decíamos que el único problema aquí es que los silogismos priistas, como todo silogismo, tienen el grave vicio de la petición de principio. Es decir, para dar por verdad demostrada silogísticamente que la reforma energética es buena para la nación, tal como dicen los priistas, es preciso antes concederle a ellos la razón completa cuando postulan su premisa mayor en el primer silogismo - ver premisa mayor arriba -. ¿Y podemos darle la razón a los priistas en su premisa, digamos mayor mayor?
Vimos que, para resolver eso, nos bastaba con indagar si hay excepciones a esa premisa en el mundo real. Si existen las excepciones, y al menos una, los silogismos priistas son falsos y se caen. Y no se necesitó ser muy extensivo en esa búsqueda porque la excepción la tenemos aquí mismo, en casa, en México. En efecto, ahí mostré dos cosas: Primera, que la ola de libre mercado - neoliberalismo - en México durante los últimos decenios solo ha redundado demostradamente en un incremento de la miseria de los muchos en favor del enriquecimiento de unos cuantos privilegiados que ya hacen un selecto club de magnates con escala planetaria, y lo cual solo ha traído un incremento en malestar público. Segunda, que pese a lo anterior, las mismas premisas mayores de los priistas han servido siempre de justificación en el avance de esa ola de libre mercado, tal como sirven hoy con el nuevo lance por la privatización de PEMEX. 
Fue así que concluimos que el discurso priista en favor de la reforma energética es falso en sus principales líneas de argumentación, al menos en el caso de México. Y mostramos también que la falsedad de los razonamientos priistas no se disipan así se ponga en lugar del concepto de "libre mercado" el concepto-camuflaje y más vendible de "modernización", porque también demostramos que dicho concepto de "modernidad" es falaz y vacío porque es subjetivo y solo tiene interés persuasivo en la retórica cuya falsedad ya fue demostrada.

¿Error o una mentira priista?:

Creo que en mi anterior apunte no fui suficiente exhaustivo a la hora de hablar de las causas de esa falsedad priista. Atenido a mis reflexiones no manifiestas en el escrito anterior, y abonadas con sentido común fundado en experiencia, yo dije ahí que tal falsedad de los priistas respondía a que eran unos mentirosos sofistas. Sin embargo, algunas gentes tal vez necesiten más elementos para juzgar sobre esto, y a eso me enfocaré en esta parte.
Antes que nada, me pregunto algo: ¿Es posible que los priistas estén en lo correcto y nosotros en lo falso? ¿Es posible que las verdades de hecho que nos arroja la historia reciente sean ilusorias, que no existan, y que los priistas tengan razón al afirmar lo que afirman en sus silogismos?
La única posibilidad que cabe para que los priistas estén en lo correcto en su discurso sobre la reforma energética y nosotros en lo falso, es que el mundo sea tal como dijo Platón hace poco más de dos mil años. Con esto me refiero a que en realidad sí existan dos mundos, uno de ideas o arquetipos trascendentes que constituyen la realidad verdadera y los objetos legítimos del conocimiento, y al que solo los priistas tienen acceso por razones no explicadas, y otro mundo terreno o sublunar de cosas sensibles que son imitaciones burdas de aquellas ideas, que solo dan ocasión a opinión y no conocimiento verdadero, y en el que estamos atrapados indefectiblemente nosotros, los ciudadanos de a pie.  
En efecto, solo así, suponiendo un mundo que se ajusta al arquetipo platónico, sería posible despreciar los datos del mundo que es real para nosotros, los resultados nefandos del libre mercado a ultranza en México, para luego aceptar que los silogismos priistas son verdades evidentes e inobjetables aprehendidas en su mundo ideal, y que, en consecuencia, es completamente cierto que la reforma energética será un bien para la nación.
A causas absurdas, efectos absurdos. En efecto, si hemos deslizado aquí algo que parece cómico, no ha sido sino porque así lo obliga la misma obcecación de los priistas en sostener sus argumentaciones falsas en esta materia, y que es algo igualmente cómico. Y siendo así, ¿está usted dispuesto a conceder que el mundo es tal como apuntamos hasta aquí con tal de salvar a los silogismos priistas y justificar a la reforma energética? 
Claro. Y como yo tampoco estoy dispuesto a conceder en eso, so pena de pasar por idiota, es momento de poner los pies en la tierra de una buena vez, comenzando por decir que la falsedad de una argumentación solo puede deberse a una de dos causas: error o mentira deliberada. ¿Y en qué parte están los priistas?
En un hombre prudente lo correcto es estar atento a sus errores para corregirlos oportunamente, ya sea que esos errores le sean señalados por su propia reflexión interna o por las críticas de los otros. Pero resulta que las falsedades priistas en el asunto de PEMEX se prolongan pese a las acertadas y muy objetivas críticas desde diferentes frentes públicos. Y no solo eso, sino que los errores se extienden por doquier: en la payasada del Pacto por México, en la Cruzada contra el Hambre, en las tarjetas Monex y en el Sorianazo, por citar los casos más notorios. Así que es muy poco verosímil, si no es que imposible, que las falsas argumentaciones de los priistas en la reforma energética se deban a un error; y si se deben a error pese a todo, entonces hay sobrados motivos para alarmarnos más porque estamos ya ante unos soberanos ignorantes que, siendo incapaces de reconocer sus errores, tropiezan una y mil veces con la misma piedra. Sin embrago, en mi opinión, y como dije en mi apunte pasado, no se trata de errores porque nadie puede llegar a tal grado de estulticia. 
Lo cierto es que las falsas argumentaciones priistas en el asunto reforma energética son mentiras deliberadas; mentiras que,  gracias a Aristóteles, conocemos bajo el epígrafe de silogismos sofísticos. Y lo que pretenden los priistas con estas mentiras es engañar al ciudadano ordinario buscando hacer pasar cosas que son falsas, o al menos probables y sujetas a prueba antes de ser aceptadas, como si fueran verdades evidentes, inobjetables. 

La renuncia a la ciencia de la economía:

Lo que puede parecer sorprendente a muchos - a mí no me sorprende, lo confieso -, es que este discurso falaz y mentiroso de la reforma energética sea producto de economistas y políticos priistas que fundan buena parte de sus méritos y notoriedad en eso de ser egresados de las mejores universidades del planeta, que es el caso de Luis Videgaray y de otros más. 
En esta parcela especializada y muy florida del priismo estamos ante el extrañísimo caso de personas que, en teoría, habiendo sido formadas en los principios de la ciencia moderna - racionalismo, empirismo, experimentalismo, prueba de evidencia, etc. -, apelan en su praxis política a argumentaciones sofísticas que edifican prejuicios y mentiras con bandera falsa de racionalidad, como es el caso de la reforma energética, y que luego van a investirse en calidad de leyes, ordenamientos y políticas públicas que tienen serias afectaciones negativas sobre el organismo social, tal como ha demostrado la historia reciente. Y hacen esto no obstante que dichas argumentaciones sofísticas de que usan con tanto vigor fueron condenadas por los padres de la ciencia moderna, los tutores a quienes estos priistas "intelectuales" debieran seguir con toda escrupulosidad y devoción. 
Gran absurdo hay en esto de que los priistas "intelectuales" actúen en la praxis política como aspirantes a sofistas, cual alumnos remisos de Protágoras, mientras pregonan públicamente ser alumnos y partidarios de los padres de la ciencia moderna. Y para que calibre la dimensión ingente del absurdo, le diré que lo que hacen ellos es tal como si el mismo Bacon hubiera buscado edificar su pretendida nueva ciencia experimental para sepultar al que llamaba "inútil y dañoso silogismo", usando a su vez de silogismos en su propio discurso intelectual. 
Al final, la renuncia de estos priistas intelectuales a la economía y a la política como ciencias para ceñirse en la praxis a la sofística más descarnada nos lleva luego a un dilema devastador que solo ellos pueden resolver: o estamos frente a unos priistas que ignoran todo sobre las ciencias que estudiaron en las mejores universidades y a las que se deben formalmente, o estamos frente a unos priistas que no poseen verdadera convicción socrática en su saber teorético. 
Para nosotros, poco importa cuál brazo del dilema sea el cierto porque, en cualquier caso, los efectos que se decantan de ese ceñirse a la sofistería y de esa consecuente renuncia a la economía y a la política como ciencias, tendrán resultados devastadores para la nación con toda seguridad.

Buen día.

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