Josefina Vázquez Mota y los niños de pecho.


Me había prometido darme una dieta prolongada de escribir, si no es que definitiva. Desgraciadamente, la absurdidad de nuestros pobres políticos oficialistas me vuelve a meter a este vicio. En esto estoy en la lastimosa condición de Al Pacino en el filme El Padrino, cuando se lamenta momentos antes de su ataque de diabetes:

- ¡Demonios!...¡Cuando estaba a punto de salirme, me vuelven a meter!...
Esto de la dieta de escribir me ha sucedió varias veces en los últimos tiempos. A veces por exceso de trabajo, y otras por tener que ocuparme en cuestiones estrictamente personales. Y bueno, el retorno en esta ocasión se lo debo, nada más y nada menos, que a Josefina Mota.
Declaro sin ambages que, en esta dieta última, obró como acto propiciatorio principalmente mi desencanto con la situación general de la política en México. Me queda ya clara constancia de que las cosas se encaminan a propinar a la nación un nuevo golpe de Estado desde las “instituciones”, orquestado por la banda de filibusteros que conforma nuestra clase política oficialista en connivencia con la sempiterna oligarquía de granujas con aires de mecenas, legitimado por encuestas a modo, y encubierto por los otros filibusteros, los más peligrosos, los de la falsimedia local y más allá de las fronteras. Y todo, con la apatía silenciosa de un pueblo absolutamente despreciado y manipulado en sus estados de conciencia.  
Los primeros esbozos de ese acuerdo bastardo para “golpear” de nuevo a la nación y ahondar en el bandidaje, se dejan ver ya en los celebrados y disputados convenios sobre el petróleo. Esto último no me sorprende. De hecho, ya había adelantado vísperas de estos acuerdos petroleros en varios de mis apuntes anteriores. El hombre vicioso es demasiado predecible. 
Quid pro quo, dijimos en esos apuntes. Petróleo a cambio de legitimar local e internacionalmente el golpe por venir. ¿Quién ganará? Bueno, para los autores del golpe en ciernes, el asunto está entre quién se acomode mejor a las exigencias del gran negocio entre PRI y PAN. Y cuando digo “se acomode mejor”, me refiero a quién acomoda mejor el trasero frente a los apetitos del sumo poder. Y por favor, no se tomen ni “trasero” ni “sumo” en doble sentido. Todo es en sentido figurado. Cuando digo “trasero”, me refiero a la dignidad de la voluntad; y cuando digo “sumo”, me refiero al máximo poder, al supremo.
Bien, según se dice en los medios, Josefina Mota recién declaró en el ITAM que el gabinete propuesto por AMLO acumula cerca de 1,500 años de edad, si juntos los integrantes. De igual forma, declara que los priistas notables al lado de Peña juntan por lo menos 1,500 años de cárcel, si juntos también. Debía aclararse a Josefina que el régimen panista, del cual ella forma parte, del cual ella es una exponente legítima, con sus más de 60 mil muertos resultado de una guerra estúpida, y con su estado generalizado de miseria e injusticia, alcanza una condena, no milenaria, sino eterna, y en las dos leyes, la del hombre y la de Dios. Encantador sería ver la manera en que Josefina podría ocuparse con todos sus “sabios” asesores madrileños para tratar de encontrar justificación ética integral a la muerte de más de 60 mil mexicanos y a la miseria de más de medio centenar de millones de compatriotas. Como en el filme, sé que esperaremos de aquí a la eternidad por la justificación. Pero esto no es lo importante del apunte presente; lo importante es lo que dijo la Josefina sobre el gabinete de AMLO. 
En breve, la Josefina declaró frente a un grupo de estudiantes del ITAM que el gabinete de AMLO es un cosmos de ancianos. Espiguemos de estas sabias palabras de la Josefina para ver qué sale. ¿Le parece?
De entrada, y a menos que se crea que su intención fue echarle porras a su enemigo mortal, AMLO, deberá aceptarse que sus intenciones eran despectivas y discriminatorias contra los que podríamos llamar “viejos”. Y en esa intención, Josefina se emboza implícitamente con la caperuza siniestra de una novedosa generación de fascistas entusiastas de la Efebocracia. Aclaro al lector que así bautizo a partir de hoy al ideal manifiesto de gobierno en el corazón de Josefina: Efebocracia. Que no es otra cosa que el gobierno de los efebos, de los muchachos, el de los tiernos.  
Un problema de inicio con estas palabras es que ella se deja ver como cachirul de su propio proyecto político por la Efebocracia. Y es que ella, a pesar del photoshop, parece estar fuera de lugar en virtud de que está algo pasadita de años, si no es que muchito. Y aclaro que, en esto de ser vieja, no hay nada despreciable. No, el problema es que, en su caso, parece que lo pasadito de años fue de balde, gratuito, toda vez que la evidencia reporta que no hubo frutos. Parece, pues, que, en el caso de Josefina, la madurez no llegó acompañada de esa hermosa sabiduría que regala la edad. Pero bueno, este asunto que lo resuelvan ella, el photoshop y su pandilla de efebos madrileños. Ya verán ellos como resolver eso de los límites de edad, la eterna juventud y las cachiruleadas.  
Y harto se ve la falta de frutos en la madurez cuando se pone la vista en la significación de fondo en las palabras de la Josefina. En ese terreno, uno se da cuenta que sus palabras son un bulto de afirmaciones falsas. Usted sabe si son mentiras o afirmaciones falsas. Vea.
En estricto sentido teórico, la edad del hombre no es garantía de nada, si no es de avanzar a la muerte. En cuanto a la sabiduría, ésta se da en aquel que la ama y la busca. Así que no hay una relación necesaria entre edad y sabiduría. Con esto de “necesaria” quiero decir que, no porque un hombre sea de edad avanzada, se ha de decir forzosamente que es más sabio; tampoco se puede afirmar que un hombre es más sabio entre más joven sea. Así que, quien pretenda establecer esta relación “necesaria” en cualquier sentido, ya bien para decir que la sabiduría crece forzosamente con la edad o a la inversa, está obrando contra la razón y la verdad; está haciendo afirmaciones falsas o está mintiendo deliberadamente.
Pero la teoría no lo es todo. La experiencia, la práctica, nos indica que la edad tiene una relación positiva - aunque no necesaria - con la experiencia y la eficacia en los hombres que aman la sabiduría. Nada más obvio que esto en los asuntos del día a día. Entre más años de vida en una persona que ama el saber en un ámbito, más sabiduría y, por tanto, más experiencia y eficacia.  
Lo anterior usted lo puede verificar en sus propios procesos de aprendizaje. A medida que usted practica una actividad determinada, a medida que avanza en lo que llamamos curva de aprendizaje, más experto se hace en esa actividad. No soy administrador de empresas ni de recursos humanos, pero me queda claro que, en esas áreas, la anterior relación de determinación es un paradigma central probado en los hechos y aceptado.
¿Y qué nos dice la Josefina a este respecto? 
Por principio, dejemos en claro que las palabras de la Josefina, al significar el desprecio a los “viejos” en el arte de la política, implican forzosamente el siguiente significado implícito: que el hombre, entre más joven, es más experto y más eficaz en la política. Y si el hombre es más experto y eficaz cuanto más joven es, entonces es más sabio a medida que es más joven. Esto, porque un hombre no puede ser más experto y eficaz en una tarea, si es cada vez más idiota en la misma. ¿O sí?
El absurdo del posicionamiento de Josefina queda a la vista cuando usted lleva esto hasta las últimas consecuencias. Y es que, al final, tendría que concluirse que el estado de máxima sabiduría del hombre es en el momento del primer acto de razón en la infancia. O tal vez no; quizás el hombre es más sabio en el momento de su concepción, o quizás en el estado de óvulo. ¿Hasta dónde llegará la revolucionaria visión de Josefina? ¿Cuál será su último fundamento? Vaya, menudo problema tiene frente a sí la Josefina. 
Ahora bien, ¿cabe la posibilidad de que estemos equivocados en nuestra apreciación y que Josefina siga ceñida al viejo paradigma de sabiduría práctica que establece que el hombre que ama la sabiduría tiende a ser más sabio entre más edad tenga? Sí, es posible que estemos equivocados. Pero si esto fuera cierto, tendríamos que afirmar que Josefina se pronuncia por la Efebocracia no obstante estar consciente que ésta implica el gobierno de los menos sabios, por no decir de los más idiotas. 
Pero lo anterior sería una locura, un despropósito. ¿Podrá desear Josefina, acaso, el gobierno de los menos sabios? Es posible, pero sabemos que esto sería inconfesable. Y si es inconfesable, entonces ¿por qué dijo públicamente lo que dijo? 
Bueno, tendremos que concluir, sin más, lo que dijimos arriba: para Josefina, el hombre es más sabio entre más joven sea, y punto. Pero si así son las cosas, parece que Josefina ha roto lanzas con la razón, con la experiencia milenaria, y ha establecido novedosos y enigmáticos paradigmas. De ahí que Josefina se pronuncie implícitamente por la Efebocracia, por el gobierno de los muchachos, que son más sabios, expertos y eficaces, entre más tiernos sean. Y aclaro que esto no lo afirmo yo; se trata de las consecuencias absurdas del mundo de Josefina.
La historia y la razón aplicada a los hechos nos demuestran algo de manera rotunda: el hombre que ama el saber, entre más viejo, y mientras sostenga sus funciones vitales intactas, es más sabio y, en consecuencia, más experimentado y eficaz. Y esto se aplica a la política como a todos los oficios humanos. Así, pues, en ese tenor, debe concluirse que nadie mejor para gobernar con tiento y sabiduría que un viejo sabio, experimentado y bien atemperado en su voluntad.  
No por algo el segundo hombre más sabio de todos los tiempos, Platón, hizo a los hombres de edad avanzada, y sabios, parte fundamental de su modelo de Estado. A este respecto aclaremos que eso no era un capricho de Platón. Él razonó el asunto apegado a los hechos acumulados en una sabiduría milenaria al respecto.
Con todo, y como puede ver ya, hay políticos principiantes, remisos, inexpertos, que, absurdamente, creen que existe una relación inversa entre sabiduría para gobernar y edad. Es decir, sostienen contra todo principio teórico y práctico de razón, que el político, entre más joven, es más sabio para gobernar. Por supuesto que estos políticos dan con esto la más devastadora señal de su ignorancia en el arte de la política y en todo ámbito de sabiduría al estilo Ortega y Gasset. Se trata de chachirules en la política, de aventureros que desconocen su oficio. 
En efecto, un político que se pronuncia de esta manera para hablar despropósitos, es un político de mentiras que ni siquiera ha tenido la oportunidad de atravesar las aguas de una verdadera y legal elección de escuela preparatoria. Es alguien que debiera ser devuelto al kinder garden de la vida, a engañar y a dirigir a sus iguales en mentalidad: a los niños de pecho.
Ahora bien, sabemos que Josefina estelariza en parte estos bochornosos episodios de efebofilia porque desea explotar el mercado electoral de los jóvenes. Cierto, en el fondo todo esto tiene el propósito de decir palabras dulces a los oídos de un grupo de jóvenes en el ITAM y ganar su favor. Pero lo irónico de esto es que los estudiantes del ITAM, miembros de una escuela de prestigio, toleren que una “política” les lance esta clase de pronunciamientos que insultan a la razón a todas luces. En mi opinión, este tipo de tolerancias ponen en seria duda el prestigio de esa institución educativa, o bien dejan ver que, en su programa ético, prima el interés privado por sobre la verdad.
Alguna vez, en una “conferencia” que dictó el bromista de Fox en mi escuela superior mientras desplegaba su festiva y ruidosa campaña por la presidencia, lo refuté acremente. Duro y a la cabeza, sin concesiones a la cortesía. Y lo hice contra el dolor y la vergüenza de rector y maestros que ya no hallaban la manera de mandarme callar. Pero me queda el honor ante mis amigos de entonces que, a pesar de mi corta edad, a pesar de mi inexperiencia, fui el único en aquel recinto que anticipó su gran engaño y su régimen de fracaso nacional con el simple poder de la deducción y la confrontación de la razón a los hechos. A la vuelta del tiempo, los hechos me dieron la razón.
Y me pregunto algo: ¿Hubo en el ITAM alguien que le refutara a Josefina sus despropósitos? Aunque no lo sabemos, esperemos que sí. No veo por qué no debieron hacerlo pese a la institucionalidad. 
Nadie mejor que un joven para cometer errores y cambiar de opinión a cada instante. Por ello, el joven inexperto es víctima fácil de la palabrería hueca del viejo audaz y falaz, que no sabio. De ahí que pueda afirmarse que serán siempre los jóvenes los que caerán primero al filo de la espada de la mentira. Ojalá los muchachos del ITAM pudieran romper estas reglas de experiencia para hacer honor a las luces de razón que persiguen en su escuela. Y esto, porque pese a todo, ser joven no es pretexto para dejar pasar la mentira y la injustica en el mundo. Eso es lo cierto.
De pasada, y como comentario final, me parece que esta cuestión de la Josefina ya debería poner muy en guardia a todos los mexicanos de la tercera edad, porque queda claro que, en el esquema mental de esta mujer – un esquema nada racional, según se ve -, los “viejos” son tenidos como espiritualmente decadentes, disfuncionales. Nada bueno se puede esperar para ellos con esta forma de ver la vida primando en la gestión del Estado mexicano. De cierto que, con la Josefina en el poder, lejanas estarán siempre las aspiraciones de la gente de la tercera edad por alcanzar su reconocimiento como personas con valor moral, como fines, no como medios desechables. Y esta insensatez ideológica del panismo no debe extrañarnos porque va en perfecta sincronía con su adoración locuaz por el neoliberalismo y su tratamiento de los seres humanos como mercancías. En ese mundo estrecho y enjuto del neoliberalismo, que tantos males ha prodigado al mundo señaladamente para todo aquel que no se chupa el dedo, el hombre es visto como útil mientras genere dinero, valor económico; y  una vez que el hombre alcanza la mayoría de edad, la madurez, cuando ya no puede generar dinero, es transformado por ese mundo miserable a la categoría de basura que tiene que ser sostenida a base de altruismos hipócritas con olor a un decadente prianismo televisivo y teletónico.

Buen día.

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