Las falacias del diputado Francisco Rojas.

Dios pudo crear dos o más especies de hombres; pero como no lo hizo, entonces se concluye que Dios, no solo no creó al hombre, sino que no existe. De igual forma, Esparta pudo destruir a Atenas hasta los últimos cimentos y hasta borrarla de la memoria de la historia; pero como no lo hizo, entonces se concluye que Esparta jamás existió. Y si Esparta nunca existió, entonces debe concluirse que las guerras del Peloponeso no existieron, que fueron un loco invento de Tucídides.


Alejandro Magno pudo conquistar el mundo entero; pero como no lo hizo, entonces se concluye que Alejandro no existió…al menos no existió como conquistador. Seguramente fue un macedonio ordinario de oficio tendero.
El imperio romano pudo conquistar a los partos; pero como no lo hizo, entonces se concluye que ese imperio jamás existió, y de aquí ya no se sabe quién conquistó a los pueblos de la península itálica y del mundo mediterráneo. 
Alemania pudo ganar las dos grandes guerras del siglo XX; pero como no lo hizo, entonces se concluye que Alemania jamás ha existido. Y lo que es peor: lo anterior obliga a concluir que las dos guerras globales del siglo XX fueron un sueño ingrato. 
Adolfo Hitler pudo haber exterminado a todos los judíos del planeta; pero como no lo hizo, entonces se concluye que Hitler no existió y que el holocausto judío es un genial cuento chino. 
Un ser humano tiene la potencia de desarrollar el sentido de la vista; así que si un niño nace ciego, entonces debe concluirse que ese niño no existe.
Las aves tienen la potencia para desarrollar plumas; así que si un gallo no desarrolla plumas, entonces debe concluirse que ese gallo no existe.
¿Qué piensa de las anteriores expresiones? Absurdas por su completa ausencia de sentido, ¿no? 
Bien, por absurdas que parezcan estas expresiones, las he apuntado porque creo que delinean muy de cerca la forma de demostrar la verdad o falsedad – o la existencia o la inexistencia - de las cosas, según el diputado priista Francisco Rojas. Y para despejar cualquier duda a este respecto, vea cómo es que el coordinador del grupo parlamentario del PRI se refirió al asunto de la compra de votos por parte del PRI en este escandalazo del fraude electoral en México, versión 2012:
Paco Rojas afirmó hace días que si la elección para presidente de la república es la única impugnada, se demuestra que no hubo fraude, porque sería casi imposible cometer irregularidades de manera selectiva. Añade Francisco Rojas que si se hubiera querido cometer un fraude también se podría haber hecho en las elecciones de gobernadores, diputados y senadores, para llevarse el carro completo y no sólo un pedacito. 
En otras palabras, para el diputado Rojas, el PRI pudo comprar todos los votos del país para hacer su fraude completo, pleno; pero como no lo hizo, entonces se concluye que no hubo fraude.
No conozco al diputado Francisco Rojas. No puedo, entonces, saber si esta extraña forma de aprehender y razonar el mundo es habitual en él. Sin embargo, si me atengo al sentido común y a la trayectoria de este personaje, me veo obligado a suponer que este extraño pasaje “intelectivo” en la vida pública del diputado no es sino un episodio más del bizarro discurso priista del momento que se empeña en huir de la realidad objetiva que ofrece indicios sobrados en torno a un posible fraude electoral en este 2012. Y de esto ya hablamos en un artículo anterior cuando analizamos el discurso “racionalista” de Murillo Karam orientado a demostrar la imposibilidad del fraude una vez sentado el principio irrefutable e indemostrable de que el voto es libre y secreto.
  

Como vimos en esa ocasión, este novedoso discurso priísta es una burda maniobra para razonar con aparentes aires de verdades de razón, que luego han de llevar a conclusiones necesarias: no hubo fraude, las elecciones fueron libres, etc. Se trata de burdos trucos retóricos que intentan desentenderse de la experiencia – los hechos - para buscar establecer verdades necesarias a conveniencia, a modo, a través de axiomas también a modo. Sin embargo, aclaramos ahí que los absurdos discursos “apriorísticos” de los priístas no pueden ser aplicados de manera legítima a la política, un terreno de la ciencia que nada tiene de puramente racional, que es dependiente de la experiencia – lo empírico -, y que, además, está completamente inmerso en lo contingente y en lo probable – muy lejos de los necesario -.
Y vea cómo es que Rojas, además, se fuga de esa naturaleza contingente de la política al negar, con su extraña afirmación, toda posibilidad a algo que él mismo reconoce como posible, aunque difícil: un fraude del PRI a través de la compra selectiva de votos.
Vuelvo a decir que en matemáticas usted puede demostrar que 1 > 0 – que uno es mayor que cero – con independencia de los hechos, del mundo empírico. Y no solamente puede hacer eso, porque, en estricto sentido, las matemáticas no necesitan de los hechos para este efecto. Pero usted sí que no puede acudir al expediente absurdo de tratar de demostrar que el PRI no montó un fraude electoral a través de la compra de votos – selectiva o no - con verdades de razón, con independencia de la realidad empírica, de los hechos. Y sucede que esto último es lo que pretende hacer ahora Paco Rojas con su discurso multicitado, siguiendo en esto la “doctrina racionalista” de Murillo Karam.
Pero debemos aclarar que, en esta ocasión, Francisco Rojas ha abonado en la exoticidad del asunto con la marca de la casa al colmar su discurso con un espíritu teleológico, tal cual si el mundo político estuviera ordenado y hecho inteligible, no por las relaciones empíricas a las que atiende la ciencia moderna, sino por un cierto finalismo aristotélico muy bizarro y con aires medievales. Con esto último no quiero sino decir que, para el diputado Rojas, las cosas existen o no existen según hayan realizado plenamente o no toda su forma, con todas sus posibilidades de ser echadas a cuestas. Aclaremos esto con un diálogo imaginario entre Aristóteles y Francisco Rojas, un político que podría pasar a manera de un peripatético extremeño:
- ¿Era posible un fraude electoral por parte del PRI sustentado en la compra de votos? – inquiere un tercero a Rojas y al estagirita -.
- Sí, sí era posible – responde Ari tratando de ceñirse a su inclinación empirista y realista, y sometiendo a su platonismo muy a duras penas, para luego preguntar -. ¿Qué opinas tú, Rojas?
- Teóricamente sí, sí era posible…aunque harto difícil – responde un Rojas titubeante -. 
- Y si nos atenemos a los hechos a la vista, ¿existió el fraude electoral o no? – vuelve a inquirir el tercero mientras arrima los indicios factuales del fraude ante los ojos de los otros dos -.
- Hay indicios claros, inobjetables, que prefiguran la posibilidad de un fraude electoral – responde Ari, como corresponde a un empirista, aunque sea en pañales -. Lo cual me lleva a concluir que los tribunales debieran investigar esto hasta las últimas consecuencias. Aunque debo advertir, de pasada, que esto es una suerte de fraude monstruoso.
-  ¿”Monstruoso”? – pregunta el tercero con aire de perplejidad -. 
- Sí, monstruoso – responde Ari -. Y digo esto porque no fue perfecto, no se dio en todas sus posibilidades, en todos los niveles de elección. 
- Por supuesto – atraviesa Rojas -. La forma plena de un fraude electoral de este tipo, consiste en la compra de todos los votos del país por parte del PRI en todos los niveles de elección – presidente, gobernadores, alcaldes, senadores y diputados -. Pero como los ofendidos arguyen una compra parcial de votos, solo a nivel de presidente de la república, entonces el dicho fraude se realizó, a decir de ellos, solo parcialmente. Y siendo así, no ha sido perfecto. 
- Creo que en ese punto estamos completamente de acuerdo, ¿no es así? – añade el tercero -.
- Sin duda – responden los otros dos muy satisfechos -. 
- Sin embargo – añade Rojas en tono docto, y para sorpresa de los otros dos peripatéticos -, como el fraude no es perfecto, luego debe concluirse que el fraude no existió.
- Por tus palabras, asumo que, para ti, estimado Rojas, solo tiene existencia lo perfecto – expresa Ari apenas pudiendo ocultar su estupor -.
- En efecto, asumo que solo existe lo perfecto y le niego toda existencia a lo imperfecto, a lo que tú has llamado “monstruoso” – agrega Rojas muy seguro de sí mismo -. Y como un fraude electoral, para ser real, existente, debe ser perfecto, debo concluir que el fraude tan manoseado por AMLO simplemente no existe.
- Querido amigo – dice Ari meneando la cabeza en señal de desaprobación -. Mucho me temo que estás llevando hasta el extremo de lo irreal nuestra doctrina. Al paso que vas, terminarás negando toda realidad objetiva del mundo en virtud de que nada ahí alcanza la perfección. Temo termines estacionado en el mundo de Zenón, y pases a negar la realidad del movimiento y del cambio y, por ende, de todo cuanto existe, no solo de las pruebas del fraude que tienes a la vista. 
- En esto de la política, Ari, como en otras tantas cosas de utilidad práctica, me ciño con entusiasmo y con todas las fuerzas de mi corazón, al idealismo de nuestro maestro Platón - responde Rojas -.
Se deja sentir un lapso de silencio, mientras los otros dos intercambian miradas de asombro.  
- Mas debo aclarar un punto importante en este asunto – adelanta Rojas -. He aceptado el supuesto de un fraude electoral, según arguyen los ofendidos, solo a manera de graciosa concesión en la polémica “estéril” con AMLO. Y he hecho esto solo con la vista puesta en el interés de demostrar que tal afirmación locuaz es absolutamente falsa cuando vista desde la perspectiva de mi doctrina del finalismo del mundo político: solo lo perfecto existe; en tanto que lo imperfecto no existe, es una mera ilusión de los sentidos. 
- ¿Eso significa que niegas toda realidad a los indicios en torno al fraude que nuestro camarada ha puesto ante nuestros propios ojos? – inquiere Ari, ya con un aire de consternación en el rostro -.
- Por supuesto – responde Rojas -. Afirmo sin más que eso que ves ahí, Ari, y que AMLO llama “hechos”, “pruebas”, “indicios”, digamos que la parte empírica de todo este escándalo del fraude, simplemente no existe. Te engañas. Además, creo que la legalidad de la elección ya ha quedado demostrada con la demostración matemática del camarada Murillo Karam.
En efecto, como dijimos arriba, una legalidad demostrada tal como si se tratara de una verdad de razón, a la cual se arriba con deducciones y axiomas a modo y con independencia de los hechos del mundo concreto, le guste o no le guste al ciudadano ordinario. 
Pero lo cierto es que sabemos que, si no se hizo un fraude completo, en todos los niveles de elección, fue simplemente por cuestiones que atañen a restricciones estrictamente presupuestales. En un plan fraudulento diseñado ad hoc para la elección de presidente de la república, usted siempre necesitará comprar menos votos en cada estado, ciudad y pueblo, en cada distrito y en cada sección electoral, en comparación a sus necesidades de compra de votos en el contexto de un plan fraudulento cuya meta sea el carro completo. Es una simple cuestión de números y de balances que puede resolver un muchacho de secundaria. Lo dejo ahí, porque estimo que no se necesita abundar en esto para comprenderlo a carta cabal. 
Por cierto, debo decirle que, como mi apunte pudo haber sido mucho mejor, no tan imperfecto como está ahora, entonces debe concluirse que este apunte jamás existió. Y si usted cree que lo leyó a pesar de lo anterior, entonces mucho me temo que solamente ha imaginado o ha soñado que ha leído este apunte.

Buen día.  

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