Kim Jong, los tres sabios, y las lágrimas de Corea del Norte.

En tres artículos previos me di a la tarea de analizar y desarticular el discurso de los tres sabios - Jesús Silva Herzog, Jorge Castañeda y Guillermo Sheridan - a fin de exponer sus mentiras encaminadas a mezclar mañosamente a AMLO en las muestras de apoyo del PT a Kim Jong, el presidente recién fallecido de Corea del Norte. Le anexo enlaces a esos dos artículos.



Pero como ya demostré los vulgares sofismas de los tres sabios contra AMLO, ahora dejaré a los tres chiflados...perdón, a los tres sabios frente a frente con su enemigo mortal: Kim Jong. 
Si me atengo a lo que han declarado o apuntado estos tres sabios en torno a Kim Jong, debo suponer que localizan en este hombre todos los males de Corea del Norte. Digo, porque nunca vi o escuché que mencionaran a otro factor en juego para este efecto. Advierto que Silva Herzog fue el más claro en este sentido. Sin embargo, los posicionamientos de Sheridan y Castañeda dejan ver que coinciden con Silva Herzog en este punto. Bueno, al menos es claro que los dos también trabajan bajo el supuesto de Herzog: Kim Jong es el causante de todos los males de Corea del Norte.    
De cierto que el régimen de Kim Jong tiene extraordinarios logros para ser considerado como un pésimo gobierno. Desde luego que ahí, en Corea del Norte, parece replicarse una China de mediados del siglo XX como congelada en el tiempo. Están todos los ingredientes: un caudillo de mano dura, un régimen cerrado – ermitaño y muy propio de la cultura china -, limitaciones a la libertad...en fin, póngale lo que usted quiera para completar la imagen de un mal gobierno que está sujeto al control de un solo hombre. Y desde luego que es algo que no debiera existir desde la perspectiva general del bienestar. En eso estamos de acuerdo con los tres sabios. Sin embargo, juzgar el caso de Corea del Norte así, en sí mismo, como un fenómeno aislado de la dinámica de las diversas fuerzas que han jugado en aquel espacio, es hacer un análisis político ranflo, vulgar, mañoso, a modo, por poco consecuente con la realidad. Un análisis de ese tipo habla más bien de un deseo por dogmatizar y tomar partido y, cuando sea necesario, polemizar y debatir, más no reflexionar y encontrar razones, puntos de contacto con la realidad.      
Pero si queremos entender ese resultado real llamado Corea del Norte tenemos que recoger todos los hechos relevantes de la historia de ese país, especialmente la moderna, pero incluyendo sobre todo aquellos que han derivado como consecuencia de la desgraciada posición geográfica de ese país entre tres gigantes expansionistas como China, EUA y Rusia.
Si usted se remonta hacia atrás en el tiempo de Corea, siempre caerá en la cuenta de una constante histórica: la permanente injerencia militar, económica y cultural de China. Cierto, Corea vivió constantemente bajo las oleadas de los señores de la guerra de China, seguidos por los hombres de negocios, y bajo el influjo cultural de Confucio y Mencio. Japón tuvo luego una fase de injerencia ahí, pero no fue tan honda y prolongada como la de China. Y para cerrar, desde finales de la segunda guerra mundial la península de Corea se transformó en escenario de una batalla silenciosa, muda, fría y permanente entre los tres gigantes modernos: EUA, Rusia y China. Y fue que esta situación de tensión estalló prematuramente en la Guerra de Corea y se atenuó después de unos años con el retorno del equilibrio inicial, aunque muy precario.  
Los tres gigantes han sofocado a Corea del Norte hasta convertirla en una zona en la que la población tiene que vivir bajo el estado inminente guerra. Es un nudo de intereses en conflicto muy difícil de resolver, y que no se resolverá hasta en tanto no se defina una clara hegemonía de EUA, de China o de Rusia en el mundo. Para medir el enorme grado de dificultad de ese nudo ingrato, tan solo recordemos que el locuaz Douglas Macarthur, una vez le dieron una patada en el trasero en aquel lugar, se atrevió a sugerir que la única solución para destrabar el nudo era arrasar la parte norte de la península y el norte de China con una tormenta nuclear; es decir, terminar con todo rastro de norcoreanos y chinos en aquella zona del mundo, y proceder a repoblar la zona con el influjo de la cultura yanqui. Por cierto que esta sugerencia le costó a Douglas la candidatura a la presidencia de los EUA.
Ahora bien, los chinos y rusos pueden decir misa y lavarse las manos respecto a las condiciones de vida imperantes en Corea del Norte. Pero lo cierto es que ese país, Corea del Norte, ha jugado y sigue jugando un papel crucial para ellos operando como barrera y centinela presto siempre a contener cualquier lance militar norteamericano por traspasar el célebre paralelo 38. De ahí que no debe extrañarnos que ese país dé alojo a una población altamente militarizada. Corea del Norte tiene el cuatro ejército más grande del mundo, ocupa el primer lugar mundial en gasto militar – cerca del 25% de su PIB -, y posee armamento nuclear. 
Con lo anterior queda claro el motivo de la alta dependencia de Corea del Norte respecto de China y Rusia. De hecho, Corea del Norte solo viene a ser una réplica de las condiciones de vida existentes en muchas áreas rurales y urbanas de mediano o escaso avance en China. Si bien es cierto que este gigante ha mostrado avances notables en su economía, hay muchos puntos pendientes en su agenda del bienestar. Y tenga por cierto que, para China y Rusia, Corea del Norte no tiene iguales derechos que sus poblaciones respectivas. 
Así las cosas, un análisis político consecuente sobre el caso de Corea del Norte debe trabajar sobre esos antecedentes para encontrar relaciones positivas para luego construir paradigmas políticos que permitan localizar posibles soluciones al problema de ese país. Pero ese análisis debe de partir de un hecho inapelable: la tensión permanente entre China y Rusia con EUA sobre ese territorio ha sido la causa fundamental de Kim Jong. Este político solo es hijo legítimo de los tres gigantes y sus intereses, incluyendo a EUA. Así que si el conflicto mayor entre los tres gigantes no encuentra arreglo, difícilmente se puede vislumbrar la posibilidad de una Corea del Norte abierta y democrática.    
Y no obstante lo anterior, los tres sabios se nos van por la ruta típica de la falsimedia occidental. Es decir, se olvidan de la dialéctica de violencia entre los tres grandes, especialmente cuando se trata de EUA, y luego agarran a Kim Jong, lo alzan a manera de un demonio que se instaló en Corea del Norte por sus cojones, o por los de Satanás, y listo. Está fácil, ¿no? 
La verdad, no me sorprendería para nada que los tres sabios mexicanos se mostraran muy de acuerdo con la reactivación de la doctrina MacArthur a fin de que una fuerza militar conjunta de la OTAN procediera al bombardeo de Corea del Norte para la instalación de las sacrosantas libertades democráticas de occidente…con sus correspondientes sucursales de McDonalds, claro. 
Comentarios finales: Llorando por el dictador.
Bien, servidos de nueva cuenta los tres sabios mexicanos, los dejo de lado para pasar a una cuestión muy curiosa y más interesante
Enseguida le anexo un enlace a un video de youtube que muestra cómo en Corea del Norte cundió una especie de pánico y lágrimas por la muerte del dictador. Este video fue por cierto usado por Sheridan en una suerte de página personal para decirnos en medio del escándalo:
- Miren. Horror. Estas son las consecuencias horrendas de la enajenación del hombre en las dictaduras comunistas.
Claro, el típico monje de santo oficio, el inquisidor.
Por supuesto que esto que ve en el video no es sino una muestra sintética fenomenal de la indefensa condición a que ha sido reducida la gente de por allá a causa de la ingrata lucha de intereses entre los tres gigantes en aquella zona y su hijo compartido: Kim Jong.  
http://www.youtube.com/watch?v=pSWN6Qj98Iw&feature=player_embedded
Esto no es extraño. Algo así ha pasado cada vez que muere un hombre que concentró el poder hasta las últimas consecuencias. Sucedió con Stalin, con Mao, con Jomeini, y sucederá tal vez con Castro y Chávez. Y ese apego extraño suele deberse a que esos liderazgos han sido tan de largo aliento, que terminan cifrándose a lo largo de dos generaciones, y con ello logran formar un entorno cultural que les da cierto consenso o legitimidad carismática. Pero para entender eso, habría que ponerse en los zapatos – empatía – de esos norcoreanos que usted ve en el video, pues así entenderíamos por introspección el efecto de la culturización con la marca Kim Jong. Y desde luego que es muy natural que a nosotros este tipo de episodios nos parezcan inauditos, inexplicables.
Pero yo le puedo asegurar que estas extrañas muestras de adhesión por parte del pueblo hacia el líder, pese a las pobres condiciones de vida que ofreció, para el régimen de China son simple y sencillamente un trabajo perfecto para sus necesidades de seguridad regional. Los chinos saben que pueden dormir tranquilos con esa Corea del Norte ahí, porque cualquier país que se atreviera a soñar con la posibilidad de traspasar el paralelo 38, lo haría ateniéndose al alto riesgo de tener que enfrentar a un hueso duro de roer: un ejército que se cifra en millones, fuertemente armados, y altamente adoctrinados hasta el grado de racionalizar la lealtad al líder a manera de misión.  
Por otro lado, haciendo a un lado el efecto contagio de masa que suele ocurrir en estos casos de dolor público, y que magnifica las cosas, supongo que estas muestras de adhesión – irracionales para nosotros – dejan ver los sentimientos de incertidumbre y abandono que invade a esta gente en virtud de la muerte de su líder. Desde luego que esto es natural si recordamos que han sido educados en el esquema de las pautas culturales de un líder que hace todo y que lo resuelve todo a nombre de los demás. Un símil en nuestra cultura que nos ayuda a entender esto es el caso de las familias en que muere el padre, los hijos son menores, y la mujer no está educada para habérselas por su cuenta en el mercado de trabajo; en esos casos, y al menos por un tiempo, también cae un relámpago de incertidumbre, dolor, llanto, y abandono en la familia. 
Ahora bien, nosotros no estamos exentos de estas adhesiones dolorosas. Aunque en menor medida, muchos mexicanos también manifiestan esta extraña conducta en muchas pautas de nuestra cultura. Le doy solamente tres ejemplos breves.
Tengo algunos amigos sudamericanos. Sabemos que ellos suelen guardar cierta aversión hacia la cultura gabacha. Y por esa aversión me han preguntado a mí lo siguiente en muchas ocasiones:
- Oye, che Nolato. Respondéme una pregunta: Si los gabachos les han quitado tierra y los han maltratado hasta el cansancio, al grado de invadirlos, escupirlos y humillarlos, ¿por qué siguen ustedes de lameculos con ellos?
No hay objeción a esta observación. Lo cierto es que, en esto, muchos mexicanos están como los norcoreanos con Kim, especialmente los adoradores del neoliberalismo. 
También hay muchos mexicanos que, pese al maltrato y el mal gobierno del PRIAN, siguen tercos votando por él PRIAN. Esta es otra adhesión extraña, irracional, pero racionalizada de una manera misteriosa, de tal manera que resulta en un voto bajo la máxima del: "Si me pagan, más los quiero".  
Y finalmente, hay muchos mexicanos que serían capaces de llorar y tirarse de los pelos en medio de la calle, o por lo menos en un callejón oculto, si de pronto se vieran arruinados por completo, sin casa, sin auto, sin trabajo, sin ahorros, sin un peso en la bolsa. Esto también es una extraña adhesión, no a una persona ni a un partido, sino a las cosas materiales. Y cuando las cosas materiales se esfuman, sobrevienen la incertidumbre y el dolor, el miedo al mañana, la disipación de la fe en el “Dios proveerá”, y de ahí sigue el derrumbe hacia el llanto...y tal vez el suicidio. 
Bueno, pues algo semejante a lo que les sucede a estos mexicanos les sucede a muchos norcoreanos con la muerte de Kim Jong, de su líder.
Pudo asegurarle que si a Jesús Silva Herzog, a Castañeda o a Sheridan , los despojaran de todo en un instante, también se pondrían a lloriquear a moco abierto tal cual lo hacen los norcoreanos del video.  
Como puede ver, los seres humanos no somos tan diferentes en el alma. Unos lloran por un líder que muere; otros lloran por un carro; otros por un hueso en la grilla; otros por una mansión embargada; otros porque sus libros no se venden, o porque terminan como combustible del boiler; otros lloran por un chayote más jugoso; y otros por una mujer, como yo. ¿Qué quiere usted?: yo la elegí como dictadora de mi corazón. Y por más que le ruego, ni caso me hace la canalla. 

Buen día.

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