PRI, @EPN, y la fantástica validez de la elección.

Jesús Murillo Karam, coordinador de asuntos jurídicos y defensor electoral del equipo de Peña Nieto, declaró recién que AMLO no tiene sustento jurídico para anular el proceso comicial, ya que no existió compra ni coacción del voto, porque "en la urna nos enfrentamos solos a la boleta". Agregó que no se puede dudar de la libertad que tuvieron los más de 50 millones de mexicanos en las urnas, ya que nadie les dijo por quién votar en el momento de estar frente a su boleta, ya que sufragaron como quisieron.
Cité a Murillo Karam porque creo que nos da de un golpe la línea de argumentación que vienen siguiendo los priístas y sus voceros mediáticos para tratar de disipar las dudas razonables y sensatas de la ciudadanía sobre el proceso electoral que recién concluyó. Este tipo de argumentación encaminada a afirmar la legalidad de las elecciones despliega un discurso que va encadenando una serie de razonamientos que van infiriendo un resultado necesario que afirma la plena legalidad de los resultados ya conocidos por todos; un resultado que, por su mismo carácter necesario, no puede ser de otra manera a como ellos dicen que es. 
Para ellos, si los electores votaron en secreto, entonces los electores ejercieron su deber moral en libertad, luego no hubo coacción y compra de votos, luego las elecciones fueron libres y, en consecuencia, las mismas son válidas. Así razonan los priístas este asunto en lo público, y de ahí nos queda claro el motivo de su absoluta certeza de que el TRIFE avalará el triunfo de Peña Nieto.    
Pero hay algo curioso en todo esto. Y es que resulta que este discurso se ciñe por completo al espíritu de una verdad de razón, y por ello sus argumentos siguen la tónica de una demostración matemática. Déjeme mostrarle este portento traduciendo este discurso priísta a una estructura matemática aproximada. Y esto tiene sentido, porque así es como se conducen las cosas en la mente de ellos.  
El objetivo de los priístas es demostrar la siguiente afirmación: Las elecciones fueron libres. 
Antes de avanzar a la demostración priísta debemos aclarar que, en este tipo de menesteres, no se puede hacer nada sin el planteamiento previo de axiomas. Se necesita de axiomas, porque a través de ellos es como se puede demostrar la afirmación. Dicho sea de paso, se aclara también que los axiomas no son establecidos a tontas y a locas; no, nada de eso, los axiomas se asumen como ya demostrados, o bien se asumen como ciertos y como no requiriendo mayor análisis. Y no tenemos que entregarnos a la tarea de indagar los axiomas que usa el pirísmo en este discurso, porque sucede que ellos mismos ya los han ventilado públicamente de manera reiterada. Incluso los vemos actuantes en las declaraciones del mismo Karam. Los axiomas son los siguientes:

1. Los electores votan en secreto.
2. Si los electores votan en secreto, necesariamente ejercen su deber moral en libertad.

Bien, enseguida podrá ver usted la sencillez sorprendente con que los priístas, una vez asentados los axiomas, y una vez fundados en ellos, demuestran que las elecciones sí fueron libres. Vea.
Suponga que, en medio de una tumultuosa rueda de prensa, un priísta notable y muy típico pretende hacer su demostración –de que las elecciones fueron libres - por la vía de la contradicción. De esa manera, se dispone a tomar la hipótesis de AMLO para someterla a prueba rigurosa. En este sentido, el objetivo del priísta será demostrar que la afirmación de AMLO es falsa porque sus antecedentes y consecuencias entran en contradicción con los resultados de aplicar los axiomas que el mismo priísta ha planteado. No pierda de vista los axiomas.  
Y así, el priísta carraspea y tose ligeramente antes de hablar, pide papeles a sus achichincles, y luego expresa lo siguiente en tono docto entre un murmullo de los reporteros de la falsimedia que aguardan sus palabras:  
- Bien, supongamos por un momento que sea cierta la afirmación de AMLO de que las elecciones no fueron libres, y que, por ello, deben anularse. Si las elecciones no fueron libres como dice AMLO, entonces se sigue que hubo coacción y compra de votos. Pero afirmar esto obliga a suponer que los electores no ejercieron su deber moral – contradicción con el axioma 2 -, y luego esto obliga a suponer, a su vez, que los electores no votaron en secreto – contradicción con el axioma 1 -. Así las cosas, como la hipótesis de AMLO nos lleva a contradicciones con los axiomas, es necesario concluir que es completamente falsa. 
No necesito decirle lo que siguió a la última palabra del orador…¡Claro!...Los reporteros de la falsimedia aplaudieron atronadoramente entre fragorosos hurras en honor del santo chayote. Pero he aquí que, entre la ruidosa turbamulta que no dejaba de balar, surge una reportera de espectáculos del canal de las estrellas que, después de lanzar unos panegíricos a la belleza física y a la legitimidad carismática de Peña Nieto, agrega lo siguiente en evidente tono mordaz:
- Creo que si seguimos su razonamiento hasta las últimas consecuencias, luego se arriba a un gran absurdo de AMLO. Y digo esto, porque, si los electores no votaron en secreto, luego ¿cómo votaron? ¿Acaso votaron en público? ¿Y las mamparas? ¡Todo esto es una locura, señor licenciado! ¿No lo cree así, señor licenciado?
Los aplausos para la reportera no se hicieron esperar, y fueron muy bien aparejados con silbantes rechiflas para AMLO. 
- Así es, Paquita – agrega el priísta con una sonrisa ligera -. Aguda observación la suya. Y lo cierto es que, siendo falsa la afirmación de AMLO, se debe proceder a considerar todas las posibilidades restantes a la mano, menos la de AMLO, porque ya quedó demostrado que es falsa. Y ustedes se han de preguntar en este momento: ¿y qué opciones tenemos?
Se levanta un gran murmullo de admiración entre los reporteros, quienes no dejan de mirarse entre sí tratando de patentizarse mutuamente tan grande muestra de sabiduría en el orador.  
- Bien –continúa el priísta -, como de las elecciones solo se puede decir, o que fueron libres o que no fueron libres, solo nos resta la primera opción, es decir, que las elecciones fueron libres. De esta manera, se debe concluir que las elecciones fueron libres y que son válidas necesariamente.
Esta vez los aplausos son francamente ensordecedores, al grado de reventar los tímpanos. Mas, entre la turbamulta en éxtasis chayotero, se pone en pie un periodista despistado que no ha seguido el hilo de la farsa, y pregunta con tono candoroso lo siguiente:
- Creo que todos estarán de acuerdo en que ya ha quedado demostrado palmariamente la falsedad de la hipótesis de AMLO. Supongo que nadie que tenga al menos dos dedos de frente se atreverá a decir algo en contrario – agregó el periodista despistado barriendo al auditorio con la vista -. Pero, salvo su mejor opinión, señor licenciado, creo que es necesario demostrar ahora lo que usted afirma, es decir, que las elecciones fueron limpias.
- A eso voy, querido amigo Morcón – responde el priísta con una sonrisa de satisfacción -. Ahora bien, ya que los electores en México votaron en secreto – acuerdo con el axioma 1 -, luego se sigue que ejercieron su deber moral en libertad – acuerdo con el axioma 2 -. Y como tales cosas son verdaderas porque van de acuerdo con los axiomas, luego se deduce necesariamente que no hubo coacción y compra de votos. Y como no hubo coacción y compra de votos, se concluye necesariamente que las elecciones fueron libres y que son completamente válidas. 
Los aplausos redoblaron hasta desbordar los diques de ventanas y puertas.
- ¡Claro! ¡Tan claro como al agua! – vuelve a interrumpir Paquita puesta de pie y batiendo su dedo índice al aire -. ¡Y esta gran verdad es la que ustedes han pregonado desde siempre, señor mío!
- ¡Vamos, hombre! Y que si las elecciones han sido libres – agrega un reportero por allá, también puesto de pie -, tal como ha demostrado rotundamente el señor licenciado, ¿qué demonios discute AMLO?   
- Tal es el punto, Godínez – cierra el priísta muy orondo -: ¿Qué discute AMLO?  Pero ¿sabe cuál es la respuesta a esto?
Aquí el silencio fue sepulcral. Un silencio que apenas era roto por el zumbar de una mosca pertinaz sobe la cabeza de Paquita, y por los ladridos ahogados de unos perros callejeros en plena reyerta en la esquina de la cuadra.
- Bien, señores, señoras – agregó el priísta en tono solemne -: La verdad ineludible es que AMLO es un necio que no acepta sus derrotas. Y este hábito, por cierto muy predecible, solo apunta a un fin…
Todos los reporteros de la falsimedia removieron su  amplio trasero para prepararse a escuchar el veredicto del priísta. Y cuando todos estuvieron debidamente emplazados, el priísta agregó en exclamaciones severas:
- ¡AMLO es un oportunista inmoral que busca sacar raja política…!
Rechiflas a AMLO.
- ¡Y tened por cierto que ese fin torcido y endemoniado es – prosiguió el priísta con su arenga -, para él, inaplazable, impostergable! Ha de llevarlo a efecto sin importarle si con ello mancha nuestra intachable reputación y así eche por la borda la armonía de nuestra comunidad y el futuro de nuestra nación. 
Más rechiflas a AMLO.
- Muy bien dicho, señor licenciado – dice un reportero por allá -. Muchos daños han reportado a la nación los muy predecibles posicionamientos de AMLO en estos asuntos. No lo hizo en el 2006, y ahora no lo vuelve a hacer. Uno de esos daños, y el más terrible, creo yo, es el desgaste de la veracidad del TRIFE. En efecto, sucede que, entre aquellos mexicanos que persisten en creerle a ese mesías tropicoso, como entre aquellos que le dan el beneficio de la duda, se ha propagado la nefanda sospecha en torno a la postura de absoluta confianza en el TRIFE demostrada por su partido, el PRI, señor licenciado. Lamentable situación, licenciado. Es muy lamentable que si ustedes afirman tener certeza absoluta sobre el fallo que dará el TRIFE en los días por venir, luego esto se tome como indicio de algún conchabadero de manos…¡No, señores y señoras, mexicanos todos!...¡Eso es amor a las instituciones republicanas!...¡He dicho!
Los aplausos no se hicieron esperar. Y culminados los largos aplausos, el reportero guardó compostura, se arregló la ropa, se palmoteó el saco, ofreció una amplia sonrisa, cierto ya, por cierto,  de un jugoso chayote en la bolsa, para luego expresar en tono suave:
-¿Qué nos puede decir al respecto, señor licenciado?
- Así es, Santoscoy – responde el priísta -. No tenemos dudas respecto a que la elección fue necesariamente libre. Y nótese lo que acabo de decir – agrega el hombre deletreando en tono docto -: ¡Ne-ce-sa-ria-men-te! Y eso ya quedó demostrado rotundamente hace unos momentos. Así que a menos que los jueces del TRIFE se hayan vuelto locos, Enrique Peña Nieto será presidente de México, así tiren de coces y pésele a quien le pese.
La rueda de prensa terminó entre un alud de aplausos que se iban desgranando por doquier entre las miríadas de flashazos de los reporteros de la falsimedia. Y al otro día, todos los medios cabeceaban con los siguientes titulares, palabras más palabras menos:
“Demostrado: las elecciones fueron necesariamente libres…y necesariamente válidas”. “El TRIFE contra la pared: matemáticamente demostrado que las elecciones fueron necesariamente libres”. “Demostrado racionalmente: AMLO miente…y es un peligro para la nación”. En tanto que, en España, muy preocupados por sus negocios a ultramar, en la otra orilla, cabecean de la siguiente forma: “Demostrado: AMLO es un lastre necesariamente”.
Listo. ¿Ve qué simple? Brillante razonamiento el de los priístas, ¿no? Y no se puede ocultar que este discurso de los priístas tiene un enorme poder sugestivo, sobre todo cuando se potencia con el poder de la falsimedia. 
Pero no todo es miel. Hay malas noticias para los priístas y sus voceros. Y la mala noticia es que su discurso solo tiene poder de persuasión entre los mexicanos presos de la ignorancia, y que, por ello, son susceptibles a la sugestión. Así, deben dar por cierto que existen muchos mexicanos que no se chupan el dedo y que no caen en esta trampa discursiva. ¿Y cuántos son esos mexicanos? No lo sabemos por el momento. Eso lo veremos en los días por venir. Y mientras tanto, llamemos a las cosas por su nombre.
El discurso de los priístas en este plano es una burda maniobra para razonar con aparentes aires de verdades de razón, que luego han de llevar a conclusiones necesarias: las elecciones fueron libres porque el voto es secreto. Se trata de burdos trucos retóricos que intentan desentenderse de la experiencia – los hechos - para buscar establecer verdades necesarias a conveniencia, a modo, a través de axiomas también a modo. Sin embargo, estos absurdos discursos “apriorísticos” de los priístas no pueden ser aplicados de manera legítima a la política, un terreno de la ciencia que nada tiene de puramente racional, que es dependiente de la experiencia – lo empírico -, y que, además, está completamente inmerso en lo contingente y en lo probable – muy lejos de los necesario -. 
El absurdo de los priístas es monumental. Y creo que eso ha quedado expuesto en los giros cómicos del priísta de nuestra historia; una historia que describe a la perfección el posicionamiento de los priístas en este asunto.  
En matemáticas usted puede demostrar que 1 > 0 – que uno es mayor que cero – con independencia de los hechos, del mundo empírico. Y no solamente puede hacer eso, porque, en estricto sentido, las matemáticas no necesitan de los hechos para este efecto. Pero usted sí que no puede acudir al expediente absurdo de tratar de demostrar que las elecciones en México fueron libres con verdades de razón, con independencia de la realidad empírica, de los hechos. Y sucede que esto último es lo que pretenden hacer los priístas con su discurso multicitado.
¿Y por qué los priístas acuden a este fantástico y ruinoso expediente en su discurso?
Sencillamente, hacen esto porque es un recurso para ponerse en fuga de una realidad - sorianazo, Monex, encuestas sistemáticamente sesgadas, apoyo mediático, rebase a gastos de campaña, etc. – que, cada día que pasa, añade montañas de indicios concretos que permiten inferir con mucha verosimilitud la existencia de un monumental fraude electoral en este proceso 2012; un fraude que, en opinión de algunos expertos en el tema, ya se va pintando solito como el más grande que se haya registrado en la historia moderna de este país.
La experiencia histórica nos muestra que los mapaches electorales han diseñado multitud de estrategias que tienen el poder incuestionable de dirigir externamente la voluntad del elector aun y cuando éste emita su voto encerrado en las entrañas de una caja fuerte a prueba de explosivos o en las mismas entrañas de las conejeras de Wonderland. Y si esto se ha dado, y si esto no es imposible, y si hay indicios de que el IFE no atajó las condiciones que hacían posible esa manipulación externa de la voluntad del elector, esto debe ser asumido como posible al lado de los indicios que ya van manando a borbotones hasta por las alcantarillas del drenaje. Y con esto los axiomas del discurso priísta son echados por tierra de manera estrepitosa. 
No es mi intención argumentar aquí para demostrar la existencia de los mapaches priístas y sus estrategias. Esto sería una verdad de perogrullo. Y mucho menos pretendo hacer aquí una lista detallada de las estrategias mapachísticas porque no me ocupo de los detalles en torno a trapacerías y vulgaridades que atentan contra el bien público. 
En una siguiente entrega le hablaré de los absurdos que se van derivando a partir de esa extraña negación de la realidad por parte de los priístas.

Buen día.

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