Libia y la tragicomedia de los parásitos.

En una serie de artículos anteriores le he hablado de que el autoritarismo nos viene desde tiempo ha y que sigue más vigente que nunca. El imperio es el hijo legítimo del autoritarismo y, al igual que su padre, ha estado presente en la historia desde siempre. Ese es un lugar que no queda vacante jamás. Lo han ocupado diferentes países y, en lo tiempos que corren, el titular indiscutible es Disneylandia. Le he dicho también que el autoritarismo es como una suerte de dios Proteo que se convierte o toma el disfraz de cualquier modelo político y económico para seguir haciendo de las suyas.


Le he dicho que ese dios Proteo tiene rebaños de focas privilegiadas y sometidas a vasallato, y que esas focas a su vez son pequeños dioses que privilegian y someten a vasallato a otras focas, y éstas a su vez a otras, y así se va la cadena hasta las últimas consecuencias. ¿Qué cómo se puede patentizar ésta estructura organizacional de proteos y focas  en los hechos? Fácil, en la organización actual de las cosas en y entre los países metidos en este escándalodel vasallato. Solamente véala. Hay una clase ociosa imperial con países sometidos al vasallato, y en cada país sometido hay una clase ociosa que es, a su vez, un Proteo mestizo con sus focas privilegiadas y avasalladas. Incluso a las focas avasalladas usted las puede ver en el día a día en todos esos individuos que andan tremolando la bandera del Proteo mestizo y colaborando activamente en el fuljo monetario de la corrupción, o bien haciendo como que trabajan en la política, dos de las fuentes de alimentación de la clase ociosa y de sus focas.
Le he dicho también que el disfraz del Proteo de hoy es el neoliberalismo, con toda su más completa irracionalidad, anarquía y parafernalia de libertad y democracia prostituidas. Le he dicho también que esta nueva clase ociosa global no trabaja, no produce valor alguno, no genera, no es industriosa ni artesanal. En otras palabras, es una clase social con la misma naturaleza que la de sus predecesores esclavistas y feudalistas. Lo que le quiero decir es que es una clase ociosa depredadora y parasitaria, que vive de la energía industriosa de la inmensa mayoría que sí trabaja. Le he dicho también que esa actividad depredadora y parasitaria se concreta en la expoliación y la apropiación de los recursos económicos de cada nación avasallada. En el caso de México, usted la pude ver próspera y feliz en la depredación sobre el petróleo, el gas natural, la energía eléctrica, las concesiones de servicios e infraestructura públicos…y me falta espacio para citar casos. 
La depredación y el parasitismo de la clase ociosa opera por diferentes mecanismos, entre ellos destacan los tres siguientes: títulos sobre los medios de producción, especulación finaciera y guerra. La guerra, por supuesto, es el mecanismo predilecto por su probada eficacia. Vea el caso de Irak y se dará cuenta. Y no se vaya con una ilusión sobre las verdaderas causas de esta severa crisis económica por la que pasamos. Esta crisis económica es efecto directo de la avidez desmedida de esa clase ociosa en el terreno de la especulación. No es una crisis productiva; es una crisis que ha surgido del intenso deseo de esta clase por ganar dinero sin trabajar. Y lo peor de todo es que, al final, ha paralizado el ímpetu productivo de la población. Créame, en verdad, que los efectos nocivos de esta clase ociosa son majestuosos, incalculables, no para un país, sino para el conjunto del planeta. Es como si la humanidad toda fuera un individuo que trajera a una sanguijuela monumental, de su misma talla o más grande, prendida al cuello. 
Le he dicho también que las formas de gobierno más eficaces de esta clase ociosa son el terrorismo y la televisión. No es fácil someter a la población baja a la idea de que debe trabajar para sostener a una clase ociosa y depredadora. No estamos tampoco en los tiempos de la Roma imperial como para que nos puedan obligar a punta de pica en la espalda. Si las cosas se plantearan así, de sopetón y a lo seco, al estilo de los terribles Asirios, sería negocio muy peligroso para la clase ociosa moderna. No, para eso de controlarle haciéndole creer que usted es libre, que trabaja para sí mismo y que es dueño de su país, está la bendita televisión. Y bueno, el terror televisivo es un arma de probadísima eficacia que sirve para persuadirle cuando usted está reticente o necio lanzando dudas o quejas sobre el estado de cosas, o bien para cuando es menester que usted levante la banderola y se ponga la cachucha de Mickey Mouse para festejar muy jubiloso las guerras de la clase ociosa .
Finalmente, le he dicho que la clase trabajadora somos todos aquellos que hacemos algo de valor con nuestra energía laboral, ya sea como trabajadores manuales, como empresarios industriosos, como artistas, como deportistas o como intelectuales de verdad. Toda esa masa enorme de población trabajadora es expoliada por la clase ociosa depredadora y parasitaria que, a su vez, y en este país, está formada por esas minorías privilegiadas que usted ya conoce por boca de AMLO; minorías que son servidas por un sistema oficial de partidos sometido a vasallato. 
En un artículo anterior también le decía que los asuntos de medio oriente eran un río revuelto donde el imperio andaba apuradísimo de un lado a otro tratando de sostener peleles y títeres, o ya bien sacar tajada de la confusión y del lugar que se dejara. A su vez, los medios occidentales trabajando a todo vapor con la mercancía del miedo para caminar a tono con los apuros de papá Proteo; y luego otra vez los medios occidentales trabajando para tratar de hacernos creer que las poblaciones que buscan libertad, de pronto, como por un acto de magia y contra toda su cultura milenaria, quieren el mundo de Disney y de Riverdale. Escenario artificial y perfecto para invadir todo aquel rincón del mundo.
Y bueno, mire lo que son las cosas. Hasta parece que Dios me ayuda, pues, así hablaba yo de esos asuntos en este periódico, y que se presenta el escandalazo de Libia. Y es que, en el caso de Libia, han empezado a surgir las facetas ocultas de papá Proteo, del imperio y sus vasallos. Y mire usted por qué digo esto.
Nadie defiende a Gadafi, por supuesto. Y lo que es más, yo no le encuentro nada de objetable al hecho de que haya gobernado por más de cuarenta años a sus país. Me atrevo a decir que, si algún político fuera un buen gobernante, hasta convendría que llevara los asuntos públicos de continuo mientras lo haga bien. No, el problema es que parece que Gadafi lo ha hecho muy mal y se ha enriquecido descomunalmente. Pero el problema no está ahí, sino en los que lo hicieron amigo y socio a sabiendas de que era un pésimo gobernante. 
Gadafi estaba fuera de los asuntos del día. Pero de pronto se nos mueve al centro de la escena y, ya ahí, el imperio y sus medios lo acusan de todos los males habidos y por haber en la historia de la civilización. Luego la Hillary, muy a destiempo, hasta le cuelga la medallita de haber tumbado un avión comercial mucho tiempo ha. Pero en ese ir y venir de acusaciones e increpaciones del imperio y sus vasallos contra el sorprendido Gadafi, quien por su parte ya no ve su suerte por estar esquivando cañonazos y morterazos que vuelan desde las trincheras del pueblo enfurecido, empiezan a salir en la prensa europea datos de jugosos negocios entre Gadafi y la clase ociosa que hoy lo ataca. A primera vista parece ridículo, ¿no? Los amigos y socios de ayer, ¡se atacan hoy!
Ha salido de todo. Gadafi tenía negocios con todo el mundo imperial, desde equipos de fútbol, hasta empresas y bancos. Los intereses económicos de la familia Gadafi estaban metidos en toda suerte de negocios a nivel planetario y sus socios no eran otros que los integrantes de la gran clase ociosa a la que nos hemos referido en este artículo. No le cito los datos precisos, porque es muy largo de contar. Si a usted le interesa eso, métase a las páginas de periódicos europeos y verá con detalle para irse luego de espaldas. Pero sobre todo, resulta ahora que la clase ociosa imperial estaba metida, desde muchos años ha, en el negocio del petróleo en Libia, y con el beneplácito del sumo pontífice en aquel territorio: Gadafi. 
El bochornoso flujo de los datos financieros de este circo ha llegado al nivel de haber hecho rodar ya la cabeza del director de la London Economics, para luego ir a llenar de histeria a las “estrellas” del pop que actuaron para la familia Gadafi. Bueno..., comprenda usted que lo señores imperiales también tienen sus citaristas, coristas, escanciadores de vino, despenseros, cirqueros e intelectuales y escribidores de cuentos para solaz y esparcimiento en sus orgías. Y mire usted que los mismos intelectuales y escribidores de cuentos pueden ser usados por la clase ociosa como profetas de la muerte…el pueblo bajo es dado a las supersiticiones.
Para comprender el absurdo de todo este circo malévolo, imagine una situación del día a día. Suponga que usted tiene un amigo que hace jugosos negocios con un dictador terrible. Usted le pregunta a ese amigo por el dictador porque quiere saber quién es, qué hace. Su amigo se limita a decirle nada, o bien le dice que es un presidente bien, que tiene sus pecadillos como todos, que hace estupendos negocios con él y con otros y que hasta se echan sus buenos vinos y sus fiestas en los lugares de más postín en este triste planeta. Pero de pronto, a la vuelta del tiempo, usted ve al pueblo de ese dictador persiguiéndole, y para su mayor sorpresa ve también a su amigo negociante sumado a la turba contra el dictador y lanzando piedras muy enfurecido. Ya no le pregunto cuáles serían sus conclusiones, porque son obvias. Eso es precisamente lo que pasa en medio oriente. Así de absurdo es el asunto en lo tocante al papelón de la clase ociosa, no del pueblo que se mueve.
Pero, en el fondo, nos resulta absurdo porque nosotros no formamos parte de la clase ociosa, no somos depredadores y parasitarios. Para ellos, para esa clase ociosa, todo esto sí que tiene perfercto sentido. 
En el asunto de medio oriente, y en Libia sobre todo, lo único con fondo ético es aquella parte de la población que busca un cambio de régimen. Lo demás, el discurso de guerra y las armadas imperiales, son simplemente eso: el escándalo bochornoso de la clase ociosa que busca sostener su negocio depredador a costa de lo que sea. Ellos gritan sobre Libia “¡El rey ha muerto, viva el rey!” Se cae el socio, que venga el nuevo. Pero como el pueblo libre no va a poner a un socio de la clase ociosa, sino de la nación, la armada imperial y la televisión se deben asegurar de que eso no suceda, de que las cosas no caigan en manos del pueblo libre. Si no, ¿qué chiste tiene esto? 
¿Por qué la clase ociosa no ve con buenos ojos la propuesta de Chávez por una comisión internacional de paz y negociación? Sencillo: la clase ociosa ni tiene negocios con la paz ni dialoga con los esclavos, solamente los manipula a su antojo. En otras palabras, en Libia debe seguir un socio de la clase ociosa, sin importar quien sea; y eso no se consigue dando soberanía al pueblo Libio.
Hubo en estos días algo que resumió de manera apoteósica toda la maldita y sucia trama de intereses de la clase ociosa que se entretejen en el asunto Libia. Resulta que Gadafi, muy molesto ya por el masivo ataque en su contra, se paró en sus bastiones y le gritó a la clase ociosa occidental algo que fue peor que una bomba atómica en el mismo corazón de Disney: “¡Si siguen, voy a dar los negocios de petróleo a India y China!”...¡Uy, eso sí que caló, eso sí que hizo arder Troya, compadres!...¡Lo demás vale madre, que se maten entre ellos si quieren!...¡Ora sí se armó la bronca, que para qué te cuento!
Le confieso que, cuando veo toda esta absurda comedia de la clase ociosa, hasta llego a considerar la remota posibilidad de que a Gadafi se le esté satanizando de más. ¿Y qué tal si no es el pueblo el que mayormente se anda amotinando? ¿Y qué tal si los mercenarios son mayormente empleados de la clase ociosa? A veces esos pensamientos me llegan, y hasta me sacudo la cabeza ligeramente para pasarlos por alto. Pero con todo y que pueden parecer descabellados, me persuado de que tampoco se puede confiar en nadie. 
Lo invito de nuevo a que vea la película “Escándalo en la Casa Blanca”.  
Por supuesto que usted no debe creerme en todo lo que he reflexionado. Pero yo le invito a que vaya a los medios independientes de Europa para informarse, y se dará cuenta del cochinero que se alza detrás de toda esta burda y sanguinaria comedia.
¿Ya se nos olvidó el carnicero teatro de Irak? ¿Somos capaces de olvidar las lecciones tan rápido cuando caemos en el embrujo de la TV, Disneylandia, Riverdale y Las Vegas? ¿Somos tan apacibles, neutros y valemadristas, como para permitir masacres de poblaciones para que no se derrumben esos sueños fascinantes que nos hacen tan dóciles a la expoliación de la clase ociosa?
Y después de ver todo eso de conjunto, ¿estaría dispuesto a sentarse frente a la TV para montarse la cachucha de Mickey Mouse y vitorear con su banderola a las armadas del imperio y a los “intelectuales” que se alzan como profetas de la muerte? Y si está dispuesto y le gusta hacerlo, ¿qué diablos gana con eso?, ¿acaso tiene negocios con las clases ociosas de medio oriente y del mundo desarrollado?, ¿acaso le gusta soñar que usted también será un principe gallardo o una princesa alada?
En un siguiente número le platicaré del triste drama de la clase ociosa mexicana. Parece que ésta se tambalea feamente y papá Proteo está muy, pero muy enmuinado con ella. Esta clase ociosa mestiza debiera ver a Gadafi y poner sus barbas a remojar. Más vale prevenir que lamentar y tener presente que papá Proteo no tiene amigos, sino socios.

Buen día.

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